Bendito lunes…

bendito lunes

 

Los lunes son días raros, tristes, agotadores.
Tras un fin de semana intenso de 48 horas ininterrumpidas de estar fusionados. De vivir con ansias esas 48 horas, de multiplicarlas y alargarlas al máximo.
48 horas de risas y juegos. De besos y cariños.
Y fiestas en la cama y bailes en la alfombra y verbenas en la bañera y guerras en el sofá.También alguna riña… Roces y peleas, que siempre terminan en abrazos.
Aventuras en familia por el súper, meriendas y comidas todos juntos.
Parques, tal vez un cine, alguna excursión, planes y más planes, o simplemente quedarnos en casa todos juntos.
Un fin de semana de dibujos y cuentos, también de tele.
48 horas de buffet libre de teta y besos.

Dos días sin horas, sin reloj, con el tiempo por una vez a nuestro favor.
Un tiempo en el que madrugar nos da risa, y también trasnochar.
Donde las siestas son entre carreras y gritos, risas y juegos, y cualquier rincón y cualquier alfombra sirve como cama improvisada cuando el cansancio nos alcanza.
Un fin de semana alimentados de cosquillas, y picoteos a destiempo, y caprichos dulces, y sed de naranjada…
De comidas improvisadas en el sofá. De antojos y chocolate.
Tras dos días de felicidad llega el lunes.

Llega la mañana en la que volvemos a madrugar con reloj, la rutina y el sonido del despertador nos coarta la holganza y regresamos a un trabajo en el que el día no me parece ni placentero ni agraciado…
Desde mi lejanía miro el reloj y voy imaginando que mis niños se despiertan y aunque ya no estoy. Pienso los pasos que estarán dando.
Un lunes de vestirse y desayunar a contrarreloj para ir al colegio. Donde volver al uniforme.
Es el día en el que vuelvo a las carreras, volvemos todos, a los horarios y la agenda. A vernos a trozos.
Es el día en el que cuando regreso a mediodía mi Princeso pequeñito no se despega de mi, y protesta, herido por la ausencia.
Y se pega a su teta hambriento de calor.
Y mi Princesa reclama atención y cariños extras. Y tiene mil cosas que contarme del tiempo sin mi. Porque esas 5 horas se multiplican en su afán de hacerme partícipe de esa otra vida que no compartimos.
Y mi Princeso grande se enoja y exacerba y hace huelga de miradas y afectos hacia mi. Y nunca recuerda que hizo. Como si el tiempo en el que nos alejamos fuese un agujero negro sin tiempo ni espacio.

Es un día cansado de reconciliación con el mundo.
El lunes es un día raro, agotador, triste, traicionero…
Pero hermoso también, magnífico porque es el primer día de la semana, la jornada en la que a flor de piel se siente la añoranza que nos tenemos, el amor que nos profesamos, es el comienzo del fin.
Y es que si no hubiese lunes mi semana no comenzaría y no terminaría nunca y el maravilloso viernes nunca llegaría, seguido de nuestros dos días de redención y asueto.

El lunes es nuestra creencia, la certidumbre de que el mundo gira. El comienzo de nuestra ilusión.
El motor de nuestra vida.
Una promesa. La de que todo tiene un lugar, una esperanza.
Bendito lunes. Bendita vida!

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Una vez más…

Una vez mas. Adios, hola.
Una nueva despedida, diaria, en la que como muchas cada mañana me marcho a trabajar.
A horas de que suene el despertador, de noche mientras los observo dormir me siento al borde del abismo, una vez más tengo vértigo…
No es una despedida, son cien, mil, diez mil, diaria, pero nunca me acostumbraré, nunca volveré como un soldado a la guerra con dignidad y compostura, mas bien siento esta vuelta ruin, vil, infame, indecente…

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Conciliar no es que el mundo pare porque has tenido un hijo.

Con la fiebre generada por la visita de un niño al congreso, vuelve a ser tema de actualidad la conciliación.
Aunque lo cierto es que nunca debiera dejar de ser un tema de actualidad, se habla de conciliación y sale la sempiterna petición de bajas maternales mas largas, y sí, son necesarias, pero hablamos de conciliación, y no, por mucho que se incendien las redes, decidir dejar el trabajo para criar a tus hijos no es conciliar, es muy loable, maravillosos si te apetece, pero no es conciliación.
La conciliación tampoco es exigir turnos maravillosos de 9 a 4, y permisos para médicos, fiestas de fin de curso y excursiones varias. Oye que te lo dan, ¡Estupendo!, pero si no te lo dan no te extrañe ni digas que no te dejan conciliar.

Conciliar no es pretender que el mundo pare porque tu has tenido un hijo. -    

Es así de sencillo, y lo digo yo, con un trabajo con los peores horarios.
Sí, mis horarios son una mierda, literalmente, trabajo en hostelería, y aunque sería genial trabajar de 9 a 5 lo cierto es que no desempeñaría mi trabajo.

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