Y si no te hubiesen dado un cachete a tiempo?

 

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Esta es la continuación obvia de Yo pego a mi hijo, como todos…
No había planteado continuación alguna, la idea era visualizar lo que tal vez vemos a diario pero no damos importancia, y he recibido muchos comentarios, los que más me han sorprendido son los que justifican la violencia hacia un niño con la típica frase,
pues a mi también me dieron un cachete y no estoy traumatizado,
pues a mi también me pegaron y no me ha ido tan mal,
a mi también me educaron con un azote y mira donde estoy…

Estas frases o similares las he podido leer mas de cien veces en los últimos días.
Justificando esas acciones. Justificando la violencia.

No, no voy a escribir para reincidir en para educar no pegues a tus hijos, ni voy a juzgar a cualquiera que haya perdido los nervios.
Todos los perdemos alguna vez, todos alguna vez hemos escupido unas palabras hirientes contra alguien, todos podemos gritar en circunstancias de desasosiego, todos en algún momento podemos perder los nervios y sin pensarlo escaparse la mano, sin intención, pero haciéndolo.
No soy quien para juzgar a nadie, yo también soy todos, tu, el, ella…

Pero si quiero exponer las cosas de otra forma, lo se, no te traumatizó aquel cachete, porque tenemos tan interiorizado que es una forma de educar que a la mayoría apenas le afectó mas allá de enseñarle que es una herramienta mas.
Una forma mas educativamente hablando.
Normalizando ver a los niños como seres inferiores carentes de derechos, maleables a nuestro antojo.
Haciéndonos creer que eso no es violencia.

Pero y si no te hubiesen dado aquel cachete? Ese que no te dañó, y si no hubiesen perdido los nervios y descargado su ira contra ti?
Y si no hubiera golpe?
Ese cachete que te educó, ese bofetón que no te traumatizó, si no te lo hubiesen dado serías peor persona hoy?
Sin ese cachete, sin ese azote estarías hoy perdido?
Sin educar con violencia, a golpes, tan mal habríamos salido?
Por qué justificamos cualquier tipo de violencia en pos de la educación poniéndonos como ejemplo?
Y si no te hubiesen pegado? De verdad te habrías torcido?

 

Escriba yo lo que escriba no va a servir para dar herramientas a quien no las tiene, si te han criado haciéndote sentir pequeño y has interiorizado que lo eres y que merecías ese trato nadie te va a hacer cambiar de opinión. Lo se.
Pero precisamente por eso quiero que me contestes: Tan grave podría haber sido el resultado en tu persona si no te hubiesen pegado?

Sin ese azote en el culo a ese niño que se tira el plato encima, habría hoy un adulto que no sabría comer sin mancharse?
Sin ese golpe en las manos, ese niño que cogió las monedas, sería hoy un ladrón?
Sin ese bofetón al que no se aprendió las tablas, habría hoy un hombre que no sabría multiplicar?
Sin esa paliza a la adolescente que llegó dos horas tarde tendríamos hoy una prostituta?
Sin aquella colleja al que no comía, sería hoy la tumba de un niño muerto de hambre?
Sin aquella hostia a tiempo, el día que contestó a su padre, habría hoy un delincuente?
Sin aquel revés al que no recogió la mesa, habría hoy un adulto desordenado?
Sin el empujón al adolescente que no quería ducharse, hoy sería un adulto sucio?

Sin ese golpe en las manos, ese niño que cogió las monedas, sería hoy un ladrón? -    

Piénsalo. Qué herramientas te dieron los golpes? Incluso aquellos que crees que fueron sin importancia, la colleja, la manotada, ese cachete en el culo, esos que apenas dolían…
Te hicieron mejor niño? Te han hecho mejor adulto?
Te dieron seguridad? Te abrigaron?
Te quitaron miedos? Te educaron?
Te enseñaron consecuencias a tus acciones o simplemente te asustaron?
Te beneficiaron?
Qué es lo que quieres que aprendan tus hijos? A confiar en ti, hasta cuando se equivoquen o a temerte?

Aquel golpe de niño te mejoró como adulto? -    

Si no concibes pegar a un adulto, a un animal, a un amigo, a tu mujer, a tu novio…
Por qué normalizas pegar a un niño?
No pegues a tus hijos. NUNCA. No te justifiques, simplemente respétalos.

No pegues a tus hijos. NUNCA. No te justifiques, simplemente respétalos. -    

 

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Una guardia cualquiera…

 

El maltrato infantil no es ficción, ni exageración. Es la realidad de unas urgencias.
La memoria de una sala. De un box, de un profesional. De un amigo admirado.
En uno de los miles de hospitales de nuestra geografía…

Una guardia cualquiera, de aquellas que hacía entre cafés y apuntes.
La especialidad se gana a pulso.
Urgencias, un trauma.
Un niño con un brazo roto. Se ha caído de la cama. Tiene 4 años. Vaya disgusto!
Unos padres de aspecto angelical. Bien vestidos, parecen buena gente, y están preocupados.
Llevan el susto en el cuerpo. Esas cosas que les pasan a los críos.
Tranquilos.
Hoy te vas de aquí con una escayola llena de firmas. Ya verás.
Nos vamos de excursión a rayos.
Desde aquí vamos solos familia. En un rato os lo devuelvo, a que sí, campeón?

El trayecto lo tenía que hacer un celador. Pero algo no cuadraba.
Lo normal es que acompañe la madre, no sin mañas, ha conseguido que confíen y llevárselo.
El estoicismo del pequeño asusta.
En silencio.
El rostro manchado por las lágrimas recorren el largo pasillo laberíntico del hospital.
Te tuvo que doler campeón! No contesta.
El compañero me mira.
Te has caído de la cama? Qué ha pasado? Silencio.
Saltabas?
Sus ojos. Sus ojos no mienten. Tienen la dureza y resignación de un vagabundo.
La vida es así, me ha tocado. No hay mas. Dicen sus ojos.
Esa edad a la que aun no se sabe mentir y el silencio es en si mismo una gran mentira -    

Espérame aquí a ver si tienen todo listo para hacerte esa foto de tu brazo…
Ya todo el personal está alerta. No ha hecho falta explicar nada.
No es el primero, ni será el ultimo…
Desnudamos al paciente con cuidado sobre la camilla de rayos y espantados vemos los hematomas.
Un arcoíris.
Del violeta intenso al amarillo vahído, un par de tactos y un aullido, el dolor de un niño acostumbrado a el.
Acostumbrado a disimularlo, a esconderlo. El dolor.
Esconderlo porque a sus cuatro años ya siente que es culpable, aunque no sepa de qué.
Con cuatro años, conoce el miedo, la desconfianza.
Una de las enfermeras tiene que salir, no puede contener las lágrimas.
El silencio sepulcral lo dice todo. Mi estómago, me amenaza con una arcada.
Respiro hondo. Miro al radiólogo. Mi amigo. Y veo sus ojos húmedos.
Oigo un sorbo contenido detrás, del celador. Simulando un resfriado suena su nariz.

Las radiografías del brazo muestran la rotura. Imposible que sea fruto de una caída.
Te vamos a hacer más fotos, campeón. Ya verás qué guapo sales!
Estudio completo. Las proyecciones muestran otras lesiones en distintas fases de evolución.
Para activar el protocolo necesitamos estar seguros pero los resultados hablan por si solos.
La enfermera me ayuda a vestirlo.
Todos nos movemos a cámara lenta, con el cuidado de quien maneja un diamante diminuto.
Con más amor del que haya recibido en mucho tiempo.
Pijama. Sabemos que quedará ingresado en cuanto lleguen los servicios sociales.
Hoy no volverá con sus padres. Tal vez nunca.
Tal vez alguien decida que debe volver, otra oportunidad, porque los niños deben estar con sus padres…
Cómo estás campeón? Te vamos a poner una escayola chulísima…

4 años, y en sus ojos la vejez esta asentada.
El dolor envejece, el de no saber, el de no entender.
4 años. Le abrazaría.
Escaparía corriendo con él en brazos y le diría que se equivocaron.
Que merece una familia de verdad. Una que mime, que cuide, que no golpee.
Se lo llevan en la camilla. Y de lejos se le ve tan pequeño, tan frágil.
Y debo desandar camino, y volver a urgencias, para acompañado de un policía y del trabajador social, señalar y hablar con los padres.
Y mis compañeros me ven.
Tranquilo.
Contente.
Shhh, calma… No se lo pongas fácil.

Qué me sujeten porque aquí y ahora mataría!
Te rompería los huesos uno a uno, la peor de las violencias se desataría en mi, la que defiende al débil, la que protege a un niño indefenso.
Juré por Esculapio, Higía y Panacea jamás cometería injusticia o corrupción.
Mataría.
Sabiendo que la herida no quedará en el callo del hueso.
Quedará la cicatriz visible en cualquier radiografía, pero no será esa la que duela.
La herida profunda no curará.
No se verá por la exposición a los rayos de Röntgen.
Quedará abierta y sangrante durante demasiado tiempo.
Acompañará y crecerá con el niño, alimentando el miedo, creciendo al hombre.

Los golpes acompañarán y crecerán con el niño, creciendo al hombre.

Los golpes acompañarán y crecerán con el niño, creciendo al hombre. -    

Horas después vomitaré bilis en el vestuario, y lloraré bajo la ducha frotando las miserias del mundo, que impregnan con su olor la carne.
Y la podredumbre de sus almas será estudiada por un protocolo, y el pequeño dormirá en el hospital, vigilado por un extraño.
Y será la primera vez en su vida que este seguro. A salvo.
Y un nuevo turno comenzará en urgencias, y tal vez un nuevo niño, asustado y mudo llegue para romper el corazón de un hombre…

 

Hoy me permito poner letras propias a la memoria de un hombre, que sirva como homenaje merecido a toda su carrera y dedicación.
Y a todos aquellos que como él, han cedido su existencia para mejorar el mundo.

 

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Los besos robados

Los besos robados.
Los besos de Oscar
Besos, eso que dicen es con lo que crecen los niños.
Hoy leía algo del vínculo, y que los niños en orfanatos de no se que país muestran un déficit de inteligencia. También de crecimiento.
Está íntimamente relacionado, los niños criados con amor son mas listos y mas grandes…
El no recuerda que le diesen besos. Golpes si, besos no.
No se crió en un orfanato, pero tal vez uno hubiese sido mejor.
Mide metro ochenta, y es un tipo listo. De esos en los que los demás confían.
Debe ser la excepción que confirma la regla. Ni la falta de vínculo, ni la falta de calor, ni la falta de amor le empequeñecieron.
O tal vez de haber sido un niño amado sería un gigante bonachón. No lo sabe.
Fue abandonado por su madre con apenas meses en brazos de una pareja, en un pueblo del sur, donde las tardes huelen a sol y solo se escuchan los grillos.
Se crió en una casa en la que sabiéndole extraño y perdido desde el principio, nunca se atrevieron a amarle.
No supieron darle el amor que merecía, que todos los niños merecen. No les culpa, no culpa a la mujer que le crió, las circunstancias, la miseria y la tristeza de varios abortos tampoco permitían amar al hijo de otro.
Pasó su primera infancia corriendo entre corrales, con la cara sucia y el corazón hambriento. Entre el miedo y la soledad. Sabiéndose distinto.
Creciendo sin crecer, sin poder entender. Desamparado.
Le ha marcado a fuego, hace años creía que le había congelado el corazón, pero no es así.
Unos años después la mujer que fue su madre volvió a buscarle. Casada.
No hubo desarraigo por llevarle lejos, al norte frío. A un norte de ciudad llena de ruidos y nieblas.
No se puede desarraigar lo que no tiene raíz. Cómo echar de menos el no sentir? El no existir?
Y subió a un tren lleno de esperanza, con sus ojos redondos de niño, esperando encontrar la felicidad en su parada.
El tren llegó, la felicidad nunca.
Años después se daría cuenta de que fue a buscarle porque no pudo tener mas hijos. Curiosas decisiones de la vida. Como quien recoge a un perro.
Y le crió a golpes, con insultos, humillaciones…
Oscar cree que simplemente no supo hacerlo de otro modo.
Le robó la infancia, y la adolescencia. Y cuando su hijo fue más grande que ella y ya no podía pegarle, por razones obvias de tamaño, siguió destrozándole el alma.
Los trozos de alma que le quedaban. Pero su fuerza heredada de no se sabe donde siguió luchando.
Y un día con 19 años, ya sin golpes, pero habiéndose creído que no valía nada, que no era nadie, que era tonto, y feo y gordo, sin infancia ni adolescencia decidió que debía vivir su edad adulta y se marchó.
No volvió a verlos. A verla.
No miró atrás, borró su pasado.
Decidió simplemente no recordar, para no sentir dolor, y durante años temió perpetuar su naturaleza en unos hijos que tal vez no supiese amar, o convertirse en alguien como su madre.
Pero salió adelante, dejándose los cuernos, esforzándose, aprendiendo…

Hoy tiene hijos, y una vida, y un pasado que a veces cuando preguntan demasiado inventa.
Vive a kilómetros y kilómetros de distancia, al otro lado del mundo, donde nada ni nadie pueda recordarle quien fue.
Y ya no llora, porque es un superviviente. Aunque a veces rememora y necesita de alguna forma gritarle al mundo que aquel niño, aquel adolescente merecía algo mejor.

Y se escojona de risa en silencio cuando alguien le dice que hay que ver que suerte tienes, con la vida resuelta, que ellos no han tenido tanta fortuna…

Oscar, el niño que no debió nacer. El que nadie amó, ni deseó, murió al poco de nacer, murió cuando comenzó a ser consciente de su entorno y fue un muerto viviente hasta que se marchó. Prefiere creer que en realidad no nació hasta que escapó.

Oscar es tímido y frágil, miedoso.
Oscar es fuerte y con una personalidad arrolladora, valiente y decidido, en realidad es un actor maravilloso, que de hacer su papel, terminó creyéndolo y descubrió hace mucho que odia dar lástima, prefiere que nadie sepa su historia. Prefiere mantenerla en el olvido.

Su padre murió hace años y pese a su violenta imperfección le quería. A su manera. Zafia, violenta.
Pero le reconoce su generosidad regalándole un apellido y un pasado.
Su madre sigue viva en algún lugar del mundo.
Y el dia que muera no bailará sobre su tumba pero respirará profundo y se preguntará si algún dia se encontran en alguna parte, para preguntarle por qué le odiaba? Cómo podía odiarle?

Y fueron muchos los golpes. Pero decidío sobrevivir, y lo ha hecho.
Y a veces tiene que contenerse para no sacar el monstruo que esos golpes alimentaron. Porque si algún día infringiese ese dolor en sus hijos no podría seguir adelante.
Aunque sabe que las palabras, o la falta de ellas duelen mas que los golpes.

No puede ser ella, ni el. No quiere. Hoy como adulto le dan pena, y dolor, mucho dolor.
Tanto que a veces necesita rememorar su historia, para no olvidarla, por miedo a repetirla. Y esas noches en silencio amparado por la oscuridad se permite derramar el torrente de lágrimas que le ahogan. Se permite abrazar al niño que fue, y decirle que era hermoso, y fuerte y listo y bueno.
Y se permite mirarle desde su altura de gigante y sonreírle, y le dice que crecerá y tendrá la llave de todos los besos.
Se permite susurrarle que sea fuerte, que es un superviviente, y que el estará esperándole al final de su adolescencia para darle la mano y entregarle el mundo.

Y sus hijos conocen a Óscar, ese que todos los días les dice que les quiere, y que son listos, y guapos, y buenos, y que se siente orgulloso de ellos, y que le hacen feliz.
Y los llena de besos y abrazos. Porque sabe la importancia de todo ello.
Y se ríe cuando se zafan de sus brazos de gigante y le recuerdan que casi son hombres y no quieren sus abrazos. Se ríe porque sabe que no es cierto, y que crecerán sabiéndolos cercanos.
Y ha pasado la vida soñando con que sean grandes y listos. Y sabe que lo está consiguiendo. Felices.

Aunque a veces se asusta cando se mira al espejo del enfado y ve al monstruo agazapado que habita dentro. Pero sabe que le ganará todas las batallas…

Y ha aprendido a no culparles, a sus padres, a sus vecinos, a sus maestros, a todos aquellos que hicieron la vista gorda, que miraron a otro lado, porque gracias a su mierda de historia es quien es, y no quiere pensar si hubiese sido de otra forma?
Porque probablemente enloquecería, se conforma y agradece quien es todos los días, agradece su historia, y hasta las lágrimas.

Y todos los días da las gracias, gracias al mundo.
Gracias por hacerle llorar. Porque las lágrimas sanan. Y son necesarias para seguir adelante.

 

NIño desnudo
José María Fenollera Ibáñez (Valencia 1851- Santiago de Compostela 1918),
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