Antes y después

El antes y el después de la maternidad
Hoy os traigo algo escrito hace casi tres años…

Nadie me avisó, o tal vez llevaban años avisándome, no lo sé.
Nos casamos hace mucho tiempo, y tardamos 10 años y pico en decidir tener hijos.
Soy honesta, antes de esa decisión, no me gustaban los niños!
Nunca me llamaron la atención, nunca me interesaron ni me deshice viendo un bebé.

No sabía de partos respetados, ni del concepto de violencia obstétrica, la oxitocina era algo que sonaba a analgésico para las resacas, un embarazo era algo que ni me planteaba.
El porteo eran rarezas de hippies o necesidad de pobres, habiendo carros todoterrenos!! Recuerdo enfadarme con unos amigos que decían (Estando embarazada) que malcriarían a mi niño sacándolo del carro y llevándolo en brazos, si hombre! A mi hijo! Malcriarle sin mi consentimiento.
Nada de acostumbrarle a los brazos!
El colecho, eso qué es? Una cuna preciosa y un buen intercomunicador bastan.
Crianza con apego? Un buen tortazo a tiempo! Que los niños de hoy en día son unos maleducados.
Teta? Nanay! Como mucho unos días de calostro y con sacaleches eh? Que eso de sacar la teta es de tercermundistas.
La teta sólo se enseña en la playa.

Supongo que procedo de esa generación criada a biberón, por mujeres multiplicadas, recién salidas al mundo laboral, casa, hijos…
En una sociedad, donde los niños dejaron de ser importantes o visibles, tengo esa sensación.
Concibo los 60 como una revolución social en España, de apertura, de mente, de costumbres…
Yo nací en el 76, soy hija de esa generación que intentó y en parte consiguió cambiar el mundo, al menos el suyo, soy hija de esa generación que logró una transición en paz, que soñó una democracia y un país joven y soñador.
Y tal vez creyeron que el progreso, el país era más importante que la familia, se desplomaron los nacimientos, la maternidad se retrasó todo lo posible…
Las mujeres vieron la maternidad como una correa que les ataba las alas, se desprestigió supongo, y de alguna forma, aunque obviamente siguieron naciendo niños, dejó de ser un tema importante.
Hoy en día parece que esto ha cambiado, la maternidad se valora(No tanto como debiera, y menos en el mundo laboral), las mujeres y los hombres se informan, toman decisiones desde el conocimiento, a todo el mundo le preocupa la infancia y la educación, hay corrientes cada vez mas importantes sobre crianza …

Nosotros nunca nos planteamos tener hijos…
Y un buen día, apenas 15 después de tomar la decisión de pasar de pareja a familia estábamos embarazados!
Sí, nosotros nos embarazamos en tándem. Y triste debe de ser estar embarazada y que el padre de tu retoño no se sienta también en esa dulce espera…
Y entre el torrente hormonal por mi cuerpo empezaron a crearse sentimientos, actitudes y un sinfín de nuevas sensaciones, que además pensaban quedarse a vivir, y todo esto sin haber tenido tiempo de meditar, de masticar la decisión.
Soy de las afortunadas que antes de terminar el embarazo ya sabía que mi mundo había cambiado para siempre, ya iba incordiando al ginecólogo con planes de parto; cayó en mis manos cierto libro de un tal González para terminar de abrirme los ojos, ya tenía claro q nadie iba a decirme como hacer con mi hijo, que el instinto debía ser mi maestro; encontré un fular e hice practicas con mi gato(Lo juro); decidí dar el pecho…
Y todo, absolutamente todo, lo que esperaba de la maternidad antes (cuando era inepta y estúpida) y después (cuando seguía siendo inepta y estúpida pero informada) no se cumplió.

Yo soy de esas personas que planifican, controlan y hacen metodología de todo, que busca y rebusca y hace un máster de absolutamente cualquier cosa que pueda tener el mas mínimo interés.
Pero ay!! Esto me superó, me supera, me hace reinventarme cada día, porque jamás nadie me avisó, porque el embarazo es muy bonito (superando los vómitos, mareos y malestares de primeriza asustada) pero en el momento en que ponen sobre tu pecho, al alcance de tus manos a esa pequeña vida, ese trozo que se acaba de desprender de tu cuerpo, ese latido húmedo y perfecto… Todo cambia,
De eso nadie te avisa, dicen que es un torrente hormonal que te descuadra los sentidos, la oxitocina, la hormona del amor…
Yo digo que lo habría amado igual sin oxitocina, que en el momento de sentirlo sobre mí ya me había enamorado de por vida y sin compasión, porque jamás algo tan grande y hermoso me había honrado.
En ese momento descubres que tu mundo estaba patas arriba, que el universo que conoces y dominas era imperfecto y extraño, que ese pequeño ser, ese ente que ha salido de tu vientre ha venido para reordenar tu vida, clarificarla, darle un sentido que no tenía.
Ya jamás volverás a pensar en primera persona, dejas de ser un individuo para ser: cómo decirlo? Protector, familia, guardaespaldas…mamá.
Y sólo quieres mirarlo, tocarlo, besarlo, abrazarlo, vas por el mundo con un subidón y una sonrisa(Menos cuando te da el bajón y no puedes con tu alma, ya sabéis… La falta de sueño, de una ducha decente, hambre, angustia )
Pero pese a todo, a los miedos, la reorganización, el sentirte en una montaña rusa permanente, al cansancio… Jamás has sido tan feliz, jamás los días han sido tan luminosos, jamás has visto tanto sentido en tu vida.
Y la pequeña gacela sonriente se convierte en leona combativa en defensa de su cachorro.
Y sin embargo por dentro te deshaces y reinventas, te vuelves almibarada y esponjosa.
Creces, maduras y renaces siendo mejor, más humana, más creativa, más comprensiva.
Y es cuando te das cuenta del significado de amar, querer, venerar, idolatrar, reverenciar, necesitar.
Y es cuando te das cuenta de lo que es ser amado, querido, venerado, reverenciado, necesitado.
Y ves que está en tus manos que esa personita que aunque es parte de ti, es a su vez independiente y única, sea algún día un ser humano excepcional, que es imprescindible que devuelvas esos sentimientos que te regala cada día para que aprenda que así ha de ser el mundo, un lugar donde su inocencia no sea la excepción sino la norma,
Donde su bondad no sea reseñable por habitual, donde la empatía forme parte de la constitución del mundo.
Y un día miras atrás y primero te sorprendes, esa era yo? Y después sonríes, esta soy yo! Y qué grande lo que he creado!

PD: Doy fe, esto es aplicable también a papá, y a la mamá adoptiva, y al papá por sorpresa, a todo aquel que un día descubre que por encima de todas las cosas ama a un niño y sería capaz de dar la vida por él.


Miguel Ángel Buonarroti, la “Virgen con el Niño”, 1525

Continue Reading

Yo sí pongo pendientes a mis hijas…

Yo sí pongo pendientes a mis hijas.
Yo sí he puesto pendientes.
Y estoy harta, hartita.
De qué? De gente que defiende el no ponerlos llenando su discurso de crueldad infantil, comparando poner pendientes con la ablación, con cortar miembros, con mutilaciones…
No estamos siendo extremistas? Respeto profundamente a quien no quiera hacérselos, me parece fabulosos, respeto y comparto muchas de las opiniones, pero no hay que ser bárbaro, y acusarnos de todo eso a quienes los hacemos. Sobretodo porque ese discurso viene dado por motivos respetuosos, muy lícito, por cierto, pero las madres que tomamos esa decisión también merecemos un respeto.
Por favor! Lo mas curioso es que pese a tantas y tantas opiniones en contra, mas de la mitad de las niñas que conozco los llevan.

Coherencia, no quieres pendientes para tus hijas? De fábula, no se los pongas! Pero no criminalices ponérselos a la mía por favor.
No es necesario llenar muros de comentarios llenos de mala idea, para despreciar a quienes toman esa decisión, se puede defender la postura tranquilamente, como ha hecho mi amiga Zulema, por ejemplo en este post:
“Pendientes a las niñas al nacer: Sí o no”
Os recomiendo su lectura.
Con educación dando una opinión sin ofender a nadie…

Yo se los hice a mi pequeña con tres meses, me costó decidirme, la verdad, porque me pesaba mucho la decisión, no estaba nada convencida y honestamente hoy no se si se los haría, conociendo a mi hija creo que a día de hoy me hubiese gustado mas ir con ella conscientemente a hacérselos, tal vez dentro de un par de años.
Porque le encantan.
Es la realidad, como la realidad es que tengo dos varones y el mayor en un par de ocasiones ha soltado lo de: Yo también quiero pendientes.
Y sí, si dentro de unos añitos decide ponérselos le apoyaré, aunque tenga diez u once años.
Porque considero que los pendientes no son algo irreversible, porque su padre aunque ahora no los lleve los ha llevado durante años también.

Uno de los motivos que sopesé al ponérselos fue que alguien de mi entorno, se los puso en esa época a su hija, con seis años, porque ella se los solicitó, fueron a una farmacia y solo se hizo el primero, pasó un mal rato, aunque seguía queriendo llevarlos.
Así que pensé que sería mas fácil hacérselos pronto, y si después decidía no usarlos, no habíamos perdido nada.

Y diréis, es meramente una tradición en el caso de las niñas, sí. No os digo que no, pero para mi es algo estético.
Y si vivieses en un país con tradición de tatuar por ejemplo? Pues no lo se, y mi respuesta no sería objetiva máxime cuando las comparaciones difieren tanto, porque no es lo mismo un tatuaje que un pendiente.
Llevo ambos y no me parecen comparables
Absurdo, comparar un agujero en una oreja, que el día que decides de usar se cierra, con tatuajes, cortes, marcas , ablaciones, mutilaciones, etc…
Barbaridades varias para culpabilizar y denigrar a quienes tomamos la decisión.
Porque ese es el fin, como no me gusta lo ridiculizo y convierto en algo brutal y poco menos que avergonzante.
Lo de los pendientes en Europa no es tan usual, es mas de países latinos, otro motivo añadido, como he leído hace unos días por nuestra falta de educación y formación, toma ya! Vamos que los que ponemos pendientes somos unos garrulos ineptos. Bufff
Que para qué? Pues por tradición no, a mi me encanta llevar pendientes, y que conste que suelo llevar unas tuerquitas diminutas, alguna vez algún arete y poco mas, porque aunque me encantan los pendientes, tengo alergia a la bisutería así que los que me llaman la atención sólo los puedo usar un ratín o gastarme una pasta en metales nobles, y no estoy yo para derroches.
Lo dicho, me encantan, y mi niña esta preciosa con ellos.
Sí espectacular, que estaría igual de guapa sin ellos? Pues claro, no digo que no, pero también con chándal y sin embargo también le compro faldas. Para mi es meramente estético, no es algo para marcarla como mujer ni nada parecido.
Ni tiene que ver con patriarcados y demás, al menos mi decisión.

Cómo se los hice? Pues como me costó bastante decidirme, tuve tiempo de buscar información y por lo que encontré y fui leyendo consideré que la mejor opción seria hacérselos con un profesional, un especialista en piercings de mi ciudad.
La sala estaba extremadamente limpia porque es un estudio de tatuajes y piercings, buscó primero la aguja idónea que casara con los pendientes que le llevé, con un marcador señaló los dos puntos buscando que estuvieran centrados y simétricos.
Utilizó crema anestésica, esperamos unos minutos y efectuó el primer agujero, era un hombre super educado y amable.
Me pregunto si le daba pecho y se los hizo mientras mamaba, con el primero protestó, apenas un “ay” y siguió mamando, con el segundo no se inmutó, no se, si porque la crema había hecho efecto, o porque se estaba quedando dormidita.
Si esperabais una escena de gritos y llantos, no, no los hubo.
No fue ni un mal rato ni nada para recordar la verdad.
Lo mas doloroso fue el precio, la verdad poco económico, pero satisfactorio. Porque en la farmacia me pedían diez euros por ambas orejas y me cobraron 15 por cada una mas los pendientes, que compré en una joyería cercana, diminutas bolitas de oro.

Lo dicho, yo sí pongo pendientes a mis hijas, pero no las marco como ganado, ni las sacrifico, ni las mutilo, ni actúo con crueldad haciéndoles pasar por una dañina experiencia, y puede que no te gusten nuestros pendientes, y hasta que comparta tu opinión de que no le di voz y voto para tomar la decisión, pero es mi determinación, la de mi familia, y merezco el mismo respeto que tu al decidir no ponerlos.
Así que por favor, si vuelves a dar tu opinión, hazlo desde la educación y el respeto, no llenes los muros de insultos y barbaridades, porque detrás de cada niña con pendientes hay una madre como tu. Y como yo.

Continue Reading

Maternidad subrogada, almas de alquiler

La maternidad subrogada, almas de alquiler

Irivana tenia 10 años cuando vino con su padre desde Tallin, Estonia.
Era una edad difícil pero ella una chica lista, se amoldó fácilmente al clima cálido del mediterráneo en un pueblo del levante.
No le costó aprender los dos idiomas de la escuela, ya llevaba una buena base de inglés, además del estonio y ruso como idiomas maternos. En el colegio en estonia, también aprendió alemán.
Desde el principio brilló en el colegio, y entre los demás niños.

Cuando llegaron a España en pleno auge del ladrillo no falto trabajo, ni recursos, en Tallin, su padre sin estudios apenas tenía oportunidades para la creciente economía tecnológica, pero en España encontraron un paraíso.
Casi diez años después las cosas han cambiado.
Sigue siendo una buena estudiante, la mejor de su clase, pero la universidad es inaccesible, hoy por hoy para su familia.
Pidió una beca, pero no le basta para pagar matrículas y vivir, dado que no esta cerca de su casa y debe mantenerse.
Trabaja limpiando casas por horas para echar una mano a sus padres y ver si puede al final del verano juntar para poder intentar su sueño. Estudiar.
Así conoció a Virginia. Trabajando para ella.
Y la admira, es la mujer en la que ella quiere convertirse.
Virginia lo probó todo. Antes de rendirse.
Todo. Pero al fin un medico se sentó junto a ella y mirándole a los ojos le hizo saber que nunca sería madre. Nunca.
Su ilusión, su meta. La maternidad le ha sido negada por la naturaleza.
Virginia es una profesional incansable, culta y emprendedora. Y no, no se rinde.De hecho no recuerda un solo día en el que lo haya hecho.
Irivana tiene esa belleza pálida y rubia que agradan tanto a los mediterráneos, tal vez por el contraste de una tierra tostada por el sol y la brisa marina. Tal vez fue eso lo primero que vio Virginia, o su inteligencia y honestidad…
No recuerda cuando lo pensó por primera vez. Cuando creyó que sería el contenedor biológico perfecto de su hijo.

Cómo surgió? Tal vez fue Virginia preguntando de que lugar de Rusia procedía, pero Irivana no es rusa, es estona, aunque a Virginia le da igual.
Virginia no es de las personas que escuchan, Irivana sí. Llenó su mente soñadora de generosidad, empatizó con virginia, vivió su dolor desde el principio…
Maternidad subrogada, porque vientre de alquiler sonaba horrible…
Los negocios son así, ley de oferta y demanda. un bufete de abogados les puso en contacto con una organización.
Todo era fácil. Caro, pero fácil.
12000 euros para Irivana, eso solucionaría su vida, la universidad, la situación crítica de sus padres…
A sus 20 años, tendría tiempo de tener sus propios hijos, esto sería un favor, gestar al hijo de otro…
No se lo dijo a sus padres, sabia que no la apoyarían, y desde el comienzo los abogados de Virginia le dejaron claro que no podía contarlo, no era legal en España.
El primer pago fue para la matrícula de la universidad.
La que quiso elegir. Era simplemente feliz.
Sabía que tendría que esforzarse, pues el final del curso coincidiría con el final del embarazo y tendría que vivirlo en Rusia.

Lo arreglaron, para que ella pudiese viajar a Kiev. Allí le hicieron la implantación.
Coincidiendo, si todo salía bien, con las vacaciones de verano del año siguiente. Claro que saldría bien! A Virginia todo le salía bien.
Dios estaba de su parte!
Un mes en Kiev, los primeros días en reposo, después disfrutando de una otoñal y preciosa ciudad. Volver a España. Llena de ilusión y de futuro.
El embarazo comenzó bien, ningún problema, ni síntoma.
En la clínica le hacían revisiones quincenales, y todos los días hablaba con Virginia.
Su madre la notaba extraña pero lo achacó al comienzo de la universidad, lejos de casa. Le dijo que había encontrado un trabajo, así que no esperaban que fuese a verlos a menudo.
Preparaba así los meses venideros, cuando se le comenzara a notar el vientre abultado.
Desde el principio no quiso pensar en el bebé.
No lo sentía suyo.
No lo era. Era un favor, un favor que le solucionaría la vida.
Se veía como una de esas mujeres de clase media americanas que cedían su vientre para ayudar a otras mujeres.
Se sentía bien, completa, feliz.

Con casi 18 semanas sintió las primeras patadas, era un niño.
Ese día tras contárselo apresuradamente a Virginia por teléfono, recibió flores y bombones.
Era una niña mimada y adorada.
Su vientre ya señalaba ciertas redondeces.
Comenzó a soñarle.
Le llamarían Isaías, como su abuelo… Como su abuelo genético.
Cómo sería? Tendría sus ojos? Su voz? No tendría nada suyo? De algún modo, sería suyo?
Huía de los fantasmas. Esos fantasmas que inconscientemente comenzaban a molestarle.
No es mi hijo. Sólo un favor.
No tendrá nada tuyo le decía Virginia.
Pero ella le sentía. Aunque intentaba silenciarle.
Comenzó a pensarle por su nombre. Isaías. Isaías.
Lo esperaban para mediados de julio.
El primero de mayo se instaló en Kiev, en un piso cerca de la clínica. Lo compartía con otras mujeres embarazadas.
Apenas hablaban. conoció a 4 en un mes. Mujeres rusas, jóvenes, bonitas. pobres. Venidas desde el país vecino a parir
Pasó esos mes paseando, por orden del médico, estudiando, se alimentaba según la estricta dieta que le impuso Virginia. Vieron a verla 1 vez, a comprobar que todo iba bien.
Seguía siendo su niña mimada, su amiga.

Sus padres no sospecharon que le hubiesen dado una beca para mejorar su ruso.
Estaban muy orgullosos de ella. De su chica lista. De la joven estudiante universitaria, responsable y trabajadora…

Isaías decidió adelantarse un mes largo. Faltaban semanas para que Virginia y su marido llegasen desde España a esperar el gran día.
Los planes eran pasar las últimas semanas todos juntos.
Cuando llamó a Virginia diciéndole que acababa de romper aguas a las seis de la mañana esta se enfadó.
Le gritó llorando que cómo podía hacerle eso.
Que era pronto, que Isaías podía sufrir algún daño. Y sería todo culpa suya.

Una hora después ya habían mandado a una enfermera y un chófer. Le acompañaron al hospital. Le confirmaron que había roto aguas, el bebe estaba bien. Era pronto, pero estas cosas pasaban, no habría problema alguno, era grande.
Las primeras contracciones ni las notó.
Estaba muy verde, le dijeron.
Pasó el día en la habitación de la clínica, relajada, con su música y un par de libros.
Virginia no llamó. Pero las enfermeras le dijeron que habían enviado por fax su plan de parto.
No habría riesgos. No se asumiría ningún riesgo con el bebe.
En caso de que todo fuese bien el parto seria natural. Sin epidural.
Si hubiese algún signo de alerta se procedería a una cesárea inmediata.
Irivana se asustó. Se sintió de pronto inexistente, invisible. Sin voz ni voto. Un cuerpo sin valor.
Fue consciente entonces de su soledad, lejos de casa. Lejos de su mundo. sola.
Y en mitad de su dolor comenzaron las contracciones, rítmicas, dolorosas…
Como una muñeca sin vida, era explorada cada media hora, nadie le preguntaba como estaba, como se sentía, ni siquiera le hablaban.
Cuando las contracciones se hicieron insoportables la trasladaron a la sala de partos, entre gritos de dolor.
Dios! Cómo dolía! cállate! Has firmado, no puedes quejarte.
No hay nada para el dolor para ti.
Asustada decidió hacer caso y lloró en silencio.
Los minutos se hicieron horas, las horas una vida…

Una enfermera le preguntó si tenía sed.
Sí.
No han venido los padres, pero les esperan mañana. Estate tranquila, todo saldrá bien.-Era mayor, y en sus ojos leyó su pena.
Vio el reflejo de si misma, se vio. Triste y sola.
Entonces en sus ojos vio algo mas. A ese pequeño ser que pugnaba por salir de su cuerpo…
Su hijo, sí, suyo.
Gestado durante 8 meses. Alimentado por su sangre y su cuerpo.

Las contracciones eran tan seguidas que no podía respirar, empuja! Empuja!
Pero no podía, no quería. Salir de su cuerpo seria decirle adiós, cuando ni siquiera le había dicho hola.
Un adiós tan pronto.
Suyo.
Su carne, su vientre.
Ardía. Su cuerpo ardía y entre gritos se abrió camino por el.
Entre gritos. Y dolor. Y lágrimas.
Le vio. Sucio, diminuto, Frágil. Ya no había dolor.
Expuesto en la camilla mientras le limpiaban y veían sus constantes. Le oyó llorar. Y lloró.

-Sus padres aún no han llegado, llegaran mañana. Llevadle al nido.
-Quieres verlo?
-Sí. Es tan bonito. Puedo cogerle?
Las enfermeras se miraron, el medico se encogió de hombros mientras esperaba a que saliese la placenta.

Su cuerpo era cálido y suave. Sus ojos.
Sus ojos. Nunca olvidaría su mirada. Su rostro perfecto, el vello de su diminuto cuerpo.
Sus manos.
Y de nuevo sus ojos. Su mirada. Su reflejo.
Y le amó, le amó tanto y tan desesperadamente como creía que no volvería a amar en la vida.
Su corazón se hinchó y galopó sin mañana.
Su mente se inundó y se emborrachó de sus ojos.
Su boca encontró el pecho. Su pecho. Y se aferró a el como a la vida.

No. Le dijo la enfermera mientras se lo quitaba de encima. Es mejor que no. Mañana te dolerá mas. Será más difícil.
Mañana? No hay mañana, sólo hoy, sólo ahora, mi hijo.
Mi vida, mi amor. Mi ahora. Estaba perturbada, gritaba, intentado soltar los arneses de sus piernas, No, NO, NO, gritaba mientras se lo llevaban. Sólo recuerda los gritos, las manos agarrándola. Y después la oscuridad. El silencio.

Cuando despertó no había nadie en la habitación. Pasó un rato antes de que alguien viniese a verla.
-Tienes sed?
-No. Dónde esta mi hijo?
No es tuyo. Quiero mis cosas. Mi teléfono.
El teléfono de Virginia estaba desconectado. Un abogado fue por la tarde. Un sobre. Un cheque…
No quiero firmar. No hay nada que firmar. No hay marcha atrás.
Un billete de avión.
Y un vacío enorme…
Cómo volver? Dónde?

El mediterráneo ya no era cálido ni soleado. El mundo había oscurecido.
No había nadie en la casa de Virginia. Ni al día siguiente, ni a la semana.
Un cartel de “Se vende” en la ventana.

Isaías. Isaías, tiene los ojos azules, como su madre…

Querido Isaías, perdóname, perdóname porque me enamoré de ti cuando ya no quedaba tiempo…
Así comenzaba la carta a su hijo, la que escribió y metió en una botella.
La tiró al mar, junto con las llaves de su alma.
Si la encontráis, no la abráis por favor.
Dejad que navegue y algún día su legítimo dueño pueda leerla y entenderla.
Tal vez entonces Irivana pueda perdonarse a si misma y pegar los trozos destrozados de su alma…

Continue Reading