Y hace un año…

Hace un año que te dije adiós

Cuando aún no te había abrazado. Y es que tu paso por mi mundo fue corto, aunque importante.

Y hace un año.
Y hoy tu ausencia me ha golpeado como una ola, el frío me ha recordado aquel dia, aquel frío.
Me ha recordado el largo paseo a la salida del hospital hasta el coche, tiritando, buscando en los cristales mi reflejo, el tuyo.
Me ha recordado la habitación en penumbras donde fingí dormir mientras lloraba amargamente tu pérdida.
Me ha recordado el dolor acompasado de las contracciones, mientras te resbalabas de mi cuerpo…

El frío. Un frío adiós. Un frio silencioso.
Y ese triste frío me ha hecho pensar y recordar. Y hoy hace un año. Y no puedo llorarte, hoy no, porque pensar en ti solo me trae agradecimiento, y una tristeza infinita llena de esperanza y alegría.
Porque sobre tu recuerdo creció otra flor, tu fuiste el abono, el alimento de la alegría venidera.
Fuiste, eres, parte del camino, doloroso, pero camino al fin y al cabo.
Fuiste. Y hoy eres un recuerdo triste, real, pero también maravilloso.
No quiero olvidarte, mi trocito de cielo. No quiero. Porque aunque diminuto y fugaz, formas parte de mi vida.
Dolor que se mastica y  digiere, para  alimentarnos y crecer.

Y tal vez dentro de un tiempo pueda contar a tu hermano que existe gracias a tu generosidad.
A la fértil herencia de tu pérdida.
Por eso hoy no puedo llorarte, prefiero recordarte y llenar de besos tu herencia.
Prefiero sonreír pensando en ti.

Y hace un año.
Un año de la tarde en la que recogí tus restos para plantarlos, como una despedida, como un funeral improvisado, y que sin embargo significó tanto.
Y significa tanto que seas parte de una vida, alimento, presente y futuro.
Y hace un año que recogí mis restos y los remendé para seguir adelante.
Y hoy ese “adelante” me ha sonreído, y he visto que era tu sonrisa, y tus ojos, y tu boca, porque parte de tu alma se quedó para hacerme este regalo.

Y hoy aquella tristeza infinita es la mejor de las dádivas y tiene nombre de bosque sagrado, de montaña mágica, de remanso de paz en mitad del mundo.
Y hoy le acuno en mis brazos mientras pienso en ti.
Y es por ello que no puedo dejar de sonreír y dar las gracias por tu existencia, porque la más bella de las alegrías es fruto de tu dolor.

Y si viviese cien años por cien años serias recordado, porque aunque tu viaje fue efímero, fue.
Y tu existencia forma parte de la mía, negarte es negarme.
Amarte es imprescindible, y hoy llorarte imposible sin alegría.
No tienes nombre, pero eres número y parte de mi historia, y de la suya.

esperanza

 

 

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6 comentarios

  1. Me has emocionado…. No tengo palabras, es precioso lo que le escribes. Está en tí, en cada una de tus células y de tu alma. Abrazos cálidos y a seguir disfrutando de la maternidad y de todo lo demás. Demos gracias al universo por la vida y por lo que nos da. 🙂

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