Mañana es un hoy marchito.

Mañana
Hoy mis hijos me han pedido ir a un parque de arena, lleva tres días lloviendo, así que la respuesta ha sido: mañana.
Mientras hacía la cama. Mientras la escoba me esperaba en la puerta.

Y ayer querían que hiciésemos un volcán en la bañera como otras veces, con vinagre, jabón y bicarbonato, mañana les dije.
Mientras repasaba el correo del trabajo. Y me daba pereza tener que preparar, y necesitaba un momento de silencio.

Hacemos un bizcocho? Mañana tal vez. Hoy tardo menos en comprarlo hecho.
Es menos divertido! Han protestado, pero no tenía tiempo de escucharles.
Pensaba en que no tener que limpiar después la cocina, ni barrer la harina del suelo, ni repasar los grifos manchados de masa.

Jugamos con los legos? Hoy no puedo ,mañana. Contesté mientras levantaba las piernas cansadas sobre el sofá.
y me entristecía mientras con una muñeca jugaban a ser los papas, y se sentaban con los hijos a construir un mundo.

Nos vamos a comer un helado? Tengo que hacer la cena, mañana iremos.
Y la cena ha sido tristona y aburrida, porque nadie tenía historias que contar.
Y entonces he añorado subir la cuesta hasta casa desde la heladería echando carreras y riéndonos, jugando a que los cocodrilos nos persiguen y somos piratas en pos de su barco…

Y acabo de quedarme parada, mirándolos. Y en solo unos segundos he sentido como crecen.
He sentido como se alejan, como mis niños queridos se transforman poco a poco.
Y mañana ya no serán mis niños.

Mañana el parque estará seco, pero ellos ya no querrán ir, otros juegos, otras ilusiones que tal vez no compartan conmigo.
Otros parques desconocidos llenarán sus esperanzas de juego y no los conoceré.

Mañana tendrán cole y ya no podremos hacer volcanes.
Las tardes son cortas, la oscuridad nos robará la alegría, los deberes se impondrán al tiempo de juegos…
Y el bicarbonato terminará arrinconado en la alacena, triste y sin uso.

Mañana nadie querrá bizcocho, porque habrán merendado sin mi.
Y habrán aprendido que es más seguro el comprado, más fiable que mendigar un rato de guerra de harina y manos sucias.
Y perderán en la memoria el sabor del trabajo hecho con las manos, el sonido de las risas, el tacto de las manos divertidas.

Mañana no querrán jugar conmigo, preferirán a los amigos que siempre tienen tiempo.
Los que saben construir con legos castillos gigantescos, dragones que escupen fuego, aviones que se deslizan sobre los mares inquietos del pasillo.
ya no pedirán mi tiempo, pues se habrán acostumbrado a que sea un bien escaso.

Mañana hará frío y nadie querrá un helado.
Y el frío habitará entre nosotros, y se impondrá como una niebla en nuestra existencia, permanente.
Y ni siquiera los abrazos abrigarán a los adolescentes que no querrán compartir tardes conmigo.

Mañana, mañana, mañana…
Mañana es un hoy marchito.
Crecen, tanto que parecen volar y cada minuto es único, y cada segundo cuenta, suena su tic tac imparable de huesos crecientes y mentes lúcidas.
Mañana será navidad y habremos olvidado el verano y cuando abramos los regalos ya estaremos de vuelta a la rutina.
Los años se deslizan entre los dedos, y fue ayer cuando aquel bebé diminuto se posó en mi pecho y hoy no abarco su cuerpo.

Mañana. Será tarde.
Vivamos hoy, besemos hoy, disfrutemos hoy.
Nos vamos al parque, aunque mañana esté la lavadora por poner.
Merendaremos bizcocho y ya mañana lavaremos los platos y revisaremos el trabajo.
Nos reiremos en la bañera mientras el móvil se olvida sobre la mesa del salón.
Nos abrazaremos fuerte hoy para que el tiempo nos pase despacio y sin despeinarnos mañana.
Estar, sólo estar, completos y juntos. No necesitamos más hoy, no lo dejemos para mañana.

Y mañana y después de mañana seguiremos recordando un hoy feliz.

Mañana es un hoy marchito.
Mañana es un hoy marchito.

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