No puedo, me dijo.

madres-kolwiztNo puedo, me dijo.

Crecen, y con ellos las preocupaciones.
Cambian los miedos, las angustias.
Cuando pasa el tiempo te das cuenta de lo fácil que era de bebés.
Crecen y te encuentras frente a ellos, personas, iguales, y aterra equivocarse.
Aterran sus miedos, sus dudas.
Su sufrimiento.
Aterran tus miedos, tus dudas.

No puedo, yo no se hacerlo, me dijo.
Y me dieron ganas de darle el mundo en una mano, de enseñarle que procede de la fuerza, de la más grande de las razas. La humana.
Y quise gritar que eso no era posible, que él era grande, el más grande, increíble, capaz de lograr cruzar todos los mares a los que llegue.
Un Dios.

No puedo, me da miedo, me dijo.
Y sentí que podríamos juntos, que siempre estaría a su lado para cruzar cualquier abismo, que siendo hijo mío jamás conocería la derrota.
Que la derrota no existe, que el nació perfecto y lo será siempre.
Que el miedo no forma parte de nuestro vocabulario.

No puedo me dijo.
Y grité que siguiese intentándolo, que la rendición no es posible, que hay que seguir adelante.
Que siguiese adelante, que volase, que creyese en si mismo.

No puedo me dijo.
Y me dio miedo que llevase razón.
Y me dio miedo querer vivir su vida en mi consuelo.
Y me dio miedo errar obligándole a saltar al vacío creyendo que aprendería a volar con el salto.
Y perdí la valentía de repente por miedo a perderle.
Miedo.

No puedo repitió.
Y me descubrí creyendo que tal vez fuese cierto, que la enseñanza no es convencerle de que lo intente, de que puede, sino acompañarle para no rendirse pese a sus límites.
Enseñarle a buscar nuevos comienzos, nuevos horizontes.
Conocerse, saberse humano, equivocado en ocasiones, a veces incapaz, a veces pequeño.
Descubrir sus miedos, no para superarlos, sino para convivir con ellos. Para crecer con ellos.
Para hacer de tu oscuridad caminos que lleven hacia la luz.
Para descubrir la luz en la oscuridad. Porque no hay ceguera mayor que la del que mira al sol.

No puedo dijo. Y le hablé de soñar, de vivir, de creer también en tus incapacidades.
De conocimiento, de vivir el momento, de no rendirse por encontrar un muro.
Lo salto? Lo rodeo? Vive, le dije, y elije en cada momento tu paso. A veces tendrás que pararte, pero no para rendirte, sino para pensar como continuar, para redescubrirte.
Seguir adelante siempre, aunque sepas que no puedes.
Y si se acaba el camino da la vuelta, desanda tus pasos y busca el lugar donde te equivocaste.
Porque todos los no puedo son un nuevo comienzo.

No puedo, me dije.
Y decidí seguir adelante, redescubriendo la maternidad desde todos los caminos.
Algunos difíciles, algunos dolorosos, todos a su lado.

No puedo, me dije. Y decidí vivir todos los momentos como el único.
Y decidí que mañana me preocuparía de los no puedo, y hoy viviría los ahora.
No puedo me dijo.
Y yo le contesté, no importa, yo te quiero.

 

 

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Madre, dentro y fuera de casa.

Tengo tres hijos.
Y trabajo, dentro y fuera de casa.
Se lo que es quedarse en casa cuidándolos, aunque no he dejado de trabajar nunca, si he tenido bajas maternales, un ere tecnológico, vacaciones(Suelo disfrutar de dos meses juntos, hostelería)
Mi marido se ha quedado al cuidado de nuestros hijos durante meses, y también se como espectadora, lo agotador que es quedarse en casa con ellos, renunciar a tu carrera profesional por tu familia .
Agotador y desagradecido aunque disfrutemos de acompañarles.
Y es que no esta valorado, son muchas las mujeres que saben de que hablo, de renunciar a sus profesiones, de verse menospreciadas por muchos, de no ver gratificado su esfuerzo diario, de que pase desapercibido…
Lo se, he hablado en varias ocasiones sobre ello, pero también se por experiencia, cómo es la otra opción.
La de trabajar dentro y fuera de casa.

 cartel de propaganda de guerra estadounidense creado por J. Howard Miller en 1943 para Westinghouse Electric
cartel de propaganda de guerra estadounidense creado por J. Howard Miller en 1943 para Westinghouse Electric

Sí, también es agotador, también quienes trabajamos fuera acompañamos a nuestros hijos al médico, los niños enferman independientemente de las obligaciones de sus padres. De sus horarios y de su disponibilidad.
También hacen extraescolares, y hay que planificar horarios y mover a toda la familia.
Recogemos de colegios, vivimos en una carrera continua con el reloj, hacemos malabares para acompañarles.
Como todas las familias, añadiendo a la ecuación nuestros horarios. Nuestros, porque nuestra familia es cosa de papá y mamá.

Estoy cansada, parece que quienes también tenemos trabajos fuera de casa saliésemos todos los días a disfrutar de una jornada en un spa, en lugar de irnos a trabajar. Como si la elección fuese para evitar criar a nuestros hijos.
Nuestras camas también se hacen a diario, usamos platos y vasos y hay que lavarlos, y sacamos al perro.
También ponemos lavadoras, tenemos armarios que ordenar, y los calcetines se desparejan igual que los tuyos.
Nuestros hijos acostumbran a comer todos los días, y en varias ocasiones!! Como los vuestros.
Y la nevera aunque dispongamos de un sueldo más en casa no se llena sola, de verdad que no.
Sí, también tenemos que dar árnica a los chichones y acompañar disgustos y peleas.
Y suspiramos cuando acaba el día por una silla y una hora de silencio. Como tu.

 

No por trabajar, tienen mas ni menos atención, mas ni menos juguetes, más ni menos ropa.
No es una cuestión económica, ni de educar en unos u otros valores.
Nunca he criticado a quien decide quedarse en casa, en muchas ocasiones he defendido la decisión, es algo íntimo, de cada familia, de cada mujer y no soy yo quien para juzgar. Ni tu…
No entiendo que cada vez que una mujer defiende su existencia como madre a tiempo completo de por hecho que las demás no tienen el mismo valor por trabajar también fuera de casa.
Medimos sacrificios? Yo no quiero que mi maternidad se mida por sacrificios, ni por renuncias, las tuyas y las mías.

Soy madre, profesional y estoy tan cansada y tan harta a días y tan feliz y tan orgullosa como la que se dedica en exclusiva a su hogar, como la que trabaja desde casa, como la que emprende, como todas…

Estoy harta, como tu, de que se de por hecho en esta sociedad que los hijos son míos por ser madre, y no se exija lo mismo a los hombres.
Cansada de que me juzguen, por decidir seguir adelante con mi profesión y mis hijos, tanto como tu de que lo hagan por escoger una maternidad en exclusiva.
Saturada de defender mis decisiones y pelear con una cultura que nos quiere en casa, y que sin embargo nos critica si nos quedamos.
Indignada con un sistema que no nos permite conciliar como queremos y que nos obliga a determinarnos cuando somos madres.

Estamos en el mismo bando, en el de quienes decidimos vivir nuestro propio camino.
Simplemente.

Madres, mujeres, personas.
Tu trabajas y yo también, no hay sumas ni restas, ni comparaciones, ni es justo que tu digas que tus hijos están más atendidos que los míos o que yo te critique por desatenderte.
Vivir y dejar vivir y que cada uno siga adelante con su vida, sin comparaciones absurdas, sin coletillas que pretenden defender mediante el ataque las decisiones de otro.
Como tu, yo también he tenido que escuchar muchas tonterías, de egoísta, de materialista, de anteponer la comodidad a ver crecer a tus hijos, y dedicatorias varias.
Pero mi vida la vivo yo, la tuya tu. Hay gente que vive la de todos…
Y se permite puntuarlas.

La maternidad es agotadora, dentro y fuera de casa, tal vez tu tengas los cristales más sucios (O no), tal vez yo planche menos (O no), tal vez tus hijos comen más pizzas y los míos pisen menos parques, porque cada familia es un mundo y compararlas absurdo.
Lo que es seguro es que besamos con la misma pasión a nuestros hijos.
Arropamos con el mismo cariño de madrugada.
Cambiamos pañales con las mismas ganas.
Nos duelen sus dolores intensamente y por igual.
Revisamos deberes con el mismo ahínco.

Acompañamos, besamos, curamos, abrazamos, jugamos, vivimos…
Y todo lo que hacemos es por ellos…

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Los terribles dos años. Pura magia.

Los terribles dos.

Llegan un poco antes a veces, o tal vez un poco después, depende de los niños.
Seguro que has leído sobre ellos.
Hoy me toca a mi, y es la tercera vez que los pasamos, y cada vez son nuevos.
Los dos, los terribles, los malhumorados, las rabietas, los gritos, los NO!
Esos dos, que se esperan con miedo, de los que habrás leído cual película de terror.
A qué temer? A esas rabietas que te sonrojarán por el mundo? Por qué? Párate. De verdad te importa lo que puedan pensar los demás?
De verdad no puedes pararte y ver cómo crece hoy, en este momento, ahora?
Lo se, no es fácil, cuando no entiendes su frustración, su dolor, su enfado. Se hace imposible manejarlo, se pierden los nervios…
Sólo va a tener estos dos aquí y ahora. Nunca más sentirá con tanta fuerza, con tanta emoción, tan extremadamente…
No los temas, no te enfades, acompáñale, y descubre el maravilloso niño en el que se convertirá mañana.

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