No crezcas. Déjame ser.

Déjame ser.

Mi niño grande ha comenzado primaria, y parece ayer, cuando llegó en brazos al colegio.
Hoy ya no viaja en brazos y a sus seis años, por primera vez tampoco quiere darme la mano.
Crece, a pasos agigantados.
Crece y reclama espacio, independencia. Ese pequeño gesto lo confirma.
ya no precisa sentirse agarrado, camina sólo.
Y hoy ya no quiere darme la mano en el cole.
Y medirá los besos allí, los guardará todos para la intimidad. Porque ya es grande…

No me da la mano al salir. Espera esos 50 metros de distancia segura, para dármela casi llegando al coche.
Como si nada, disimuladamente. Lejos de miradas curiosas.
Ya no es un bebé. Ya no es pequeño. Puede caminar sólo.
Crece y hay que acompañarle, también en esta fase.
Nos acostumbraremos a no ofrecer la mano. Tendremos que aprender a dejar de respirar mientras cruce, sin asirse a nosotros.
A preguntar si quiere un beso a la salida, en lugar de abrazarle en el reencuentro.
Tendremos que aprender a esconder los besos. A que sean suaves, silenciosos, discretos… De niño grande.
A poner entre nosotros un espacio que no es real. Que impone el tiempo, el entorno. Lo se, pasará, y llegará un día dentro de muchos años en los que se sentirá orgulloso de llevarme de su mano. Llegará un día en el que recordaremos con añoranza como era antes.

Pero hoy, hoy, no quiere mi mano.
No crezcas, no tan rápido… Tu mar me ahoga.
Tu celeridad me marea.
Tu independencia me asusta.

Déjame ser.
Déjame ser, tu sombra a un metro, tu guía aunque distante. Tu luz cuando temas…
No me importa, mientras te sepa cerca.
Déjame ser la mano que te sostendrá si caes. Aunque me mantenga escondida, alerta.
Déjame ser, quien siga arropándote en las noches de invierno, aunque de día no tenga permiso mas que para contemplar tu frío.
Aunque me condene la luz a no tocarte, a una distancia respetuosa.
Déjame ser quien te abrace en tus sueños. Y te sonría de lejos en tus vigilias.
No crezcas, no tan rápido… Tu mar me ahoga.

Déjame acompañarte en mis miedos. Míos. Lo se.
Déjame ser tu red si el vacío te llama.
Que no te llame el vacío!
Déjame ser tu pértiga cuando necesites saltar.
Aunque me asuste tu salto.
Déjame ser tu arnés cuando te lances.
Aunque me rompa sujetándote.
No crezcas, no tan rápido… Tu mar me ahoga.

Déjame ser, silenciosamente, imperceptiblemente, tu madre.
Aunque oculta. No necesito la gloria, me conformo con saberme cerca, en silencio, a tu lado pero invisible.
Me conformo con que me sepas cercana, silenciosa, a tu lado pero invisible.
Lo entiendo. Entiendo que creces, y necesitas identidad propia, sin mi.
Que tu seguridad es mi premio.
Que tu claridad mi recompensa.
Que tu independencia mi satisfacción.
Y seguirás creciendo y tal vez un día te avergüences de mi y me sientas como un lastre, lo entenderé aunque duela, me prepararé para ello.
Para tu adolescencia.
Déjame ser entonces también tu enemigo si lo necesitas.
Pero Déjame ser, también entonces.

Déjame ser.
Y es que no he sido otra cosa desde que llegaste, tu madre a tiempo completo.
Y sin ti, ya nada tiene sentido.
He sido tu calor en invierno y tu aire en verano.
He sido tu alimento cuando tenías hambre.
Tu tren cuando necesitabas partir.
He sido tu primer maestro y tu primer juez.
Tu primer defensor y tu primer abrazo.
Tu primer amor.

Y hoy duele la distancia.
Déjame espacio para seguir caminando contigo.
Hoy, el primero de muchos hoys.
Hoy, el primero de todos los ayer.
Hoy tan sólo te pido déjame ser. Hoy y todos los mañana.

Déjame ser quien llore cuando te marches, aunque sonría acompañándote.
Déjame ser quien te espere sentada de madrugada cuando quieras volver.
Déjame ser quien aliente tu corazón cuando palpite por un amor no correspondido.
Déjame ser quien te juzgue cuando no creas en ti, y te condene a hacerlo.
Déjame ser quien te acompañe cuando te rompas, y recoja los trozos.
Déjame ser quien te recomponga.
Déjame ser.

Déjame ser tu madre para siempre.
Déjame ser un te quiero susurrado bajito al oído.
Déjame ser quien admire tu vuelo y ame tus alas.
Y quien corte el viento para que no te caigas…
Déjame ser parte de tu vida. Para siempre.
Aunque ya no necesites mi mano para recorrer el mundo.

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