Que nunca tengas que llorar por lo que no hiciste, ese es mi consejo de padre…

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Que nunca tengas que llorar por lo que no hiciste, simplemente, ese es mi consejo de padre.

Que tus decisiones, tus actos, te hagan hoy feliz, y mañana, y dentro de 15 años.

Porque van a ser tus hijos, el resto de tu vida. 

 

Lo pensaron mucho, o tal vez poco, no lo se. Pero se prometieron como pareja que no cambiaría su vida. Habían decidido ser padres, pero sin renunciar a nada.

El embarazo llegó enseguida, cuando estaba replanteándose la situación. No importó. Se alegraron.

No fue un embarazo fácil, pero lo superaron. Llegó el gran día y nació su precioso hijo.

Nada fue fácil desde el principio. Su madre le hostigaba para no dar pecho, alegando que en su familia las mujeres no tenían leche. Su tía le insistía en que no le cogiese en brazos, que se malacostumbraría, su suegra no le dejaba respirar y cada palabra era una critica encubierta.
Se agobió. Las hormonas no ayudaron, en pleno puerperio. El volvió al trabajo a los cinco días.
Con 8 días le dejó por primera vez con su madre y se fue a la peluquería. Dos horas para si misma.

Con 15 días de nacido su hijo se fué de compras.
Le hacia falta espacio.
Necesitaba respirar.
Fueron 6 horas maravillosas.
Además se dió cuenta que la lactancia materna le suponía una soga, así que esa misma noche decidió que como ya había comenzado a darle biberones seguiría con una lactancia mixta que le liberase. Se destetó el solo meses después. Prefería los biberones.

Con dos meses y sintiendo que su matrimonio se apagaba se fueron de fin de semana. Solo fueron tres días, y el pequeño estaba tan bien con su abuela…
Y el matrimonio recuperó su chispa, y el espacio que les había robado su hijo.

Con tres meses empezó a darle vueltas a su retorno laboral.
Por un lado se sentía agobiada, una atadura invisible a su maternidad que no le hacía feliz.
Una familia que no paraba de juzgar y dirigir sus actos.
Sus amigas habían desaparecido, el niño no le llenaba, pero tampoco sentía fuerzas para reincorporarse al trabajo, su comadrona le hablo de depresión pos parto, pero hizo oídos sordos. Cómo explicarlo en su entorno? Quién entendería por qué no era feliz?
Hablaron de ello y decidió cogerse una excedencia. Se quedó en casa, a disfrutar de su maternidad, aunque nunca llegó a hacerlo.
El empezó a hacer algunas horas extras para que no se notase la nueva situación económica.

Con cinco meses decidió llevarle a la guardería. Le vendría bien sociabilizarse con otros niños y a ella relajarse y tener mas espacio.
Una semana mas tarde se le hacían eternas esas mañanas.

A los siete meses decidió volver al trabajo, total, solo eran dos horas mas de guardería…

Y volvió a su vida laboral, y al poco también a su vida social, a salir los jueves de compras con las compañeras. Su madre recogía al pequeño de la guardería.

Todo el mundo le decía lo bien que estaba, que guapa y moderna le veían. Ella seguía vacía por dentro… Hizo caso a la matrona y visito a su médico, le recomendó ansiolíticos y un antidepresivo, que nunca tomó.

Cuando cumplió el año decidió apuntarse al gimnasio de nuevo, tres noches por semana después del trabajo y de la caña con las compañeras marchaba directa, sudaba y se mataba sobre los aparatos.
Y así pasó el tiempo.
Su marido seguía lejos, se reencontraban los fines de semana.
Sus padres habían cogido la rutina de llevarse al pequeño los viernes de la guardería, y no le volvían a ver hasta el lunes al terminar la jornada laboral y recogerle.
Volvieron a ser la pareja de siempre, moderna y estilosa. Con sus cenas, teatros y salidas.

Llegó el colegio, a punto de cumplir los tres años. Querían que tuviese oportunidades, así que le apuntaron a inglés, y a pádel, y a básquet, y a música, y los viernes los abuelos lo recogían para pasar el fin de semana con ellos.

Eran felices.

Ella con su gimnasio, sus compras y sus amigas, el con sus hobbies y su trabajo
Vacaciones sin niño de ensueño.

Un mensaje en su móvil leído casi por encima mientras el se duchaba. La sospecha. Había otra.

Confirmación. Una discusión. Una ruptura. Una maleta y de la mano de su hijo verse volviendo a casa de sus padres.
Compartir cama con ese pequeño ser, casi extraño.
Un vínculo envidiado durante el desayuno de abuela y nieto. Una lágrima furtiva.

Reharás tu vida, eres joven. (Pero el nunca mas volverá a ser un bebé, no será mi bebe, no volverá a ser un niño, no será mi niño).

Y como en un film a cámara lenta les vió, su ex-marido, su madre, su suegra, su tía, su vecina, sus amigas, sus compañeras… Diciéndole como había de sentir, como debía actuar, como llevar su maternidad.
Ella nunca dejó de quererle, sólo pensar en el se le cortaba la respiración, su hijo, era su vida, pero su vida le había dicho como llevar su maternidad.
Una maternidad de película, una madre perfecta y preciosa, un hijo maravilloso de cuento, un matrimonio de revista de moda… Triunfadores.

Esta no es una historia cualquiera.
No es la historia de una mala madre. Es la historia de una mujer que no escuchó su corazón, ni su instinto.
Y un día ambos volvieron para  dejarle claro todo lo que había perdido…

 

Este relato no es una crítica, no es un consejo de como criar, es una sola exhortación, la maternidad es instinto y sentimiento, no permitas que nadie te coarte, que nadie se entrometa, tus errores y aciertos serán simplemente tuyos.
Si decides dar el pecho o el biberón que sea porque te apetezca, si decides dormir con el o comprar una preciosa cuna, si quieres llevarle a una guardería o cuidarle tu, hagas lo que hagas que nunca te quede la duda de y si…?

No es una historia real, es la realidad de muchas historias, pequeños fragmentos aunados para darle énfasis.
Es algo a lo que llevo dándole vueltas desde una conversación con un compañero, padre de tres hijos, todos adultos, a sus sesenta años, contaba como se arrepentía de lo que no había hecho con sus hijos, como el entorno y una sociedad ochentera les abocó a criar según los cánones del momento.
A no cogerlos, a dejarlos llorar, a que se durmieran solos, a que durmieran toda la noche aunque para ello tuviesen muchas noches en vela escuchando sus llantos.
Es un gran hombre, e intuyo que un gran padre, habla con admiración y respeto de sus hijos.
Hizo todo cuanto debía, todo cuanto le dijeron que debía hacer.
Y hoy se arrepiente
Y recuerda con dolor una anécdota que durante años comentaron entre risas en casa, cómo su hijo mayor, con apenas dos años pasó dos horas frente a la puerta de la habitación de sus padres llorando, mientras ellos le decían que no podía entrar, que era mayor y debía dormir solo en su cuarto.
Se durmió, en el pasillo y le llevaron a su cama.
Al día siguiente vieron que no quería dormir con ellos, solo avisarles de que tenía caca. Entonces se rieron de la agudeza del pequeño y de su estupidez como padres.
-Hoy aún me duele ver sus ampollas, aún me duelen sus lágrimas. Aún escucho sus llantos en la puerta. Y mi corazon se descongela, y se seca, y quiere cogerle y abrazarle y darle todos los besos que el entorno me incitó a robarle. Cambiaría tantas cosas…

Que nunca tengas que llorar por lo que no hiciste, simplemente, ese es mi consejo de padre.


Que tus decisiones, tus actos, te hagan hoy feliz, y mañana, y dentro de 15 años.


Porque van a ser tus hijos, el resto de tu vida. 

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12 comentarios

  1. Guauuu, se me han saltado las lágrimas. Es q hay taaantas madres, y padres, q obran en función de lo q dicta una sociedad establecida.. Aun viendo q no funciona, q sufren, q no les gusta.. no salen de ahí. Es curioso como el borreguismo nos empuja a hacer cosas horribles incluso a los seres q mas amamos. Q triste q al paso de los años ese señor se este dando cuenta de todo eso. Aunque bien pensado se ahorrará los comentarios estúpidos hacia alguna nuera o hija q no los necesita.
    Q bonitas palabras, me han tocado el corazón. Feliz viernes 🙂

  2. Apuf, yo estoy igual, con las lágrimas asomando a los ojos, en el despacho, espero poder seguir escondida tras el ordenador… Ayer tuve que dar muchas explicaciones sobre por qué no dejo a mi bebe de 16 meses llorar, y que eso no lo va a convertir en un blando o en un malcriado… pero el instinto no me lo permite…
    Gracias por este texto, con tu permiso, me gustaría compartirlo

  3. No comprendo ese énfasis que hay en decirles a las mujeres todo lo que deben hacer y cómo deben hacerlo como madres. A todas nos resultaría ridículo que nos exigieran actuar de un modo u otro como pareja, ¿te imaginas? “no le digas que le quieres a menudo, porque quedarás vulnerable. Tenlo satisfecho en la cama aunque no te apetezca, porque se irá con otra. No le agobies con tus problemas cuando venga del trabajo, porque estará cansado” nadie lo toleraría… ¿por qué tenemos que tolerar tantos comentarios de otras personas?

  4. Ay, qué bonito! Con la lagrimilla colgando estoy. Soy madre y me he visto reflejada en algunas situaciones del relato y desde luego que me ha encantado. Est tipo de consejos nos hacen mejores personas.

    Gracias.

  5. Me suele encantar siempre lo que escribes, pero en este te has salido, precioso se queda corto, se me han saltado las lágrimas,enhorabuena!! sigue así y sobretodo sigue escribiendo así de bonito!! ♥♥♥

  6. Me ha emocionado…encantado y alegrado a partes iguales.Doy gracias a Dios por haberme puesto estas ganas locas de intentar dar el pecho a mi niño adoptado…y conseguirlo.A partir de ese momento me zambui en otra forma de criar diferente…mas bien opuesta a la que tenia planeado…La crianza respetuosa.Me dio la vuelta como un calcetín…tanto que decidimos que me quedaría criándole en casa hasta que el dinero aguantase…Ha sido la mejor decisión…2añitos juntos..con pecho a demanda,porteo,colecho y todos los besos y abrazos que nos han apetecido.Miro atrás y digo “madre mía podría haber sido como la mujer que describes en este post”.Huy menos mal que no.Eso si..pobre de todas las mujeres engañadas por la sociedad que les empujan a desconectarse de si mismas y por tanto de sus hijos.”

  7. Cuesta, pero una vez que te das cuenta, que con tu instinto y un poco de pensamiento lógico las cosas no van tan mal. Aunque siempre puede haber alguna duda de… Lo estaré haciendo bien??. Pero yo dormí a mi hijo en brazos un millón de veces. Ya verás decía mi marido con 7 años no podrás con el. Pero yo seguí haciéndolo a veces disfrutando otras sufriendo, duerme ya que aún tengo cosas por hacer…. Hoy tiene siete años. A veces nos tumbamos juntos de noche en su cama hablamos del. día, de sueños, de ilusiones, de nuestras cosas, otras veces se duerme solo. No lo.acuno ya en brazos, no puedo con él, no lo necesita tampoco, al final no se acostumbró y lo vivido entonces lo disfrutamos entonces los dos y.lo recuerdo con nostalgia y es la base de nuestra relación. Con mucho dolor de corazón digo ya quisiera su padre y yo que su padre…. El nunca lo acuno.

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