Conciliar no es que el mundo pare porque has tenido un hijo.

Con la fiebre generada por la visita de un niño al congreso, vuelve a ser tema de actualidad la conciliación.
Aunque lo cierto es que nunca debiera dejar de ser un tema de actualidad, se habla de conciliación y sale la sempiterna petición de bajas maternales mas largas, y sí, son necesarias, pero hablamos de conciliación, y no, por mucho que se incendien las redes, decidir dejar el trabajo para criar a tus hijos no es conciliar, es muy loable, maravillosos si te apetece, pero no es conciliación.
La conciliación tampoco es exigir turnos maravillosos de 9 a 4, y permisos para médicos, fiestas de fin de curso y excursiones varias. Oye que te lo dan, ¡Estupendo!, pero si no te lo dan no te extrañe ni digas que no te dejan conciliar.

Conciliar no es pretender que el mundo pare porque tu has tenido un hijo. -    

Es así de sencillo, y lo digo yo, con un trabajo con los peores horarios.
Sí, mis horarios son una mierda, literalmente, trabajo en hostelería, y aunque sería genial trabajar de 9 a 5 lo cierto es que no desempeñaría mi trabajo.

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Hoy es uno de esos días…

Hoy es uno de esos días.
Un día en el que te supera el trabajo, y la vida, siempre corriendo.
En el que le has levantado la voz, y sin razón le has reñido porque estás cansada.
Uno de esos días en los que el agotamiento te ha hecho estar con la mente lejos, mientras le ayudabas con los deberes, en que estabas sin estar, y el lo ha notado y has visto sus ojos tristes.
Hoy es uno de esos días en los que has echado de menos un rato para ti, y tras el segundo -Qué tal?- has dejado volar tu imaginación mientras el seguía hablando sin que nadie le escuchase.
Y sabes que se ha dado cuenta, porque su silencio ha sido el grito redentor, con el que regresar a tu cuerpo.
Con el que darte cuenta que sus pequeños pesares son grandes e importantes, y que tu también necesitas que te escuchen…
Hoy es uno de esos días en los que te has agobiado poniendo lavadoras mientras se calentaba la leche de su merienda, te has saltado el baño y le has mandado a la cama sin cuento con un beso rápido en la mejilla.
Y ahora cansada, todo recogido y en orden, has notado el vacío en el sofá y le has echado de menos y ansías que se despierte para pedir agua y darle un abrazo…

Hoy es uno de esos días.
Y aún no has hecho la comida de mañana y te siente culpable, porque una noche mas, has puesto pizza de la sección de congelados, aunque le hayas explicado cien veces los beneficios de la comida sana.
Culpable una vez más, porque no tienes tiempo para planchar y su camiseta mañana será la confesión de ello. Y aunque sabes que a nadie le importa, a ti si.
Hoy es uno de esos días en los que en el trabajo todo salió mal.
Y tarde. Y con todo a medias debiste salir corriendo porque tu hijo te esperaba en la puerta del colegio, solo, bajo la lluvia.
Y mientras lo piensas una lágrima se escurre por tu mejilla, por el y por ti. Porque aún tienes su imagen grabada en tu retina, solo bajo el alero para no mojarse, y por ti, porque sabes que mañana será peor el día, deberás recuperar y nadie entenderá que no podías dejarle más tiempo esperándote, que no te puedes permitir relajarte y aguantar un rato mas en la oficina, ni hacer sobremesas después de las reuniones, ni cañitas a media tarde, ni cenas los viernes…

Hoy es uno de esos días, en los que te das cuenta de lo difícil que es todo, de todo lo que te queda por hacer, de todo lo que te pierdes mientras te enfadas contigo misma
Hoy es uno de esos días, en los que cuando te vas a la cama pasas por su cuarto a arroparle y se despierta, y te abraza y te dice:
-No te preocupes, te quiero.
Y te vas llorando a dormir, porque no concibes en un mundo justo que un niño de 8 años consuele a su madre y se conforme con las migajas de su tiempo, con el tiempo sobrante tras terminar su trabajo, y la casa y los deberes, y la cena, y la comida del día siguiente, y esa compra apresurada en el súper, y ese salto a la farmacia para buscar vitaminas que te hagan mas largos los días.
Y mientras él crece, y nunca volverá a tener 8 años, ni querrá jugar mañana de nuevo con su tren y contigo, y mañana crecerá y ya no querrá que le ayudes con los deberes, ni tendrá ganas de contarte que hizo ayer en el recreo, ni querrá que conozcas sus secretos…
y El tiempo pasará y no reconocerás a la mujer del espejo, ni a ese adolescente guapo de su lado.
Respira, mírate. Vuelve a su cama y abrázale.

Y mañana edúcale.
Edúcale para que crea en la igualdad, para que crezca sabiendo que cuando sale de casa el mundo se ha de regir por las mismas reglas, que aprenda que compartirá espacio, y tiempo, y trabajo con mujeres como tu, y que merecen el mismo respeto y las mismas oportunidades y obligaciones.
Edúcale para que eduque a sus hijos a no concebir diferencias.
Edúcale para que aprenda que la implicación de su padre no es excepción.
Edúcale para que respete por igual sin importar el sexo.
Porque en la educación está el futuro, porque los hombres conscientes de hoy han de ser mayoría mañana, porque solo el día que para el sentir universal los hijos, y la casa, y los deberes sean obligación y deber de toda la familia y no sólo de las mujeres la conciliación no será posible.
Edúcale, para que eduque a sus hijas, y les haga saber que no son las herederas de las tareas del hogar, ni de la plancha, ni de las lavadoras, Edúcale para educar en igualdad.
Y edúcate…

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La conciliación no existe… Hoy no, tal vez mañana.

La conciliación no existe, hoy no.
Tal vez mañana cuando salga el sol y lo vea todo con otros ojos…
Otras veces ya he escrito sobre conciliación, hoy no, hoy solo puedo expresar mi dolor.
Dolor, cansancio e indignación. Tras un día haciendo encaje de bolillos para compaginar trabajo con citas pediátricas, horarios de escuela, urgencias con mi bebe, tener que volver al trabajo, con los grandes acompañándome, organizando lo inorganizable…
Esos días en que echas en falta un abuelo cerca, o dos, o los cuatro!

Hace tres semanas que comencé a trabajar tras mi escasa baja maternal. Si, escasísimas 16 semanas
Mi tercer hijo, mi tercer comienzo, le sumo además que disfruto de dos meses de vacaciones al año, dos meses seguidos, ya que sumo vacaciones y festivos, y cada año, el reenganche es difícil.

Hace años que por costumbre escribo y a veces reencuentro esos apuntes, y me parecen escritos por otro
Hoy he encontrado por casualidad en el ordenador un pequeño apunte de la noche anterior a mi incorporación:

 

 

Para Lluc
Mañana comienzo a trabajar y me separaré de ti.
Llevo todo el día nerviosa e irascible, sin disfrutar tu abrazo permanente pensando en nuestra ruptura de mañana.
Tu también lo notas, también irascible y nervioso te quejas de lo que aún no conoces, pero sientes, me sientes, presientes.
Te duermes al fin agotado entre mis brazos, entre mis besos y mis lágrimas.
Te sumerges en tu paz, en tu seguridad jamás rota.
Pero y mañana?
Mañana me marcharé y te echaré de menos, tanto, que mi corazón se parará como un reloj sin cuerda, y no reanudará la marcha hasta saberte de nuevo entre mis abrazos.
Hoy quiero que mi mundo pare, que deje de girar mientras te observo.
Hoy me nubla el pensamiento la tristeza, el desconsuelo…
Mañana, tal vez pasado o en dos semanas será distinto.

 

Y han pasado dos semanas, largas agotadoras.

El primer día no fue el peor, llegar a casa y encontrarte exhausto por el llanto, hambriento por no aceptar alimento en un biberón que no comprendes, abatido y derrotado.
Tu sonrisa perdida…
No, no fue el peor, lo fue el segundo día, y el tercero, y el cuarto…
Sabiendo ya tu reacción, perdida la esperanza de un tránsito feliz.

Poco a poco has ido aceptando nuestra nueva situación, has debido despegarte, como antes que tu hicieron tus hermanos.
Y aún no has cumplido 4 meses, y aún puedo oler sobre tu cuerpo ese ligero almizcle de la vermix.
Aún eres mi bebé, recién nacido, indefenso y pequeño.
Demasiado indefenso y demasiado pequeño para dejarte en otras manos…

Y pasamos horas separados, y apenas comes en mi ausencia de un biberón que aborreces, y otros brazos te consuelan, y otros besos te calman.

 

Sólo apuntes, anotaciones perdidas en documentos sin título.
Resumen y diario de una vida, la nuestra.

Y hoy una semana mas, agotadora.
No has cogido peso, lo pierdes, tu huelga de hambre diaria por mi ausencia nos pasa factura, y ya han saltado las alarmas de tu pediatra.
Se suma además que estás enfermo, una bronquiolitis que no nos abandona desde tu nacimiento, y he de dejarte, con tu tos y tu aerosol, hoy con tu fiebre mientras el cuerpo me pide que no lo haga.
Mientras mi raciocinio me alienta y mi corazón se rompe.
Se agregan tus hermanos: Princesa, reclama atención y abrazos y brazos, y llora, para reivindicar un espacio que no entiende por qué ha perdido, no entiende que me marche a trabajar, y desconsolada grita que ya es grande y que quiere trabajar conmigo.
Princeso también lucha por su lugar, y en el colegio han notado un cambio, reclama mas, necesita mas…

Y yo a estas horas me hundo en mi tristeza, pensando que no existe conciliación posible, que nada merece la pena si para ello hay que derramar una sola de vuestras lágrimas.

Ya lo he dicho en otras ocasiones, las separaciones son mas duras cuando mas conscientes sois.
Con un año, son dos, con tres…
Ya lo hemos pasado antes, pero no por ello es menos duro.
Yo no quiero ser pequeñito, decía Princeso
Yo ya soy grande, dice Princesa.
Y cada una de esas frases me apuñalan mientras bajo las escaleras entre lágrimas los días en que ni los mimos, ni los abrazos, ni las promesas consiguen calmaros, y vuestros llantos resuenan en cada escalón y me acompañan al coger el coche, y nada ni nadie me serena.
Aún sabiendo que dos minutos mas tardes sonreís y jugáis tranquilos.

Porque ese momento, esa lágrima, esa frase pidiendo auxilio es el momento exacto en que creéis que os abandono, y creceréis con esos momentos y mientras tanto, yo empequeñeceré y seguiré creyendo que la conciliación no existe.
Y hoy vuelvo a no querer que exista mas mundo que vosotros y yo.

Y cada día reanudo el largo adiós, y el reencuentro huele a magia, y a besos y abrazos, y bailamos y reímos, y durante una horas olvidamos que mañana comenzaremos de nuevo a alejarnos.

Y entre sonrisas y besos tu mamando,
yo queriendo,
intento olvidar la injusticia,
y sueño que tu serás capaz de conseguir un mañana mejor,
donde tus hijos no tengan que conocer la añoranza tan pronto.

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