Campeón por la gloria de tu madre!

Campeón, por la gloria de tu madre!

Campeón, por la gloria de tu padre!

Y ahí está, Menganita, vestida de tules.
Preciosa, peinada como una reina.
Preparada para un día más, pasarse una hora llorando, desgranando su infancia sobre el parquet de la escuela de ballet.
Tres años y el conocimiento de que sus deseos no importan, ni su cansancio.
Que el amor que recibe a diario, desaparece al llegar a la escuela y no merecen sus lágrimas valor.
Porque sólo el esfuerzo, conseguirá que su mamá sonría y se sienta orgullosa de su niña.
Y un día tras otro, se nos rompe el corazón a las otras madres, aquellas que simplemente quieren una actividad para las tardes de invierno.
Ocio extraescolar, al que se falta si hay un cumple, o si hace frío, o si nos apetece hacer una guerra de cosquillas.
Y un día tras otro se parte el corazón de su maestra, impotente, cuando inconsolable se queda en su clase.
No han servido charlas, comentarios de tal vez al año que viene, cuando sea mas grande… Súplicas, volcadas sobre tierra árida, sobre pared sorda…
Es el deseo de su mamá. Su gloria perdida.

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La vida es música.

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La vida es música.

Un pequeño relato escrito para La pedagogía blanca. Y publicado en su web el 14 de abril de 2014

Un instituto.
Una clase con 36 chavales de entre 14 y 16 años, hormonados, beligerantes, ruidosos…
Os suena?
Es el marco donde comencé el instituto, a mediados de los ochenta.
Entonces aún se separaba a los que “valían” para estudiar de los que no, ofreciendo ir al instituto o a formación profesional la mayoría de las veces como recurso para separar a los más alborotadores de los menos…
Yo era de los alborotadores, aunque muchos años después y casi rozando los cincuenta sea un hombre de pro, responsable y con hijos adolescentes.
Me llamo Diego, y en el instituto aprendí que un docente puede hacerte cambiar la vida, que el amor por lo que se hace y el respeto por las personas a las que se enseña puede marcar la diferencia.

La vida es música.

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El ladrón de infancias.

baby

El ladrón de infancias.
Me siento vieja escribiendo esto.
Pero siento que han cambiado tanto las cosas que son incomparables nuestras infancias a las de nuestros hijos, distintas en muchos aspectos.
Comparo infancias, y sí, se que los tiempos han cambiado y en muchos aspectos han traído mejorías, pero tengo la sensación de que muchos de los cambios no han sido para mejor.

Los niños de hoy tienen un exceso de todo con respecto a los de antes (A mi generación, y ni hablo de las anteriores)
Veis por qué me siento vieja? Cuántas veces lo habéis escuchado? Aquello de en mis tiempos no tenía tanto de todo?

La primera percepción es demasiados juguetes. Tienen un exceso de juguetes que hace que a veces se sientan pobres.
No tienen esa necesidad de soñar con el regalo perfecto, porque saben que lo tendrán finalmente. Se ha perdido esa ilusión, el regalo perfecto se desvanece entre otros 15, parece que ya no haya nada fuera del alcance o por lo que haya que suspirar mucho tiempo.
Es mejor? No creo.
He podido comprobar algunos de los amiguitos de mis hijos que hay niños incapaces de entretenerse y divertirse sin algo, un parque de hierba se convierte en una condena, y terminan pidiendo el móvil a un progenitor diciendo que se aburren por no tener juguetes.
Niños incapaces de estar media hora seguida solos, sin recursos.
Mis hijos son capaces de entretenerse con cualquier cosa, una piedra, una hoja, arena… Y aun así la comparativa hace quedarse muy atrás, porque los niños de mi generación teníamos recursos hasta en un desierto, tal vez ese exceso de juguetes, de útiles que pretenden desde bebes educar, entretener, motivar, trabajar su psicomotricidad…
Parece que todo lo que tienen tenga que tener un fin superior que les eduque, forme, etc, cuando realmente lo que educa es el juego libre, sin normas, sostenes ni expectativas de ningún tipo.
Los niños de hoy en día tienen muchísimo menos juego libre que los de antes.

Los bebés de antes tenían menos psicomotricidad fina? Porque en las guarderías de antes(Los que iban a guardería que eran muchísimos menos) no tenían esas clases añadidas.
No tenían ese entrenamiento precoz, los bebes de mi generación tenían pocos juegos educativos, porque apenas existían, no había esa tensión porque aprendiesen pronto letras y números. A nadie se le ocurría jugar con bits para que aprendieran palabras con 1 año. Nadie se esforzaba excesivamente en que aprendiesen numeros y colores, y lo aprendían igual, De forma mucho mas natural.
En qué ha cambiado? Los bebes de ahora son más listos? O por el contrario lo son menos y por eso necesitan entrenamiento extra?

Encuentro que hoy en dia se buscan los juegos para los niños encuadrados y cerrados dejando poco pie a la imaginación, antes podías comprar un jersey y un pantalón, ahora ya viene conjuado en una percha, no dejamos lugar a la creatividad en la mayoría de los casos.
Los bebes y niños de mi generación no tenían arcoíris Montessori, tenían platillos y vasos, escurridores y piedras, macetas y trozos de tela…
Los niños tenían más tiempo libre, mucho más, porque las extraescolares estaban menos de moda, y se elegían por gustos, no por llenar espacios, eran algo excepcional. Los días se llenaban de nada, y nadie tenia la necesidad de buscar actividades para entretenernos.
Había mas calle, más parques, más bici, más juego grupal.
El cambio social, ese sentimiento de inseguridad ha robado esas pequeñas libertades que antes teníamos, y difícilmente volverán.
Nuestros miedos y los peligros reales con los que convivimos a diario han ido vetando pequeños detalles que hacían madurar y dar responsabilidades reales a los niños. Obligándonos a un imaginario factible de tener en cualquier casa.

Los fines de semana, vacaciones y momentos familiares se han convertido en una necesidad constante de hacerlos increíbles, de crear infancias mágicas, y hasta eso parece que lo hayamos convertido en un exceso.
Ir al zoo era algo histórico en una familia, un cine era una actividad que se disfrutaba, por que no era habitual, de hecho cuantas películas infantiles se estrenaban al año? Hoy en día es imposible seguir la cartelera.
Comer fuera era un evento, que se disfrutaba y se elegía. Hoy en dia es raro un fin de semana sin un plan perfecto que soliviante a nuestros estresados hijos.
Ellos mismos son los que piden comer fuera, restándole importancia y emoción.
La normalidad ha hecho que todo se valore menos.
Nuestros hijos son incapaces de recordar cuántas películas hemos visto en el cine, en cuántos lugares han comido, a cuántos sitios han ido.
No es algo para recordar, es simplemente parte de la normalidad.
Es mejor que antes? No lo se, pero empiezo a sospechar que no.

Cuando yo era pequeña la televisión infantil eran los payasos de la tele. Y recuerdo como magia aquel: Cómo están ustedes?
Es uno de mis recuerdos, y los niños los esperaban con ilusión. Era lo único que había.
No había sesiones matinales, la serie de dibujos de después del telediario los sábados y domingos era seguida por casi todos los niños, y gran parte de los padres, era un regalo. esa media hora mágica y especial.
Hoy en día es tan normal y habitual por el exceso, que ha perdido ese punto mágico de antes.
Impensables canales temáticos de dibujos animados, si hasta hay un canal especial para bebes!
Beneficia madurativamente a nuestros hijos ese exceso de información televisiva y de estímulos tan pronto?
Tal vez ese exceso pase factura más adelante? Una generación que no habrá sido educada en valorar su riqueza. Una generación que habrá crecido con una riqueza que les hace pobres.

Y son pobres. Cuántas horas pasan con otros niños? Además de la escuela? Menos que antes.
Eso sí, se han multiplicado las horas que se pasan en la escuela o realizando actividades extraescolares.
Da la sensación de que pretendemos darles unas responsabilidades que no les corresponden muy pronto. Deberes, horas lectivas, etc. Les estamos preparando para un futuro en el que no creemos?
Son niños! Se nos ha olvidado?
La primera generación de niños con medias infancias…

baby

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