Son cosas de niños.


Son cosas de niños.

Ayer se cayó en la calle y una señora le dijo: No pasa nada. Levántate y no llores, solo ha sido un culazo.
Hay que ser valiente y no hacer dramas!

Ayer vino con su primera decepción, su mejor amiga ya no lo es, tiene el corazón roto.
No pasa nada le dije, mañana tendrás amigas nuevas. No puedes ponerte así por cosas sin importancia.

Ayer perdió un objeto que le gustaba mucho, le restamos importancia, que tontería llorar por cosas materiales!
De verdad que no le entiendo!

Ayer se enfadó, porque le quitaron algo suyo sin permiso, y se lo golpearon. No entendemos su enfado, le instamos siempre a compartir, hay que educarles sin egoísmo!
No pasa nada si se estropeó un poco, no hay que ser así!

Ayer no quiso cenar, no le gusta la cebolla, dice que le sienta mal, así que le obligamos a comer. A veces hay que ser duro para que coman de todo.

Ayer tenía dolor de cabeza y no quería estudiar. Hoy tiene un examen. Le castigamos sin salir de su cuarto hasta que fuese responsable de sus actos.

Ayer lloraba sin motivo y no quiso contarnos porqué, así que no le dimos importancia y hasta nos enfadamos por no ser capaz de comportarse en familia.

Educar es así verdad? A veces nos llegan situaciones que nos superan que no entendemos esa forma de sentir tan reactiva, hay que educarles para que sean hombres y mujeres de bien el día de mañana.
Te ves reflejado en algún ejemplo con tus hijos?
Y si no fuesen tus hijos?
Y si no fuesen niños?
Y si…

Hoy A no puede ir a trabajar, porque a sus 50 años el resbalón le ha dejado dolor de espalda. Nadie duda de su dolor, el médico le ha dado anti inflamatorios. Su jefe le ha pedido que descanse.

Hoy C sigue triste y dolida con su amiga, se conocen desde la infancia y tras cuarenta años de amistad siente un vacío inmenso que tardará mucho tiempo en curar.
Su familia y amigos entienden y acompañan su dolor.

L perdió el anillo de boda de su abuela, el único recuerdo que tenía de ella. Esta triste y ha puesto un anuncio y hasta recompensa. El valor emocional es incalculable, hoy todos ayudamos a buscarlo sin extrañarnos de su congoja.

Hoy P sigue enfadado porque su compañero de piso le cogió las llaves del coche sin permiso, hoy el coche está abollado. Todos entendemos su enfado.

A M la cebolla le sienta fatal así que cuando vamos de cena siempre pide que no lleve, porque después pasa un mal rato. Yo le entiendo a mí no me sienta mal, pero tampoco me gusta mucho ese sabor así que también lo evito.
Nadie se sorprende, nadie nos obliga a comerlo.

L sigue con dolor de cabeza, son migrañas le han dicho, el examen era el último de “Planta y alzado” de la carrera. Estudia arquitectura.
En la universidad ha entregado el parte médico y podrá presentarse al examen otro día.

Todos estamos preocupados por O, tiene depresión, nos asusta un poco, así que intentamos que siempre esté acompañada.
A sus 60 años, es la primera vez que se siente así. La primera vez que una enfermedad mental le toca.

Por qué los problemas de los niños son menos problemas?
A veces basta con empatizar, con acompañar sus tristezas, sus enfados, sus dolores.
Si no respetamos sus emociones se convertirán en adultos que no creerán en su derecho a ser respetados.

A veces basta con escuchar. Con no restar importancia, con acompañar creyendo que el niño que tenemos delante es una persona, de pequeño tamaño, pero persona igualmente.

Iguales a nosotros, porque ser niño no resta derechos. Porque no todo son cosas de niños.

 

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1 comentario

  1. A veces maldigo la buena educación que me dieron mis padres, que me impide morder a quien le dice a mis hijos que no lloren, que no sientan, que no…

    Argh!

    O cuando le da a la gente por decirle a mi mayor que no debería ir en el cochecito mientras su hermano pequeño va andando, sin tener en cuenta que él sale del cole, agotado, y el otro ha estado todo el día en casa durmiendo y jugando tranquilo, y ya pedía salir a la calle a estirar las piernecitas.

    Cuando puedo les defiendo con palabras y razones, pero otras veces… qué bien se me pondría un buen mordisco. ¡Qué asco de buenos modos, a veces, con tanta gente a quien sus padres no debieron enseñar límites!

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