Campeón por la gloria de tu madre!

Campeón, por la gloria de tu madre!

Campeón, por la gloria de tu padre!

Y ahí está, Menganita, vestida de tules.
Preciosa, peinada como una reina.
Preparada para un día más, pasarse una hora llorando, desgranando su infancia sobre el parquet de la escuela de ballet.
Tres años y el conocimiento de que sus deseos no importan, ni su cansancio.
Que el amor que recibe a diario, desaparece al llegar a la escuela y no merecen sus lágrimas valor.
Porque sólo el esfuerzo, conseguirá que su mamá sonría y se sienta orgullosa de su niña.
Y un día tras otro, se nos rompe el corazón a las otras madres, aquellas que simplemente quieren una actividad para las tardes de invierno.
Ocio extraescolar, al que se falta si hay un cumple, o si hace frío, o si nos apetece hacer una guerra de cosquillas.
Y un día tras otro se parte el corazón de su maestra, impotente, cuando inconsolable se queda en su clase.
No han servido charlas, comentarios de tal vez al año que viene, cuando sea mas grande… Súplicas, volcadas sobre tierra árida, sobre pared sorda…
Es el deseo de su mamá. Su gloria perdida.
Sus sueños recuperados, para vivirlos en su hija…

Y ahí esta Menganito, diminuto, a sus 4 añitos saco de todos los golpes y patadas, con los calcetines que cubren todas sus piernas, porque papá quiere un futbolista en la familia, y no le importa la opinión de su pequeño, ni su estatura, ni su madurez. Ni que no le haya llamado la atención una pelota nunca. Tras dos niñas anteriores, este le dará las alegrías para compartir con los amigos.
Le quitará el estress de la semana pudiendo insultar los domingos al árbitro en el campo de juego y exponiendo a su hijo a las inmundicias de sus sueños no cumplidos.
No importa tener que madrugar todos los fines de semana.
Ni la charla del entrenador, tal vez este no sea el deporte de Menganito…
Pues si no lo lleva dentro lo llevará. Que en casa con tres mujeres se me está ablandando.
Y no hay un sólo minuto que pase con su hijo en el que no le recuerde que tiene que ser más duro, más hombre, esforzarse más!
Por la gloria de su padre, aquel niño que soñaba con jugar al fútbol, sin haber tenido jamás pelota. Pero su hijo tendrá mil!
Aquél que veía de lejos los partidos, en la tele del bar de la plaza, no como su hijo, por el que hace el esfuerzo de pagar la equipación y lo que haga falta! Porque tiene un campeón!

Y ahí estaba Fulanito, con 6 años, entrenando 3 horas diarias por las tardes a tenis.
Porque el entrenador y papá saben que el esfuerzo llevará lejos a este niño.
Y además le gusta, lo que a veces está cansado! Empezó con tres años, es un campeón!
Y cede con gusto las horas de parque, y de juego, y de ocio. Porque esta es su vida!
Y cuando crezca nos lo agradecerá. Porque tendrá un futuro.
Todo este esfuerzo le abrirá muchas puertas mañana, le cuenta en el club a otro padre.
Y mientras Fulanito mastica su enfado, y contiene las lágrimas, porque una vez más se ha perdido un cumpleaños.
Y mientras se resienten sus primeras letras, por falta de tiempo para leer cuentos.
Y a nadie le importa que le duelan los codos, eso es que necesitas mas entrenamiento, dice su padre, así que ya no se queja…
Y le gusta el tenis, pero también le gustaría jugar, reír y disfrutar un poco más. Sólo un poco más.

Y ahí estaba Perenganita, en sus clases de gimnasia rítmica, con fiebre y apenas voz, a sus siete años, responsable, conocedora de que cualquier falta resta, infancia robada, madurez adelantada.
Y mamá aplaudiendo en las exhibiciones, orgullosa de su retoño.
Madre amantísima, que acompaña y peina y maquilla a su niña antes de cada campeonato. Esa que anima sin descanso al equipo. Y cede su sueño para coser las mallas y los calentadores de su campeona.
Y acude a todos los entrenos y aguanta estoicamente las seis horas diarias que trabajan antes de los campeonatos.
Y anima cada vez que se hunde, porque si no gana se hunde. Demasiada presión!
Y se tumba con ella en la cama las noches en las que sufre y necesita a sus pocos años un analgésico fuerte que le haga olvidar que sólo tiene 7 años y dolor de espalda…
Y mamá abraza mientras sueña con medallas y fotos sonrientes. Sin darse cuenta de que abrazaría igual si sólo jugara…

Ya lo dice el refrán, si quiere un campeón en la familia entrene! Pero deje a sus hijos!
Los niños son niños, y sus aficiones deben ser eso, aficiones, que tal vez vayan y vengan con el tiempo, que tal vez se conviertan en pasiones o tal vez sean abandonadas un día sin más.
La vida, no es una competición, ni una carrera para ver quien llega primero, o más rápido.
Si un niño llora al entrar en una extraescolar, un día, otro día, otro día, se merece como poco ser escuchado.
Ningún resultado, ningún futuro, merece su tristeza infantil.
Ningún premio vale restar juegos y risas.
Ya llegarán las horas en las que necesitarán madurez y crecerán para elegir sus caminos.
Ayudarles a tomarlos no significa empujarlos ni atarlos.
Los niños felices son necesarios para continuar el mundo, no los campeones.

Pueden parecer ejemplos exagerados, pero no lo son, demasiados niños conocen desde muy pronto las palabras renuncia, esfuerzo, trabajo duro, sacrificio…
Sueña con hijos felices, no con deportistas, bailarinas o premios, que sueñen ellos, que vivan ellos sus sueños…
si quieres un campeón: Entrena!

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