Abandonar un hijo…

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Abandonar un hijo

Abandonar  un hijo…
Abandono.
Hace un par de días que por primera vez dije en voz alta algo que llevaba años pensando.
No voy a intentar convencer a nadie, no es mi intención, ni remover conciencias, ni nada por el estilo.
Es sólo mi pensamiento, mi realidad.
No quiero convencer, ni que me convenzan. Hoy cierro una herida en voz alta, y espero simplemente respeto.
Puedes no estar de acuerdo, y lo entiendo, lo respeto. Te escucho y empatizo contigo, y te ruego lo mismo de vuelta…

Hoy quiero contar parte de mi historia, y mi historia como casi todas las historias, también habla de otros.
En este caso, me permito la licencia de no consultar a esos otros.
Porque por primera vez me voy a considerar protagonista.

Fui abandonada de bebé.
Es un hecho.
Mi madre me abandonó. No voy a contar muchos detalles, no importan, a lo largo de los años he conocido otros niños abandonados.
Duele igual si el abandono fue en casa de una abuela, en un hospital, en un hospicio…
Duele igual, porque el final es el mismo, el reconocimiento mediante una prueba irrefutable del rechazo de una madre a su hijo.
Un acto contra natura. Abandonar a un fruto sano y lleno de vida.
Mi madre me abandonó. Sin mas. No supo durante años cual fue mi suerte,sus motivos tendría, no voy a juzgarla.
En realidad no la he juzgado nunca.
Creo que no lo tuvo fácil, y ese acto fue simplemente una consecuencia.
Pero ese abandono ha pesado en mi como una losa durante toda mi vida, en mis emociones, en mi relación con los demás, en mi como madre.

Y ha pesado porque por muchas vueltas que se le dé es un dolor que queda, latente, conciso y real.

No voy a sumergirme en los porqués, los había, y aunque cada uno toma las riendas de su vida, tal vez ella no pudo o no tuvo más opciones.
Se que no fue fácil, o al menos tengo la esperanza de que no lo fuera, porque creer lo contrario me habría matado hace mucho.

Ese abandono, supuso una falta total de vínculo entre nosotras, lo que yo entiendo por vínculo, algo comparable a lo que tengo con mis propios hijos. Nunca lo hemos tenido. Si acaso ha sido una relación de algún modo familiar, en la que la desconfianza ha sido la clave diaria.
Sí, hubo una convivencia, me abandonó, y volvió unos años mas tarde.
Sus motivos los intuyo, pero los ignoro a la vez. Conozco parte de la historia, la que yo viví, y otra parte, la que me contaron pero no terminé de creer.
Esa en la que se hablaba de arrepentimientos, de vidas duras, de decisiones difíciles.

Los pocos años que compartimos nunca fueron felices, y nos dejaron una huella a ambas dolorosa y profunda.
Y por qué cuento todo esto? Porque hace un par de días alguien me reprochó como podía defender el aborto.

Lo defiendo porque soy el fruto de un NO-ABORTO
Debería dar las gracias por que tomó la decisión adecuada?
Las doy.
A diario.
Soy congruente y racional. Mi madre debió abortar.
Puede parecer duro e incoherente leerlo. Pero es la realidad, mi realidad, la nuestra.

 

Cuando la gente habla del aborto, los que están en contra, hablan desde la defensa de los derechos de una vida.

La pregunta que yo me hago es porque mi vida era mas valiosa que la suya?
Dónde está la medida?
Quién otorga la regla que pone en una balanza ambas y decide cual Dios?

Mi nacimiento supuso parte del fin de su vida.
La destrozó sin mas.
Y sí, pudiera ser que el resultado hubiese sido el mismo sin el embarazo que me trajo aquí, pero yo creo que no.

Mi nacimiento destrozó una vida. La suya.
No hay paliativos a estas palabras, y no, no me siento responsable, hablo como espectadora de excepción.

Por qué lo creo?
Porque yo estaba allí, y fui testigo.
Mi nacimiento, mi existencia le hizo ser una persona desgraciada, tomó la decisión de que yo naciese, y pese a que nunca nos entendimos, creo que nunca se arrepintió.
Al menos quiero creerlo, pese a todo, pese a que cambió su vida, a que supuso una ruptura, hipotecó su futuro por nada.
Y sin embargo tomó la decisión equivocada al no pensar en si misma en aquel momento.

Probablemente ya arrastraba una dura carga, vivencias que conozco y otras que desconozco.
Lo fácil es culpar al entorno, a la juventud, a la inmadurez, a la sociedad…
Pero la catarsis final de todo ello fue mi nacimiento.
El fin de sus sueños.
El fin de la que podía haber sido su vida.

No, no soy una desagradecida, como hija podría reprocharle muchas cosas, como madre, se que algún día estaré al otro lado de los reproches, pero no le reprocho haberme dejado nacer, repito que doy gracias todos los días, sobre todo desde que soy madre.
Gracias a aquel acto, el de continuar con un embarazo no deseado estoy aquí, y gracias a aquello están mis hijos.
Fue un acto de generosidad sin precedentes en su historia, y que tampoco volvería a repetirse en su relación con el mundo.

Si hubiese abortado no existirían mis hijos, no…
Pero tal vez su vida hubiese sido distinta, y habría tenido otros hijos en el momento adecuado, y esos hijos, mis no-hermanos habrían tenido vidas, como la mía, y a su vez otros hijos…
Tal vez esa energía, esa fuente de vida se habría materializado de otro modo.

Por qué mi vida tenía mas valor que la suya? Una vida de 6, 8, 10 semanas de embarazo…
Por qué esa vida, recién creada tendría que ser sagrada y la del vientre que se la otorgaba no?
Mi vida tuvo mas valor que la de una mujer, que simplemente cometió un error
Por qué pagar por ese error durante el resto de su vida?
No, que nadie diga que lo fácil era abandonar ese error.
Eso es lo difícil, como madre hoy se que lo difícil es abandonarlo, preferiría abortar a vivir sabiendo que ese fruto de mi vientre habitaba en algún lugar del mundo. Llamadme egoísta.
Soy de las que comprenden la noticia de hace unas semanas, de unos padres que mataron a su hija gran dependiente y se suicidaron después. Para mi, su decisión es fruto de una gran meditación, preferir morir antes que abandonarla en unas manos que sabes podrían hacerle sufrir…

Mi vida supuso el fin de la suya.
No hay aplausos, ni vítores, ni celebraciones… el fin no justifica los medios.
Su vida tenía un valor, su vida era importante, su futuro truncado por esa decisión.

Voy a cumplir 39 años, y no hay un solo día en el que no piense que no es justo. No lo es.
Hay otros motivos para creer que se equivocó
Y es que tampoco es justo crecer sabiendo que fuiste abandonado.
No es fácil.
Es muy bonito leer sobre adopciones, sobre niños acogidos, yo misma quiero formar parte como familia de la red de acogidas, tal vez porque yo misma se cuales son las heridas de saberse abandonado.
De saberse rechazado.

Son muy bonitos los videos de reencuentros.
Pero no llenan. He asistido a terapias con otros adultos hablando de su abandono.
Al final nos quedaba la duda, cuando hay un reencuentro, cuando se descubre a la familia…
Siempre queda la pregunta no formulada, la que envenena el corazón.
Fue suficiente tu lucha? Peleaste con suficiente ahínco para encontrarme, para no olvidarme, para no dejarme, para no mirar hacia otro lado?

Crecí sin querer exigir explicaciones, sin preguntas.
Tampoco quise buscar a mi padre, porque nunca quise herir al que años después suplió su papel, me sentía responsable del dolor ajeno, supongo.
Es otra de las herencias de los niños abandonados, la de creernos responsables del mundo.

Durante un breve espacio de tiempo pensé en buscar a mi padre pero se me pasó enseguida, pues en mi madurez pensé que si el hubiese querido encontrarme lo habría hecho, o al menos habría luchado por mí.

Cuando escucho a los antiabortistas defender su postura con tanta vehemencia pienso a veces lo fácil que es defender teorías que no nos afectan.
Yo soy igual en otros temas.
Es fácil prejuzgar, dar opiniones sin saber a ciencia cierta que ocurre tras esas decisiones.

Quiero creer que la mayoría de las personas que defienden los derechos de un óvulo fecundado provienen de familias donde han tenido amor, donde no conciben que una madre no admire y se entregue hasta la muerte.
Donde no conciben un hijo que no agradezca su nacimiento.

Como siempre las cosas no son blancas o negras, el mundo se tiñe de gris en demasiadas ocasiones.
También hay niños abandonados que superan en familias adoptivas el hecho de saberse desahuciados por una maternidad.
Que son felices y creen que ese era su destino…
Un maravilloso marco para una película.
Pero las películas son para el cine, demasiados niños felices buscan a sus progenitores, y pasan años, preguntándose por qué?
Queriendo saber, indagando.
Todos conocemos historias, aunque solo sean por los medios.
Los finales felices son posibles, pero desgraciadamente hay heridas sangrantes también en ellos

Nacer para ser abandonado es una putada.
Crecer sabiéndolo es una daga clavada en el corazón.

Hoy casi 39 años después puedo decirlo en voz alta.
39 años después doy por cicatrizada mi herida, y es así porque hoy puedo decir en voz alta:

Lo siento mamá, te equivocaste, debiste elegir tu vida y no la mía.

Y te lo agradezco, cuando miro a mis hijos, quiero creer que no te equivocaste, pero entonces sopeso tu existencia, y creo que tanto dolor no se puede poner en una balanza y pretender que la felicidad de mi familia lo enmudezca.

El aborto es a veces un mal menor. Ojala no fuese necesario nunca.

Nunca nos comprendimos. No tuvimos futuro. Estábamos condenadas a tener pasado desde nuestro comienzo.

Hoy sólo puedo agradecer tu decisión, prometiéndote, estés dónde estés, que siempre he intentado compensar tanta tristeza siendo feliz.
Hoy te lo prometo Mamá pese a todo soy feliz, ese es mi regalo para ti.

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Maternidad y respeto

Maternidad y el respeto.

No se como comenzar esta entrada, intentaré explicar el por qué primero.
Escribí una entrada sobre el destete de mi niña y recibí muchas opiniones, mensajes y correos, y en todos sentí la necesidad de explicar y contar emocionalmente que ese destete, pese a lo rápido e inesperado para mi, pese a que escoció, a que sentí durante un tiempo que algo se rompía, pese al dolor, pese a todo fue mas fácil de llevar que los meses de agitación que sufrí en el anterior embarazo.

Muchas mujeres, me escribieron para explicarme lo mal que se sentían con sus sentimientos de rechazo y la gran mayoría los desoía para seguir amamantando a su hijo. Anteponiéndoles.
Seguramente lo veáis lógico, que una madre anteponga a su hijo sobre todo lo demás, pero hablamos de la necesidad de apego, de calor, que aunque primaria y necesaria, es sustituible por besos, abrazos… Por otras demostraciones de amor.
Hablamos de explicarle a un niño como nos sentimos.

Esta es solo mi opinión, no pretendo que nadie se sienta bien o mal por sus actos, es solo la opinión y comparación entre los míos.
No es una crítica, pero si una exhortación, quiérete! Querámonos! Como mujeres, como personas.

Cada vez más, huyo de los clichés que  se van formando en torno a la crianza, no hablo de vertientes que sigan tales o cuales pensamientos, hablo de la crianza en general, de la forma es que se entiende la maternidad, precisamente ahora que cada vez mas se escuchan corrientes de mujeres emponderadas y con ideas claras sobre sus cuerpos y elecciones maternales, me sorprendo descubriendo que la gran mayoría juzga a las demás por sus decisiones, desde un punto de vista patriarcal, porque tenemos interiorizado que decidir ser madre implica dejar de ser persona.
Mi opinión no va en contra o a favor de quien decide quedarse en exclusiva con sus hijos, ni de quien sigue adelante con su profesión, simplemente yo estoy a favor de las mujeres, de las madres, creo que si bien la maternidad nos cambia profundamente y es algo que a mi personalmente me ha crecido y mejorado como persona, no he dejado de ser eso, una persona.
Y como tal he tomado mis decisiones. Debemos tomarlas desde el conocimiento, desde la afirmación rotunda de que nos harán felices.
Puede pareceros egoísta si leéis en vertical, yo también antepongo a mis hijos en casi todas las parcelas de mi vida, pero no creo que sean correctas actitudes, o comportamientos que nos dañen en pos de otros que no supongan daño o sufrimiento a nuestros hijos. Demos la vida por ellos, pero no por algo que sepamos sustituible o innecesario.

Esto comenzó con las mujeres que se sentían mal al sufrir agitación del amamantamiento, que sentían su rechazo como un crimen a la humanidad, yo también me sentí así cuando no sabía del tema, y me desgarraba por dentro sentir que no era la madre que habría soñado para mi hijo, en lugar de pararme y pensar que la naturaleza y mi cuerpo es sabio, y tal vez, sólo tal vez, la agitación y la necesidad intrínseca de destete era una necesidad de mi cuerpo.
Lo enmudecí, no supe darle nombre y seguí adelante con la lactancia durante el embarazo, y fue duro.
Duro sentir el rechazo hacia mi hijo y muy duro no escuchar a mi cuerpo.
Mantuve la lactancia pese a todo, apretando los dientes, entre lágrimas cuando daba una teta que mi mente pedía a gritos que alejara.
Me sentí incongruente conmigo misma.
Faltando a todo lo que había creído hasta entonces,
Sintiéndome vejada por mi instinto, obligándome a hacer algo que mi cuerpo repudiaba.
Y sin embargo lo hice. Lo hice por amor.
Porque creía que era lo correcto.

Y así lo plasmé.

Ahora pienso que diez días de sangrado apenas de 4 semanas de embarazo, o un inicio de parto a las 26 semanas que hubo que parar hospitalizando daban la razón a mi cuerpo rechazando la lactancia.
Y no, no creo que amamantar provoque pérdidas o abortos, no en la gran mayoría de casos, pero si puede ser un factor cuando algo no va bien.
No hay estudios al respecto, y aunque algún experto me contradiga y probablemente con toda la razón, desconocemos muchas cosas.
He lactado en dos embarazos y tan solo puedo decir:
Si tu naturaleza lo rechaza, por algo será.
Escuchemos nuestro cuerpo.

Como mujeres, como madres, nos debemos antes que cualquier otra cosa, un respeto a nosotras mismas, la maternidad no puede significar un grillete permanente a nuestra alma.
Como mujeres se que anteponemos nuestro lado materno a todo lo demás, se que daríamos la vida y el alma por ellos, porque es lo que nos pide nuestro sentimiento mas primario maternal, pero también es lo que nos pide todo lo que nos rodea, la sociedad, nuestro entorno, la conciencia común nos exige ese comportamiento.
Cuando te conviertes en madre dejas de ser una persona, o tu persona, mas bien, pasa a un segundo plano.
No es justo, no es lógico, es incongruente.
La mayoría de mujeres que conozco ha llegado a la maternidad feliz y por decisión propia, en caso de no ser así, han aceptado con amor y alegría, tras el susto inicial, su cambio vital.
Si llegamos felices e ilusionadas a la maternidad por qué permitir que nos ahogue?
Nada, nadie, ni siquiera nuestros hijos deberían poder hacerlo.

Aguanté todo el embarazo que Princeso mamase pese a todo, pese al dolor, y me convencí a mi misma de que era lo correcto, de que mi amor por el, podía con todo.
Me sentía mal y mi forma de rectificar el error de mi cuerpo al rechazarle era desoírlo y sufrir.
Princeso no entendía porque mamá lloraba cuando le daba el pecho.
Con Princesa creo que si entendió el destete, mamá tiene pupa por eso no puede darte.
Mamá es mas feliz, si no te da.

Como mujeres debemos emponderarnos y escuchar nuestro corazón y nuestro cuerpo, la lactancia es un binomio,la vida suele serlo en muchas ocasiones, tu también eres parte importante en el
Respétate, busca el termino medio donde ambos seáis felices, puede parecer difícil pero podéis lograrlo.

La maternidad es para la mayoría de mujeres un regalo.
No permitamos que se convierta en un sufrimiento.

 

Oleo. Vilma Fabretti de Amarillo.
Maternidad. Oleo. Vilma Fabretti de Amarillo.
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Hoy es uno de esos días…

Hoy es uno de esos días.
Un día en el que te supera el trabajo, y la vida, siempre corriendo.
En el que le has levantado la voz, y sin razón le has reñido porque estás cansada.
Uno de esos días en los que el agotamiento te ha hecho estar con la mente lejos, mientras le ayudabas con los deberes, en que estabas sin estar, y el lo ha notado y has visto sus ojos tristes.
Hoy es uno de esos días en los que has echado de menos un rato para ti, y tras el segundo -Qué tal?- has dejado volar tu imaginación mientras el seguía hablando sin que nadie le escuchase.
Y sabes que se ha dado cuenta, porque su silencio ha sido el grito redentor, con el que regresar a tu cuerpo.
Con el que darte cuenta que sus pequeños pesares son grandes e importantes, y que tu también necesitas que te escuchen…
Hoy es uno de esos días en los que te has agobiado poniendo lavadoras mientras se calentaba la leche de su merienda, te has saltado el baño y le has mandado a la cama sin cuento con un beso rápido en la mejilla.
Y ahora cansada, todo recogido y en orden, has notado el vacío en el sofá y le has echado de menos y ansías que se despierte para pedir agua y darle un abrazo…

Hoy es uno de esos días.
Y aún no has hecho la comida de mañana y te siente culpable, porque una noche mas, has puesto pizza de la sección de congelados, aunque le hayas explicado cien veces los beneficios de la comida sana.
Culpable una vez más, porque no tienes tiempo para planchar y su camiseta mañana será la confesión de ello. Y aunque sabes que a nadie le importa, a ti si.
Hoy es uno de esos días en los que en el trabajo todo salió mal.
Y tarde. Y con todo a medias debiste salir corriendo porque tu hijo te esperaba en la puerta del colegio, solo, bajo la lluvia.
Y mientras lo piensas una lágrima se escurre por tu mejilla, por el y por ti. Porque aún tienes su imagen grabada en tu retina, solo bajo el alero para no mojarse, y por ti, porque sabes que mañana será peor el día, deberás recuperar y nadie entenderá que no podías dejarle más tiempo esperándote, que no te puedes permitir relajarte y aguantar un rato mas en la oficina, ni hacer sobremesas después de las reuniones, ni cañitas a media tarde, ni cenas los viernes…

Hoy es uno de esos días, en los que te das cuenta de lo difícil que es todo, de todo lo que te queda por hacer, de todo lo que te pierdes mientras te enfadas contigo misma
Hoy es uno de esos días, en los que cuando te vas a la cama pasas por su cuarto a arroparle y se despierta, y te abraza y te dice:
-No te preocupes, te quiero.
Y te vas llorando a dormir, porque no concibes en un mundo justo que un niño de 8 años consuele a su madre y se conforme con las migajas de su tiempo, con el tiempo sobrante tras terminar su trabajo, y la casa y los deberes, y la cena, y la comida del día siguiente, y esa compra apresurada en el súper, y ese salto a la farmacia para buscar vitaminas que te hagan mas largos los días.
Y mientras él crece, y nunca volverá a tener 8 años, ni querrá jugar mañana de nuevo con su tren y contigo, y mañana crecerá y ya no querrá que le ayudes con los deberes, ni tendrá ganas de contarte que hizo ayer en el recreo, ni querrá que conozcas sus secretos…
y El tiempo pasará y no reconocerás a la mujer del espejo, ni a ese adolescente guapo de su lado.
Respira, mírate. Vuelve a su cama y abrázale.

Y mañana edúcale.
Edúcale para que crea en la igualdad, para que crezca sabiendo que cuando sale de casa el mundo se ha de regir por las mismas reglas, que aprenda que compartirá espacio, y tiempo, y trabajo con mujeres como tu, y que merecen el mismo respeto y las mismas oportunidades y obligaciones.
Edúcale para que eduque a sus hijos a no concebir diferencias.
Edúcale para que aprenda que la implicación de su padre no es excepción.
Edúcale para que respete por igual sin importar el sexo.
Porque en la educación está el futuro, porque los hombres conscientes de hoy han de ser mayoría mañana, porque solo el día que para el sentir universal los hijos, y la casa, y los deberes sean obligación y deber de toda la familia y no sólo de las mujeres la conciliación no será posible.
Edúcale, para que eduque a sus hijas, y les haga saber que no son las herederas de las tareas del hogar, ni de la plancha, ni de las lavadoras, Edúcale para educar en igualdad.
Y edúcate…

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