Los niños autistas no miran a los ojos.

Los niños con autismo no miran a los ojos.

Es un hecho. No, en realidad no es así­, hay niños y personas con autismo que no miran a los ojos, pero no es norma, sí­ es uno de los signos que primeramente llaman la atención, una alarma.

Leer “los niños con autismo no miran a los ojos” puede que te parezca una nimiedad, si no sabes mucho de autismo tal vez no valores la carga social y comunicativa que conlleva la mirada.
Y sin embargo la mirada dicen que es el espejo del alma.
Si alguien quiere ser honesto te mirará a los ojos.
Dicen que quien miente no mira a los ojos…

Mi hijo no mira a los ojos. Hasta que un profesional no te lo dice, no te das cuenta de que es así, apenas mira a los ojos.
Quedaros con ese apenas.

Con 4 años, en el colegio, cuando querían asegurarse de que había recibido la información le sujetaban un momento la barbilla y le pedían que les mirase.
Yo también cogí la costumbre de hacerlo, o pedirle al hablar que me mirase. Me obsesionaba recibir su atención.
Con cinco años cuando le pedía que me mirase comenzó a contestarme:
No te miro pero te escucho.
Descubrí que hacerlo, cogerle la cara, era invadir su espacio, robarle su intimidad.
Exigirle mirarte era pedirle que no fuese el mismo, era desconfiar de el. Decirle en voz alta que no creías que estuviese atendiéndote.
El es así.

Puede parecer completamente ajeno a cualquier conversación o al mundo que le rodea cuando se abstrae, y sin embargo sorprenderte después con preguntas sobre algo que pensabas que no había escuchado, o simplemente contándote algo que sucedía en ese momento a metros de distancia mientras el estaba en su mundo.
Puede estar leyendo, y después de contarte el cuento perfectamente sorprenderte hablándote de  eso que había en la tele o que estaban haciendo sus hermanos mientras leía.
Parece abstraído pero no lo esta, en la clase es igual. Parece fuera de lugar y sin embargo recibe toda la información.
Puedes estar conversando con el y estará mirando a cualquier otro lado.
A veces pienso que son el futuro, porque esa capacidad es casi un super poder.
Yo necesito prestar atención, y mi atención solo va en una dirección. El puede tener varias antenas puestas a la vez.
Pero no mira a los ojos, apenas.

A veces es desconcertante, sobre todo si estás enfadado o preocupado, la sensación de que la otra persona te ignora, no te atiende, es molesta. Estamos educados para mirar a los ojos, para medirnos en miradas.
Estamos acostumbrados a que la mirada, los gestos, las expresiones hablen tanto como las palabras.
Y cuando no se acompañan de ese lenguaje no oral sentimos que falta algo y exigimos que se rellenen los huecos, aunque para ello violentemos su persona sujetándole la barbilla para asegurar el cruce visual. O exigiendo que nos miren. O si no tienes confianza con la persona simplemente juzgándole.
El sin embargo sólo habla con palabras, porque realmente no necesita más.
No es maleducado por no mirar mientras te diriges a el, ni te ignora, ni es desconsiderado por ello. Ni está desconectado de ti o del mundo por no mirarte mientras hablas.
Es como creer que un sordomudo no podrá comunicarse porque no podrá hablar ni escuchar, y sin embargo su lenguaje puede tener tantos matices y tanto poder como la palabra y el sonido.

Mi hijo autista, ni niño asperger no mira a los ojos, apenas.
Y sin embargo se comunica de otras formas, enriquece su forma de hablar, utiliza énfasis para dejar claras sus intenciones, es honesto con su voz, con sus ademanes, aunque no lo acompañe de miradas o de expresión facial.
No esta desatendiendo si no mira, escucha, siente y percibe el mundo de otro modo, pero no por ello pierde interés, o aprende menos, todo lo contrario, su capacidad innata de aprendizaje es enorme.
Y yo, como persona educada en un mundo donde mirar a los ojos es ser honesto y sincero, donde nos medimos en miradas, me quedo con ese “Apenas”

Porque mi hijo mira a los ojos a las personas a las que quiere.
Y cada vez que lo hace, conscientemente, sus ojos te hablan.
Su mirada tiene un poder, y un lenguaje que te atraviesa y te rompe.
Cuando mi hijo me mira, ese es el mejor momento del día, sí ese, es el mejor momento de todos, cuando con su mirada te grita un te quiero.

Cuando te mira a los ojos y sonríe sabes que te esta amando con todas sus fuerzas.

Ese momento en el que mi niño autista, que según todos los estereotipos del mundo no tiene empatía, no muestra emociones, no se vincula tanto como otros niños, te mira conscientemente y profundamente a los ojos y sonríe.
Porque tanto sentimiento, tanto amor y tanta bondad, no le caben en el cuerpo y necesita soltarlas.
Si ves a mi hijo o a cualquier otro niño con autismo, asperger, tea…
Y no te mira a los ojos, no te preocupes, te está mirando al alma.
Y esa no engaña como las miradas.

Los ojos de Pau cuando te miran dicen Te Quiero
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