El niño de Marte.

El niño de Marte.

No es de este planeta. Creo que es de marte.
Es como el principito pero de verdad.
Es extraterrestre.

Tiene orejas y oídos, pero sólo escucha las palabras bonitas, las risas y las ganas de jugar.
No escucha tristezas, ni dolores, ni pesares. Y aunque habla nuestro idioma, a veces se acuerda del suyo y canta en un galimatías que nadie entiende y se ríe cuando todos creen que se inventa palabras…

Tiene manos, y dedos, y ha aprendido a pintar, pero no pinta lo que le mandan en el cole ni en los libros, pinta soles azules, y arboles rosas, perros verdes y azucenas negras. Pinta lluvias de flores, y nubes de arcoíris, y ríos llenos de macarrones.
Ha aprendido los números, pero no le gustan porque tienen orden, estructura y armonía.
Y a el le gusta el caos, es capaz de ver la belleza de la negrura, la luz en las tinieblas, la paz en la tormenta…
No le gustan esos números que le enseñan y se inventa los suyos propios, y numera el mundo: dieciquince, veinticiento, trinticincuenta… y se enfada cuando el mundo intenta hacerle ver su error, y es que nadie entiende su lenguaje, el lenguaje de las estrellas.
Tiene piernas y pies, y adora el movimiento. Y no entiende por qué le piden a diario quietud, estate quieto, le dicen, siéntate, le exhortan, no te muevas! Mientras sus extremidades marcianas toman el control y viven en un baile permanente.

Y el se enfada, y pelea con un mundo que no entiende, porque no comparte idioma. Ni metas, ni soles.
Y quiere correr hasta caer exhausto.
Y quiere bailar hasta que se acaben todas las músicas.
Y quiere comer hasta que el mundo olvide lo que es el hambre.
Y quiere cantar hasta quedarse afónico.
Y quiere contar cuentos hasta terminarlos todos.
Y quiere nadar hasta cruzar todos los mares.
Y escalar hasta subir todas las montañas.
Y cuando termina quiere dormir hasta que se agoten todos los sueños…
Y despierta siempre con una sonrisa, porque es el dueño de todas.

Es agotador ser de Marte!

Le gusta llevar los pantalones del revés, y las zapatillas, porque es su forma de decirle al mundo que es único y especial.
Porque no entiende de modas y gasta la propia.
Y los bolsillos son mas útiles delante, y las cremalleras feas las quiere esconder detrás, que no las ve.
Dice que las zapatillas están mal hechas, porque es mas fácil abrochárselas por dentro. No es que se las ponga mal, es que no saben hacerlas!
Hay que ser de marte para entenderlo!

Y es capaz de pasar horas petrificado si consigues enamorarle con una historia o un juego.
Y sueña con viajar a las estrellas, seguramente porque quiere volver a casa.
Y conoce los nombres de todos los piratas, y sueña con tener un barco gigante.
Y conoce los nombres de todos los dinosaurios y quiere tener uno en el jardín…

Yo tengo niños de Marte, seguro que tu tambien.
Esos que mientras crecen de año en año, nos crecen de diez en diez.
Conocer un niño de Marte es cambiarte la vida, aprender que existen otros mundos.
Te enseñan cosas que no sabías, a amar tu cuerpo, tus años, tu espacio y tu tiempo.
Los niños de Marte te enseñan a valorar las cosas que antes no tenían valor, a creer que la riqueza es tangible, que la tenemos todos los días, que estar con ellos a diario nos hace ricos.

Los niños de marte nos cambian, rompen y reconstruyen.
Cimentan en nosotros los pilares de la generosidad, del amor, del respeto, y nos enseñan a hablar un idioma con un vocabulario desconocido, maternidad, apego, educación, crianza,
Nos replantean el mundo y nos descubren otros, nos entregan poder para entenderlo y cambiarlo.
Luz y fuerza, para seguir, para luchar, para emprender.
Conocer un niño de Marte es un regalo…

 

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