No, tu no lo haces.

Tu no lo haces.

Construir niños.
Suena frío y calculador, lo se.
Pero es lo que hacemos en cada uno de nuestros actos, los construimos a imagen y semejanza de nuestra forma de enseñarles el mundo.
Leía un artículo que me ha dado que pensar:
5 heridas emocionales de la infancia que persisten cuando somos adultos.
Aunque he buscado y hay varios artículos similares, que enumeran lo mismo todos proceden de la misma fuente: Lisa Bourbeau (2003) Las cinco heridas que impiden ser uno mismo. OB Stare.

Muchos nos sentimos identificados, como víctimas en algún momento de nuestra infancia o adolescencia, pero y cómo progenitores?
Nos sentimos retratados en alguna ocasión?
Abandono, rechazo, humillación, traición e injusticia.

Las cinco heridas, que a menudo vemos retratadas en el día a día de algunos niños.

Si a un niño le criticas, le exiges por encima de su edad, de sus posibilidades, le educas con reproches, censurándole cada paso, amonestando sin explicar. Sin dar valía a su esfuerzo tendrás un adulto que no sabrá valorarse, ni valorar a otros. crecerá necesitando de otros y podrá ser fácilmente utilizado por su dependencia emocional…
Tu no lo haces, lo se.

Tu no.  Aunque a veces le censuras con tu mirada. Le recriminas no hacerlo bien, le riñes si vuelve a volcar ese vaso en la alfombra, le persigues recordándole que no se lavó los dientes, que la coleta esta desecha, que emborronó la libreta, que lleva sucias las manos…
A veces le explicas, pero normalmente con las prisas, no das opciones, le recriminas y terminas haciéndolo tu, mostrándole que el es incapaz…
Siempre le recuerdas entre risas lo torpe que es, o cuando estas cansado le pides que no sea tan pesado…
Además ya te lo han dicho, no quieres halagarle demasiado cuando lo hace bien, porque será un consentido  y un mimado. La vida es dura, debe aprender a ser duro.

Si lo educas con humillaciones y dolor, tendrás adultos que no sabrán relacionarse de otra forma más que hiriendo y dañando.
O bien no superarán jamás esa impronta y tendrán miedo, no confiaran. Porque se habrán sentido traicionados.
Lo se, tu no humillas a tus hijos, ni siquiera cuando le riñes, diciéndole que es malo, cuando delante de otros le desapruebas.
Tu le amas sobre todas las cosas, es tu vida, y todo lo haces por su bien.
Cuando hablas en su presencia divulgando esas pequeñas travesuras. Sólo quieres que se de cuenta.
O cuando le comparas con otros, ves? Menganito es mucho mejor que tu. Tu primo estudia más. Mira como se esfuerza Zunganito…
Cuándo aprenderás y serás como tu hermano?  Y ves su cara, cuando lo haces, y piensas que así está aprendiendo, que mañana se esforzará mas, porque tu también aprendiste así…

Si haces que se sientan abandonados, los aíslas como castigo, los degradas a la soledad crecerán creyendo que no son merecedores de amor, de comprensión, de compañía.
Huirán de la confianza para evitar sufrir nuevamente, o serán pasto de quienes les manipulen a cambio de un poco de calor.
No, tu no haces eso. Pero amenazas con no llevarle contigo a ningún sitio si no se porta bien.
Pero le amonestas en la silla de pensar para que rectifique, y le dejas solo, sin que comprenda que sus actos causan tu desamor.
le enseñas que tus abrazos tienen precio, que sólo siendo como tu quieres será querido.
No, tu no lo haces. Pero no hablas al adolescente que fumó a escondidas, no le acompañas cuando le partieron el corazón porque faltó ese día a clase, cuando más te necesitaba.
Rehuiste, cuando quiso abrir su alma y enseñarte los trozos rotos, porque no entiendes su rebeldía.
Y le castigas al ostracismo de su habitación y miras a otro lado cuando ves su rostro enfadado. Porque tu puedes enfadarte, pero el no. Ha de contestarte siempre bien, y ser agradable y educado. Incluso cuando le levantas la voz.
Justo cuando más te necesita, cuando más solo se siente… Miras hacia otro lado.

Puedes educarles con mentiras, defraudarles, hacerles sentir engañados, y habrás clavado la primera piedra del muro que os separará.
Crecerán sabiendo que confiar defrauda, y que para evitar dolores es mejor la soledad.
Tu lo sabes, y jamás lo harás, porque siempre cumples las promesas.
Pero sólo las importantes… Cuando le prometiste premios a sabiendas que no cumplirías.
Cuando le juraste que le dedicarías el sábado y no pudo ser.
Cuando le prometiste mañana y nunca llegó.
Cuando le conminas a comerse todo a cambio de… Y después te ríes diciendo que debía cumplir sin esperar regalo.
Son tonterías, lo sabes… Para ti.
Para su mente infantil son afrentas permanentes, que se acumulan y oscurecen su inocencia.
Y llegará el día en el que no creerá en ti. Ni en nadie.
En el que querrá ser lo suficientemente duro para que jamás nadie vuelva a romperle el corazón.
Ese orgullo infantil que sentía por ti, se perdió por no darle la importancia a tu palabra.
Por no dar valor a su memoria.

Si los dañas y rechazas aprenderán a no valorarse, a no sentirse aptos para ser amados y respetados. Tu nunca osarías hacerlo, pero hay palabras que hieren, que marcan y alejan como fuego. Hay miradas que queman, que empequeñecen, que entristecen.
Cuando en mitad de un enfado le recriminas dejarte en evidencia.
Cuando le dices que te avergüenzan tus actos, dejas de ser su espejo, y te conviertes en una pared de la que huir.
Cuando antepones las voces de otros en detrimento de la suya.
Cuando desde pequeños, ante un conflicto le exhortas a hacer las paces, a compartir, y justificas las acciones de otros amparándote en que los buenos niños no hace, no deben, no pueden…
Y no ves que solo hay un buen niño delante de ti, el tuyo, y que el tamaño de la injusticia que acabas de cometer es proporcional a la distancia que pondrá entre vosotros…

Tu educas emocionalmente, le exhortas a decir como se siente, a hablar y expresarse como persona…
Siempre que no lo haga delante de otros y te deje en evidencia.
Siempre que no se ofusque en público y arremeta en pleno enfado/rabieta/crisis, porque sabes que serás juzgada por no saber educarlos.
Que expresen su dolor, pero sin exagerar. Los niños lloran, pero no mucho. No llores, que estoy cansado de escucharte. Lloras sin motivo, para llamar la atención, lágrimas de cocodrilo, o crees que así me vas a convencer? Me manipulas. Desde bebé.
Y si te portaste mal en clase, o con la abuela, o en el parque, lo haces para dejarme mal, y a mi me duele, me haces daño, no me quieres.
Te portas mal para llamar la atención, y así no pienso escucharte ni hacerte caso, has de aprender.
No me discutas, que soy yo quien manda. No, porque lo digo yo. Que soy el adulto y tu debes obedecer, y no hay tiempo para explicaciones, porque los niños buenos no las piden, porque los adolescentes os creéis que el mundo es vuestro.
Si te portas mal dejaré de quererte…

No, tu no lo haces! No, tu nunca has cometido ninguno de estos errores…
Y en caso de que si, no importa, porque también los cometieron contigo.
A veces te sentiste abandonado, herido, humillado, victima de la injusticia, sin entender…
Y te duele? No… Apenas… No tanto…
Te sirvieron para aprender! Seguro?
Te hicieron fuerte! Mereció la pena?
Tal vez es hora de mirar nuestras heridas… Admirarlas. Para que no se repitan…
Construyamos adultos, con el mejor material, con niños felices.

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