La madre valiente

La madre valiente.

Tres hijos, y una sonrisa.
Pase lo que pase, no se pierde, porque con tres hay por pocas cosas por las que no hayamos pasado, con un primero que conoció todos los hospitales y enfermedades en sus dos primeros año, escalador de profesión, kamikaze de vocación.
Con una segunda dada a los accidentes tontos, caídas y golpes, demasiado audaz y guerrera para su edad, mi pequeña super heroína.
Con un tercero precoz, espejo de los otros dos, valiente e intrépido, Juan Sin Miedo…
Hemos pasado por todos los virus conocidos y algunos aún sin conocer.
Sabemos de primera mano de “itis” varias.
Distinguimos hasta diez tipos distintos de granos y pruritos. Marcas en la piel, sintomas varios…
Esta que soy yo ya no se asusta a menos que la fiebre suba de 40. Que la sangre borbotee sin medida, o que los gritos de dolor no cedan en los primeros minutos.
Considero que el pediatra esta para cuando hace falta, y las cosas leves se arreglan en casa con paracetamol y mimos.

Acabaron aquellos primeros tiempos de correr a urgencias tras el primer grano o la primera tos.
No consideramos que haya fiebre hasta superados los 38 y medio, y solemos pasarla en casa al menos que sea incontrolable o dure mas de dos días.
Los chichones y golpes se arreglan con árnica y besos.
En esta casa hemos tenido pómulos rotos, caídas con dientes perdidos, puntos, cortes, uñas arrancadas, narices sangrantes…
Tres hijos te endurecen un poco, y sirven para comentar entre risas con los amigos que con el primero visitas demasiadas veces al pediatra y con el último demasiadas pocas.
Será verdad aquello de que a partir del segundo se crían solos…
O que los males son menos males, y los miedos menos miedos.

Suelo recibir preguntas y consultas varias de amigas y conocidas, qué te parecen estos granos; tiene fiebre y no se como bajarla; esa tosecilla me preocupa… Porque suelo ser de cabeza fría y poco dada a escándalos.
Una madre valiente, que ante una caída y un hueso roto, mantiene la calma y la sonrisa.
Sin prisas pero sin pausa, que tampoco es de andar corriendo y romperse otra cosa.
Si hay afonía se arregla con limón, las toses con cebolla, no hay fiebre que resista al vips vaporubs en los pies, ni pruritos a la harina de maíz…
Un chichón más, otra cicatriz para contar, otro recuerdo con el que nos reiremos en unos años.

La madre valiente, de tres, con pocos miedos, y ya mucha experiencia.
Hasta que llega el día en el que dejas de serlo, tu hija se cae, un chichón te dicen.
Míralo tu mejor. Le ha sangrado la nariz.
No será nada.
Ya los tengo vestidos para ir al médico.
Al medico por un chichón? Se disparan las alarmas, y entonces lo ves, un chichón del tamaño de un melocotón de los buenos, una frente deforme digna de una película de extraterrestres y te olvidas de tu sangre fría, y la valentía se te baja hasta los pies, y el corazón te da un vuelco, y ya no recuerdas las risas, ni que los niños tienen ángeles protectores, y despavorida agarras las llaves del coche y te diriges al hospital.
Porque eso no es un chichón, no tienes arnica suficiente para reducir el bollo.
Y compruebas de camino pupilas y respuestas por ir sobre aviso.
Y te relajas un poco porque al menos no ha vomitado.
Estas bien? Preguntas por enésima vez, a una niña a la que ya se le han pasado los males, y aunque su frente sigue siendo como poco llamativa no le queda más que el susto.

A ella, porque a ti te dura, y te durará unos días, esa sensación repentina de andar desnuda y descalza entre cristales, de sentirte pequeñita y asustada, de comerte las lágrimas y el miedo, para que no se asusten.

La madre valiente, hasta que la realidad te devuelve a cuando no lo eras, a cuando las circunstancias te recuerdan que somos humanos, y que tal vez mañana la suerte no les acompañe.
La madre valiente, que se da cuenta del terrible vacío que puede traer un chichón, un chichón en el alma, ser consciente de su fragilidad, de la vulnerabilidad de sus cuerpos.
Hoy sólo queda un susto, y las horas de observación en el hospital, y una cara hinchada, y unos ojos teñidos de violeta.
Y un par de noches vigilando de reojo que respira, que esta tranquila y bien.
Que no, que estos golpes no suelen ser nada, pero vaya golpe dice la doctora.
Que no pases pena pero ve haciéndole preguntas por si notases algo raro, que olvida, o comportamiento extraño.
Que no la pierdas de vista…

Y tal vez mañana o dentro de una semana vuelva a ser esa madre valiente, la no se asusta ante la sangre, ni los chichones, la que conoce remedios para todos los males.
Tal vez mañana o dentro de una semana, hoy quiero ser la otra, la que abraza muy fuerte y llora, dando gracias, porque a final de cuentas no fue nada.
La que besa despacito para que no duela, la que duerme a su lado y comprueba que respira, la que agradece poder hacer todo eso, a diario…

Y es que no fue nada, un gran chichón, una fractura lineal del hueso frontal. Que tampoco tiene mayor importancia, que curará solo, y el hematoma que hoy se reparte por toda la cara cambiará de color y desaparecerá en unos días, no así el miedo…

Ya aprovecho y os dejo unas recomendaciones de la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría.

Importante, es además la página de la que te dan las recomendaciones(Al menos en nuestro hospital de referencia)
Podéis encontrar mucha información en su web que siempre viene bien una guía en casa.

TRAUMATISMO CRANEOENCEFÁLICO
¿QUÉ ES UN TRAUMATISMO CRANEOENCEFÁLICO?
Es un traumatismo en la cabeza.
En este momento su hijo presenta una exploración neurológica normal por lo que no precisa ingreso.
¿QUÉ DEBE HACER EN CASA?
– Observe al niño durante las 24 horas siguientes por si aparece algún problema. Manténgalo en un ambiente tranquilo bajo la supervisión de un adulto.
– Si el niño tiene sueño puede dejarle dormir, pero despertándole cada cuatro horas, aproximadamente, para observar sus reacciones. Debe mantener un comportamiento adecuado.
– Si presenta dolor de cabeza puede tomar paracetamol o ibuprofeno a dosis habituales.
– Transcurridas dos horas sin vómitos ofrézcale una dieta blanda.
– A las 24 horas del traumatismo, se puede reiniciar el ritmo normal de vida.
¿CUÁNDO DEBE CONSULTAR DE NUEVO EN UN SERVICIO DE URGENCIAS?
– Si el niño vomita de nuevo en casa.
– Si presenta dolor de cabeza intenso o progresivo.
– Si su hijo está confuso, somnoliento, irritable o cuesta mucho despertarle.
– Si el niño comienza con movimientos anormales, debilidad u hormigueo de extremidades, tiene dificultad para caminar, habla o ve mal o tiene las pupilas de diferente tamaño.
– Si observa salida de líquido claro o sangre por la nariz o los oídos.
– En general, cualquier síntoma que le resulte extraño o le preocupe.
CUESTIONES IMPORTANTES
– La mayoría de los traumatismos en la cabeza son leves y no producen daños. Con golpes mínimos es muy raro que se produzcan lesiones.
– Es normal que en las primeras horas su hijo esté asustado, no recuerde el momento del traumatismo, tenga dolor de cabeza o presente algún vomito.
– En la mayoría de los casos no es necesario realizar ninguna radiografía.

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2 comentarios

  1. Yo reivindico el derecho a ser siempre primerizas. En todo lo que haga falta y más en la salud de nuestros hijos!!! Mucha fuerza a la pequeña princesa y a la mamá, que es más valiente de lo que se piensa!

  2. ¡Vaya susto! Menos mal que al final ha quedado en eso, un susto. Te entiendo, aunque seamos fuertes y valientes cuando les creemos de verdad en peligro te vuelves débil por dentro, por más que por fuera demuestres entereza. Que la princesa se recupere pronto y mucho ánimo para ti.

    Mamá en el siglo XXI, yo también lo reivindico. He sido primeriza de las de ir al médico y urgencias más de lo estrictamente necesario. Con el segundo me estoy “reformando”, pero aunque pienso que hay que mantener la cabeza fría para poder valorar si es necesario o no, ante la duda, si de verdad existe, soy de la opinión de que más vale ir para nada que no ir y tener que haber ido.

    Saludos a las dos

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