No les creas.

No les creas Princesa, que no te puedan.
Aunque no quieran jugar contigo. No hay nada malo en ti, no les creas.
Aunque no te dejen jugar con otros, que no te puedan.
No es culpa tuya.
Aunque no les gustes, gustarás a otros, no creas que no habrá otros.
No importa, no necesitas gustar a todos, no necesitas gustar a nadie. Cree en ti.
 No les creas.
Aunque no les guste tu ropa, no les creas. Tu ropa no tiene nada de malo.
Aléjate de la gente que te mida por tu ropa.
Las modas van y vienen, pero las personas perduran.
Aunque no les guste tu pelo, o tus ojos, o tu piel, o tu cuerpo…
Que no te puedan!! No les creas! Eres preciosa tal y como eres.
Tu pelo, tus ojos, tu piel y tu cuerpo son solo el envoltorio de tu maravilloso ser.
Todos crecemos, cambiamos, envejecemos, marchitamos.
A todos nos gustan las olas, pero son efímeras, nos enamoramos del mar…
Tienes que saber que eres el mar, y que a veces tus olas no serán del gusto de todos, pero quédate con la inmensidad.
Tu eres inmensidad.
No cambies.
Que no te puedan Princesa, no les creas.
Hagas lo que hagas no cambiarán, así que no dejes que te puedan, no permitas que te cambien ellos a ti.
No creas sus palabras. Si no te quieren no dejes que te duela, no permitas que te afecte, no eres tu, son ellos. Ya llegarán otros que te quieran.
Sé que es difícil para ti, que te sientes herida, sola, pero sigue caminando, no te pares por ellos.
No les creas.
No te esfuerces por ser mejor, porque ya lo eres.
Simplemente maravillosa, preciosa por dentro y por fuera, si no son capaces de verte tal y como eres no te merecen.
No merecen que llores por ellos.
No merecen que los escuches.
No merecen que te comprometas a ser diferente por sus exigencias, porque siempre tendrán exigencias nuevas, hagas lo que hagas.
Las personas así siempre querrán que cambies, porque lo único que buscan es controlarte.
No hay nada malo en ti, son ellos los que por alguna razón impensable para ti y para mi se alimentan del malestar de otros.
Crecen con el dolor ajeno, lo buscan para perpetuar un dominio absurdo.
Tu no les gustas porque tienes tu propia identidad, tu propia belleza, tu propia inteligencia.
Mereces que te respeten, si no lo hacen aléjate. Qué no te puedan!
No lo permitas, aunque te busquen, aunque te duela, aunque te insulten. No les creas Princesa.
Tu y yo sabemos lo especial y maravillosa que eres, no creas lo contrario, no les creas.
Mañana nos reiremos de los dolores de hoy.
Mañana descubrirás que gustas a otros, que el mundo tiene muchas puertas y caminos para ti.
Mañana descubrirás que tus caminos son calles sin salida para ellos.
Que no te puedan Princesa, no les creas.
Pd: Tu pelo es precioso y a mi me encanta.
Si mañana dejaras de tener pelo no serías ni un ápice menos hermosa, porque tu belleza no depende de tu apariencia.
Y eso no cambiará nunca. Créeme.
 Acuarela. Alma.
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Cosas de niños… Bullying, el enemigo.

Bullying, el enemigo…
Duelen nuestros hijos. No los ajenos.
Duelen nuestras afrentas, no las de otros.
Duelen nuestras cicatrices, no las heridas abiertas de otros.

Al niño que insultan, gordo, gafotas, enano
Cosas de niños, por qué darle importancia?
Son niños, los niños son crueles. Es normal.
NORMAL.
Pues acaso no es gordo? No lleva gafas? No es bajito?
Son cosas de niños, no hay que darles importancia.
No vas a poder protegerle siempre. Tienen que aprender a defenderse…

Que ese pega? En una etapa.
Pobre, esta pasando un mal momento. Ha tenido un hermano.
Sus padres se han separado. esta nervioso. Es una fase. Le provocan. Ha muerto su abuelo…
Y se justifica todo mientras no salpique.
Mientras no sean nuestros dolores, nuestra sangre la derramada, nuestra vida…
Mientras no afecte a nuestra cría, pastamos tranquilamente en el campo.
Hasta que sus lágrimas nos despiertan, como lobos, rabiosos, enfurecidos, defendemos lo nuestro.
Nuestros agravios sangran, envilecen, crecen…
Los ajenos no. Los otros siempre hicieron algo, de los otros no estamos seguros.

Y el golpe que ayer, en otros, era de niños hoy, en el nuestro, tiene instinto asesino.
Y hay que mediar, que no se repita! Paradlo!
No se puede consentir! Hoy no, ayer sí.

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Guarro

bullying

 

 

Guarro le dijeron. Y allí comenzó todo.
Y se quedó sorprendido, porque era una de las palabras feas que no le dejaban decir en casa.
Guarro, guarro, guarro.
Pero él no había hecho guarrerías, hoy no, ni ayer.
Su mamá no le dejaba.
Se concentró pensando en que había hecho últimamente.
No había escupido, y hasta había aguantado estoicamente su turno en el baño para no sufrir ni un mínimo escape. Y había tenido cuidado con el rotulador, para no pintarse la cara y las manos como siempre. Y a la hora de la comida, sólo una pequeña marca sobre la camiseta daba fe del esfuerzo y el cuidado con el que sujetaba el tenedor…

Guarro, le siguieron diciendo.
El sólo había jugado, como siempre en el patio, disfrutando como niño de los pocos años que tenía, jugaba a indios y a vaqueros, y se arrastraba por la arena, simulando que ojeaba el fuerte.
Y trepaba sin miedo por los árboles mientras se lanzaba a la conquista, y sus manos embarradas, por agacharse cerca de la fuente, habían marcado sus culeras al secárselas en ellas.
Guarro le llamaron, y se fue al baño y se lavó las manos y se mojó la cara, marcada con churretes sobre el polvo adherido a su piel, y su pelo empapado de sudor, goteando camisa abajo, nada que ver con el pulcro flequillo con el que había salido de casa.
Y se miró de cuerpo entero.
Sus pantalones, por la mañana impecables ahora rasgados en las rodillas. Su camiseta manchada, mapa tenaz de tanto juego. Su babero desabrochado, tras perder los botones en el fragor del juego.
Y no se vio guarro, se vio niño, y siguió sin entender nada.

Guarro le repitieron, y allí quedó sorprendido, aunque algo asustado, porque no comprendía el porqué del insulto.
Un niño. A esa edad en la que no importan los modales en la mesa sino tan sólo la felicidad de alimentarse y comprobar sabores y texturas.
Una familia a la que no le importaban sus pantalones, necesitados de remiendo, porque significaban horas y horas de juegos felices. Ya habría noches de coser rodilleras!
Su cabello sudoroso y despeinado que no daba fe de suciedad, sino de la energía invertida.
Sus zapatos, con las punteras desgastadas, testigo mudo de las patadas dadas a las piedras, de los balones lanzados, de los goles ganados…
Guarro le dijeron.
Y fue la primera (de muchas) que sufriría en propia piel el menosprecio de otros.

No le dolió el insulto.
No lo entendió, no entendió que su alegría, su energía, su risa, pudiese traer un insulto.
Le dolió el robo, le dolería años después, cuando fuese capaz de comprenderlo, el robo de su inocencia.
Desde aquel día intentó no arrastrarse por la tierra del patio, y ya nunca más pudo ser el indio de sus juegos.
Aprendió a comer con cuidado para no mancharse, y se concentraba en el intento, y entre tanta conciencia no disfrutaba, se negó a comer las frutas que tanto le apetecían, por miedo a ensuciarse.
Dejo de reírse al lado de otros, andaba ausente y cuando alguien se dirigía a el, en guardia respondía, dibujando la persona tímida y desconfiada que sería en el futuro.

El no lo sabía, pero no era un guarro.
Tan sólo era un niño.
No merecía insulto ni menosprecio, no merecía lástima ni rechazo.
Ellos sí, ellos sí merecían lástima, porque trataban como habían sido tratados, porque a su misma edad crecían en hogares donde los niños no juegan si se manchan, donde en la mesa no se aprende a reír.
Crecieron en hogares donde el aspecto es mas importante que el alma, crecieron manteniendo atados con cadenas sus corazones, para que no latieran con demasiado ímpetu y pudiesen arrugar sus camisas con el movimiento
Niños que temían despeinarse, o perder horquillas, y se miraban en el espejo temiendo recibir el reflejo de una coleta revuelta, o de un remolino alborotado, que trajese el rictus ofendido al rostro de quienes debían sonreírles viéndoles crecer.

Pobres los niños, aquellos que nunca lo fueron.
Pobres, aquellos que nunca supieron lo que era mancharse con el barro.
Aquellos que nunca saltaron los charcos.
Aquellos que nunca llenaron sus manos de rotulador,
Ni dominaron el arte de perder botones.
Pobres niños que nunca serían guarros.

 


Suicidios, niños que dejan de ser niños y se rinden antes de ser hombres.
Niños que ya no cumplirán mas años…
Niños que en lugar de preocuparse por la consola, la pelota, los deberes, deciden acabar con la presión a las que les someten sus compañeros.
Niños que prefieren no cumplir mas años, desesperado por su situación de acoso en el colegio.

Contra el bullying no basta condenarlo, necesitamos algo distinto.
Prestad atención a nuestros hijos, hagámoslo todos, porque ese niño muerto por la presión de otros, también es un niño, con padres, madres, educadores, abuelas, vecinos…
Nos ponemos fácilmente en la piel de esos padres pero y si es tu hijo el que está al otro lado?
Y si es tu hijo el que ríe las chanzas? El que ríe los empujones? El que jalea? El que insulta?
No, tu hijo no puede ser un acosador, pero y si es un testigo silencioso?
Todos sabemos que los niños se mueven en estos casos en clan, auspiciados por el grupo, y si es de los que ignora, de los que invisibiliza?
Es probable que nuestro hijo este en el lado equivocado, mera estadística…
Por cada niño acosado hay 25 en su entorno, qué hacen? Cómo actúan?

Por favor, estemos atentos, tus hijos, mis hijos, tal vez ni siquiera son conscientes del daño que hacen, tal vez, ni siquiera, son capaces de ver el mal.
Pero nosotros sí.
La educación no es posible si no somos capaces de ver mas allá.
Eduquemos.
Observa a tu hijo, a tu alumno, a tu vecino.
No miremos más hacia otro lado, tal vez mañana no sea el nuestro el que decida acabar con todo, pero y si es el nuestro el que ayuda a tomar la decisión?
Podremos vivir con eso?

Todos podemos hacer algo.

 

 

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