La buena madre.

La buena madre
Ayer leía un mensaje de una mamá en uno de esos grupos maternales.
Os leo, tengo dos niños pequeños. Me gustaría saber cómo puedo hacer para ser una gran mamá. Todos los días al llegar la noche sufro pensando en que podía haberlo hecho mejor…
No le di importancia al mensaje y pensé que seguro que tendría muchas contestaciones. Leí algunas al día siguiente. Y no me gustaron. Sigo dándole vueltas…

Qué contestarle? No hay reglas para ser una buena madre.
Creo. O tal vez simplemente yo no las cumplo si las hay.

Lo confieso. Yo también me esfuerzo por ser mejor madre y muchos días soy consciente de que no lo consigo.

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Dime…

Dime…

40 días. Postparto.
Un mail.
Desesperación, casi locura, depresión, cansancio, dolor…

No se por qué te escribo. Tal vez un desahogo, pero te leo, y necesito que me digas que pasará pronto.
Vivo en un agotamiento permanente, superada, triste.
No puedo más.
No me conozco, no conozco a esa mujer que piensa: por qué no te callas cuando comienza a llorar por séptima vez en las últimas dos horas.
Que desea que se duerma y liberar los brazos para ocuparlos en nada.
Que piensa en alejarle cuando se engancha a mi pecho dolorido. Que aprieta los dientes y le odia un poco cuando culebrea sobre la cicatriz de mi reciente cesárea. 40 días y aún duele…
Dime que volveré a ser la de antes. Que volveré a sonreír. Que pasará esta lucha cuerpo a cuerpo…
Dime…

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Adiós bebé.

Adiós bebé.

No hace mucho leía a la maravillosa Kitty, del blog Amordebatmani y me emocionaban sus palabras sobre  como crecen a la velocidad del rayo los segundos hijos.
Hoy me siento moñas como dice ella…

Y es que es verdad, crecen más rápido, pasa el tiempo volando y nuestros bebés desaparecen por la puerta, miramos hacia atrás para no perder de vista a nuestros mayores, y cuando de nuevo giras la cabeza, los encuentras crecidos al final del pasillo.

Llevo semanas limpiando armarios, ya no guardo la ropita del tercero.
Vuelan las tallas, y me emociono cada vez que doblo por última vez alguna de las ropitas heredadas de su hermano. Y la memoria me trae la añoranza de recordarles a ambos.

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