Nadie me avisó.

Modelo embarazada de 9 meses

No es mi historia, pero también me reflejo.
No es la tuya, pero seguro que un poco en parte.
Es la historia de todas las mujeres que conozco y de ninguna…

Se me quedó grabado.
A la salida del hospital, una pareja, recientísimos papas.
El impecable llevando el capazo y el bebé dentro.
Ella preciosa, con su larga melena al viento, maquillada, los vaqueros ajustados, estilosa y sonriente. Delgada.
Felices.

No se porqué guardo esa imagen, tendría 14 años, y dos decenios después cuando fui madre aún la conservaba en la memoria, perfecta, como una foto, o tal vez sólo era perfecta en mi recuerdo.
Así era la imagen que tenía de unos recientes papás, sonrientes, guapos, delgados y felices.
Recuerdo ver las fotos en las revistas de embarazadas preciosas y sonrientes, yo tambien era preciosa y sonriente, aunque engordé 23 kilos.
Aunque no estuviese para paseos y compras, porque mis pies estaban hinchados, aunque por las mañanas no parase de vomitar.
Me sentía preciosa pese a todo, aunque dejara de mirarme en el espejo cuando me dejé de ver los pies.
Aunque no tuviese un armario imponente de ropa premamá, porque ninguna talla aguantaba mi ritmo, y vestirme era un juego de azar, donde tal vez mañana no hubiese suerte y no me cupiese ningún pantalón.

Era feliz, estaba emocionada, pero no era como las embarazadas de las revistas.
Me dolía la ciática, mi estómago era territorio de bombardeos. La piel de la tripa me tiraba y me picaba.
Me molestaba la espalda. Me pasaba el día en el baño, haciendo pipí. Y tenía miedo.
Miedo a que algo no saliese bien, miedo al parto, miedo a volver a casa, miedo.
Ese del que no hablaba ninguna revista.

Y llego el día D, y la hora H…
Y nada fue como había pensado, aunque tener en brazos a tu bebé haga que olvides casi todo.
Salí del hospital, coja, por efecto de la epidural.
Con la cara hinchada y llena de pequeñas marcas por el esfuerzo del parto.
Con mi pantalón de premamá, el mismo con el que había entrado, y aunque ya no parecía que estuviese a punto de parir, podía pasar por una embarazada de seis meses tranquilamente.
Me dolían los puntos del desgarro, y me sentaba con dificultad, pues los pujos me habían regalado un par de hemorroides, de esas de las que hablan los anuncios.
Pero las de los anuncios se sufren en silencio y te hacen poner cara circunspecta hasta que milagrosamente la pomada de turno las alivia.
Se ve que mis hemorroides eras menos estilosas, mas tirando a almorranas, y no eran nada silenciosas, dolían y picaban, y la primera vez que fui al baño tras el parto creí morir de dolor.
Y las cremas aliviaban solo en parte.
Así que allí estaba yo, frente a un espejo demasiado sincero, con mi barriga, mis estrías, mis tetas en plena subida de leche, mis ojeras tras tres días sin dormir, mi cara hinchada y llena de manchas, agotada, pálida, pensando dónde estaba aquella mamá estilosa de la puerta del hospital?
Y quién era la mujer que me observaba desde el espejo?

Y nuestro bebé? Nuestro bebé es maravilloso, y nos enamoramos profundamente nada más verlo, pero acostumbramos a ver bebés rollizos y preciosos en la tele, sonrientes, rubios y tranquilos.
Nadie me preparó para mi bebé. Diminuto, azul, un pequeño tenor.
Nadie me avisó de que lloraría.
Porque mi bebe lloraba.
Vaya si lloraba! Lloraba si tenia hambre, si estaba lleno, si tenia caca, si estaba estreñido, si le bañaba, si tenia sueño, si se despertaba, si tenia frío, si tenia calor, si oía un ruido, si no oía nada, si le ponía ropa, si se la quitaba…
Lloraba, y yo con el.
Recordaba a los bebés de algunos amigos, de esos que ves de visita. Visitas cortas, bebes dormidos… No era consciente de que el día tiene 24 horas y a mi me faltaba conocer la objetividad de las 23 horas y media restantes en sus vidas.
Nadie me avisó de esos pañales negros de meconio de los primeros días, de esos otros que se salían y le manchaban hasta la nuca.
De las lavadoras y lavadoras que pondría.

Nunca imaginé que un viaje en coche se convertiría en una tortura, que no podría ducharme tranquila en meses, que me encontraría tan sola, que me exigiría tanto como madre, como mujer, como esposa.
En las fotos no se ven los cólicos, ni la fiebre de las primeras vacunas, ni las molestias de los dientes.
Nadie me avisó de que mi mundo se pararía.
Sí, de felicidad, pero también de un montón de emociones menos agradables.
Dónde quedaron aquellas imágenes idílicas de mujeres con sus bebés?
Eso pensaba cuando me veía, cuando me comparaba absurdamente con ellas, y creía que yo era la penosa excepción de la maternidad.

Soy de la generación del biberón, nunca pensé que dar el pecho fuese tan difícil, si es lo natural!
Nunca imaginé que me dolería, ni que tendría heridas, ni de que la báscula se convertiría en nuestra enemiga.
Nadie me preparó para sacarme la teta en cualquier sitio, y tuve que superar mi pudor.
Ni me preparó para tener que lidiar con profesionales varios, los mismos que me recomendaban dar el pecho en el embarazo y que después culpaban a la lactancia de la costra láctea, de una diarrea, de su bajo peso, de su llanto, de los cólicos…

Nunca había sido exigente con la casa, y cocinaba para sobrevivir, sin embargo me volví loca, porque yo quería lo mejor para mi hijo, lo quería todo, las casas de foto de las revistas, las habitaciones pintadas como en los blogs, esos conjuntos recién planchados de los anuncios.
Esos detalles para guardar de recuerdo hechos a mano.
Y de pronto necesité que mi casa estuviese perfecta, y mi nevera fuese un escaparate de alimentos sanos y platos estupendos.
Quería la imagen de la foto, esa que dura solo el click.
Y a costa de no llegar nunca a esa perfección brillante me amargaba y sentía estúpida.

Nunca pensé que me afectarían tanto las opiniones ajenas, y sobretodo nadie me dijo que todo el mundo creería que necesitaba opinar.
Nadie me avisó que tendría que sobrevivir a las críticas, ni que yo sería mi peor enemiga, que nunca nadie me juzgaría tan duramente como yo misma.
Entonces me di cuenta.
Nadie me lo dijo, pero todo estaba pensado para que lo creyese, creer que la maternidad es sacrificio, entrega, esfuerzo.
Y es que me vendieron una maternidad absurda de embarazada en mecedora haciendo patucos de ganchillo, nos vendieron que eso es lo que se espera de nosotras. Y que cualquier excepción es un error en toda regla.
Nos vendieron la película completa, y cuando nos vemos incapaces de cumplirla, nos culpamos y creemos que no hay otras maternidades, que la nuestra es la errónea.

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Gracias!!!!

Nos vendieron que los bebes son rollizos, sonrientes y tranquilos, porque se esconde a los que no cumplen(casi todos)
Porque si un bebé se pone a llorar en un sitio público su madre recibirá miradas acusadoras.
Y te acostumbras, a creer que mereces esas miradas, te acostumbras a vivir en una sociedad donde se silencia a los niños el llanto, no para consolarlos, sino para que no molesten.

Porque aún si te cruzas con un niño en plena rabieta en la calle, su madre te mirará avergonzada, como si fuese un insulto a la sociedad. Como si el resto de niños no tuviesen malos días.

La maternidad a veces no es un camino de rosas, porque tenemos una imagen distorsionada de ella, porque nos venden una realidad edulcorada de foto.
Tampoco es un sacrificio ni una entrega que suponga dejar de existir como persona.
Encontremos el camino.
El nuestro.
El camino de la maternidad maravillosa, esa que nos hace mirarles y sonreír.

Y recordemos que las fotos son solo retazos de vida, que la vida brilla sin necesidad de flash, lejos de las cámaras.

Modelo embarazada de 9 meses
Modelo embarazada de 9 meses

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9 comentarios

  1. Todavía recuerdo cuando salí del hospital tras el nacimiento de mi primera hija: parecía Chiquito de la Calzada! Casi no podía caminar del dolor de los puntos de la episotomía y estaba abotargada por efecto de una epidural que, además, ni siquiera me hizo efecto. Con una mano me sujetaba las medias de embarazada para evitar perderlas por el camino porque tras dos días de parto y un postparto atroz había perdido tanto peso que no me encontraba a mi misma! También yo me pregunté cómo cojones lo hacían las famosas de las revistas para estar tan estupendas recién paridas… No es sólo que nos vendan una imagen de la maternidad que no es real. Es que pretenden colarnos una imagen de nosotras mismas ficticia: mujeres perfectas, sin vello, sin poros, sin ojeras y sin mala leche. Complacientes, graciosas, siempre dispuestas… El mundo no es justo y en nuestras manos está empezar a hacer algo para ponerle remedio!

    1. Totalmente de acuerdo! Nos encasillan en imágenes irreales desde la cuna. Y con los embarazos y la maternidad ya es de traca, en tres embarazos, dos de ellos en los que apenas he engordado 10 kilos he tenido que aguantar a profesionales nazis que machacaban con el peso. Y eso que en mi primer embarazo salí con el mismo peso y la misma ropa de antes del embarazo, y no, no es lo normal, porque venia de un embarazo con hiperhemesis. Peso lo mismo ahora mismo que hace diez años antes de estar embarazada, y veo las miradas, no, no es lo normal, lo normal es aceptarse tal y como se es, y eso incluye partos de los que sales sin un gramo, y otros en los que te siguen sobrando 15 kilos. He vivido los dos tipos, y he crecido con los dos 🙂

  2. Si se cambia el “nadie me dijo” o “nadie me preapró” por “no me di cuenta” o “si otras pueden yo también” me gustaría mucho más el texto. Ese tinte tan victimista y exculpatorio no lleva a que la gente se supere, todo lo contrario, lleva a recrearse en la mala suerte o lo muy malos que son los demás con una. Las madres somos muy fuertes y tenemos una habilidad natural para lidiar con la infernal situación práctica de ser mamá, si la explotamos con valentía y firmeza entonces sí, seremos como la de la foto. Y sí, nadie dijo que todas las madres, todos los bebés o todas las personas sean iguales, pero eso no es culpa de quien no lo dijo, no es culpa de nadie, la vida es así.

    1. Y si leemos entre líneas? Para esa minoría que no lo tiene tan fácil para enfrentarse al cambio vital que supone.
      La vida es así, pero mas fácil de llevar cuando no te sientes solo. 😉
      Yo no quiero ser como la de la foto, prefiero ser yo, con mi embarazo sin kilos de mas y mi otro embarazo con 15 de sobra, prefiero ser yo con mi tripa blandita y mi sonrisa perenne. Prefiero ser yo, que no la imagen irreal de una foto puesta para que nos la creamos… De eso precisamente quería que huyésemos con el post, de la imagen que nos venden de que esa imagen es lo normal.
      Un abrazo 🙂

      1. En eso estoy de acuerdo contigo, esa imagen de un embarazo y la maternidad no representa al 99% de los casos reales, pero ¿qué imagen qué nos venden es normal?

        Ante esta verdad tenemos la opción de sentimos solas y quejarnos, sin embargo creo que si nos sorprende que nuestra vida no sea como nos la venden lo que deberíamos sentirnos es ingenuas!

        Lo que sí es normal porque me ha pasado es que cuando tiense un embarazo en el que engordas y tienes náuseas y un post-parto con dolores y te sale un bebé que no duerme y llora constantemente, y… y… te preguntas, ¿esto es normal?. Entonces lloras,te deprimes.. y preguntas a tu entorno, y muchas de ellas efectivamente no lo pasaron tan mal! aguna sí, obviamente. En el siguiente paso valoras, analizas y dices “vale, esto medio-normal” no todos los embarazos son iguales ni todos los niños,y en el último paso lo importante es la actitud con la que afrontes tu suerte y lo que comentabas, sentirte la madre más afortunada del mundo a pesar de imágenes y banalidades de la vida (porque sí, mi marido tampoco es como el de los anuncios… ). Pero esto no es cosa de la maternidad! es cosa de la vida en general!

        A lo que iba, vuelvo a mi primera respuesta, he entendido lo de la imagen que nos venden, que es muy distorsionada y todo eso, pero eso no debería ser motivo de sentirse sola,porque a partir de premisas como esa es muy fácil caer en el victimismo, y hay que huir de esa sensación.

        Besos

  3. Todas hemos tenido días de bajón en el que nos hubiera gustado tener a otra mama al lado y decir, tranquila que yo también he pasado por lo mismo que tu. Es lo mejor que me ha pasado, ser mama de una niña preciosa de 28 meses y otra princesa de un año. Ahora embarazada de mi tercer pequeñin me doy cuenta día a día que me hubiera gustado tanto tener a alguien a mi lado que me diera una dosis de realidad de lo dura que es la etapa de ser mami con pequeñines! Yo a mis amigas les digo, ser mami es mágico pero también muy intenso. Me ha encantado tu entrada! Un saludo!

  4. Cuando tus hijos son una tu sueño dorado y los adoras y mueres por ellos….pero cuando son adolescentes quieres morir de verdad…..o por lo menos dorarlos. ….

    1. Cuando tus hijos son pequeños son lo mas maravilloso del mundo los adoras y mueres por ellos…pero crecen esos seres adorables y es ahí de verdad cuando quieres morir o por lo menos dorarlos!!!!!!!!!!

  5. No me puedo creer que la chica de la foto esté embarazada de 9 meses!! Si parece que esté de 4 o 5, no tiene casi barriga, para lo delgada que está!! Bueno en fin, la verdad que tienes toda la razón del mundo, en las películas, en la televisión, en las revistas, en todos los lados te venden que quedarse embarazada es facilísimo, que el embarazo es un cuento de hadas y que la maternidad es coser y cantar, y luego en tu mente te imaginas tu película perfecta (por lo menos yo lo hago en mi mente paralela, luego aterrizo en mi mente real y digo calla Campanilla, qué me lías!! ) pero nada de eso es real, la maternidad por lo que leo y veo es dura, pero muy placentera, así que nos quedamos con eso. Un besito!! 🙂

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