La radicalización de las redes

La radicalización de las redes

Leía hace unos días a una gran persona, Esther, hablando del miedo que le da la radicalización de todo.
No hablaba de política, hablaba de todo en general, es un hecho, es el fruto de las redes, de la conexión perpetua.

Antes convivíamos, y la convivencia crea tolerancia, no te quedaba otra que respetar lo que opinaba el vecino, le veías todos los días en la escalera, jugaban juntos vuestros hijos, tal vez con ese tan pesado no te relacionases mucho, pero sería una excepción.
Convivir es también escuchar diversas opiniones, a veces aprender de ellas, compartir.
Si no te terminaba de gustar lo que pensaban o hacías tus vecinas tal vez le dieses una vuelta de tuerca comentándoselo a tu marido, o a tu madre o a esa amiga íntima, pero seguías conviviendo…
No había opciones, así que aunque a veces esa convivencia te reafirmaba en tus creencias, otras te hacía dudar e incluso cambiar de parecer.
Y claro que había feeling con personas cercanas en ideologías, ideas, etc., pero también con otras opuestas.
Simplemente por cercanía, lo que creaba lazos que nos hacían crecer.

Idílico eh? Lo era, hasta que tuvimos móviles, y redes sociales, y conexión 24 sobre 24 horas, y globalizacon en redes…
Tal vez la cara mas negativa de una herramienta que se ha convertido en imprescindible, la mas importante forma de comunicación hoy en día, trae una consecuencia que da miedo, la radicalización de todo. El extremismo absurdo en todas y cada una de las facciones de nuestra vida diaria.
También en la maternidad.
Estamos en un momento en el que hemos alejado las relaciones afectivas que antes eran necesarias vecinas, familiares, grupos de mujeres por cercanía…
Ahora suplimos esto con redes sociales y que mejor forma de fusionar las relaciones que con cosas en común. La teta, la crianza, son nexo de unión y al convertirse en bandera también “Sobre maternidades y sectas”
Suelen llegar además en un momento de fragilidad extrema, puerperio, embarazo…
Momentos en los que la soledad asoma en forma de incomprensión.

Para qué convivir con mi vecina? Si puedo amalgamar en un grupo de Facebook a 30 personas que piensan como yo?
Quedadas en la otra punta de la ciudad, el parque del barrio ya no interesa, entremezclarse con la gente no interesa, no queremos interactuar, no nos apetece escuchar otras opiniones, vivir otras experiencias…

Las redes sociales son una herramienta maravillosa, pero también una peligrosa forma de separar y diferenciar.
De crear guetos virtuales donde no hay cabida a otras formas de pensar

Arriesgarnos a que alguien nos examine o nos haga preguntas, nos haga replantearnos algo.
Preferimos buscar afinidades, nada de arriesgarse a conocer a personas que no nos aporten o comprendan, para qué?
Radicalizamos también la maternidad y nos juntamos en cuasi-tribus urbanas, autistas del resto del entorno, no interesan otras opciones, otras crianzas…
La mía es la buena y lo certifican los otros 29 miembros del grupo, ó 50, ó 100, ó 2000. Llevamos razón!!
Lactancia materna, educación, creencias, alimentación, vacunas…
Es beneficioso encerrarse y radicalizar cualquier aspecto de nuestra vida? De nuestra maternidad?
Ello conlleva a cada vez mas quejas… Nadie comprende mi crianza, nadie apoya mis decisiones, critican mi lactancia, o mi biberón, o mi…
Y si compartimos? Escuchamos? Necesitamos honestamente la reafirmación del resto para sentirnos bien?
Necesitamos confirmar al resto para sentirnos parte de algo?

Nos empapamos de libros, webs, blogs y opiniones que nos den la razón!
Para qué buscar opciones que nos dejen asomar el más insignificante atisbo de duda? Noooooo. No queremos!
Sabemos que no estamos equivocados, no nos interesan otras opiniones que nos aboquen a buscar y preguntarnos, somos los Skinheads de nuestras creencias…
Maternales, políticas, futboleras, de crianza, de vida…
Todo puede ser un arma, todo sirve para diferenciarnos y comenzar batallas.

Talibanismo llevado al absurdo en todas las posibles facciones de nuestra vida.
Y todo llevado al extremo porque nos relacionamos sólo con quien nos da la razón.
Guerras absurdas con pantallas de por medio, para dejar claro que nuestra opción es la buena, no cabe la escucha, ni el pragmatismo, para qué? Pudiendo haber confrontación en la que creernos ganadores?

No importa si es un grupo de recetas de cocina de la termomix, o un foro de consulta médica, o de limpieza, o de educación o simplemente de preferencias musicales, en algún momento comienzan guerras absurdas, en las que nadie da su brazo a torcer, porque por supuesto llevan la razón! Sin más.
Batallas en las que participar y afianzar nuestra verdad.

Porque esa verdad es la absoluta, porque la razón te la dan a diario 30, 40, 100 veces, se afianza en su tesis porque lee al respecto todo lo que lo reafirma. De forma sectaria y consciente se anula mirando hacia otro lado todo aquello que pueda negar nuestras creencias, nuestra verdad.
Vivimos en un momento de aseveraciones, pruebas y juicios totales. No hay lugar para la comprensión, para la duda, para la convivencia…

Os imagináis que hiciésemos lo mismo en el mundo real que en las redes?
Y nos obligasen a vivir confinados según nuestras creencias por barrios?
Os parecería aberrante? Apartheid?
El barrio de las de la lactancia materna, el barrio de los del Barça, el barrio de los vegetarianos, el barrio de los de izquierdas, de los animalistas…
Estamos creando apartheids virtuales, donde vivir nuestra realidad desvinculada del mundo.
Aunque todas estas amalgamas de personas nazcan con la idea de encontrar apoyo. Terminan siendo alimento de ideas que se extreman y radicalizan. Sectarizando sin mas.

Tal vez habría que replantear si en algunas ocasiones no mal-utilizamos las herramientas digitales de las que disponemos. Porque son eso, herramientas para ayudarnos, no para sustituir formas de vida.

Conocemos a todos nuestros vecinos? A todas las mamás del cole?
Por qué nos cuesta tanto compartir mundo con el resto?
Por si no nos dan la razón?
Dónde quedó el placer de descubrir otras opciones, de compartirlas, de aprender…

Asusta. La falta de relaciones humanas en un medio lleno de ellas.
Salgamos a la calle, sonriamos a esa señora del parque, a ese hombre que toma café en el bar, a la mujer del autobús…
Pregúntale como se llama a esa mama del parque y vecina y preséntate.
Saluda a todos por la escalera.
Este es el mundo que queremos que hereden nuestros hijos? Uno donde no haga falta convivir?
Uno donde la vida y las relaciones sean meras letras en una pantalla?
Uno donde en un día en el que necesites una mano amiga debas encender el ordenador y encontrarla a cientos o miles de kilómetros?
Lo ideal sería tenerlo todo.
Hagamos un esfuerzo…
Vivamos…

 

 

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5 comentarios

  1. No puedo añadir nada más… un post brillante. Estamos perdiendo la capacidad de entender al otro, de respetarle. La empatía y la tolerancia brillan por su ausencia. Es verdaderamente triste y es lo que estamos mostrando a los niños, que es aún más triste.

  2. No se podía haber dicho mejor. Las redes sociales nos ayudan pero también se están convirtiendo en una gran arma que nos está haciendo perder lo mejor de la vida. Y lo peor de todo es que nuestros hijos están aprendiendo que eso está bien. Vamos muy mal por este camino

  3. Pues tienes toda la razón!
    Nunca lo había pensado así, tendemos bueno, más que tender directamente vamos a buscar la información dónde nos interesa encontrarla y listo, no queremos escuchar nada que pueda ir en contra de lo que pensamos que es mejor por si acaso toca “defender” nuestra postura y OH! Tal vez tengamos que reconocer que estábamos equivocados!

    En la vida real esto no pasa, cuándo estoy con mis amigas que están educando de modo diferente a sus hijos podemos “discutir” alguna cosilla pero siempre respetando el otro punto de vista y además que a la mínima cambiamos de conversación porque hay mucho de lo que hablar y si en algo no estamos de acuerdo no vamos a perder más tiempo en ello, en cambio en las redes nos volvemos bastante machacones.

    Me ha gustado mucho el post!

  4. Aunque creo que tu post es interesante, pone el ojo en algunas cuestiones importantes, no estoy de acuerdo en la tesis principal, que es culpar a las redes de la radicalización. El panorama idílico que planteas nunca ha existido; tenemos problemas de convivencia desde hace milenios, incluso en lugares pequeños, donde todos se conocen, se han producido las más terribles tropelías hacia ciertas personas (gente que se ha tenido que marchar de su comunidad), se han generado disputas generacionales que han podido terminar en altercados, se malmete, se habla, se critica y se machaca… Las redes sociales solo son una muestra de lo que somos. El anonimato sirve como base para poder actuar impunemente, pero antes también se hacía, vaya!!! Yo tenía un amiga que recibía cartas anónimas insultándola por ejemplo. Ahora hay aplicaciones para móviles en las que se ponen verde a los profesores y alumnos de los colegios e institutos (y sé de buena tinta que se han movilizado para que desaparezca esta aplicación), pero antes se escribían esos insultos en las paredes de los baños, y eran igual de ofensivas y anónimas.Las guerras absurdas también estaban a la orden del día: no habría páginas web, pero la gente se reunía, había libros, había grupos… La redes sociales e internet en general, han facilitado esa información y esos recursos, y además propician el anonimato. Lo cual, por supuesto, redunda en actitudes como las que comentas, pero también enseña, también ha abierto la mente a muchos, y eso te lo digo por experiencia propia. Hay muchísima gente que gracias a pasar por esos grupos, foros, listas de correo, etc. ha logrado aprender y ser tolerante, porque no todo el mundo es un borrego ni todos van buscando “guerra”; hay mucha gente que lo que necesita es acompañamiento y/o información, y aquí hago un elogio enorme a listas como la de apoyocesáreas con una labor terapéutica para mujeres que antes eran llamadas “histéricas” porque estaban pasando un duelo incomprendido (para ellas mismas las primeras); otra cosa es que piense que estos grupos de apoyo es conveniente dejarlos una vez superado tu problema y que radicales los va a haber en todos los lados, pero al César lo que es del César.
    Esta es mi opinión, no obstante me parece muy acertado que hayas incidido sobre esto y estaría muy bien que se reflexionara sobre ello.

  5. Me parece una reflexión
    superinteresante… A mí siempre me dio la sensación de que, parapetados detrás de nuestras pantallas, recrudecemos las críticas y estamos menos predispuestos a siquiera escuchar una opinión distinta de la nuestra… tal vez porque no le estamos viendo la cara al de enfrente y en cierta manera nos olvidamos de que no estamos hablando con máquinas sino con otras personas con vidas y bagajes y circunstancias distintas a las nuestras. Y claro, no empatizamos igual.
    Lo que más me asusta es que se confundan cualidades como la valentía, el sentido crítico, la seguridad, la sinceridad… con la vehemencia mal entendida, la falta de respeto y de educación y de tacto… ¡Cómo si no se pudiera hacer una crítica sin ser desagradable! Será porque, como tú bien dices, no tenemos que convivir en el día a día.

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