Dime…

Dime…

40 días. Postparto.
Un mail.
Desesperación, casi locura, depresión, cansancio, dolor…

No se por qué te escribo. Tal vez un desahogo, pero te leo, y necesito que me digas que pasará pronto.
Vivo en un agotamiento permanente, superada, triste.
No puedo más.
No me conozco, no conozco a esa mujer que piensa: por qué no te callas cuando comienza a llorar por séptima vez en las últimas dos horas.
Que desea que se duerma y liberar los brazos para ocuparlos en nada.
Que piensa en alejarle cuando se engancha a mi pecho dolorido. Que aprieta los dientes y le odia un poco cuando culebrea sobre la cicatriz de mi reciente cesárea. 40 días y aún duele…
Dime que volveré a ser la de antes. Que volveré a sonreír. Que pasará esta lucha cuerpo a cuerpo…
Dime…

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Adiós bebé.

Adiós bebé.

No hace mucho leía a la maravillosa Kitty, del blog Amordebatmani y me emocionaban sus palabras sobre  como crecen a la velocidad del rayo los segundos hijos.
Hoy me siento moñas como dice ella…

Y es que es verdad, crecen más rápido, pasa el tiempo volando y nuestros bebés desaparecen por la puerta, miramos hacia atrás para no perder de vista a nuestros mayores, y cuando de nuevo giras la cabeza, los encuentras crecidos al final del pasillo.

Llevo semanas limpiando armarios, ya no guardo la ropita del tercero.
Vuelan las tallas, y me emociono cada vez que doblo por última vez alguna de las ropitas heredadas de su hermano. Y la memoria me trae la añoranza de recordarles a ambos.

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La maternidad de foto.

La maternidad de foto.

 

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Publiqué esta foto en facebook.
Es el dibujo con rotulador que le hice a mi hija de 4 años recién cumplidos.
Acababa de llegar de trabajar un viernes por la noche, el tiempo justo para acostarlos y compartir media hora juntos.
Me pidió que le hiciese un tatuaje, y aunque lo cierto es que no me apetecía demasiado y hubiese pagado por un refresco tranquilo y unas piernas en alto, se lo hice.
Mi niña quería una mariposa, me salió eso. Los dibujos feos del ensayo en las piernas de mi hijo no los publiqué.
Sólo lo que me pareció bonito…

Unas horas después una amiga me mandaba un mensaje, estoy depre, no se cómo lo haces, yo nunca tengo tiempo para hacer cosas divertidas con mi hija. No me basta una vida. Nunca hacemos manualidades, ni bizcochos, su infancia es aburrida y monótona.
Me siento fatal.

Lo siento, pero me reí. Mucho.
Creo que es un problema de expectativas. De no saber leer entre líneas, de quedarse con la imagen bonita y creernos que la vida es una suma de cientos, miles de esas imágenes. Que la vida no es más que una imagen en Facebook.

La maternidad no cabe en una foto. -    

Hice un dibujo a mi hija, en la cama con rotulador, porque es un recurso fácil.
No, yo tampoco me paso el día haciendo cosas divertidas, corriendo de un lado a otro para llegar a tiempo del trabajo a darles de comer, de comer al cole, del cole a casa, vuelta al cole y vuelta al trabajo.
Y cuando llegan las 9.30 de la noche no me quedan ganas de hacer manualidades, ni de cantar canciones, apenas de hacerles dos cosquillas y meterles en la cama con media charla.

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