La gente me pregunta si duermo.

http://my-circus-life.blogspot.com.es/
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Hoy leía a Lucía Sarasqueta mamá de tres.

“ La gente me pregunta si duermo, sí, es difícil.
Pocos preguntan si se abrazan.
Si se besan.
Si juegan juntas
Durante mucho tiempo dormí poco o mal o lo mejor posible, sí, es muy difícil.
Sí, se abrazan, juegan juntas, se pelean, son mágicas…”

Es así, Cuando tienes tres hijos siempre es igual: Tres? Qué valiente!!
Como quien va a una guerra, como un especialista en explosivos como un bombero que se juega la vida en un edificio en llamas. Preguntan si duermes, si tienes tiempo, si vives.
Porque tener hijos es una labor a tiempo completo, una responsabilidad que te hará abandonar muchas cosas.
Todos se asombran de tu entereza ante la condena.

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Las madres y las críticas.

Madre.

Un simple comentario sobre crianza y una madre indignada, aludida, susceptible…
Porque cada uno hace lo que cree mejor para sus hijos, cría a su manera, tal vez como le enseñaron, como aprendió, como leyó en un libro, como le contaron sus vecinas, como le recomendó sus suegra, o su pediatra, o su amiga…
Y no hay dos crianzas iguales.
Brazos o carro.
Porteo con colgona o con fular.
Baby led weaning o potitos comprados.
Biberón o lactancia materna.
Cuna o colecho.
A favor o en contra? Estás conmigo o contra mi.
Todo termina en absurdos bandos.

Cualquier comentario al respecto y saldrán madres indignadas sintiéndose criticadas de uno y otro lado, porque cualquier observación sobre estos temas tendrán reflejos de unas y de otras.
Irreconciliables casi siempre, cada uno hace lo que cree lo mejor para sus hijos, así que cualquier afirmación en contra en una guerra abierta a nuestra crianza.
A nosotras, a nuestra maternidad.
Cuál es el temor para tanta susceptibilidad? Que te tachen de mala madre? Qué puede ser peor para una mujer que sentirse mala madre?

Sabes qué es una mala madre?
No eres una mala madre porque hace 10 años te explicaran el método Estivill, cuando estaba de moda y pese a tus propias lágrimas lo pusieses en práctica.
No, no eres una mala madre por haberle dejado llorar unas noches, aunque ahora te arrepientas y llores tu.
Porque sabías que era lo mejor, porque te lo dijeron y lo creíste
Las malas madres no se arrepienten, esa que abandona a un bebe sabiendo que probablemente muera a la intemperie.
O le sacude en la cuna para que calle.
O le ignora conscientemente porque por dentro el odio le consume, odio a ese trozo de sí misma que dejó en el mundo.

No eres una mala madre porque se te escape un grito agotado cuando no recoge su cuarto. Debes controlarte, lo sabes, pero eso no te convierte en
una mala madre.
Ni siquiera aquella vez cuando se te fue la mano y le diste un cachete.
Ese que aún te duele…
Una mala madre es la que maltrata a diario, golpea con rabia, sin miramiento, un día y otro día, año tras año, llenando su boca de excusas y porqués, mientras su nariz sangra tras otro golpe.
Es esa que insulta y vomita su cólera sobre su hijo, utilizando palabras que ningún niño debiese conocer.
Esa que marca su furia a fuego, añadiendo arrugas sobre su joven alma, matando su infancia.
Es esa que daña, la que envenena culpabilizando de su violencia al niño, haciéndole creer que no vale nada, que nadie le quiere, que es malo y no merece nada mejor.

No eres una mala madre por usar un carro, un fular o una mochila colgona, tal vez estés desinformada o informada en exceso.
Pero siempre actúas desde el corazón.
Una mala madre no tiene un corazón que lata por su hijo, ni unos brazos amorosos para el, le arrastra sin miramiento, le llama vago y flojo, y le niega mimos y abrazos.
Le cierra el cobijo cálido de sus brazos. No le enseñará que la vida se mide en caricias y besos

No eres una mala madre por alimentarle con potitos, ni eres mala por no comprar comida ecológica, o por no tener tiempo de hacer nada más que algo rápido en la sartén.
Las malas madres no alimentan, los dejan en el mundo sin desayunar y sin comer si hace falta, porque no les importa nada más que ellas mismas. No se preocupan de si se quedó con hambre o si no le gusta.
Alimentan, cuando lo hacen, a golpes. Y sin ese sustento crecen sus hijos, incompletos.

No eres mala madre si el cansancio no te permite jugar en el suelo a su lado, si no te gustan las manualidades. Si te aburren los dibujos o una noche no te apetece leer un cuento.
Las malas madres se cansan de sus hijos, les roban la infancia creciéndoles con odio y rabia. Les niegan juegos e inmovilizan con miedos.

No eres una mala madre.
Tan sólo eres una madre que cría como cree mejor y teme equivocarse.
Ser perfectamente imperfecta no te convierte en una mala madre.
No necesitas ser más de lo que ya eres, equivocarte te da humanidad.
Y la humanidad es eso equivocarse y rectificar, una y otra vez.
Así que no te sientas culpable, ni criticada por las crianzas ajenas, por los comentarios, por las miradas…
Sencillamente aprendamos de las maternidades de otras, escuchemos sin juzgar, abracemos sin criticar.
Y hagamos lo que nos hace grandes, querer a nuestros hijos sin medida.

No eres una mala madre, porque las malas madres pegan, maltratan, dañan, abandonan, insultan y matan a sus hijos poco a poco, de desamor en desamor, de golpe en golpe, de lágrima en lágrima…

Saturno devorando a un hijo. Goya.
Saturno devorando a un hijo. Goya.
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Melancolía. Os echo de menos.

Melancolía. Os echo de menos.

Llevo mucho sin escribir, tengo poco tiempo, crecen y el tiempo tiene un valor incalculable.

Llevo muchos días, semanas, meses, con una melancolía que va y viene, y de vez en cuando me hace parar y mirar hacia atrás.
Con tres niños en casa todas las etapas duran más, y es más fácil echarlas de menos cuando pasan.
Todo se alarga, y cuando parece que viviremos eternamente con balbuceos y lobitos acaban. S
e acaban los pañales, las noches interminables, los primeros dientes.
Parece que fue ayer cuando llego el primer bebe a casa y hoy 7 años después acabamos de despedir al último.
Decimos adiós a la etapa más dulce en esta casa.

Empezará el último el cole en septiembre, ya todos estarán inmersos en las rutinas de horarios, en idas y venidas.
Ya todos conocerán agendas y prisas.
No habrá sosiego y siestas abrazados cuando cae la tarde.
Es tiempo de parques y carreras.
Y lo echaré de menos.
Tumbarnos abrazados a esperar que llegue la hora de salir a por los otros, esa intimidad entre tu y yo, saber que durante apenas dos horas eres único, y mío.

Nos despedimos de los juguetes blanditos porque ya todos usan los legos. Y los echo de menos.
Se acabaron los cucú tras. Los lobitos, las canciones infantiles. Y las echo de menos.
Otros juegos más activos, de niños grandes nos ocupan ahora.
Más cosquillas, más risas cuando estamos juntos y también más diversión sin mamá, porque ya no me necesitáis para soñar.
Ya no necesitáis que forme parte de vuestros juegos. Sois autónomos de mi. Y os echo de menos.

Parece que era ayer cuando veíamos en bucle capítulos de Pocoyo, y hoy discuten por ver series para grandecitos, apenas ha disfrutado el pequeño de los dibujos preescolares, poner un capitulo de Peppa Pig supone una negociación con el mayor, porque eso es de pequeños…
Dónde quedaron aquellas canciones infantiles acompañadas de juegos de manos? Recordarán todas las canciones enseñadas? Todos los ratos tirados en la alfombra cantando y bailando?
Ahora son independientes y piden la tablet para ver en You Tube sus videos favoritos.

Todo pasa, también para mi, ya no me interesan las revistas de bebes, que cogen polvo sobre la estantería, ya no usamos el portabebés, ya no quedan tetinas, ni pañales por casa, y vamos despidiendo la lactancia sin prisa pero sin pausa. Quedaron en el trastero las sillas, las hamacas, los carros…

Y en días como hoy os echo de menos, ya ves, que tontería, pero echo de menos a ese bebe que me reclamaba cada minuto y que hoy se duerme sin mi en cualquier esquina.
Esa necesidad que me hacía imprescindible a todas horas, me relega ahora a momentos puntuales. Y lo echo de menos.
Echo de menos vuestra dependencia, ya no necesitáis de vasos de agua, galletas, juguetes o compañía… Sobrevivís sin nosotros, sin la necesidad imperiosa de antes.
Y os echo de menos. Y cuando de pronto sois conscientes de vuestra infancia y venís hambrientos de besos, abrazos o cosquillas, llenáis mi melancolía de risas y de nuevo brilla el sol.
Ojalá nunca dejéis de necesitar esos momentos, esos mimos.
Que los abrazos y los te quiero gobiernen para siempre nuestra existencia.
Os echo de menos, cuando ya os ducháis sin apenas ayuda, cuando decidís la ropa que poneros o el cuento que leer, os echo de menos cuando ya nadie me pide que le parta la comida, o que le abra la botella.
Y ayer me quejaba por tener que hacerlo!
Os echo de menos cuando me estiro en la cama y ya no hay una colección de manos y pies en mi sitio. Y a veces os convenzo para que vengáis a mi lado a dormir, a sabiendas de que no descansaré, pero feliz de sentiros cerca.
Os echo de menos cuando despierto con las primeras luces porque nadie ha necesitado abrazos nocturnos.
Y fue ayer cuando os abracé y os di las buenas noches y parece tan lejos… Y siento la necesidad de acercarme y besaros para mitigar la distancia que nos aleja.
Os echo de menos cuando me ducho y ya es raro el día en el que alguien interrumpe sacando la cabeza por la cortina para hacer una exigencia perentoria.
Ya no.
Tras años suspirando por una intimidad que parecía no llegar nunca, y que se llena ahora de soledad.
Suenan lejanas vuestras voces en casa y no me acostumbro a que no sean para llamarme.
Ya ves, os echo de menos, y el solaz que reclamaba no tiene valor ahora, porque nada importa si no estáis a mi lado.

Hoy ya no hay bebés en mi hogar, hay niños, independientes, grandes, magníficas personas con ideas propias, con pensamientos únicos.
Y es hoy cuando os miro y me embeleso de veros tan grandes, cuando me enorgullezco de vuestros logros, de vuestra altura, de vuestra bondad, os echo de menos, porque se que también esta etapa será frugal, pasará.

Hoy estoy tonta, añorando lo que ya no sois, disfrutando viendo en lo que os convertiréis, mis pequeñas semillas de ayer han enraizado y bajo mi sombra crecen, dejando entrever los magníficos arboles crecientes y brillantes.
Vuestro verdor me deslumbra y sin embargo ya lo echo de menos.

Y os echo de menos, cada día, cada hora, sabiendo que la vida pasa, y que cada segundo a vuestro lado debiera ser eterno, lo es, cada segundo, cuando al acostaros rememoro como un usurero atesorando risas, frases, momentos, guardados como en una caja fuerte cada día, a sabiendas de la riqueza que supone, por efímera, y es que mañana no reiréis con mis cosquillas, ni con las bromas infantiles que pueblan ahora nuestra casa.
Y vuestra inocencia hoy será mañana luz, sabiduría, y ya la echo de menos…
Y siento como un naufragio todos los ratos pasados, perdidos en la memoria.
Y quisiera que fuesen eternos.
Después se me pasa, cuando os miro y me maravillo. Mis hijos. Son mis hijos…
Y disfruto de cada momento que me regala la vida a vuestro lado. Para echarlo de menos después. Melancolía.

Melancolía.  Os echo de menos
Melancolía. Os echo de menos
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