Bailarín.

Bailarín.TDAH (Trastorno por déficit de atención con hiperactividad)

Tenía 7 años la primera vez que le llevaron al psicólogo, tras muchas vueltas en el colegio, tras años de preocuparse por su comportamiento, quejas, tutorías desde infantil…
Es un niño decían sus padres, un niño movido, incansable, imparable.
Saltaba mucho, corría mucho, gritaba mucho, reía mucho…
Y todos sus muchos les llenaban de miedo.
Necesitaban poner nombre a su miedo, una evaluación necesaria para un diagnóstico.
Un adjetivo que reafirmara todas las tutorías, todos los peros, todas las miradas comparando con otros niños.

-Qué veis en él?- Preguntaban en el colegio.
-Es tan movido, no obedece, parece que no escucha, siempre está en otro mundo.
-Es un niño- Le defendieron muchas veces…
-No, no es como todos. Puede estar tranquilo, hasta parecer atento, pero escucha una música lejana y se desconecta, se vuelve sordo y de pronto corre, baila, salta, no importa que le hablemos, riñamos, castiguemos, el sigue, y sigue… Es preocupante.
-Tal vez cambie, cuando crezca, tal vez necesita tiempo- Decían esperanzados.
-No lo creemos. No atiende en clase, y a veces está triste.
Y creció, y también sus diferencias con el resto
-No presta atención, y no le interesan las mismas cosas que a los demás. Es distinto. Tenemos miedo…
Y el miedo lo impregnaba todo, acompañaba sus pasos.
Miedo y enfados, castigos, tutorías, clases especiales, repaso, psicólogos.
Un círculo vicioso que ahogaba sus vidas.
Por qué? Por qué a nosotros?

 

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Y al fin llegó el día. Un diagnóstico.
Su hijo es diferente. Necesitará apoyo, tenemos una valoración…
Hiperactividad?
Déficit de atención?
Algún trastorno autista?
Algún trastorno disocial…
-Cómo podemos ayudarle? Qué podemos hacer? Cómo continuar…- Preguntan los padres preocupados.
-Veréis, no es tan fácil.
Hay niños así, no se puede hacer mucho, tal vez dirigir un poco…
El es así, lo lleva en la sangre, en la cabeza.
Ha nacido así. No es culpa vuestra. Es lo primero que debéis admitir. Son cosas que pasan.
El movimiento es su vida, necesita bailar, saltar, correr. Si escucha un acorde se pierde y vuela. No comparte con otros niños su pasión y se distancia. A veces puede parecer ido, pero es sólo que está sintiendo el movimiento por dentro.
Con esfuerzo, podemos ayudarle a tomar otros caminos, pero no tengo mucha fe.
Desgraciadamente su hijo es un bailarín.
Es una enfermedad bien conocida. Bailarín.
Si trabajamos juntos, con terapia, disciplina, tal vez medicando, con mucho refuerzo, tal vez, sólo tal vez consigamos enderezarle, no se, puede que consigamos un deportista…
Pero no esperen mucho más. La vida es así, hay que asumir lo que nos toca. Y les ha tocado un bailarín…

Las enfermedades  y trastornos infantiles, desgraciadamente existen, pero sólo un profesional de la salud mental puede hacer un diagnóstico.
Mientras tanto, dejemos a los niños, ser niños…
No etiquetemos.
Y si finalmente llega un diagnóstico no lo demos todo por perdido, las diferencias son maravillosas.
Nuestros hijos lo son, sean como sean.

Rudolf Nureyev

La idea de esta entrada al blog surgió hace unos meses al ver en Facebook un dibujo en el que unos padres preguntaban el diagnostico de su hijo y un profesional les respondía que su hijo desgraciadamente era un bailarín.

Yo sólo he desarrollado la historia, aunque no he localizado al autor de la viñeta.

Noe

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2 comentarios

  1. Es cierto, pero en un sistema educativo que obliga a todos a hacer lo mismo, los profesores no siempre podemos atender simultáneamente a bailarines, matemáticos y pintores. Puedes pedir a un pintor que dibuje animales en clase de biología, pero… como se baila una novela?
    El sistema es injusto para los niños y para los profesores.

    1. Tu lo has dicho. El sistema no funciona.
      Los profesores estáis poco valorados y os encontráis habitualmente saturados y sobrecargados. Qué sentido tiene un maestro para 28 alumnos?