Yo sigo publicando fotos de mis hijos en redes

 

Sí, pese a los fatalistas consejos de la unidad de investigación tecnológica de la policía nacional, sigo publicando fotos de mis hijos.

Como la gran mayoría…

Ya os dí la murga en otro post hace un tiempo: Yo sí publico fotos de mis hijos
Hoy he leído por casualidad ese mensaje en redes sociales de una unidad policial y como poco me parece aberrante, ahora os daré mis motivos.
Este es el texto literal que publicaron:

QUÉ MONAS LAS FOTOS DE TU NIÑO EN FACEBOOK. ¿HAS PENSADO LO QUE LE PARECERÁN A ÉL DENTRO DE 5 O 10 AÑOS?

Nuestros compañeros alemanes han lanzado una campaña para concienciar a los padres de que no cuelguen fotos de sus hijos en Internet, aunque nos parezcan muy “cuquis” ahora que son chiquitines.

¿Hemos pensado en el mañana? ¿Sabéis que estáis dando mucho material a los matoncillos para convertir a vuestro vástago en una víctima de acoso escolar? Peor aún, los pedófilos pueden robar la foto y utilizarla para sus abyectos deseos o para hacerse pasar por ellos y engañar así a más niños.

(Luego llegará la adolescencia y serán los progenitores los que tengan que perseguir al púber para que no se haga demasiadas fotos, pero los problemas de uno en uno)

Reflexionemos antes de colgar nada en la red.

Yo digo NO.
YO GRITO NO.

Me avergüenza profundamente que la policía(Pese a su evidente buena intención), los mismos que a diario admiro por su entrega, protección y seguridad, cuelguen algo así.

En primer lugar: Qué le parecerán a mis hijos las fotos que pongo suyas, a ver, que clase de fotos encontrais vosotros en la red? Porque yo, habitualmente veo fotos preciosas de niños maravillosos, nada que les pueda avergonzar, dañar, humillar…
No subo fotos de niños sujetando cabezas cortadas de cristianos. Oiga!
Cuento además, con que les estoy educando y el día de mañana verán lo que veo yo, preciosas fotos de su infancia, un recuerdo vivo de una época feliz, inolvidable.

Sabéis que estáis dando mucho material a los matoncillos para convertir a vuestro vástago en una víctima de acoso escolar?
En serio? Lo he tenido que leer dos veces y me ha revuelto el estómago.
El acoso escolar o bullying es algo muy serio, no son “Matoncillos”, son innombrables que perjudican, dañan, provocan suicidios, ese “illos” me enferma porque quita importancia a algo muy serio, culpabilizándonos además.
Con esa dinámica de no subir fotos por si acaso un impresentable la utiliza para joder a mis hijos también habrá que recomendar no llevar gafas al instituto, ni aparatos en los dientes, pelirrojos: teñíos, para evitar que os acosen, porque claro, si lo hacen la culpa será de sus indecentes padres, por subir su foto de bebé al Facebook.
Tengo la sensación de que un policía está echando una soberana bronca a los padres por compartir esas preciosas fotos de bebés y sin embargo consiente y quita importancia a unos hechos que le pueden costar la vida a un chaval.

Ahora me siento muchísimo más segura! En lugar de perseguir y dejar claro que lo haréis a quienes claramente actúen mal, y desde las redes educar  a los posibles acosadores, es mejor amedrentar y culpabilizar a las víctimas, por darles motivos, porque dónde va a parar! Vaya motivo les damos, una foto de cuando era pequeño! Normal que le acosen! Esos patucos indecentes!

Continúo, parece mentira lo que dan de si unas frases.
Los pedófilos pueden robar tus fotos.
Sí, y hacérselas en la puerta del cole, y el vigilante de las cámaras del hospital puede ser un pedófilo y sacar copias de las pantallas.
Y si gastamos mas energías en perseguirlos? Porque esa frase está a la altura de : Los violadores buscan chicas en minifalda…

Ya lo dije una vez, lo repito.

Lo se, el mundo está lleno de enfermos, y puede que alguno escoja la foto de uno de los míos para vaya usted a saber que.
No me importa.
En realidad si me importa, me molesta, me irrita, me enferma, pero no puedo permitirme que el comportamiento enfermo y nauseabundo de algunos coaccione, intimide y esconda mi felicidad, mi vida, mi yo.
Me niego a tener un burka en las redes por miedo a quienes las usan infectándolas y corrompiéndolas.
Me niego a que el miedo a encontrármelos me robe claridad.
Me niego a talibanizar mi espacio.
No, no voy a publicar fotos sensibles, con desnudos(Aunque el desnudo infantil me parezca tan blanco y limpio) no porque lo considere inapropiado, sino porque sencillamente no hago fotos a mis hijos desnudos, tal vez tenga cierto pudor.
Tampoco publicaré fotos donde pueda avistarse fácilmente la localización, por prudencia.
Pero no voy a esconder a mis hijos.

Pero aún hay más:
Los pedófilos pueden robar la foto y utilizarla para sus abyectos deseos o para hacerse pasar por ellos y engañar así a más niños

Padres del mundo, la culpa de que un enfermo hijo de puta engañe a un niño por la red e incluso llegue a secuestrarlo para podemos imaginar lo peor, es de la foto que colguéis en Facebook.
Una vez mas es nuestra culpa!
VOMITIVO! Que sigan culpabilizándonos, utilizando ejemplos fatalistas y aterradores.
No señor Policía, si semejante enfermo, cabrón, sinvergüenza… Hace eso, no será culpa del que subió esa foto, y espero que mientras tanto usted esté haciendo una gran labor, la de encontrarle.
Porque si alguien tiene esa idea, no va a parar porque no tenga las fotos de nuestros hijos, las buscará de anuncios, de periódicos, revistas, las hará a la puerta de un colegio o en la misa de domingo.
Y espero, de corazón que usted esté cerca.

En lugar de estos mensajes derrotistas, que mediante el desánimo y el miedo, intentan avisarnos, por qué no gastan sus energías y recursos en educar a la población para denunciar cualquier acto sospechoso?
Por qué es mas fácil hacer sentir culpables a los inocentes por actos chorras como subir una foto, que perseguir a los malos?
Por qué en este país una denuncia por un delito en internet(Como el enaltecimiento de la violencia de género) no sirve de nada?
Por experiencia, no merece ni vuestra contestación cuando se realiza la denuncia desde vuestra web.

Me niego, me sigo negando.
No, no falto el respeto a mis hijos, no pongo en peligro su integridad física, y no, no quiero educarles en el miedo.
Exijo vivir en un país donde pueda ser libre y actuar sin miedo.
Donde la policía se preocupe de protegernos y no de asustarnos.
Donde no tenga miedo a publicar una foto inocente.

Y alguno(Muchos) preguntaréis, y por qué ese interés en seguir publicando?

Porque qué será lo siguiente?
Escondernos?
No pisar el parque?
Tener miedo a dejarles en el colegio?
Taparlos? Vivir con un burka familiar?

Yo publico fotos de mis hijos.
Y cuando crezcan sabrán que viven en un mundo que gracias a las redes está a un click de distancia.
Y los estoy educando para que se amen y respeten y hagan lo propio con el resto.
Sin miedo, en libertad.
Porque las buenas personas no debieran vivir con miedos, el miedo, para los malos…

Y tu? Publicas? Comparte! Qué se nos oiga!

 

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Miedo. Un niño perdido

Miedo.

Miedo a qué? No lo se.
Irracional tal vez, pero miedo, colectivo, tangible. Miedo

La Tarasca. No recuerdo como se de su existencia, probablemente solo sea un cuento de viejos, escuchado a la vera del fuego.
La tarasca es un monstruo feo, que se lleva a los niños que se alejan, a los niños malos y a los niños buenos.
Dame la mano no te separes de mi, que viene la Tarasca…
No te alejes del fuego, no te marches a lo oscuro, que viene la Tarasca…

Apenas cinco minutos, marcados a fuego.
Empezaré por el final.
Princesa apareció entre lágrimas e hipos, espantada, encendida y asustada.

Una carrera de niño que no mira atrás, de niño que se cree con alas.
Y que volando, pierde de vista en la lejanía su hogar y se descubre incapaz de saber donde esta el horizonte…
El miedo le habrá enseñado a no volver a jugar lejos, a no esconderse.
A mi el miedo me dio mas miedo.
Me hizo consciente de su fragilidad… Y de la mía.
Y ahora con mi hasta hace poco bebe hoy niña en brazos, mientras huelo su pelo, y acaricio sus manos lo pienso.
Miedo a qué?
Dónde vivimos que nos hace pensar en lo peor cuando un niño se pierde de vista?
Miedo a no volver a oler ese dulce perfume de bebé.
A no volver a besar sus manitas regordetas y suaves.
A imaginar siquiera que unas manos malvadas osen tocarte o dañarte…
Miedo a no volver a ver esa sonrisa.
Miedo a no poder perderme de nuevo en tus ojos.

Qué clase de sociedad tenemos en la que caben enfermos capaces de hacer daño a un niño?
Qué clase de sociedad capaz de grabar en nuestro colectivo ese dolor, ese terror.
Una que se alimenta y convive con ellos y de ellos.
El que nos hace creer que alguien puede cometer monstruosidades a un niño.

Fueron cinco minutos. Y se paró el mundo.
Fue un visto y no visto, desapareció sin más, en un recinto cerrado, pero grande, con apenas afluencia en ese momento.
Princeso dio la señal de alarma, estaba aquí mamá, jugando, pero no la veo.
Fueron cinco minutos, pero los mas largos de mi vida.
Respira hondo, de la mano mi Princeso grande, en los brazos mi Princesito.
Princesa dónde estás? Todo el mundo alerta, registrando palmo a palmo, los organizadores del evento temiendo, buscando al encargado de megafonía, todos nerviosos, los susurros:
-Se ha perdido la pequeña.
-Esa tan bonita- Miedo.
Una niña de dos años.
Perdida.

La cabeza me da vueltas.
Leo en los ojos de todos.
Gente que sólo nos ha visto de pasada nos ayuda a buscarla, hay silencio entre los gritos llamándola, se corta el silencio.
Cómo se llama? Yo la vi pasar…
No vi a nadie extraño habéis observado a alguien desconocido?
Yo grito: Princesa!
Mis pulmones también gritan por la falta de aire.
Y mi corazón se ha parado incapaz de bombear.
Todo esta oscuro, el mundo, el sol, Princesa, Princesa, mi Princesa.
No me permito llorar, que no se asusten los otros dos.
Las caras de la gente mientras preguntan a mi paso:
-Ya ha aparecido?-Temor.
Cinco minutos, pero que largos!

Nadie fue capaz de decir en voz alta, tranquilos, estará jugando, es una niña.
A la voz de alarma, todos pensaron en lo peor, en el imaginario colectivo monstruos de dientes largos y uñas afiladas acechan el mundo y se llevan a las niñas bonitas lejos de sus madres.
Ese imaginario que se alimenta de las noticias en los periódicos, de las desapariciones, del miedo.
Porque este mundo también esta habitado por ellos, los que se agazapan en las alcantarillas esperando a su presa, los que se esconden a veces en la cercanía y la confianza para posar sus sucias garras sobre los niños.
Esos que llenan las cárceles por delitos tan horribles que una eternidad sería corta condena.
Esos para los que debió crearse el infierno, capaces de dañar a un niño.
El miedo esta grabado a fuego en todos nosotros, y a fuego se desprende y arde cuando los pierdes de vista.
Y a fuego rompen el alma de esas madres que gritan y reclaman desde las noticias.
Y a fuego te acompañan sus nombres durante esos cinco minutos, buscándola. Los nombres de todas las niñas que se perdieron en el bosque, aquellas a las que se comió el lobo-
Es entonces cuando quisieras que el mundo fuese menos mundo, y pudieses contenerlos para siempre dentro de una botella de cristal, donde mantener pura su inocencia, donde salvaguardar su ingenuidad, donde protegerlos eternamente.

Dame la mano Princesa, perderte de vista me ahoga, saberte frágil me asfixia, y hoy asustada y temerosa clamo un mundo mas puro y candoroso para ti.
Hoy todas las guerras son pocas por salvarte, y todos los precipicios bajos para saltarlos al vacío con tal de encontrarte.
Hoy una vez más la maternidad me golpea enseñándome que no hay mayor dolor que el amor, porque perderte, sería matarme, e imaginarte herida me daña y acongoja, me resta aire y me apaga la luz.
Yo no quiero un mundo así para vosotros.
Yo no quiero un mundo donde alimentaros de miedo.
Hoy quiero parar el orbe y echarme a navegar en un barco por el universo, huyendo de monstruos y tarascas, donde vosotros escondidos dentro, podáis crecer sin miedo.
Creced, creced rápido hasta poder entender el significado de las nanas y aprended a esconderos de los cocos.

Duérmete niña. duérmete ya…
Que viene el coco y te comerá…
Márchate coco de este lugar…

Tarasca de Dungeons and Dragons 4a Edicion
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Aire. Parálisis infantil .

Aire. Eso que ocupa el mundo.
Aire, lo que habita entre tu y yo.

Esta historia comienza hace unos meses
Recibí el correo de una mujer que me leía de vez en cuando.
No se por qué creyó que podría escucharla y la entendería. Y yo se lo agradecí infinito, que abriese su corazón creyendo que podría ayudarla.
Este va a ser un relato muy duro, el que nunca hubiese querido escribir, pero existe, es real, y ella necesita explicarle al mundo como se siente, que pasa por su cabeza, como su mundo se volvió patas arriba.
Es una mujer. Es la mamá de Aire.

Su embarazo llegó después de años intentando sin éxito ser madre, un peregrinaje por especialistas y hospitales.
Después de 3 inseminaciones y 4Fiv (in vitro) en los últimos 12 años.
3 abortos, dos de ellos en el primer trimestre, el último de 21 semanas.

…Con 42 años ya no quedaba esperanza, era la última oportunidad, tras años de desgaste psicológico, matrimonial, económico…
La betaespera tras la transferencia la pasé en reposo relativo, tranquila.
Había perdido la esperanza.
Simplemente pensando que me haría bien el descanso tras la tanda de inyecciones.

Se me olvidó el mundo. Y fui a la beta parando primero a comprar una botella de champaña, habíamos decidido que sería el último intento, y pensaba celebrar nuestro triunfo, el triunfo de admitir la derrota.
La habíamos admitido. Al fin.
Sabíamos que no sería posible, que nunca seríamos padres, y tras años sufriendo, al fin lo había interiorizado. Tras tanto dolor tanto sufrimiento.
Iba tranquila y sonriente, hasta que me dieron el resultado.
El positivo.
Positivo.
Positivo!!!!!!!
No podía reír, ni llorar, ni hablar casi. Salí de la clínica entre palmaditas y felicitaciones.
Dejé el coche aparcado y me fui caminando. Mientras asimilaba la noticia.
En ese momento me di cuanta de que no estaba preparada, ahora no, tras tantos noes, un sí inesperado, sorpresivo, terrorífico.
Había empleado todo mi capital, mis fuerzas, mi espacio, mi energía en ser madre, y sin embargo el positivo me supo a nada.
En ese momento sentí que había engañado a mi naturaleza, haciéndole creer que era fértil, y fuerte, hipotequé mi cuerpo tras un sueño, en aquel preciso instante pensé que me equivocaba, no se por qué, pero me hundí, y rompí en un mar de lágrimas…

Todos se alegraron, aunque pensaban que ya éramos mayores, algunos lo dijeron abiertamente, os faltarán energías, seréis abuelos en lugar de padres.
El embarazo fue extraño, mientras alrededor mío todo eran lazos y globos de colores, me sentía desconectada de mi misma.
Mensualmente veíamos en las ecografías como iba creciendo. Pasamos por varios sustos, el pliegue nucal parecía ancho, las medidas se desproporcionaron un par de veces, se dispararon mis niveles de azúcar.
Pero todo marchaba.
Aparentemente.
Me practicaron una cesárea, porque era muy difícil controlar mis niveles de azúcar.
Aire nació con una luxación de cadera.
Allí comenzó la pesadilla.
Supe que algo iba mal cuando lo acercaron a mi cara, se lo llevaron mientras me calmaban y me cerraban el vientre.
Mi marido se fue con el.
Volvió antes de que me subieran a la habitación, aún en la zona postoperatoria.
Tantos años juntos, muchas veces nos sobran las palabras.
Sus ojos me lo dijeron todo
Qué ocurre, está bien?
Hipotonía. Luxación de cadera.
Qué es eso? No tiene fuerza, no saben por qué.
Mi bebé era un muñeco de trapo.
Intentamos una lactancia imposible, no succionaba, y a las pocas horas se dieron cuenta de que tampoco tragaba.
No habían pasado doce horas desde su nacimiento y ya le alimentaron con una sonda.
Devastador el diagnóstico, dudaban entre encefalopatía severa o PCI parálisis cerebral infantil.
Estaba desconectado.
En el hospital fueron muy comprensivos, dulces, comprometidos.
Todo el mundo se puso en nuestro lugar, sentían lástima y dolor.
No nos dieron muchas esperanzas.
Salimos de allí dos semanas después. Sabiendo que el futuro, si lo había sería duro.

Aprendimos a alimentarle, a vigilar su intestino, que debido a la falta de tono muscular no trabajaba adecuadamente.
Controlábamos sus respiración, esperando que en cualquier momento ocurriese algo, estábamos preparándonos para lo peor.
Nadie nos dio esperanza.
Ni tratamiento.
Supongo que esperaban que no durase mucho.

 

Hace un año.
Aire tiene un año ya.
Un año de un bebé sin alma.
Sólo un cuerpo, con un corazón fuerte.
Un cerebro perdido entre tinieblas. Desconectado.

Asimilarlo no me permitió llorar, acostumbrarme a la rutina tampoco.
Volvíamos al hospital un día a la semana.
Aún vamos. Seis meses después aproximadamente nos pusieron en terapia física.
Supongo que ya no podían seguir esperando a que muriera.
Cuando me lo entregaron en la habitación le abracé, pese al dolor de la cesárea, del cansancio, del miedo.
Tuve un embarazo desconectado de mi cuerpo. Nació de mis entrañas un niño desconectado. Pero al abrazarle lazos invisibles nos ataron para siempre, en aquel momento le sentí mío, mas parte de mi que ninguna otra parte de mi cuerpo, una conexión divina y humana.
Aún vivimos abrazados.
Desde que salimos del hospital, no ha abandonado mi regazo.
Me hice con un fular, y ahí sigue. Aunque temo cuando siga creciendo. Que pronto ya no pueda con el, que un día tenga que soltarle.

Ya no creo en dios.
O tal vez creo más que nunca, pensando que es el castigo a mi vehemencia y orgullo.
Creí que podría echarle un pulso y ganar a la vida. Y la vida me ganó el pulso y me rompió los brazos, y las piernas… Y el alma, y la soberbia y la arrogancia.

Se que estoy deprimida. También mi marido, y mi familia y el médico lo saben. Así que os ruego que no sintáis lástima por mi.
Se que en cierto modo estoy enferma, pero no va a hablar la enfermedad, habla mi conciencia.
No sintáis lástima por mi, pero tampoco me juzguéis, necesito gritar que no soy esa madre amantísima que todos esperan, que no puedo ser esa mujer que entrega su vida con una sonrisa, esa mujer no es real en mi.
Esta soy yo:
No hay un solo momento en que no le ame, y sin embargo cien veces al día pienso si no hubiese sido positivo, si no hubiese hecho el tratamiento, si hubiese sufrido otra pérdida, si hubiese abortado, si hubiese muerto al nacer, si…
Sueño despierta que no existe, que no ha llegado para pararnos la vida.
En esos momentos pienso que no tiene alma, porque ningún dios para castigarme hubiese dejado un alma prisionera en su cuerpo.
Y sin embargo cuando miro a sus ojos y no veo nada, no veo profundo, no veo luz, pienso que tanto amor no puede ser en vano, que ahí dentro esta, existe, de alguna manera siente.
Y es entonces cuando me hundo y me odio por pensar en no pensarle.

Necesitaba decirlo en voz alta. Se que aún estoy en periodo de duelo, pero cómo agradecer a la vida esto. Cómo sonreír ante el futuro, qué futuro?
Cuando crezca, cuando su peso sea mayor, cuando no pueda llevarle… Cuánto aguantaré así, esclava de sus necesidades.
Dios proveerá dicen algunos.
Todo sucede por algo, dicen otros. Por qué?
Por qué?
Terror pensar en internarle, o llevarle a una guardería, o que nos ofrezcan ayuda, qué brazos le acogerán?
Qué manos tiernas o duras le mimarán?
Y si no lo hacen?
Y si le dañan?
Sin poderse defender, ni gritar, ni llorar.
Solo aire. Aire.

Y si nos vamos juntos? Cuántas veces al día lo pienso, e imagino los titulares en los diarios. Y la noticia en el programa de la noche de televisa. Pero no me atrevo, y si su alma sigue dentro?
Y si hay algo después de la muerte?
Y si le pierdo después?

Las primeras semanas, pensar en dejar los brazos laxos y esquivar la mirada mientras cayese.
Soy un monstruo, lo se. Y sin embargo le amo desde lo mas profundo de mi alma.
Daría mi vida por saber que no sufre.
Nadie puede entender lo difícil que es saber que no habrá mañana, ni futuro, ni esperanza.
Sólo el pasar de los días. Sólo el sobrepasar del tiempo.
El fin es la muerte, cuándo? No lo se, y mientras una larga espera.
La muerte suya? La mía? Estamos conectados y lo estaremos siempre.
Me creerás egoísta y seguramente te escandalizará pensar que una madre pueda pensar así.
Y sin embargo no puedes imaginar la profundidad de lo que siento por él.
No puedes imaginar el dolor de saber que su desconexión no tiene cura.
Que los médicos no ven esperanza.
Que tan sólo mitigan los posibles daños de su inmovilidad. De la inmovilidad que vendrá. De las heridas que tendremos que curar, de las úlceras que tendré que vigilar para que no se infecten.
De las carencias de alimentarle con semilíquidos cuando sea más grande.
De lo que supondrá mover a un niño de diez, de 15 de 20 kilos.
De la dificultad de lavar a un adulto de 30, de 40, de 50 kilos inertes.
De verle crecer, con ese rostro perfecto, con esos ojos sin vida que se me aparecen en las pesadillas mirándome desde los ojos de un tiburón. Muertos.
Luchar contra las infecciones respiratorias continuas, saber que habrá dolor, que su pequeño cuerpo sufrirá y se verá dañado, y yo no podré hacer nada.
Esas manos pequeñas, preciosas, que nunca acariciarán nada. Que nunca acariciarán mi rostro.
Esos labios perfilados primorosos, que ya marcan las secuelas de limpiar su babeo. Una boca que nunca dirá mamá.
Ese cuello sujeto solo por el fular y mis manos, que jamás se sujetará por si mismo. Que jamás se girará para sentir la brisa en la cara.
Esas noches en las que respiro a su ritmo, y desfallezco cuando a su ritmo también me abstengo de respirar.
Y cuando al fin lo creo todo perdido su estertor y su suspiro me hacen saber que aún tiene fuerza para seguir.

El miedo es mi compañero. La angustia. Acabará esto? Y si acabo yo antes? Qué será de el?

Perdóname amor, perdóname Aire, porque te amo tanto que soy consciente del daño que te hago permitiendo tu existencia.
Perdóname amor, porque te amo tanto que pese a todo no podría seguir sin tí.
Porque regalaría el resto de mi existencia, por saber que ahí dentro, tu sonríes cuando te beso.
Porque regalaré el resto de mi existencia por acompañarte soñando tu sonrisa.
Porque a veces sueño que tu corazón aletea mas rápido cuando te canto susurrando. Y bajito mientras te beso te digo que eres mi amor.
No hay mañana, no hay futuro, sólo un hoy lleno de lágrimas.
Sólo un hoy lleno de amor.
Que alguien me jure que merece la pena.
Júrame que no sufres.

TRISTEZA María Cristina Faleroni
TRISTEZA
María Cristina Faleroni
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