La maternidad de foto.

La maternidad de foto.

 

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Publiqué esta foto en facebook.
Es el dibujo con rotulador que le hice a mi hija de 4 años recién cumplidos.
Acababa de llegar de trabajar un viernes por la noche, el tiempo justo para acostarlos y compartir media hora juntos.
Me pidió que le hiciese un tatuaje, y aunque lo cierto es que no me apetecía demasiado y hubiese pagado por un refresco tranquilo y unas piernas en alto, se lo hice.
Mi niña quería una mariposa, me salió eso. Los dibujos feos del ensayo en las piernas de mi hijo no los publiqué.
Sólo lo que me pareció bonito…

Unas horas después una amiga me mandaba un mensaje, estoy depre, no se cómo lo haces, yo nunca tengo tiempo para hacer cosas divertidas con mi hija. No me basta una vida. Nunca hacemos manualidades, ni bizcochos, su infancia es aburrida y monótona.
Me siento fatal.

Lo siento, pero me reí. Mucho.
Creo que es un problema de expectativas. De no saber leer entre líneas, de quedarse con la imagen bonita y creernos que la vida es una suma de cientos, miles de esas imágenes. Que la vida no es más que una imagen en Facebook.

La maternidad no cabe en una foto. -    

Hice un dibujo a mi hija, en la cama con rotulador, porque es un recurso fácil.
No, yo tampoco me paso el día haciendo cosas divertidas, corriendo de un lado a otro para llegar a tiempo del trabajo a darles de comer, de comer al cole, del cole a casa, vuelta al cole y vuelta al trabajo.
Y cuando llegan las 9.30 de la noche no me quedan ganas de hacer manualidades, ni de cantar canciones, apenas de hacerles dos cosquillas y meterles en la cama con media charla.

Tampoco leemos cuentos a diario porque terminan alargándose y es mejor dejarlos para el fin de semana.
Yo también hago planes increíbles de excursiones maravillosas con picnics y fotos estupendas para el recuerdo…
Terminan siendo excursiones cortas con bocadillo rápido. Tampoco tenemos muchas fotos, porque el tiempo que pasamos juntos no podemos perderlo y para que lo viva el móvil, preferimos disfrutarlo y vivirlo nosotros.
Además en las fotos no se reflejan las picaduras de mosquitos, ni el berrinche que le dio a uno de los niños cuando se cansó y quería que le llevases en brazos. Tampoco salen los churretes que provoca la crema solar con el polvo del camino.
Mis excursiones son como las tuyas, reales. Las otras son de “National Geographic”.

Tampoco hacemos galletas todas las semanas, porque es un desastre, y termina poniéndose todo perdido de harina.
A veces ir a elegirlas al supermercado de al lado de casa, con los tres ya supone una aventura, y puede salvar una tarde agotadora. Es menos glamuroso, lo se, y menos sano, pero mentalmente puede obrar un milagro en estos padres imperfectos que somos nosotros. Y salvar nuestra casa.

Si, la casa, nuestra asignatura pendiente, tampoco está siempre perfecta, sobrevivimos como podemos, sin ponernos demasiadas metas, es una casa, no un museo, tenemos que asumirlo.
Y los cristales no son transparentes, ni brillan los azulejos, ya es un logro conseguir un poco de orden con tres personitas creciendo.

Me aburren los dibujos tanto como a ti, yo también soy incapaz de ver el mismo episodio de “La patrulla canina” 6 veces y seguir encontrándole encanto, así que me refugio en el móvil como tu, y si me hablan, sonrío y digo como si fuese un resorte: Qué chulo!!!
Luego como tu me siento culpable, pensando que ellos se dan cuenta de que no estaba pendiente y me esfuerzo por atender, pero la séptima vez del mismo episodio me aburre tanto o más…

Tampoco pasamos 3 horas diarias en el parque, ya sabes que además soy un poco antisocial, no concibo el parque como el momento madre para sociabilizar mientras los niños se escuernan, así que tres horas de estar corriendo por el césped, columpiando y recopilando hojitas me agota, y recortamos este tiempo lo más posible intentando lograr un ocio común, que a veces es difícil de encontrar.
Negociamos y preferimos parques con una terraza a un metro donde poder tomar un café intranquilo mientras saltas la valla a tiempo de evitar un chichón.
Lo se, el resto de padres me ven como una friky que se sienta en el suelo con ellos, y seguro que alguno envidia mi entrega, es porque no saben que en ese momento estoy deseando dejar de peinar la muñeca y pagaría por poder tener a mano un libro y leerlo al sol.
Soy así, aunque hasta pensarlo me haga sentir a veces egoísta y siempre crea que podría hacerlo mejor.
Como tu. Me siento exactamente como tu.

No, yo tampoco me paso el día haciendo cosas guays.
Y creo que nadie que conozca, pero creamos expectativas nacidas de las vidas irreales de otros, esas vidas de películas que salen en las fotos.
En realidad son fragmentos diminutos, los chulos, los que quedarán para el recuerdo.
Porque te imaginas recordando dentro de 30 años aquel dolor de espalda que te provocaba columpiar a tu hijo una hora seguida incansable?

El tiempo. Me pasa como a ti. Siempre me falta.
Nunca tengo tiempo de hacer todas esas cosas que me gustaría quedasen en su memoria
Y a veces, me doy cuenta de que cuando tengo tiempo de hacerlas estoy cansada/harta/aburrida y siempre surgen cosas mas importantes.
Que después resultan serlo menos…
Y sin embargo creo que pese a todo, no lo hacemos tan mal, ni tu ni yo.
Hacemos lo que podemos, criamos niños felices, nos esforzamos cada día, entre carrera y carrera.

Sí, yo también cabeceo mientras Elsa canta Suéltalo, también le doy la mano para que patine mientras me destrozan las ruedas los tobillos y aguanto estoicamente mientras sueño con que se decida por el atletismo.
También me siento culpable a veces cuando llevan una camiseta sin planchar o una rodillera rota porque aún no le puse los parches.
Y al babero del cole siguen faltándole tres botones, pero estoy aquí escribiéndote en lugar de cosiendo.

Y es que no se nos puede olvidar que somos más, somos madres, y mujeres, y trabajadoras, y personas.
Y ponemos metas absurdas que anteponen el mundo a nosotras.
Sí, mis hijos son lo primero, sus abrazos, sus besos, pero no sus botones a mi descanso mental.
No el polvo a un café merecido tras una jornada agotadora.
No ordenar sus cuentos por orden alfabético a media hora en el sofá.
No un bizcocho de madrugada para que desayunen, a un rato de lectura. Qué le voy a hacer, seguiremos desayunando galletas del súper.

Por qué pretender parecernos a esa imagen de mujer admirada por sus renuncias.
Yo no quiero renunciar tanto, no quiero que me recuerden como una mujer abnegada que cedió su vida, sus sueños, por coser un botón.
No, no tiene que ver que trabajes fuera o no, tiene que ver con respetarte como persona. Por quererte.

Por eso hoy te escribo, porque cada vez que me preguntan: Y tu cómo lo haces? Y con una sonrisa escucho lo de súpermama, increíble, 3 y puedes con todo…
Sonrío, por no romper la magia…
Porque no me acompañan, esos días en los que todo me puede (Como a ti) y cuando al fin pasada la medianoche me siento en el baño y respiro y agradezco el silencio, rompo en llanto pensando en todo lo que no hicimos y queda por hacer. En todo lo que no hice…

Son días, pero llegan, días como el tuyo de hoy, en el que la foto estúpida del dibujo que hice a mi hija te superó, y te hizo sentir mal.
Días.
Respira, sonríe.
El tiempo pasa y dentro de una semana ni tus hijos ni los míos se acordaran del dibujo, pero el resto de sus vidas, seremos su estandarte, y nos llevarán en el corazón.
No busques una vida de foto. Esfuérzate en vivirla.
Y apaga el móvil de vez en cuando…

No busques una vida de foto. Esfuérzate en vivirla. -    

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9 comentarios

  1. Hoy mismo le decía a mi hija mayor, de cuatro añitos preciosos como la tuya: “No tengo ganas de jugar más, no quiero sentarme en el suelo y jugar con la familia de la casita de madera. Vente y túmbate un rato conmigo en el sofá, mientras tu hermana aún duerme la siesta”. Ella protestó un rato, insistió e insistió entre lágrimas, pero yo, en pie desde las siete un domingo, sin haber parado ni un minuto, planchando, fregando, cocinando… siempre con las niñas detrás como sombras, leyendo un cuento entre camisa y camisa, jugando a guarderías mientras barría el suelo… yo, sencillamente, no pude. La convencí para dejar el juego para más tarde, desesperada por cinco minutos de desconexión. Y luego, me sentí fatal por negarle aquello. Tan simple. Tan aburrido para un adulto hecho y derecho que no recuerda el último libro que leyó sin tener que parar cada media frase… ¡Gracias por ponerlo todo por escrito!

    1. A veces hace falta darenos cuenta de que no estamos solas. La culpabilidad desaparece cuando la vida se comparte.
      Un abrazo preciosa

  2. Así, tal cual lo cuentas es. Yo adoro jugar a las peluquerías porque me siento y ellos me peinan y… ¡¡¡un ratito de relax!!! jejejejeje pero mi vida no es como las películas o esas fotos tan Pinterest, mi vida es normal y hay días que da tiempo a hacer cosas chulas y otros días menos chulas 😉

    1. jajajja mi niña aún pega tirones en la pelu 😉 En unos meses me veo pidiéndole jugar! En cuanto coja práctica.

  3. Me siento completamente identificada con el artículo, pero me he dado cuenta que con el paso del tiempo ellos recuerdan con cariño los pequeños detalles a los que no le damos tanta importancia y entonces verás que cosas como aquellas famosas galletas del supermercado tienen un encanto especial que no te imaginabas, porque las iban a comprar con mamá.

  4. Me alegro haber leído este post porque es un sentimiento que siempre he tenido. La vida pinterest no es para mujeres, madres y trabajadoras reales. Pero esos ratos privados connuestros pequeños son un maná para ellos.

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