Quién quiere un niño autista en clase de su hijo?

Quién quiere un niño autista en clase de su hijo?

Hace unos días que veo esa noticia de un niño con asperger expulsado de una clase por la presión de los padres del resto.
Y cada vez que se comparte, que la gente habla de empatía, de solidaridad, me voy poniendo un poquito más enferma.
Qué buenos somos todos! Cómo defendemos al más débil.
El mas débil, ese niño con asperger de la clase.
Porque qué es un asperger? Un tea, Trastorno de espectro autista.
Sí, un niño con asperger es autista.
Un niño con autismo, con problemas de habilidades sociales.
Incapaz de asimilar de forma natural ciertas normas de convivencia, ciertos comportamientos…

Ese que no entenderá que no puede abrazar y demostrar amor hasta el acoso a otro niño.
Un niño cuya abuela seguramente tema al verle, aunque sonría, porque todo los días su nieto se queja.
-No me deja jugar. Me persigue. Me abraza. Me toca. Es mi amigo, pero yo quiero jugar con todos…
Comprensiva pero cansada sonríe, mientras le aleja de el.
-No, ahora no puede jugar.
Y temerá sin saber muy bien qué.

Ese niño con asperger que no entiende que en clase a veces hay que estar en silencio, concentrado, no lo entiende porque el se aburre, y molesta al resto.
No lo entiende porque no es capaz de asimilar una norma social tan sencilla.
Y baila, juega, ríe, grita, mientras los demás le piden silencio.
Mientras una profesora que tal vez mañana tenga un mal día le implore para que le deje dar clase.
Un niño autista que sin embargo sacará grandes notas, y nadie podrá plantearse cambiarle de colegio. Aunque moleste.

En un colegio donde una niña todos los días pelea por ir primera en la fila, que empuja entre risas al compañero para que respete su sitio, y ningún día ocurre nada.
Hasta hoy, casualidad, tuvo que defender el puesto ante el niño asperger, el también quiere ser primero, hoy sí, porque llegó antes.
Le han quitado su merecido puesto y la injusticia le subleva, no entiende la broma, no entiende la risa, no entiende que no pasa nada, que es un juego, y termina empujándola por la escalera.
Apenas 4 escalones, pero un riesgo.
La profesora se asusta, hay que controlarlo, no puede ser violento, y le castiga.
Le castiga por ser como los demás niños a su manera, con su fuerza, con su falta de medida.
-Podía haber sido grave, es una gran falta.-
El no lo entiende, no entiende la marca que llevará las próximas semanas, el niño autista.
Dame la mano, así no hay peligro de que dañes a nadie…
La mamá de la niña recibe preocupada la anécdota.
-Me tiró escaleras abajo! Le castigaron!- Y preguntará curiosa a la profesora que por confidencialidad le restará importancia, pero la sombra de la duda quedará allí y mirará con miedo la fila a partir de entonces cada vez que le atisbe.
Y tal vez cuando queden para ir a un parque las mamás con los niños, esperará a que ya no estén el niño ni sus padres.
Y su hija aprenderá a evitarle, cuando a diario le pregunten si volvió a empujarla…

Un niño con asperger que tendrá un mal día y se sentirá dolido por el rechazo, ese que a diario le aísla, un aislamiento auto infringido de normas propias en los juegos, una característica de su ser, inamovible, esa falta de flexibilidad en el juego que hace que los demás ya no cuenten con el , una falta de motricidad gruesa que no le hace elegible para los juegos de pelota, ese niño raro de clase…
Un mal día, como el de cualquier otro niño, pero ese día gritará, tal vez tenga un berrinche, tal vez pegue a otro niño, con su tamaño, con su fuerza, con su rabia… Con su etiqueta.

Y ese mismo niño que le dijo que no podía jugar, ese mismo que le empujó en la escalera, ese mismo que le llamó tonto al abrazarle sin permiso y sin venir a cuento, llorará, como lloran todos los niños, porque le habrá pegado.
Y excusarán al niño por su discapacidad. Aunque no actuó esta, sino su niñez.
Y esa madre se indignará y tal vez decida que ese niño con autismo es algo violento.
No apto para convivir en su clase.
Y nadie verá que es solamente un niño.

Ese niño asperger, incansable y movido, el que siempre grita, el que siempre corre, el que molesta.
Y serán 4 madres, y después 6, y tal vez lleguen a doce, las que vean como recibe un trato diferente, como le dan la mano en las excursiones.
Y escucharán y comentarán como sus hijos cuentan que interrumpe en clase, que pega, que molesta, que llama la atención.
Que rompe hojas, que pierde lápices, que tira gomas, que pinta en la mesa.
Que corre por las escaleras, que no se lava las manos, que tira la comida por la ventana.
Y tal vez mañana decidan a la hora del café que es un lastre para sus hijos, para su clase, para su parque, para esa extra escolar.
Que los niños como el están mejor en colegios de educación especial.
Que está muy bien eso de la integración, pero no allí, no ahora.
Porque sus hijos se merecen una clase mejor.
Una primaria mejor.
Una atención mejor.
Y tal vez presionen, y tal vez consigan que le saquen de allí, y saldrán en el periódico, una vez más, hoy en Argentina, hace un año en Almería, hace tres en Toledo…
Y todos nos echaremos las manos a la cabeza y diremos: –
Oh!!! Qué horror, pobre niño!
Qué falta de empatía.
El bullying comienza en el hogar con esa educación.
Intransigentes!!!

Pero mientras todos desearemos que no nos toque en nuestra clase.
Que no se acerque a nuestro hijo
Que no le pegue.
Que no le toque.
Que no le agobie.
Que no le interrumpa…
Porque quién elegiría tener un niño autista en la clase de su hijo?
Tu?

Soy la orgullosa madre de un niño con asperger, autista, inteligente y divertido, maravilloso y guapísimo, generoso y risueño.
Ese niño que empuja a tu hija, y que no mide su fuerza. que después pedirá disculpas sin sentirlo, pero al día siguiente al verla se la comerá a besos.
Ese que no entiende las injusticias y va siempre con los mas débiles, aunque tenga que hacer de saco de boxeo para defenderlos.
El que no sabe jugar a la pelota, y nunca es elegido en e patio.
El que se aísla porque no es capaz de entender que tu hijo hoy tiene un mal día.
El que se enfadó y dio una patada a la profesora.
El que saca dieces mientras interrumpe en clase.
El que acosa a tu hijo con abrazos y besos sin venir a cuento.
El que no escucha al maestro y termina siempre castigado en gimnasia.
Ese que escupe en el suelo a veces y nunca se lava las manos.
El que se sabe el nombre de todo el mundo.
El que siempre habla aunque no le preguntes.
Ese autista que tal vez estaría mejor en otro centro sin retrasar el buen funcionamiento de la clase de tu hijo.
El que recibe atención extra de una profesora saturada a la que no le queda tiempo para explicar las dudas al tuyo.
Ese.

Y me pongo en tu lugar, y pienso:
A la mierda! Me sobras. Si te molesta mi hijo me sobras, y me aíslo, y no te necesito…
Lo superaremos, es muy inteligente y cada día mejoramos y cruzamos barreras.
Y cada día aparecen otras nuevas para cruzar.
Yo no te necesito con tu intransigencia y ese miedo a que dañen a tu hijo.
No te necesito.

Pero sabes qué? El sí te necesita, el necesita ser normal, que le quieran tal y como es, que le incluyan hasta cuando no quiere ser incluido, que le expliquen porqué no puede empujar, o abrazar, o interrumpir. Y hasta que lo aprenda necesita que le comprendas y le aceptes.
porque si tu lo comprendes y le aceptas también lo hará tu hijo.

El no quiere ser diferente, pero no sabe cómo.
El no quiere estar sólo, desea más que nada en el mundo tener amigos.
No te estoy pidiendo que tu hijo se deje hacer algo malo, que se deje pegar o que tu dejes que le peguen, sólo te pido paciencia, porque el no tiene maldad, y habrá cosas para las que necesite un margen diferente al resto de niños.
Necesita saber que tendrá un hueco en este mundo, un lugar.

Un niño con asperger es expulsado de un aula por la presión de los padres y estos celebran la noticia.
Un niño con asperger es expulsado de un aula por la presión de los padres y estos celebran la noticia.

Yo soy soy madre, no soy objetiva, pero te juro que no te arrepentirás del esfuerzo.
Tiene mucho que dar, te sorprenderá conocer a ese tío grande, tan listo, capaz de regalar su alma porque tu hijo sonría, de defenderle por encima de su bienestar si le ve en peligro, capaz de hacer los deberes mientras los demás se ponen la chaqueta, capaz de regalarle su merienda, sus cromos y hasta su alma con tal de verle feliz.
Ese niño autista, pero capaz, muy capaz.

Ahora tu decides.
Puedes hacer el esfuerzo de aceptarle, de enseñar a tu hijo que todos somos diferentes pero válidos y hermosos, que todos necesitamos recibir y tenemos mucho que dar, o puedes aíslarte en un mundo rosa donde todos los niños son iguales, silenciosos y obedientes, donde los diferentes se excluyen…
Donde no hay cabida para el.
Tu puedes cambiar el mundo.
Nosotros ya lo estamos haciendo.

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16 comentarios

  1. Mi hijo va a clase con un niño autista. Y el primer trimestre del pasado curso (su primer curso en el cole) les sentaron juntos. Y le araña. Y le golpea. Y recibe un trato especial.

    Y cuando supe el motivo de esa actitud estuve orgullosa del colegio (público) que había escogido para él, y me senté con mi hijo y le expliqué, para que lo entendiera a sus 3 añitos, que su compañero de mesa aprendía despacito (él me dijo que era verdad, que aún no hablaba), que era como su hermano de 1 año, y que necesitaba que él le quisiera y fuera paciente, como con su hermano.

    Y me dijo la profesora que mi hijo comprendió, y que aprendió a usar los pictos (dibujitos con los que el niño autista se expresa) y le ayudaba a atenderle cuando ella estaba demasiado ocupada con los otros 23 de la clase.
    Y le sigue arañando, y le pega. Pero es paciente.

    Quizás yo también merezco la desconfianza de la madre del chico, pero… tenemos toda la escolarización por delante, seguro que acabamos saludándonos!

    1. gracias roser, por lo que haces con tu pequeño. muchas gracias te doy en el nombre de todos esos niños con TEA y sus familias. De nuevo muchas gracias.

    2. Aplausos y todos mis respetos para ti. Yo tengo un niño autista al cual los niños de su clase golpearon en grupo. Se q es un camino largo x recorrer, pero lo haremos luchando cada dia contra la discriminacion y hostilidad.

  2. Mi hijo es asperger y jamás ha hecho nada de eso. Todo lo contrario, lo han maltratado física y psicológicamente los propios compañeros. No tener habilidad social, es no conocer el comportamiento de la sociedad, pero es capaz de aprenderlos. Empatía tiene como ninguno, y es amigos de todos. Es mas noble que cualquiera de su edad y mas inteligente que muchos de sus compañeros. Lo único que le falta es malicia y por ello es discriminado?? Vaya padres tienen esos compañeros, pobre de ellos el ejemplo que dan a sus propios hijos. Pero como todo se vuelve, tendrán algún nieto con ese diagnóstico y se acordarán de la injusticia que cometieron. Tampoco necesitan un centro especial, puesto que están cualificados para estar con los demás y el mío no ha necesitado ni adaptación curricular. Un asperger no es un autista, tiene espectro autista en la parte donde le cuesta relacionarse. Pero no digan que hace todo eso que ha mencionado en este artículo, pues desinforma y perjudica al que es asperger. Espero que encuentre un centro digno para su hijo y denuncie este caso donde corresponde para que no vuelva a ocurrirle a otro niño.

    1. Asperger es autismo, no lo digo yo, lo dicen los especialistas. Cuando escribes denoto que marcas diferencias, porque tu hijo tenga otros comportamientos es mejor que el mio? en serio? Mi hijo no necesita adaptación curricular, de hecho es superdotado, tiene siete años. A qué tienes miedo? a la palabra? a la negatividad que supone? esa que alimentas?
      Asperger es autismo. en la última edición del DSM-5, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales por el que se rigen psicólogos y psiquiatras, se han eliminado algunas entidades diagnósticas que se habían usado durante décadas, entre ellas el Síndrome de Asperger. Ahora esta psicopatología forma parte de lo que se denomina “trastorno del espectro autista”. Tea.
      así que amiga tu hijo es Tea, puesto que tiene trastorno de espectro autista, no importa el grado, no importa si se le nota o no(Al mío tampoco se le “nota”) pero tu negativa a aceptar la realidad nos hace mas daño que quienes les separan.
      Según estudios el 50% de los niños asperger sufrirán acoso en su adolescencia.
      Y ahora dime: quieres menos a tu hijo si le llamo autista?

        1. A mi tu post tampoco me parece adecuado. Describes unas posibles situaciones que un niño con Síndrome de Asperger podría tener o no, y eso no me parece correcto. Gritar en clase, tirar a una niña por las escaleras, pegar a otros niños con su fuerza… no me parecen descripciones objetivas. Además, me parece una falta de respeto dirigirse a niños que padecen estas condcutas como “Aspergers”. Me suena mucho mejor “un niño con síndrome de Asperger” que “un Asperger”…

          Pero bueno, es mi opinión…

          1. Es literalmente mi hijo, no hay mas ni menos de lo que el es y hace, obviamente están dibujados los momentos mas disruptivos, no siempre actúa así. podría decirte que mi hijo tiene síndrome de asperger, pero el no “tiene” algo tipo enfermedad, el es así. A que si te digo que es superdotado no te suena mal? Porque no lo concibes como algo negativo.
            Ser asperger no es negativo, se es y punto, y es maravilloso tal y como es, con sus días buenos y sus días malos.
            Obviamente es tu opinión, muy respetable, pero yo no tengo opinión, tengo un día a día, y unas vivencias que me hacen tener una visión desde dentro muy diferente a la tuya. Ni mejor ni peor, sólo diferente 🙂
            Bienvenida al mundo del trastorno del espectro autista, donde no encontrarás dos niños iguales 😉 admitirlos a todos es la inclusión.
            Y tu? Quieres a mi hijo autista en la clase del tuyo?
            Un abrazo

  3. Un diez por tu artículo Noe! Lo que la gente no entiende es que cuando hay Amor no hay diferencias y que ese niño que molesta podría ser algún día alguien cercano a ellos porque es algo que no eliges, solo sucede y aprender a vivir es solo para valientes! Un abrazo 🤗 familia 😘.

  4. Yo no soy padre de ningún niño con TEA. Soy padre de dos niñas, una, la mayor, sufrió una PBO en el parto por mala praxis que no le imposibilita a día de hoy para prácticamente nada, gracias a dios. La otra es “normal”, lo que quiera que eso signifique.

    Por culpa de la PBO, me pasé en la unidad de fisioterapia infantil y parálisis cerebral los primeros años de vida de mi hija. Allí vi como cientos de niños con algún tipo de problema luchaban, trabajaban sin descanso, se esforzaban hasta límites que no nos podríamos imaginar para conseguir hacer las cosas que los niños “normales” hacen sin esfuerzo y de forma natural. Esos niños, sus padres y sus terapeutas vivían cada nuevo reto conseguido como el mayor de los logros posibles. Puedo afirmar que ver dar a un niño un paso por sí solo después de estar trabajando durante años para conseguirlo es una de las experiencias más emocionantes que se puede vivir.

    Mis hijas están en un colegio que defiende la integración, la mayor tiene un amiguito con TEA y otro con TDA. La pequeña tiene amiguitos con problemas neuronales que les afectan a la movilidad. Desde el primer momento que nos dijeron en casa que eran “raros” les hemos explicado que no son niños “raros”, sólo que hay cosas que les cuesta más trabajo conseguir hacer que a otros niños, pero que si les ayudan entre todos, también son capaces de hacerlas. Y ahí están, y ahí seguirán si dios quiere hasta que terminen la secundaria, todos juntos, conviviendo, jugando, aprendiendo y sobre todo, disfrutando juntos.

    Todos esos padres que han expulsado a ese niño de ese colegio, con un supuesto afán de protegerlos, lo que han hecho es empequeñecerles la vida, evitarles el compartir el día a día de una de las historias de superación más enriquecedoras que se puede vivir; y lo que es peor han conseguido afianzar en la mente de sus hijos que el diferente debe ser excluido, y les han dado motivos para discriminar y “atentar” contra aquel que no es como ellos.

    Esos padres deberían ser obligados a pasar al menos seis meses ayudando en una de estas unidades infantiles como aquella en la que a mí me tocó estar, quizás así dejasen de tener un comportamiento tan ruin y tan inhumano con niños que no dejan de ser eso, sólo niños.

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