A los papás que comienzan el cole…

A los papás que comienzan el cole…

En la calle, en el parque, en nuestro colegio, en nuestra clase, hay muchos niños.

Todos son diferentes.
Todos son futuro.
Todos merecen amor, educación, comprensión, inclusión…
Todos.

Los rubios y los morenos, los que llevan gafas y los que no.
Los altos y los más bajitos, los que son muy delgados y los más gorditos.
Los que hablan mucho, y los que apenas hablan. Los tímidos y los extrovertidos.
Los que corren rápido y los que casi no andan.
Los tranquilos y los nerviosos. Los que aprenden todo al vuelo y los que necesitan mil repeticiones para aprender.

Todos caben.
Porque la calle, el parque, el colegio, nuestra clase es el reflejo del mundo, y en el mundo cabemos todos…

Caben cuando ríen a carcajadas e interrumpen la clase, cuando se enfadan y gritan, cuando están tristes y lloran.
A todos les acompañamos, les damos soporte, les enseñamos, les damos herramientas para controlar sus emociones, sus frustraciones, su rabia y tristeza a veces.
Porque todos los niños, también los nuestros, tienen multitud de emociones, esas que de adultos sabrán controlar, esas que les nublan y a falta de madurez por su corta edad expresan como pueden.

Todos los niños llegan a un día en el que se expresan con lo que los adultos consideramos violencia, todos.
Todos alguna vez gritan, pegan, muerden…

Y nosotros los educadores y vosotros los padres trabajamos para que aprendan que hay otros caminos, para que se conviertan en los maravillosos adultos que todos soñamos.

Porque todos soñamos a nuestros hijos, les amamos incluso en esos momentos.

Les amamos aún más cuando son otros los que exportan su rabia en ellos, cuando son la diana de esas rabietas y les pegan, les muerden, les dañan…

No, no vamos a pediros que entendáis y asumáis que tendrán que sufrir eso, sólo os pedimos paciencia para entender que nadie sueña con un hijo que se enrabieta, que pega, que muerde, que daña…
Nadie sueña con un hijo con autismo, con un hijo con síndrome de Down, con un hijo con necesidades específicas, con trastornos mentales, con necesidades físicas o con capacidades diferentes.

Cuando tu hijo llega a casa y ves una marca en su brazo de un mordisco, o un morado y te dice que fulanito le pegó, o le empujó, te duele el alma…
Pero apenas a unas calles de distancia de ti hay otra familia dolorida, otra mamá que llorará en silencio esa noche tras saber que en el colegio su niño ha mordido a otro…

Tu probablemente llorarás de rabia, esa noche, pero ella llorará todas las noches, todos los días…

La inclusión es un bien para todos, aunque hoy como madre/padre no lo veas, pero los niños del mañana, los hijos de nuestros hijos habrán crecido sabiendo que todos somos iguales, que todos nos merecemos un lugar, que todos tenemos cabida.
Nuestros hijos serán mejores personas, y construirán un mundo mejor.

Tal vez hoy no lo creas, pero piensa que te puede tocar a ti, que uno de cada 68 niños tendrá Tea (Trastorno de espectro autista)
Que uno de cada 20 niños tendrá Tdah (Trastorno de déficit de atención e hiperactividad) Que en cada clase de 25 alumnos entre 2 y 5 niños tendrán necesidades específicas, tal vez motoras, tal vez mentales.

Que la paciencia que os pedimos hoy hará crecer niños incapaces de acosar a otros por sus diferencias, porque respetar a los diferentes incluyéndolos es el camino.

Y recordad que tal vez haya malos días pero siempre habrá un equipo detrás de vuestros hijos, acompañando, conteniendo, educando…

Y recordad que tal vez haya malos días, pero que serán los menos, que la mayoría serán simplemente niños, creciendo, jugando, aprendiendo…

Y ese aprendizaje será el que haga que os sintáis profundamente orgullosos de vuestros maravillosos hijos.

Y ese aprendizaje será el que haga que vuestros hijos se sientan profundamente orgullosos de sus padres, porque habrán crecido con unos valores enriquecedores y maravillosos.

Y si te quedan dudas, habla con esa mamá, seguramente intuyas quien es, tal vez sólo necesites por un momento ponerte en su piel y abrazar a tu hijo como si fuese el suyo.

Porque a veces sobran las palabras y las explicaciones, basta fundirse en un abrazo dando gracias de que no estás en su piel…

Noe del Barrio


Madame Vigée-Lebrun y su hija. 1789
Autora Elisabeth Louise Vigée-Lebrun
Museo del Louvre

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