Malcriar…

Malcriar.

Malcría hoy a tus hijos, mañana no se dejarán…

A punto de cumplir ocho y seis años mis niños grandes, puedo afirmar muchas cosas que la experiencia me ha enseñado.
Puedo rebatir muchos de aquellos consejos que me dieron sin pedirlos.

Aquel que insistía en que no los acostumbrase a los brazos.
Yo hoy te digo: Coge a tus hijos en brazos cuanto quieras.
No, no se acostumbran, llega un día en el que sencillamente dejan de necesitarlos y los abandonan cruelmente.
Aprenderán a caminar, y correrán lejos de ti sin que te des cuenta.
Y te quedará un vacío en el regazo, que sólo llenarás a veces, cuando aproveches cualquier pequeño detalle para abrazarles fuerte y recordar con añoranza sus diminutos cuerpos.
Su peso quedará macado para siempre en tus brazos, y todo ese peso que hoy te cansa, será aire que mañana necesitarás llenar.

A aquel que me decía que no duerman en tu cama, que no se irá nunca!

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Niños cansados.

Siempre nos quejamos de la oscuridad de la maternidad/paternidad.

Se nos acumula el cansancio.
El trabajo, las obligaciones diarias.
La casa, la crianza, la educación de nuestros hijos.
La convivencia con esos pequeños seres que dependen de nosotros.

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Te regalo el mundo

Te regalo el mundo

Eso pensé la primera vez que vi a mi hijo, lo sigo pensando.
Y a cada uno de ellos quiero regalarle el mundo.

Te regalo el mundo. Y las estrellas, y el sol.

Quiero regalarle todas las risas, todos los besos y todos los ríos. Las risas se acabarán cuando se acaben los besos, y tal vez sean las lágrimas las que llenen los ríos.
Todo es vida, todo un regalo.

Te regalo todos los volcanes dormidos, y las tormentas despiertas. Y de lejos puede que veas despertar los volcanes, y cerca verás amainar las tormentas.
Te regalo los días de lluvia y la nieve en primavera. Para que valores el sol venidero y las flores nacidas en la tierra enriquecida por el húmedo y frío manto.

Quiero regalarle todas las tartas de chocolate del mundo, para que conozcas los sabores más dulces de la infancia. Ya llegarán los ácimos y los amargos a tu boca.
Quiero regalarte todos los atardeceres, porque significará que viviste todos los días.

Te regalo todos los charcos para saltar en ellos. Y la inocencia, para que nunca la pierdas saltando.

Quiero regalarte todas las playas, de aguas cálidas y calmas.
También te regalo los acantilados, y sus fieras olas y el rugir del viento.

Te regalo todos los vuelos de las águilas. Y la libertad de volar.

Quiero regalarte todos los libros y todos los poemas jamás escritos.
Los que leí y los que no.
Los que me emocionaron y los que no me gustaron.
Los que consideré maravillosos y los que pensé que no debieron ser escritos, también esos, para que tengas oportunidad de conocerlos todos y de decidir por ti mismo.

Te regalo todas las mareas, para que te guíen, para que a veces te acerquen y otras te alejen. Para que te pierdan en el mar y te encuentres.
Te regalo todos los campos de girasoles a las tres de la tarde, cuando vivos y erguidos contemplan el sol. También te los regalo al amanecer, cuando parecen yermos y dormidos.

Quiero regalarte todos los nidos de cigüeña del mundo, y todas las verbenas de pueblo. Te regalo las tradiciones para que conociéndolas innoves y crees futuros nuevos y desconocidos.

Te regalo Madagascar y esa piedra blanca del parque. Y todos los granos de arena, y todas las rocas gigantes.
Porque todos forman parte del mundo, todos tienen valor.

Quiero regalarte todas las flores salvajes. Y las de invernadero.
Las que huelen bien y las que no huelen.
Las vivas y las secas.

Te regalo las montañas más altas, y las colinas, y los valles…
Y me gustaría recorrerlos todos contigo. A tu lado, de tu mano.
Sueño imposible lo se.

Quiero regalarte todos los cuentos contados a través del tiempo, alrededor de un fuego. Y todos los fuegos. Y todas las castañas asadas. Y el humo, ese que impregna tu ropa de risas, y te recuerda la buena compañía.

Te regalo un bosque inmenso, vivo, exuberante, vestido de verde.
Y también un otoño con bosques caducos y desnudos.

Te regalo el mundo. Porque ese es mi cometido, mi sueño, mi fin.
No, no es la perfección, no somos perfectos, por eso quiero regalarte todo, lo bueno y lo malo, para que vivas, conozcas, elijas.
No sueño, ya te he regalado el mundo, mi mundo, imperfecto a veces, pero siempre hogar para ti, refugio y calor.
No es perfecto hijo mío, tu tampoco, por eso te quiero, ya ves. Porque no te quiero de ningún otro modo. No te quiero mas listo, ni mas bueno, ni mas perfecto. Yo tampoco soy perfecta.
Ni lo es el mundo.
Y sin embargo te lo regalo.
Vívelo, cámbialo, hazlo tuyo.

te regalo el mundo

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