Desamor….

Todos los días escuchamos una noticia… bebes maltratados, niños abandonados, secuestros, asesinatos…. nuestra peor plaga
donde empiezan? aun sin ser nuestros hijos, ni nuestros sobrinos, hasta que punto no somos responsables? hasta que punto como vecinos, como espectadores, no somos con nuestro silencio y nuestra indiferencia cómplices de la barbarie? siempre me sorprendo de la vileza de quienes ante la noticia, se descubren divulgando un se veía venir!, si se veía? si lo viste? porque no poner remedio?
ni pensar siquiera en posicionarnos mentalmente ,sobre la envilecida piel del maltratador…..
pero donde comienza el maltrato? donde comienza lo políticamente correcto y marca la frontera con lo brutal? quien nos impone y bajo q margenes la permisible, y en q momento se vuelve imperdonable? no tenemos todos pautas asimiladas de los modelos que nos educaron? cuan difícil se hace a veces luchar contra esa naturaleza que nos sale gritona y destemplada vivo ejemplo del virulento amor, a veces emponzoñado, que por norma se ejercitaba hace décadas, donde se predisponía al abuso, al golpe, al castigo por si acaso…… cuanto nos queda como herencia? y hasta cuando viajaran estos genes magullados en nuestra memoria colectiva?

……Tras una reprimenda o unos golpes, siempre surgía esa frase hipócrita , falsa y sucia, lo he hecho porque te quiero.
En nombre del amor se lavaba las manos o se escondía tras ese corrupto refrán, “Quien bien te quiere, te hará llorar”, el engaño sin sutilezas probablemente inventado por algún inhumano progenitor.
El amor no se esconde tras bofetadas ni insultos, el amor no es refugio de golpes ni de reprimendas sangrientas, ni en magulladuras, no se haya en las lagrimas, ni en los morados.
El amor no habita en los puños.

lagrima

¡Que mundo tan injusto!en un mundo en el que para ser ciudadano te miran con suspicacia al nacer, te examinan para aprender y para enseñar, para ser alguien, y, sin embargo, permiten que cuanquier psicópata indigno y malvado ser humano ejerza su supuesto derecho a engendrar un hijo, al que matar un poco, día tras día, durante el resto de su vida. Porque una infancia desgraciada, no tiene cura.
Lo único que podrás durante el resto de tu vida, es mantenerte a flote, borrar en tu mar lo malo y convertirlo en lagunas lejanas, olvidar. Olvidar como si la mente fuese una gigantesca e imperdonable goma de borrar. Nunca despertaras en una mañana en la que creas en ti mismo, porque ellos nunca creyeron. Jamás superarás el temor de despertar siendo otra vez un niño, y ver el rencor en sus ojos, el miedo a su injusta ley, y su mas injusto castigo.

Tener un hijo debería ser un estado bajo estricta prescripción facultativa. Sólo debería permitirse a aquellos que supieran amarse a si mismos y amar al resto del universo. Que supieran amar al trozo de sí, que se desprende al mundo.
En nombre del amor…, solo mentiras de un amor guerrero y disonante. El amor jamás va unido a la rabia y al dolor. El amor a un niño ha de ser algo puro y limpio.
Todos los que amen violentamente expiarán sus culpas en la desdicha del desprecio de sus hijos. En el desamor

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