Melancolía. Os echo de menos.

Melancolía. Os echo de menos.

Llevo mucho sin escribir, tengo poco tiempo, crecen y el tiempo tiene un valor incalculable.

Llevo muchos días, semanas, meses, con una melancolía que va y viene, y de vez en cuando me hace parar y mirar hacia atrás.
Con tres niños en casa todas las etapas duran más, y es más fácil echarlas de menos cuando pasan.
Todo se alarga, y cuando parece que viviremos eternamente con balbuceos y lobitos acaban. S
e acaban los pañales, las noches interminables, los primeros dientes.
Parece que fue ayer cuando llego el primer bebe a casa y hoy 7 años después acabamos de despedir al último.
Decimos adiós a la etapa más dulce en esta casa.

Empezará el último el cole en septiembre, ya todos estarán inmersos en las rutinas de horarios, en idas y venidas.
Ya todos conocerán agendas y prisas.
No habrá sosiego y siestas abrazados cuando cae la tarde.
Es tiempo de parques y carreras.
Y lo echaré de menos.
Tumbarnos abrazados a esperar que llegue la hora de salir a por los otros, esa intimidad entre tu y yo, saber que durante apenas dos horas eres único, y mío.

Nos despedimos de los juguetes blanditos porque ya todos usan los legos. Y los echo de menos.
Se acabaron los cucú tras. Los lobitos, las canciones infantiles. Y las echo de menos.
Otros juegos más activos, de niños grandes nos ocupan ahora.
Más cosquillas, más risas cuando estamos juntos y también más diversión sin mamá, porque ya no me necesitáis para soñar.
Ya no necesitáis que forme parte de vuestros juegos. Sois autónomos de mi. Y os echo de menos.

Parece que era ayer cuando veíamos en bucle capítulos de Pocoyo, y hoy discuten por ver series para grandecitos, apenas ha disfrutado el pequeño de los dibujos preescolares, poner un capitulo de Peppa Pig supone una negociación con el mayor, porque eso es de pequeños…
Dónde quedaron aquellas canciones infantiles acompañadas de juegos de manos? Recordarán todas las canciones enseñadas? Todos los ratos tirados en la alfombra cantando y bailando?
Ahora son independientes y piden la tablet para ver en You Tube sus videos favoritos.

Todo pasa, también para mi, ya no me interesan las revistas de bebes, que cogen polvo sobre la estantería, ya no usamos el portabebés, ya no quedan tetinas, ni pañales por casa, y vamos despidiendo la lactancia sin prisa pero sin pausa. Quedaron en el trastero las sillas, las hamacas, los carros…

Y en días como hoy os echo de menos, ya ves, que tontería, pero echo de menos a ese bebe que me reclamaba cada minuto y que hoy se duerme sin mi en cualquier esquina.
Esa necesidad que me hacía imprescindible a todas horas, me relega ahora a momentos puntuales. Y lo echo de menos.
Echo de menos vuestra dependencia, ya no necesitáis de vasos de agua, galletas, juguetes o compañía… Sobrevivís sin nosotros, sin la necesidad imperiosa de antes.
Y os echo de menos. Y cuando de pronto sois conscientes de vuestra infancia y venís hambrientos de besos, abrazos o cosquillas, llenáis mi melancolía de risas y de nuevo brilla el sol.
Ojalá nunca dejéis de necesitar esos momentos, esos mimos.
Que los abrazos y los te quiero gobiernen para siempre nuestra existencia.
Os echo de menos, cuando ya os ducháis sin apenas ayuda, cuando decidís la ropa que poneros o el cuento que leer, os echo de menos cuando ya nadie me pide que le parta la comida, o que le abra la botella.
Y ayer me quejaba por tener que hacerlo!
Os echo de menos cuando me estiro en la cama y ya no hay una colección de manos y pies en mi sitio. Y a veces os convenzo para que vengáis a mi lado a dormir, a sabiendas de que no descansaré, pero feliz de sentiros cerca.
Os echo de menos cuando despierto con las primeras luces porque nadie ha necesitado abrazos nocturnos.
Y fue ayer cuando os abracé y os di las buenas noches y parece tan lejos… Y siento la necesidad de acercarme y besaros para mitigar la distancia que nos aleja.
Os echo de menos cuando me ducho y ya es raro el día en el que alguien interrumpe sacando la cabeza por la cortina para hacer una exigencia perentoria.
Ya no.
Tras años suspirando por una intimidad que parecía no llegar nunca, y que se llena ahora de soledad.
Suenan lejanas vuestras voces en casa y no me acostumbro a que no sean para llamarme.
Ya ves, os echo de menos, y el solaz que reclamaba no tiene valor ahora, porque nada importa si no estáis a mi lado.

Hoy ya no hay bebés en mi hogar, hay niños, independientes, grandes, magníficas personas con ideas propias, con pensamientos únicos.
Y es hoy cuando os miro y me embeleso de veros tan grandes, cuando me enorgullezco de vuestros logros, de vuestra altura, de vuestra bondad, os echo de menos, porque se que también esta etapa será frugal, pasará.

Hoy estoy tonta, añorando lo que ya no sois, disfrutando viendo en lo que os convertiréis, mis pequeñas semillas de ayer han enraizado y bajo mi sombra crecen, dejando entrever los magníficos arboles crecientes y brillantes.
Vuestro verdor me deslumbra y sin embargo ya lo echo de menos.

Y os echo de menos, cada día, cada hora, sabiendo que la vida pasa, y que cada segundo a vuestro lado debiera ser eterno, lo es, cada segundo, cuando al acostaros rememoro como un usurero atesorando risas, frases, momentos, guardados como en una caja fuerte cada día, a sabiendas de la riqueza que supone, por efímera, y es que mañana no reiréis con mis cosquillas, ni con las bromas infantiles que pueblan ahora nuestra casa.
Y vuestra inocencia hoy será mañana luz, sabiduría, y ya la echo de menos…
Y siento como un naufragio todos los ratos pasados, perdidos en la memoria.
Y quisiera que fuesen eternos.
Después se me pasa, cuando os miro y me maravillo. Mis hijos. Son mis hijos…
Y disfruto de cada momento que me regala la vida a vuestro lado. Para echarlo de menos después. Melancolía.

Melancolía.  Os echo de menos
Melancolía. Os echo de menos
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Qué te pierdes de tu maternidad?

Qué te pierdes de tu maternidad?

Ser madre trabajadora.
Días en los que no hay tiempo, se suma el trabajo, las obligaciones, faltan horas.
Que te pierdes del día a día de tus hijos? Esa pregunta que te haces, o ese comentario ajeno, que todos escuchamos alguna vez.
Quiero verlos crecer, no perderme nada… Por eso decidí quedarme con ellos.
Y como un hachazo recibes sin haberlo solicitado y marchas a tus obligaciones con el corazón encogido.
Quedarte observando como crecen, como quien vigila la carrera de un caracol, para no perder ni la sombra de un movimiento…
Decisiones vitales que se juzgan sin más. Como si la vida no estuviese llena de opciones y caminos.

Qué te pierdes de tu maternidad?
Qué me pierdo de mi maternidad?
Qué te pierdes en tu día a día, todas esas horas en las que no estás, en las que no eres partícipe de su tiempo y de su espacio.
Días de trabajo, compromisos, deberes…
Y si lo tuvieses todo? Y si no te perdieses nada?
Vivir con la sensación de perderse algo, de no darlo todo, de no estar permanentemente, no importa si trabajas o si no, creo que el sentimiento es el mismo, el de siempre, el de no terminar de hacerlo bien. Como si la vida fuese un curso llena de evaluaciones y examen con puntuación final.

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Todas las maternidades

Compartí una historia desgarradora de una familia que había perdido a su hija, alguien me preguntó por qué compartía cosas tan tristes, que la maternidad no es eso.
Que no debería dar cabida a tanto dolor, porque asusta e intimida.

Me he quedado pensándolo.
Si tal vez mi página y mi blog debía ser la foto fija de la maternidad más brillante, de las alegrías diarias, de las sonrisas y la vida.
Si debía escribir y compartir sólo la parte amable, negar la otra, edulcorar mediante el silencio.
Creo que no.
La maternidad no es sólo luz y sonrisas.
NO. La maternidad es luz y sonrisas, eso y mucho más. Es también dolor.
La maternidad es una y muchas, cada una distinta, cada una válida y merecedora de ser contada y compartida.
Todo es parte de la vida.
La alegría y la tristeza, los buenos y los malos ratos.

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