Todas las maternidades

Compartí una historia desgarradora de una familia que había perdido a su hija, alguien me preguntó por qué compartía cosas tan tristes, que la maternidad no es eso.
Que no debería dar cabida a tanto dolor, porque asusta e intimida.

Me he quedado pensándolo.
Si tal vez mi página y mi blog debía ser la foto fija de la maternidad más brillante, de las alegrías diarias, de las sonrisas y la vida.
Si debía escribir y compartir sólo la parte amable, negar la otra, edulcorar mediante el silencio.
Creo que no.
La maternidad no es sólo luz y sonrisas.
NO. La maternidad es luz y sonrisas, eso y mucho más. Es también dolor.
La maternidad es una y muchas, cada una distinta, cada una válida y merecedora de ser contada y compartida.
Todo es parte de la vida.
La alegría y la tristeza, los buenos y los malos ratos.

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Madre, dentro y fuera de casa.

Tengo tres hijos.
Y trabajo, dentro y fuera de casa.
Se lo que es quedarse en casa cuidándolos, aunque no he dejado de trabajar nunca, si he tenido bajas maternales, un ere tecnológico, vacaciones(Suelo disfrutar de dos meses juntos, hostelería)
Mi marido se ha quedado al cuidado de nuestros hijos durante meses, y también se como espectadora, lo agotador que es quedarse en casa con ellos, renunciar a tu carrera profesional por tu familia .
Agotador y desagradecido aunque disfrutemos de acompañarles.
Y es que no esta valorado, son muchas las mujeres que saben de que hablo, de renunciar a sus profesiones, de verse menospreciadas por muchos, de no ver gratificado su esfuerzo diario, de que pase desapercibido…
Lo se, he hablado en varias ocasiones sobre ello, pero también se por experiencia, cómo es la otra opción.
La de trabajar dentro y fuera de casa.

 cartel de propaganda de guerra estadounidense creado por J. Howard Miller en 1943 para Westinghouse Electric
cartel de propaganda de guerra estadounidense creado por J. Howard Miller en 1943 para Westinghouse Electric

Sí, también es agotador, también quienes trabajamos fuera acompañamos a nuestros hijos al médico, los niños enferman independientemente de las obligaciones de sus padres. De sus horarios y de su disponibilidad.
También hacen extraescolares, y hay que planificar horarios y mover a toda la familia.
Recogemos de colegios, vivimos en una carrera continua con el reloj, hacemos malabares para acompañarles.
Como todas las familias, añadiendo a la ecuación nuestros horarios. Nuestros, porque nuestra familia es cosa de papá y mamá.

Estoy cansada, parece que quienes también tenemos trabajos fuera de casa saliésemos todos los días a disfrutar de una jornada en un spa, en lugar de irnos a trabajar. Como si la elección fuese para evitar criar a nuestros hijos.
Nuestras camas también se hacen a diario, usamos platos y vasos y hay que lavarlos, y sacamos al perro.
También ponemos lavadoras, tenemos armarios que ordenar, y los calcetines se desparejan igual que los tuyos.
Nuestros hijos acostumbran a comer todos los días, y en varias ocasiones!! Como los vuestros.
Y la nevera aunque dispongamos de un sueldo más en casa no se llena sola, de verdad que no.
Sí, también tenemos que dar árnica a los chichones y acompañar disgustos y peleas.
Y suspiramos cuando acaba el día por una silla y una hora de silencio. Como tu.

 

No por trabajar, tienen mas ni menos atención, mas ni menos juguetes, más ni menos ropa.
No es una cuestión económica, ni de educar en unos u otros valores.
Nunca he criticado a quien decide quedarse en casa, en muchas ocasiones he defendido la decisión, es algo íntimo, de cada familia, de cada mujer y no soy yo quien para juzgar. Ni tu…
No entiendo que cada vez que una mujer defiende su existencia como madre a tiempo completo de por hecho que las demás no tienen el mismo valor por trabajar también fuera de casa.
Medimos sacrificios? Yo no quiero que mi maternidad se mida por sacrificios, ni por renuncias, las tuyas y las mías.

Soy madre, profesional y estoy tan cansada y tan harta a días y tan feliz y tan orgullosa como la que se dedica en exclusiva a su hogar, como la que trabaja desde casa, como la que emprende, como todas…

Estoy harta, como tu, de que se de por hecho en esta sociedad que los hijos son míos por ser madre, y no se exija lo mismo a los hombres.
Cansada de que me juzguen, por decidir seguir adelante con mi profesión y mis hijos, tanto como tu de que lo hagan por escoger una maternidad en exclusiva.
Saturada de defender mis decisiones y pelear con una cultura que nos quiere en casa, y que sin embargo nos critica si nos quedamos.
Indignada con un sistema que no nos permite conciliar como queremos y que nos obliga a determinarnos cuando somos madres.

Estamos en el mismo bando, en el de quienes decidimos vivir nuestro propio camino.
Simplemente.

Madres, mujeres, personas.
Tu trabajas y yo también, no hay sumas ni restas, ni comparaciones, ni es justo que tu digas que tus hijos están más atendidos que los míos o que yo te critique por desatenderte.
Vivir y dejar vivir y que cada uno siga adelante con su vida, sin comparaciones absurdas, sin coletillas que pretenden defender mediante el ataque las decisiones de otro.
Como tu, yo también he tenido que escuchar muchas tonterías, de egoísta, de materialista, de anteponer la comodidad a ver crecer a tus hijos, y dedicatorias varias.
Pero mi vida la vivo yo, la tuya tu. Hay gente que vive la de todos…
Y se permite puntuarlas.

La maternidad es agotadora, dentro y fuera de casa, tal vez tu tengas los cristales más sucios (O no), tal vez yo planche menos (O no), tal vez tus hijos comen más pizzas y los míos pisen menos parques, porque cada familia es un mundo y compararlas absurdo.
Lo que es seguro es que besamos con la misma pasión a nuestros hijos.
Arropamos con el mismo cariño de madrugada.
Cambiamos pañales con las mismas ganas.
Nos duelen sus dolores intensamente y por igual.
Revisamos deberes con el mismo ahínco.

Acompañamos, besamos, curamos, abrazamos, jugamos, vivimos…
Y todo lo que hacemos es por ellos…

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El niño de Marte.

El niño de Marte.

No es de este planeta. Creo que es de marte.
Es como el principito pero de verdad.
Es extraterrestre.

Tiene orejas y oídos, pero sólo escucha las palabras bonitas, las risas y las ganas de jugar.
No escucha tristezas, ni dolores, ni pesares. Y aunque habla nuestro idioma, a veces se acuerda del suyo y canta en un galimatías que nadie entiende y se ríe cuando todos creen que se inventa palabras…

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