Hoy no quiero ser tu madre

A veces la maternidad es desoladora, algunos ratos, algunos momentos, en los que parece vivirse desde un cuadrilátero de boxeo.

Una amiga hace muy poco me dijo: Hay días en los que no quiero ser su madre, ratos, de los que después me arrepiento, pero esos ratos existen.
Momentos en los que lo cambiaría todo, por un respiro.
Cuando mi hijo adolescente tiene exámenes, con sus nervios y el volteo que hace de nuestra vida familiar. Cuando nos superan sus problemas, su rencor adolescente al mundo, sus desplantes, su necesidad de respirar que me roba el aire, cuando mi paciencia se desborda y ni el freno consigue que no nos precipitemos todos al vacío.

En ese momento lo cambiaría todo, negaría mi maternidad, no querría ser su madre. Y justo después de pensarlo me rompo en mil pedazos, me arrepiento y me culpo por no saber llevar todo el peso.
Demasiado peso. Como un púgil siento los golpes y no soy capaz de esquivarlos.
Y como un boxeador me quedo noqueada, tirada en el ring, sin fuerzas.
Derrotada. Y siento el mundo perdido a su lado.

Los dias en los que no puedo más, y no razona, no escucha, me puede el saber que se está equivocando y no poder hacer nada.
No quiero ser su madre entonces.
No quiero ser la madre centinela que desde la atalaya ha de ver como se descompone, como naufraga, como se ahoga…
No quiero verle sufrir, no quiero sentir su dolor. Me abruma.
No puedo ser su madre cuando padece, no soporto su angustia y sin embargo no quiero ser otra cosa.
Y hasta esos días le quiero con locura, y es lo mejor que me ha pasado.

Y es que la maternidad es así, nuestros hijos lo son todo, nuestro orgullo y pasión pero tambien nuestro cansancio y agotamiento, nuestro insomnio.
Son nuestro júbilo y calvario.

Ese bebé que no para de llorar en todo el día, exigente, demandante. Y esa madre agotada, frustrada por no saber como aliviar su congoja.
Cuando ya no queda partida ni respiro se hunde en la fatiga y piensa que su vida conocida se ha acabado, que sólo existe ese ahí, ese hoy, ese ahora, no ve futuro, ni esperanza, tan sólo oscuridad.
Y por un momento piensa en dar marcha atrás, en volver a ser sólo una, piensa que la maternidad le supera y en ese preciso instante no quiere ser su madre.
Para inmediatamente después sentirse mal, abrazarle y llorar por haberlo pensado, por haberse rendido, por haber querido huir, escapar lejos de todo.

Hoy no quiero ser tu madre.
Ahora, en este momento en el que necesito respirar, soltar todo por un instante, sentirme fuera, alejada de ti. De tus necesidades, de tu espacio, de tus dudas.

Alejarme del dolor, porque ser madre duele, duele creer que me equivoco en cada paso, que tu angustia es mi fruto.
Duele verte desvalido, frágil, y no poder evitarlo.
Esos días en los que mastico tu dolor no quiero ser tu madre.
Días en los que quisiera otro hijo, uno que no sufriera.
Días en los que quisiera un hijo con otra madre, una que no se equivocase nunca.
Que pudiese hacerte eterno, inmortal. Que te protegiese de todo mal.

Esos días, en los que mereces otra madre, mejor que la que tienes.
Esos días en los que sólo yo puedo amarte con tanta fuerza.
Esos días en los que no quiero ser tu madre…

Noe del Barrio

Piedad,Miguel Ángel Buonarroti. Vaticano.
Piedad,Miguel Ángel Buonarroti.
Vaticano.

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1 comentario

  1. No sabes lo bien que me vino leerte hoy que estoy sobrepasada y que me iría corriendo para respirar hondo sin que me duela. A veces es tan difícil lidiar con las demandas que te ahogan de un niño de dos años con mucho carácter y luchar con la preadolescencia de una de 10. No todos los niños sin iguales, ni de lejos. Con algunos es mucho más difícil .
    Gracias por lo escrito, a mi hoy me ha hecho sentirme acompañada, comprendida

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