La que promete.

Un aborto terapéutico.
La que promete.

Un embarazo deseado, un inicio mágico y feliz, las primeras ecografías, la ilusión de esas imágenes en el móvil.
Unos parámetros preocupantes. Una amnio. 14 semanas. El fin del sueño.
Una decisión que tomar, una malformación grave, incompatible con la vida…

Cuando la ilusión de un embarazo se nubla con la sombra de una malformación. Aborto terapéutico. El fin del sueño.

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Y hace un año…

Hace un año que te dije adiós

Cuando aún no te había abrazado. Y es que tu paso por mi mundo fue corto, aunque importante.

Y hace un año.
Y hoy tu ausencia me ha golpeado como una ola, el frío me ha recordado aquel dia, aquel frío.
Me ha recordado el largo paseo a la salida del hospital hasta el coche, tiritando, buscando en los cristales mi reflejo, el tuyo.
Me ha recordado la habitación en penumbras donde fingí dormir mientras lloraba amargamente tu pérdida.
Me ha recordado el dolor acompasado de las contracciones, mientras te resbalabas de mi cuerpo…

El frío. Un frío adiós. Un frio silencioso.
Y ese triste frío me ha hecho pensar y recordar. Y hoy hace un año. Y no puedo llorarte, hoy no, porque pensar en ti solo me trae agradecimiento, y una tristeza infinita llena de esperanza y alegría.
Porque sobre tu recuerdo creció otra flor, tu fuiste el abono, el alimento de la alegría venidera.
Fuiste, eres, parte del camino, doloroso, pero camino al fin y al cabo.
Fuiste. Y hoy eres un recuerdo triste, real, pero también maravilloso.
No quiero olvidarte, mi trocito de cielo. No quiero. Porque aunque diminuto y fugaz, formas parte de mi vida.
Dolor que se mastica y  digiere, para  alimentarnos y crecer.

Y tal vez dentro de un tiempo pueda contar a tu hermano que existe gracias a tu generosidad.
A la fértil herencia de tu pérdida.
Por eso hoy no puedo llorarte, prefiero recordarte y llenar de besos tu herencia.
Prefiero sonreír pensando en ti.

Y hace un año.
Un año de la tarde en la que recogí tus restos para plantarlos, como una despedida, como un funeral improvisado, y que sin embargo significó tanto.
Y significa tanto que seas parte de una vida, alimento, presente y futuro.
Y hace un año que recogí mis restos y los remendé para seguir adelante.
Y hoy ese “adelante” me ha sonreído, y he visto que era tu sonrisa, y tus ojos, y tu boca, porque parte de tu alma se quedó para hacerme este regalo.

Y hoy aquella tristeza infinita es la mejor de las dádivas y tiene nombre de bosque sagrado, de montaña mágica, de remanso de paz en mitad del mundo.
Y hoy le acuno en mis brazos mientras pienso en ti.
Y es por ello que no puedo dejar de sonreír y dar las gracias por tu existencia, porque la más bella de las alegrías es fruto de tu dolor.

Y si viviese cien años por cien años serias recordado, porque aunque tu viaje fue efímero, fue.
Y tu existencia forma parte de la mía, negarte es negarme.
Amarte es imprescindible, y hoy llorarte imposible sin alegría.
No tienes nombre, pero eres número y parte de mi historia, y de la suya.

esperanza

 

 

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La no maternidad.

Para A. No permitas nunca que nadie niegue tu maternidad.

Eres madre, serás madre durante el resto de tu vida, igual que serás hija durante toda tu vida. Las no maternidades, las de mujeres que lo sienten, que lo son, y que en silencio tropiezan con la incomprensión del mundo…

Porque siempre serás madre, digan lo que digan, lo único que cuenta es que lo soñaste, lo sentiste y se marchó, pero estuvo. Tú lo sabes, yo lo sé.

 

No es madre, propiamente dicho, no tiene hijos, pero si es madre, desde el momento en que los deseó, desde el primer minuto en el que decidió que formaría su propia familia, la soñó.

 

Y tras meses de búsqueda, cuando ya cansada decidió no gastar más en test de embarazos, un retraso. No le prestó atención. Pero una mañana mientras trabajaba en la oficina se dio cuenta de que su retraso ya era de semana y media.
Asustada pero decidida se ausentó para ir a una farmacia y comprar un test.
Nerviosa y sin querer creérselo, se hizo la prueba, no llamo a nadie, ni a sus amigas, ni a su marido. Esperó pacientemente en el baño común de la empresa. Apenas un minuto y ya estaba allí la bendita doble señal. No pegó saltos de alegría, no gritó. Simplemente una sonrisa asomo por su cara y como en una nube volvió a su puesto de trabajo.

 

A la salida por la tarde, en el bus fue acariciándose el vientre, pensando en cómo sería, sus ojos, sus manos, sus pies, tendrían que pensar nombres!
Acondicionar el cuarto con más sol, comprar una cuna… Y entre ensoñaciones olvidó bajar en su parada.
Una mas allá bajó y fue dando un paseo, nunca hasta entonces se había fijado, la cantidad de mujeres embarazadas que había, y niños! Pasó por un par de tiendas de productos de bebé y se deleitó mirando en escaparates hasta hoy invisibles para ella.
Esa noche fue una fiesta, en la intimidad de su salón la pareja comenzó a planificar el futuro, a verse crecidos y felices, a imaginar proyectos e ilusiones.
En los días posteriores hicieron participes a toda la familia de la buena nueva.

 

La primera ecografía esa en la que apenas se vislumbra un pequeño guisante, y un latido. Una ecografía que les acompañaría en forma de fotografía en el móvil, subirían a sus redes sociales, enviarían por mail…
Emocionados y encantados al mes todo el mundo era participe de su felicidad, en el trabajo, los amigos, los vecinos. Los primeros regalos, chupetes, patucos, lágrimas de felicidad con todos.
Llegó la ecografía de las doce semanas, de la mano sonrientes e ilusionados entraron en la consulta.
Salieron dos sombras de si mismos.
No había latido.
No había futuro.
Fue duro. Pero ella fuerte, decidió no hundirse, decidió seguir adelante y tras negociar con el médico cuando le realizarían el legrado que limpiase su vientre, apenas se permitió faltar un día al trabajo.
Aunque por dentro hirviera, doliera, quemase, rompiese… Tragar lágrimas, responder a caras circunspectas, explicar, y explicar, y explicar, lo inexplicable, un adiós, que no lo fue, una tristeza escondida…

 

Apenas seis meses después, no se atrevió a soñarlo de nuevo, pero tenía un retraso de 2 semanas. No se lo contó a el, temerosa de darle falsas esperanzas, se fue sola a su médico, y una ecografía le confirmo el hecho, volvía a tener un habitante dentro de si.
Cuando llegó a casa, le explicó alto y claro que debía agarrarse fuerte, que no debía ni pensar en marcharse, que había llegado al lugar adecuado…
Esa noche también hubo fiesta, pero comedida, con miedo, su suerte debía quedarse. Acordaron no decirlo, esperar.
Y esperaron, con miedo y reparo la eco de la semana 12.
Todo iba bien. Su vientre comenzó a abultarse y se hizo inminente contarlo.
La familia, los amigos, todos se alegraron por ellos. Pintaron la habitación, compraron la cuna.

La eco de a semana 20 les dijo que era una niña.
El mundo se vistió de rosa.

 

Estaba eligiendo sabanas de cuna cuando le vino el dolor.
Un dolor inmenso y una humedad desconocida. Asustada le llamó, se encontrarían en el hospital.
No había nada que hacer.
Su corazón había dejado de latir en la semana 23.
Una inducción, un parto triste, de un pequeño ser sin vida.
Dolor, oscuridad, tristeza.
El se encargó de avisar a la familia, ella no podía. Seguía siendo una mujer fuerte, pero con demasiadas heridas sangrantes. Se permitió llorar, pero poco.

Y hubo un tercero. Y último que enterró en la memoria por temor a que le arrastrase a lugares oscuros.
Su corazón, su alma, no se podían permitir mas cicatrices, de esas que a veces cuando menos lo esperas supuran y llenan de tristeza y soledad.
Pasó el tiempo y aprendió simplemente a vivir con ello, a enmudecerlo.

 

Y sin embargo se siente madre, es madre, medre de tres Ángeles no nacidos, bebes Estrella los llaman, y cuando habla con su hermana, con su vecina, con amigas debe soportar a veces comentarios de tú no sabes que es ser madre, no sabes cómo lo harías, no sabes que se siente…

Si, si sabe que es ser madre, lo será toda su vida. Lo fue desde el mismo momento en que lo soñó, en que lo pensó, el primer instante en el que en sueños le dio la mano…

Eres madre, igual que serás hija durante toda tu vida.

Las no maternidades, las de mujeres que lo sienten, que lo son, y que en silencio tropiezan con la incomprensión del mundo…

Y con una sonrisa se agarran a sus Estrellas y siguen caminando por la vida.
Las no maternidades de aquellas que aman durante toda su vida a los hijos ajenos, y viven por ellos.
Las no maternidades, o las madres de corazones perdidos…
Damien Hirst

Mujer embarazada. Escultura en Ifracombe, Devon, Inglaterra, autor Damien Hirst

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