La elección

Este relato fue inicialmente publicado en Zoozobra Magazine el 28 noviembre de 2015.

 

Elecciones, la vida se compone de eso, de elegir, caminos, actos, compañías.
Nos acostumbramos a la normalidad de hacerlo, a la libertad de la elección, hasta que esta nos supera, porque no siempre es fácil, elige: Blanco o negro, bueno o malo, carne o pescado.
Pero y cuándo nos dan a elegir entre bueno y bueno?
Entre el blanco y el blanco?
Entre el dolor o el dolor?
Elegir, elegir entre la vida, vidas ajenas, pero las más preciadas, las vidas de tus propios hijos…

Sus ojos. Eso recordaba, sólo eso. Sus ojos.
De color de las almendras, limpios, enormes.
No recuerda las llamas, ni el calor, ni el asfixiante aire que respiraba, sólo sus ojos.
A veces se despierta creyendo que es una pesadilla, entonces recuerda que lo fue, y se esfuerza por respirar por ellos, por los que le quedan.
Aunque varias veces al día imagina dejar de hacerlo.
Dejar de respirar, de sentir, de doler…
Tres hijos, tenía. Hasta aquella maldita noche. Maldita, maldita.
La noche en que el fuego le cambió la vida.
El incendio comenzó en el cuarto de Didiane, puerta con puerta a su dormitorio, Edmé compartía habitación con Julien, el grande en su cama, Julien aún en la cuna, al otro lado del pasillo.
Aquella noche Bernat , su marido, tenía guardia en el hospital, se había ido justo después de cenar dejándoles acostados a todos, Julien solía despertarse al rato, con hambre, y se lo llevaba a la cama para darle de mamar y ya se quedaba allí, pero aquella noche no, habría sido distinto? De haber estado en la cama, hubiera cambiado algo?
Respira, rememorarlo le corta el aire. Todos los días se ahoga, de a poco.
Didiane con 7 años, la mayor, Edmé de 4 y Julien 9 meses. Sus tres tesoros.
Era un fatídico diciembre, raro, de días encapotados y aires cálidos.
Aún no había comenzado el frío de verdad, hasta aquella noche, una leve llovizna cargaba de humedad el ambiente.
No recuerda la hora, solo los gemidos de Didiane, ese extraño olor en el ambiente, molesto, punzante que no consiguió entender y un leve resplandor, abrió los ojos y al sentir la claridad pensó que la niña se había dejado la luz encendida, la llamó, aún sin querer salir del acogedor calor de la cama.
Entonces vio el fogonazo y sintió como un soplido en la cara, Didi, Didi, Didi!! En tres zancadas estaba en la puerta de su habitación, no entendía nada, la imagen era tan incongruente, que no pudo asimilarla hasta pasados unos segundos.
Se quedó allí, inmóvil, grabando la escena como en una película antigua. A cámara lenta.
Las llamas lamían las cortinas, el edredón comenzaba a prenderse por los pies de la cama y Didi, dormida, intranquila pero dormida, gimiendo entre sueños.
Hasta que los jirones de las cortinas cayeron sobre ella, como mariposas, se desprendieron de la barra, etéreas hadas incendiarias. Siguió allí paralizada, segundos que parecieron horas, a cámara lenta las lenguas de fuego acariciando el edredón, las manos, el pijama de su hija, su cara, su pelo…
El grito de la niña la sacó del sueño. Por fin su cuerpo respondió. Corrió a destaparla y protegerla.
Al levantar el edredón fue como si alimentara las llamas, el pijama había prendido, la cabeza, a manotazos y con un cojín intentaba apagar a la niña, mientras esta gritaba horrorizada, en segundos su pelo había desaparecido, y las pestañas, las cejas, en mitad del caos, fue eso lo que vio, su rostro, detallado al milímetro.
No sabe como cerró la puerta con Didi en brazos gritando y llorando y la llevó a su cama, tal vez si hubiese reaccionado, si hubiese corrido desde ese momento…
Apenas atinó a marcar el teléfono de emergencias, hoy se para a pensarlo, recuerda hablar a voces con la operadora del 112, explicar que había un incendio en la casa, que su hija había sufrido quemaduras graves en la cabeza y rostro.
Recuerda como pensó al repetir su dirección que si no les aparecía al servicio de emergencia su número, y a la operadora, salga de casa con la niña, se encuentra alguien más allí?
Entonces como un mazazo, fue consciente.
La cogió en brazos mientras seguía llorando, y se dirigió al cuarto de los niños, al pasar justo delante de la puerta pudo sentir la violenta presión de las llamas al otro lado y el calor, que impregnaba todo. Estaba sudando.
Cuando entró en la habitación a despertar a los otros, el ruido de cristales rotos, seguido por una violenta deflagración .
Después se enteraría que al romperse la ventana el aire había alimentado el fuego.
Sintió como la embestía, cayó al suelo con la niña, intentando protegerla con su cuerpo. Pudo ver las llamas en el pasillo y el humo, que entraba a oleadas detrás suyo.
Edmé se había despertado con el estruendo y gritaba aterrorizado agarrando su almohada. Julien no, hacía pocas semanas que había aprendido a ponerse en pie en la cuna, y allí estaba con sus ojos enormes, entre asombrados y divertidos, pero sin atisbo de temor.
Didí en postura fetal, como un pequeño ovillo lloraba con grandes espasmos.
Ed, ed, tranquilo, intentó abrazarle pero solo atinó a esquivar una patada. La siguiente le golpeó de lleno en la nariz, pese a sus 4 años, sintió el golpe como el puñetazo de un púgil entrenado, y el dolor, la oscuridad momentánea, el calor de la sangre rompiendo nariz abajo como un río.
Ed, ed, tenemos que irnos- como pudo, casi violentamente consiguió cogerle. Mientras seguía gritando.
Didi no se había movido del suelo, vamos Didi, vamos, arriba.
No respondía, y se dio cuenta que estaba casi ida, no movería un musculo. Intentó cogerla con una sola mano, pero no pudo.
Ed, ed, necesito que ayudes a mama cariño, necesito que te agarres a mi espalda, vale? Tu eres muy valiente lo harás por mi? Pareció calarle y asintió. Vamos campeón, tu puedes a la espalda de mama.
El humo era asfixiante, y apenas ya se veía a un metro, subió a su espada al pequeño y cogió en brazos a Didi, como pudo, no sabía si lograría bajar las escaleras con los tres.
Julien.
Julien.
Dios mío, no podre con los tres. Ed, puedes andar? Como respuesta, sintió una repentina presión en el cuello que le dejo sin respiración, mientras su piernas se aferraban en un abrazo de supervivencia contra las costillas de su madre. Para! Para! Tranquilo, tranquilo, me ahogas.
No había tiempo, ya no, el pasillo era un infierno.
Julien seguía de pie, sus ojos, limpios, enormes, en aquel momento el mundo se paró, lo reviviría una y otra vez, esa era su condena, revivirlo, la miró y sonrió. Mamá.
Nunca había dicho mamá, solo Papá, y una especie de da, da, da.
Entonces lo supo, no tenía que elegir, el ya había elegido.
Mamá repitió. Y volvió a sonreír, para sentarse en la cuna sin más. Tranquilamente, sin miedo, como sabiendo.
Sus ojos profundos, tranquilos. Te quiero vida mía, le dijo, te quiero. Lo siento amor, lo siento.
Y con Didi en brazos, laxa y Ed aferrado a su espalda salió al pasillo. Las llamas bailaban pintando las paredes, los cuadros, fotos familiares ennegrecidas, una de ellas estalló a su paso, la escalera estaba justo delante, llegaría a ella antes que las llamas.
Bajó los peldaños de tres en tres, la puerta:- Dios mío, que no esté la llave echada.- Bernat como era de esperar sólo había cerrado con un empujón, cuántas veces le reñía, por no cerrar con llave, en ese momento pensó: Gracias, mientras haciendo malabares abria con el codo la manilla y entornaba la puerta con el pie.
El aire frío abofeteó su rostro.
Un escalón, dos, vecinos enfrente, una sirena a lo lejos, serian los bomberos? La ambulancia? Un metro mas y estaréis a salvo, un coche de policía paró justo delante del jardín, y uno de los agentes corriendo salió del coche, está bien? Le quitó a Didi de los brazos, llama a la ambulancia, quemaduras graves! Gritó a su compañero mientras la posaba con cuidado en la acera, acto seguido intento coger a Ed de la espalda, este se agarró al pelo de su madre, provocando un grito de dolor, mientras gritaba no, no, no.
Entre sus dedos, varios mechones de pelo. Cuando dejo de sentir el peso sobre la espalda dio media vuelta y corrió hacia la puerta.
-Quieta, pare! El policía gritaba. Un coche de bomberos, una pequeña furgoneta acababa de parar justo detrás, un bombero ágil, en apenas zancadas la alcanzó en el último escalón de la puerta.
-Quieta!
-Mi bebe, mi bebe esta dentro! – Gemía. Un gran estruendo, la escalera era la entrada al infierno. Ruido, sirenas, mientras el calor del abrazo que la mantenía quieta le devolvía la sensibilidad de los brazos, perdida por el frío.
Todo lo de después es una bruma.
Un hombre hablando por radio, hay un bebe dentro. Más sirenas, un depósito, mangueras.
Una voz dulce, entra en la ambulancia, nos vamos al hospital. No,no, Julien, Julien.
Un bombero, tocándole el hombro, lo siento, lo hemos encontrado, no lo ha logrado.
No pudo llorar, se quedo allí sentada en la puerta de la ambulancia, con la imagen grabada en la retina, y ese Mamá clavado en el corazón por siempre.
Vamos, otra vez la voz suave, vamos, tu marido esta esperándoos, aquí ya no hacemos nada.
Un viaje eterno en ambulancia con la sirena taladrando su cerebro.

La autopsia confirmó que el pequeño había muerto por inhalación de humo.
No ha sufrido le dijo el doctor, estaba dormido, no sufrió, no se enteró.
No se atrevió a contarlo. No habló con nadie.
Pero sus ojos se quedarían para siempre grabados.
Su voz, dulce, nueva.
Mamá. Te quiero vida mía, te quiero. Lo siento amor, lo siento.

Acostumbra a hablarle en silencio, cada vez que se queda sola, que es cuando ve sus ojos, y su sonrisa.
Ha recreado un millón de veces aquella noche, si no hubiese perdido tiempo, si no hubiese vuelto a su habitación, si…
Una forma como cualquier otra de torturarse, pero no puede evitarlo. No puede.
No puede olvidar, imposible, cada vez que mira a Ed, ve a Julien, cada vez que ve a Didi, y sus cicatrices…
Cualquier cosa se lo recuerda, un niño con sus ojos, otro con su edad, una mirada furtiva en la calle le hace sentir juzgada, piensa: Lo sabrá? Qué tontería. Y como un criminal continúa caminando, con miedo.
Hay días que se siente culpable, la mayoría, piensa en lo injusto de la vida…
Cree en el fondo que hizo la elección más egoísta, dejar allí al único que no gritaría por siempre en su conciencia…
El único que no suplicaría que le salvase.
Otros días sabe que hizo lo único que podía hacer, salvarlos. Que no había mas opciones, perderle o morir todos.
Pero por qué elegirle a el?

Le amaba, tanto o más que a los otros, aún le ama… Lo hará siempre.

Se mudaron, no pudo concebir volver a aquella casa, a lo que quedó de ella. No pudo recoger sus cosas, no se sintió capaz, y decidieron comenzar de cero.
Tarea imposible, el cero tiene forma de ojo, como los ojos de Julien…
Y el sol que les despierta por las mañanas le trae su sonrisa a la memoria.
Y cuando escucha jugar a sus hijos le ve, observándolos y riendo…
Y cuando respira le siente, y cuando deja de hacerlo, también…

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Segunda oportunidad.

infierno

Una oportunidad. La última pidió el ladrón.
Aquel que había robado las arcas. El que había traicionado la confianza.
Fui ajusticiado, pagué mis errores. Merezco comenzar de nuevo, dijo.
Y se la dieron, le admitieron de nuevo en la ciudad, pero quería mas.
Quería las llaves del banco y nadie confiaba en el.

Una oportunidad, la última, pidió el marido. Aquel que la había maltratado durante años y exigió perdón.
Cambié decía. Pagué lo que la justicia me impuso, y fui separado de los míos, y perdí el amor. Cuánto mas he de pagar?
Y ella le perdonó, la vez mil, aunque no confiaba y no quiso volver a su lado, mejor de lejos…
Y la miraron mal, porque no es de sabios guardar rencor, y fue acusada de injusta…

Una segunda oportunidad pidió el pedófilo, rehabilitado y arrepentido.
La sociedad debe perdonar mis errores, porque ya he pagado por ellos.
Y he cumplido la peor de las condenas, y he aprendido, y donado mi vida para restaurar los daños.
Y la sociedad perdonó, pero nadie quería poner a sus hijos al alcance de sus manos.

Una oportunidad, la ultima, pidió el padre que había descargado cien veces su ira sobre su hijo.
Arrepentido pedia perdón, era joven y necio, pero la vida me ha enseñado, he madurado y he pagado por mis errores, pero el hijo no confiaba, y aunque perdonado, no pudo volver a sentirse seguro con el cerca y se alejó.
Y le culparon, porque un buen hijo no abandona a su padre…

Una oportunidad, la última, la definitiva, pidió el terrorista.
Cometí errores, vendí mi vida, lo hice mal.
Quiero empezar de cero ahora que he aprendido de mis errores, dijo tras veinte años de cárcel.

Y todos se arrepintieron, y todos pidieron perdón, y una segunda oportunidad, la última gritaban, la merecida, porque todos erramos y merecemos borrar y comenzar de nuevo…

Y el juez le dio las llaves del banco al que fue ladrón.
Y el policía le devolvió el coche al que infringió las normas.
Y la esposa le abrió la puerta al que fue su marido y agresor.
Y el cocinero le dio de nuevo la sal al que estropeó la sopa.
Y el pedófilo pudo pasear de nuevo por el parque.
Y el cristalero el diamante para cortar al que había rajado el vidrio.
Y el maestro devolvió el rotulador al que emborronó el libro.
Y el bibliotecario prestó libros al que rompió las hojas.
Y al terrorista le dejaron en libertad.

Pero la mujer que no quería volver con el marido aunque le había perdonado y había sanado las heridas, vio que sus marcas eran líneas apenas perceptibles, pero a su lado sus cicatrices latían, porque por dentro seguían blandas, húmedas.
Y cerca de el, un mar de pus las abriría por mil nuevas heridas.

Una segunda oportunidad pidió el terrorista, y tras cumplir su condena salió a la calle, y le perdonaron.
Pero nadie esperó que compartiese mesa con los hijos de sus víctimas…

El perdón es tan íntimo, a veces clarificador, a veces doloroso, pero único.
Perdonar no es borrar y comenzar de cero, perdonar es solo aprender a vivir conociendo los daños, aprendiendo a compartir el mundo con quien infringió la herida.
Aprender que hay heridas que supuraran siempre que se acerquen al verdugo, aunque estén cicatrizadas.
Porque perdonar, no es eliminar el miedo, el miedo a que se repita.

Miedo.
De que el ladrón vuelva a robar las arcas.
De que el violador abuse de otra víctima.
De que el maltratador al fin mate a su mujer.
De que el pedófilo le robe la inocencia a otro niño.
De que el terrorista mate de nuevo…

De que el infierno vuelva…

 

 

 

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Yo sigo publicando fotos de mis hijos en redes

 

Sí, pese a los fatalistas consejos de la unidad de investigación tecnológica de la policía nacional, sigo publicando fotos de mis hijos.

Como la gran mayoría…

Ya os dí la murga en otro post hace un tiempo: Yo sí publico fotos de mis hijos
Hoy he leído por casualidad ese mensaje en redes sociales de una unidad policial y como poco me parece aberrante, ahora os daré mis motivos.
Este es el texto literal que publicaron:

QUÉ MONAS LAS FOTOS DE TU NIÑO EN FACEBOOK. ¿HAS PENSADO LO QUE LE PARECERÁN A ÉL DENTRO DE 5 O 10 AÑOS?

Nuestros compañeros alemanes han lanzado una campaña para concienciar a los padres de que no cuelguen fotos de sus hijos en Internet, aunque nos parezcan muy “cuquis” ahora que son chiquitines.

¿Hemos pensado en el mañana? ¿Sabéis que estáis dando mucho material a los matoncillos para convertir a vuestro vástago en una víctima de acoso escolar? Peor aún, los pedófilos pueden robar la foto y utilizarla para sus abyectos deseos o para hacerse pasar por ellos y engañar así a más niños.

(Luego llegará la adolescencia y serán los progenitores los que tengan que perseguir al púber para que no se haga demasiadas fotos, pero los problemas de uno en uno)

Reflexionemos antes de colgar nada en la red.

Yo digo NO.
YO GRITO NO.

Me avergüenza profundamente que la policía(Pese a su evidente buena intención), los mismos que a diario admiro por su entrega, protección y seguridad, cuelguen algo así.

En primer lugar: Qué le parecerán a mis hijos las fotos que pongo suyas, a ver, que clase de fotos encontrais vosotros en la red? Porque yo, habitualmente veo fotos preciosas de niños maravillosos, nada que les pueda avergonzar, dañar, humillar…
No subo fotos de niños sujetando cabezas cortadas de cristianos. Oiga!
Cuento además, con que les estoy educando y el día de mañana verán lo que veo yo, preciosas fotos de su infancia, un recuerdo vivo de una época feliz, inolvidable.

Sabéis que estáis dando mucho material a los matoncillos para convertir a vuestro vástago en una víctima de acoso escolar?
En serio? Lo he tenido que leer dos veces y me ha revuelto el estómago.
El acoso escolar o bullying es algo muy serio, no son “Matoncillos”, son innombrables que perjudican, dañan, provocan suicidios, ese “illos” me enferma porque quita importancia a algo muy serio, culpabilizándonos además.
Con esa dinámica de no subir fotos por si acaso un impresentable la utiliza para joder a mis hijos también habrá que recomendar no llevar gafas al instituto, ni aparatos en los dientes, pelirrojos: teñíos, para evitar que os acosen, porque claro, si lo hacen la culpa será de sus indecentes padres, por subir su foto de bebé al Facebook.
Tengo la sensación de que un policía está echando una soberana bronca a los padres por compartir esas preciosas fotos de bebés y sin embargo consiente y quita importancia a unos hechos que le pueden costar la vida a un chaval.

Ahora me siento muchísimo más segura! En lugar de perseguir y dejar claro que lo haréis a quienes claramente actúen mal, y desde las redes educar  a los posibles acosadores, es mejor amedrentar y culpabilizar a las víctimas, por darles motivos, porque dónde va a parar! Vaya motivo les damos, una foto de cuando era pequeño! Normal que le acosen! Esos patucos indecentes!

Continúo, parece mentira lo que dan de si unas frases.
Los pedófilos pueden robar tus fotos.
Sí, y hacérselas en la puerta del cole, y el vigilante de las cámaras del hospital puede ser un pedófilo y sacar copias de las pantallas.
Y si gastamos mas energías en perseguirlos? Porque esa frase está a la altura de : Los violadores buscan chicas en minifalda…

Ya lo dije una vez, lo repito.

Lo se, el mundo está lleno de enfermos, y puede que alguno escoja la foto de uno de los míos para vaya usted a saber que.
No me importa.
En realidad si me importa, me molesta, me irrita, me enferma, pero no puedo permitirme que el comportamiento enfermo y nauseabundo de algunos coaccione, intimide y esconda mi felicidad, mi vida, mi yo.
Me niego a tener un burka en las redes por miedo a quienes las usan infectándolas y corrompiéndolas.
Me niego a que el miedo a encontrármelos me robe claridad.
Me niego a talibanizar mi espacio.
No, no voy a publicar fotos sensibles, con desnudos(Aunque el desnudo infantil me parezca tan blanco y limpio) no porque lo considere inapropiado, sino porque sencillamente no hago fotos a mis hijos desnudos, tal vez tenga cierto pudor.
Tampoco publicaré fotos donde pueda avistarse fácilmente la localización, por prudencia.
Pero no voy a esconder a mis hijos.

Pero aún hay más:
Los pedófilos pueden robar la foto y utilizarla para sus abyectos deseos o para hacerse pasar por ellos y engañar así a más niños

Padres del mundo, la culpa de que un enfermo hijo de puta engañe a un niño por la red e incluso llegue a secuestrarlo para podemos imaginar lo peor, es de la foto que colguéis en Facebook.
Una vez mas es nuestra culpa!
VOMITIVO! Que sigan culpabilizándonos, utilizando ejemplos fatalistas y aterradores.
No señor Policía, si semejante enfermo, cabrón, sinvergüenza… Hace eso, no será culpa del que subió esa foto, y espero que mientras tanto usted esté haciendo una gran labor, la de encontrarle.
Porque si alguien tiene esa idea, no va a parar porque no tenga las fotos de nuestros hijos, las buscará de anuncios, de periódicos, revistas, las hará a la puerta de un colegio o en la misa de domingo.
Y espero, de corazón que usted esté cerca.

En lugar de estos mensajes derrotistas, que mediante el desánimo y el miedo, intentan avisarnos, por qué no gastan sus energías y recursos en educar a la población para denunciar cualquier acto sospechoso?
Por qué es mas fácil hacer sentir culpables a los inocentes por actos chorras como subir una foto, que perseguir a los malos?
Por qué en este país una denuncia por un delito en internet(Como el enaltecimiento de la violencia de género) no sirve de nada?
Por experiencia, no merece ni vuestra contestación cuando se realiza la denuncia desde vuestra web.

Me niego, me sigo negando.
No, no falto el respeto a mis hijos, no pongo en peligro su integridad física, y no, no quiero educarles en el miedo.
Exijo vivir en un país donde pueda ser libre y actuar sin miedo.
Donde la policía se preocupe de protegernos y no de asustarnos.
Donde no tenga miedo a publicar una foto inocente.

Y alguno(Muchos) preguntaréis, y por qué ese interés en seguir publicando?

Porque qué será lo siguiente?
Escondernos?
No pisar el parque?
Tener miedo a dejarles en el colegio?
Taparlos? Vivir con un burka familiar?

Yo publico fotos de mis hijos.
Y cuando crezcan sabrán que viven en un mundo que gracias a las redes está a un click de distancia.
Y los estoy educando para que se amen y respeten y hagan lo propio con el resto.
Sin miedo, en libertad.
Porque las buenas personas no debieran vivir con miedos, el miedo, para los malos…

Y tu? Publicas? Comparte! Qué se nos oiga!

 

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