Veneno en el alma.

Hace dos años que le doy vueltas a esta entrada, masticándola, rumiando despacio, intentando sin ser capaz de entender.
Hace unos días fue tema de conversación, violencia de genero, violencia, maldad, inentendible…
Es una historia inventada y probablemente no apta para todas las sensibilidades, pero desgraciadamente no es ficción en sí, demasiados casos, demasiadas historias en los telediarios, que se terminan olvidando y repitiendo…

En el telediario los vecinos dijeron que era un tipo raro, solitario. Que siempre pensaron que escondía algo.
Mienten.
Uno de sus amigos también salió hablando, contando un incidente de hace unos años, aunque él no lo recuerda. Pero reconoce que le queda bien la tele. Seguramente en unos días tenga sus cinco minutos de gloria, halando mal de el en algún programa. Siempre fue un tipo listo.
No, no le culpa, aunque escuece, dos días antes tomaban juntos un café… Aunque ahora reniegue de su amistad.
Escuece, no duele, esta insensibilizado, en una bruma extraña. Sabe lo que ha hecho, pero no quiere admitir culpa alguna.
La culpa es de ella, por dejarle, y dañarle y ofenderle. La culpa es del resto, por permitirlo.
El sólo se ha defendido con la única arma que le quedaba.
Y ahora inventan, se esconden tras mentiras para no admitir que jamás sospecharon nada, que jamás le conocieron realmente.

Se conocieron en el instituto, ella era la chica con la sonrisa mas bonita, durante meses el fue invisible, se conformaba con mirarla en la distancia, comérsela con los ojos, y esquivar sus miradas.
No era amor, era deseo, deseo de lo que no se puede poseer, esa necesidad de admirar lo que se envidia.
Y sin embargo un día no pudo esquivar su mirada y ella franca y pizpireta como fue siempre le habló.
Quedaron un par de veces, se hicieron amigos.
No aspiraba a mas, no se sentía merecedor de mas, y en sus oscuras noches odiaba a los otros, a sus amigos, a ese noviete, a su hermana, a sus profesores…
A todo aquel que estuviese en su entorno, a todo aquel que le robara un segundo de presencia.
Y soñaba. Soñaba que el mundo se terminaba y quedaban solos, y la única historia de amor posible comenzaba.
Y soñaba que la secuestraba y la mantenía apresada para siempre…
Suya. Sin que otros ojos pudiesen verla, sin que nadie mas pudiese respirar su aire.
A veces el mundo se para, y se equivoca al volver a ponerse en marcha.
El noviete, intempestivamente rompió su corazón, y su hombro andaba cerca, fue paño de lágrimas, y amigo, y confidente, y en una de esas tardes de lamentos y consuelo adentró en su corazón mediante un beso.
Y siguió con el emprendimiento y rectitud que hacía todo, alma militar, como un trabajo tomado muy en serio, ocupando todos los espacios de su vida, volviéndose presente e indispensable.
Los comienzos fueron bonitos. Jamás osó discutirle, jamás dejo ver la parte menos brillante de su alma, esa parte enferma, que seguía soñando con poseer, con atar, con dañar.
Y terminaron el instituto y como un lazarillo eligió tras sus pasos carrera, y tras sus pasos anduvo y acompañando marcaba territorio al resto del mundo.
La familia de el veía con buenos ojos su relación, la de ella también desde el principio: Ese chico tan atento, y detallista, el que la traía siempre a casa antes de la hora, el que la cuidaba, el que siempre dispuesto con su mejor sonrisa agasajaba a sus padres.
A ella le faltaba algo, le faltaba una parte para entenderle, pero las escasas veces que se planteó dejarle se le dibujó tan necesitado y desprotegido que sintió pena y miedo, y con la comodidad de lo conocido fue olvidando aquellos sueños pasionales adolescentes y se conformó con la facilidad de su relación.
Se acostumbró al vacío.
Se casaron, después de planear durante meses y compraron un pisito en el centro, alejados de ambas familias, donde construir su nido propio.
Y ahí comenzó la pesadilla.
Su nido nació con normas no escritas, malas caras a los compañeros de trabajo de ella, rostros serios a las visitas de amigos de toda la vida, planes improvisados para no estar en casa ante las visitas familiares…
Ella se ahogaba pero el le recordaba que no tenia motivos, que solamente era su mente que inventaba extraños pesares en su feliz vida…
Y empezó a sentirse pequeña, y sola. Muy sola.
Le dejó. Una tarde. Y mientras descargaba su enfado consigo misma y pensaba que tal vez era realmente culpa suya sentirse atada sonó el teléfono:
Sin ti nada merece la pena.
El sentimiento de culpabilidad en la sala de espera del hospital
Un intento de suicidio.
La familia y sus miradas acusadoras.
Y la sensación de sentirse responsable y atada a su vida. La creencia de eso no puede ser amor…
Y pese a todo, calma, vuelta a la normalidad y un embarazo extraño, que no trajo mas que intranquilidad a ella, seguridad a él.
El ultimo nudo, el mas potente.

Un embarazo lleno de miedos. Alimentados por el.
Haciéndole creer que cada paso en el camino era una carrera, que cada movimiento un riesgo.

La maternidad.
El nacimiento de la única persona que hizo que conociese el amor.
Que olvidase los miedos y la intranquilidad.
El único ser que llenaría para siempre todos los huecos de su vida, que la haría grande, importante.
Que daría sol y luz a su existencia.

La paternidad. El germen del peor de los odios, del peor de los celos.
El alimento del miedo mas oscuro y la intranquilidad permanente.
Oscuridad y nocturnidad a su vida.

A ella le devolvió la sonrisa, la belleza, y ese brillo perdido en los ojos.
A el le molestaba su llanto, y su sueño, y su hambre. Ver como alimentaba al pecho a ese pequeño ser le reconcomía por dentro y sentía un robo injusto a su persona.
Ella era suya.
Suya por siempre, nadie podía tocarla, ni amarla, ni besarla mas que el.
Nadie merecía sus besos, ni sus caricias, ni su tiempo.
Odio, resquemor, miedo y dolor.

Se fue alejando, su nuevo instinto le advertía del peligro.
Miraba a su cría y sentía la sombra del depredador cerca.
Su naturaleza, su intuición, todo le instaba a gritar, gritar y salir corriendo lejos de el.
Y se marchó.
Nadie apoyó su decisión, abandonar al hombre de su vida, tan bueno, tan atento.
Y con un bebe de apenas 6 meses.
Pese a todo, pese a todos, había tomado la decisión más importante de su vida, aunque no tenía palabras para explicar su miedo, aunque ningún juez entendió que no quisiese que viera a su hijo.
Aunque cada vez que debía dejárselo o le presentía cerca el corazón se le parase y su razón gritase que corriera.
El, tan buen padre, que todos los viernes venía a ver a su hijo, ella, esa insensata que había roto su familia…
Y así pasaron dos años.
Dos años de tiras y aflojas, de discusiones. De limitar la cercanía y el espacio entre ellos, con el único nexo que les quedaba, su hijo.
Y pese a todo se aprende a vivir con normalidad.
Se aprende a sobrevivir, y a seguir camino.
Y ella se enamoró de nuevo.
Y a el se le cerró la última puerta a la esperanza, la de volver a poseerla.
Y el miedo a la perdida irremisible le cegó.
Y se dio cuenta de que nunca se haría realidad aquel antiguo sueño, el de encerrarla para siempre, como una gema preciosa, escondida a los ojos del mundo.
Y la odió, y a el, por amarla.
Y la odió y a su hijo por ser una parte robada de ella, y su odio se fue volviendo brea e inundó su alma.
Llenándola de ese veneno que siempre mantuvo escondido.
Ensuciando los pocos atisbos de esperanza y verdor que pudiese albergar en si mismo.
Y pensó en matarla, y pasaba los días planificando oscuras torturas para castigar su desprecio.
Lo planeó diez veces, cien, mil… Y con los ojos cerrados sintió con sus manos como su vida se escurría.
Pero su muerte no le llenaba, y seguía planeando una y otra vez como dañarla, hacerla sufrir.
Y llegó el viernes y recogió al hijo de ambos y entonces lo vio, se dio cuenta, se había consumido en el odio, y los celos no le habían dejado ver la mayor verdad.
Su vida le pertenecía, ella era suya, lo seria por siempre, porque le robaría su alma.
Su hijo…
Y supo entonces que ninguna otra acción le haría mas daño.
Ninguna tortura sería comparable a ese dolor…

No le miró a los ojos.
No escucho su última palabra.
Ni tan siquiera se paró al sentir su último aliento.
No le sentía valioso, ni propio, sólo fue la herramienta para llegar y romper su corazón.
La venganza perfecta.
Ya nunca serás de nadie…
No tenia ojos, ni oídos, tan solo odio.

Yacía inmóvil, perfecto y frío sobre la cama cuando la policía llamo a la puerta.
Dos años de vida, perdidos, sin valor para el, extremadamente valiosos para ella.
Y abrió tranquilamente, el rostro sereno.
-Su ex-mujer ha denunciado la desaparición de su hijo, le tenía que haber entregado hace dos días.
-Está aquí. Por qué no ha venido ella?
-Dónde está? Por qué no cogía el teléfono?
-Estaba ocupado.
-Dónde esta su hijo?
En la cama, muerto.

Y ahora desde su celda ve a un policía desconocido en la tele, y a un forense muy famoso que intenta explicar y entender por qué lo hizo.
No se arrepiente.
No siente la perdida de su hijo, no era su hijo, solo un arma contra ella, la mas potente, la mas dañina.
La única que podía matarla en vida.
La única que mantendrá por siempre su vida en la oscuridad.
Que hablen todos ahora, que intenten decir que lo imaginaban, que hablen de maltrato psicológico, que la acompañen al funeral.
Ella será siempre mía, porque soy yo quien ha matado su alma, quien la posee y la mantiene encerrada, apresada en el peor de los infiernos.

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Hoy es uno de esos días…

Hoy es uno de esos días.
Un día en el que te supera el trabajo, y la vida, siempre corriendo.
En el que le has levantado la voz, y sin razón le has reñido porque estás cansada.
Uno de esos días en los que el agotamiento te ha hecho estar con la mente lejos, mientras le ayudabas con los deberes, en que estabas sin estar, y el lo ha notado y has visto sus ojos tristes.
Hoy es uno de esos días en los que has echado de menos un rato para ti, y tras el segundo -Qué tal?- has dejado volar tu imaginación mientras el seguía hablando sin que nadie le escuchase.
Y sabes que se ha dado cuenta, porque su silencio ha sido el grito redentor, con el que regresar a tu cuerpo.
Con el que darte cuenta que sus pequeños pesares son grandes e importantes, y que tu también necesitas que te escuchen…
Hoy es uno de esos días en los que te has agobiado poniendo lavadoras mientras se calentaba la leche de su merienda, te has saltado el baño y le has mandado a la cama sin cuento con un beso rápido en la mejilla.
Y ahora cansada, todo recogido y en orden, has notado el vacío en el sofá y le has echado de menos y ansías que se despierte para pedir agua y darle un abrazo…

Hoy es uno de esos días.
Y aún no has hecho la comida de mañana y te siente culpable, porque una noche mas, has puesto pizza de la sección de congelados, aunque le hayas explicado cien veces los beneficios de la comida sana.
Culpable una vez más, porque no tienes tiempo para planchar y su camiseta mañana será la confesión de ello. Y aunque sabes que a nadie le importa, a ti si.
Hoy es uno de esos días en los que en el trabajo todo salió mal.
Y tarde. Y con todo a medias debiste salir corriendo porque tu hijo te esperaba en la puerta del colegio, solo, bajo la lluvia.
Y mientras lo piensas una lágrima se escurre por tu mejilla, por el y por ti. Porque aún tienes su imagen grabada en tu retina, solo bajo el alero para no mojarse, y por ti, porque sabes que mañana será peor el día, deberás recuperar y nadie entenderá que no podías dejarle más tiempo esperándote, que no te puedes permitir relajarte y aguantar un rato mas en la oficina, ni hacer sobremesas después de las reuniones, ni cañitas a media tarde, ni cenas los viernes…

Hoy es uno de esos días, en los que te das cuenta de lo difícil que es todo, de todo lo que te queda por hacer, de todo lo que te pierdes mientras te enfadas contigo misma
Hoy es uno de esos días, en los que cuando te vas a la cama pasas por su cuarto a arroparle y se despierta, y te abraza y te dice:
-No te preocupes, te quiero.
Y te vas llorando a dormir, porque no concibes en un mundo justo que un niño de 8 años consuele a su madre y se conforme con las migajas de su tiempo, con el tiempo sobrante tras terminar su trabajo, y la casa y los deberes, y la cena, y la comida del día siguiente, y esa compra apresurada en el súper, y ese salto a la farmacia para buscar vitaminas que te hagan mas largos los días.
Y mientras él crece, y nunca volverá a tener 8 años, ni querrá jugar mañana de nuevo con su tren y contigo, y mañana crecerá y ya no querrá que le ayudes con los deberes, ni tendrá ganas de contarte que hizo ayer en el recreo, ni querrá que conozcas sus secretos…
y El tiempo pasará y no reconocerás a la mujer del espejo, ni a ese adolescente guapo de su lado.
Respira, mírate. Vuelve a su cama y abrázale.

Y mañana edúcale.
Edúcale para que crea en la igualdad, para que crezca sabiendo que cuando sale de casa el mundo se ha de regir por las mismas reglas, que aprenda que compartirá espacio, y tiempo, y trabajo con mujeres como tu, y que merecen el mismo respeto y las mismas oportunidades y obligaciones.
Edúcale para que eduque a sus hijos a no concebir diferencias.
Edúcale para que aprenda que la implicación de su padre no es excepción.
Edúcale para que respete por igual sin importar el sexo.
Porque en la educación está el futuro, porque los hombres conscientes de hoy han de ser mayoría mañana, porque solo el día que para el sentir universal los hijos, y la casa, y los deberes sean obligación y deber de toda la familia y no sólo de las mujeres la conciliación no será posible.
Edúcale, para que eduque a sus hijas, y les haga saber que no son las herederas de las tareas del hogar, ni de la plancha, ni de las lavadoras, Edúcale para educar en igualdad.
Y edúcate…

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las curvas de crecimiento maternales

Si, todos conocemos las curvas de crecimiento, esos graficos que nos tocan las narices a todas las madres, pero no miden la altura y peso de nuestros retoños, no, miden nuestra calidad maternal, porque las curvas es como la lotería, todo el mundo quiere que le toque, pero cuando toca no es lo que uno quería y conlleva muchos impuestos.
Si estas arriba, mantente! No bajes ni un punto!! Si estas abajo, sube!! Porque un percentil bajo es catastrófico!
Vas a la revisión y tu pequeño ha subido los porcentajes, premio! Pero tranquila, la vecina, el pediatra, la enfermera, tu madre… Todo el mundo te instará a superarte, como si en lugar de niños tuviésemos patos a los que llenar el estomago con embudo.
Me recuerda a la típica imagen de adolescentes americanos fornidos en concursos de beber cerveza:
BEBE, BEBE, BEBE, BEBE!!!!!! Jaleando al pequeño en cuestión para que trague y engorde adecuadamente.
Porque de eso se trata, no de que crezcan, sino de que crezcan por encima de su percentil, del vecino, de los compañeros del cole, de su primo…

Tengo tres hijos, el mayor perdió un 30% de peso de nacimiento, estuvo enfermo, así que no es algo normal, pero si lógico, una enfermedad en los primeros días consume, si añadimos serios problemas de agarre y deshidratación tenemos el cóctel perfecto, eso me marcó profundamente, llevar un control exhaustivo del gramaje, asistir al control permanente del peso por parte de los profesionales y escuchar por parte de todo el mundo lo pequeño que era.
Si, era muy pequeño, entre otras cosas por prematuro, pero eso no importa, no es un hecho a tener en cuenta para todos los expertos mundiales de escalera!. Fue subiendo su percentil, del 3 al 90, y ah!!! Eso era vida, qué grande! Qué alto! Y si, caí, caí en el sucio juego de todo el mundo.
Si engorda eres buena madre. Las malas madres tienen hijos flacuchos y bajitos, aunque la madre en cuestión mida metro y medio y pese 40 kilos, sus hijos han de ser talla XL, si o si.
He asistido estupefacta a conversaciones donde se ponía en tela de juicio a Fulanita como madre por la medida de sus hijos…
Claro es que Fulana hija es la mas bajita de la clase, porque mi hija Menganita le saca una cabeza!
Claro!!! Y tu dos a su madre, y teniendo en cuenta lo poco que recuerdo sobre las leyes de Mendel, el loco aquel que estudiando guisantes descubrió la herencia genética, es bastante esperable, de padres pequeños, hijos pequeños, de padres grandes, hijos grandes…
Si, hay muchas excepciones, lo se, pero la hija de Fulana esta estupendamente alimentada, es bajita y punto, y la hija de Mengana es grande como su santa madre.
Y esto que puede parecernos mala leche es costumbre, porque a todos y todas nos afecta, el peso es un medidor y un motivo de examen y crítica constante.
Mi segunda hija, nacida a termino, 3 kilos y medio y duplicados en un par de meses de vida…
Uys, pues estos bebes tan grandes no se disfrutan, ha nacido ya criada…
Seguro que no le das cereales?
La ventaja de que tu segunda hija crezca por encima de los percentiles es que aprendes que cada niño es un mundo y el peso debiera ser como hace treinta años, que se controlaba mucho menos que ahora, cuántas básculas son responsables del fin de una lactancia?
Cuántas madres sufren insomnio antes de la visita al pediatra?
Cuántas mienten como bellacas para no sufrir las malas caras de su enfermera o de su pediatra?

Os pongo un ejemplo que podéis encontrar en cualquier tabla, un bebe de doce meses, puede pesar según los percentiles entre 7 y 14 kilos. Estamos hablando del doble de peso entre un niño que esté en la parte mas baja de la tabla y otro que esté en la más alta, y los dos son niños normales, sanos, activos, bien alimentados…
A qué estamos todos de acuerdo? Entonces por qué no dejamos de preocuparnos por el peso? Por qué no dejan de machacarnos con tablas, percentiles y controles absurdos?

Mi tercer hijo, nacido cinco semanas antes de tiempo, 3 kilos, perdida de un 15 % de peso en los primeros 15 días, aumento de un 60 % en el mes siguiente, había problemas en la lactancia? No, apenas, sin embargo en la primera revisión nuestra enfermera pese a que le dije textualmente que no me preocupaba la perdida de peso, por ser prematuro, por ser mi tercera lactancia… Me contestó que debería preocuparme y controlarlo, porque si no habría que darle biberón. Textualmente, no puedo omitir, que es encantadora, pro lactancia… Pero el peso es un gran problema para ella y para todos.
Profesionales oprimidos por unos tiempos ridículos para hacer exámenes, por una falta total de pediatras haciendo que los que están se saturen y no den abasto.
El peso se ha convertido en una herramienta indispensable. Allí donde antes se controlaban otras cosas, se hablaba con los padres, se tenían en cuenta a la familia porque se conocía, ahora solo existe una tabla y ni siquiera la evolución del niño sobre ella.
Todo son ejemplos claros, sales de la revisión y lo primero que haces es contarle a amigas y familia, lo bien de peso que va tu niño.
Un bebe gordo es un bebe sano, si sobresale en la fila del cole es que estás haciendo tu papel correctamente.
Dan ganas en lugar de darles los primeros Cola-caos, enchufarles una manguera de leche con manteca…

Qué alta es la niña! Cuántos años tiene? Dos. Uys qué alta para su edad…
Realmente apenas hay diferencia con otros niños de su edad, pero es una forma de halago, esta el “Qué guapa”, seguido del “Que niña mas buena” y por último lo alta y grande que es…
Lo lógico en estos casos es que te llenes de orgullo, se te caiga la baba y engordes hasta limites insospechados…

Digamos basta!!!
Dejemos de utilizar las medidas de nuestros hijos como notas a la capacitación de sus madres, porque es ridículo, insano, horrible.
Porque estropean lactancias y hacen de otras una época de cronómetro y control, porque pone nerviosas a las madres con los primeros alimentos y persigue a sus hijos hasta casi entrada la adolescencia.
Porque sirve para vendernos productos de todo innecesarios con la idea y el convencimiento de que estarán mas sanos y crecerán mejor con tal o cual marca de suplementos.
Definitivamente los percentiles debieran ser algo de uso estrictamente pediátrico, quién los sacó a pasear tan alegremente a la calle?
Quién nos descubrió su poder sin enseñarnos a comprenderlos?

Tengo 3 niños percentil 20, percentil 85 y percentil 70. Id preparando el juicio…

 

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