El postparto.

Hace 60 días que di a luz. Qué bonito suena así.

Hace 60 días que de mi cuerpo nació una flor. Poético.

Hace 60 días que un milagro ocurrió en mi. Religioso.

Hace 60 días que parí, que mi cuerpo se abrió y en una pelea encarnizada sacó de mi vientre a mi hijo.
Así suena mejor.
Así me siento, como una guerrera emponderada e incansable, capaz de todo. Luchadora y defensora de mis frutos.

Así y en mil ejemplos mas(Tantos como partos) puedes verte.
Y tantos partos hay como postpartos o puerperios. No hay mas que hablar con otras mujeres, y cada una te contará su historia, su sentir.
Quien inmersa en un cóctel hormonal se come el mundo, quien tras el parto oscurece y se esconde por miedo al sol.
Quien ha sido educada o ha crecido entre mujeres que creen que después de un nacimiento hay que reposar por costumbre, o quienes el agotamiento del parto les aboca a un reposo necesario…
Todos son válidos, todos posibles.

Mi puerperio (esos 40 días, más o menos, físicos en los que el cuerpo vuelve al estado anterior de la maternidad) es un viaje hormonal, productivo y lleno de luz.
Me encuentro mejor que nunca. Así han sido en todos mis partos.
Pero cuánto dura el puerperio o postparto, 40 días?
Y el puerperio o postparto psicológico? Cuántos meses, años, vidas nos dura? Y digo vidas porque jamás volveré a ser la mujer que era antes, la maternidad coloca filtros en la mirada que jamás soñaste con ver, es así.

Y hoy que me encuentro puérpera total me da por reflexionar, tal vez sea el inicio de año, para mi un apeadero en la mitad del camino, porque dentro de unas semanas me reincorporaré a la vida laboral.
Aún estoy de posparto? Mi ropa ya me cabe, soy de esas afortunadas(O no) en las que después del parto volver al peso anterior es solo un paseo, tal vez la lactancia o la actividad diaria, tal vez la herencia genética, no lo se.
Pero me miro y veo mi vientre, blandito, apenas la única señal del embarazo. Me miro y me gusto. Me gusta también mi vientre blandito, mi piel elástica capaz de ampliarse diez veces. La única estría marcada al lado de una cicatriz antigua, el mapa mágico grabado sobre mi piel.
El primer hogar de mis hijos, su primer reino.

Y me descubro de nuevo a mi misma frente al espejo.
Y me redescubro.
Y me pongo en la piel de otras. Otras que tras estos dos meses comienzan a salir sin temor a la calle, que intenta reencontrar esa fuerza que las abandonó tras el parto.
No, no es depresión postparto, es algo más sutil, esa astenia, esa falta de energía.
No, tampoco es debilidad, porque son madres, mujeres, en las que la debilidad no cabe.

Me miro en el espejo y me pongo en la piel de Natalia.
Ella también está en pleno puerperio.
Apenas dos semanas de distancia entre nuestros partos.

Y la veo bella y hermosa frente al espejo, pero ella no se ve. El postparto le ha hecho empequeñecer, esas voces que a modo de ayuda atosigan y ejemplarizan, que ofrecen consejos no pedidos, que critican las formas de ejercer tu maternidad…
Familia, amigos y entorno que creen que el puerperio dura exactamente 40 días, y que el día 41 es hora de abrir las ventanas y sacar las alfombras vitales al sol.
Mujeres que viven entre algodones la cuarentena y que de pronto ya no son aptas para ser mimadas y cuidadas.
Cuánto dura el postparto?
Esa sensación de viajar desnuda y descalza sobre el mundo?
Porque así se sienten muchas mujeres tras su maternidad, desnudas y descalzas, redescubriéndose en armonía consigo mismas, desintonizadas del mundo, en una realidad paralela, la suya, en la que precisan silencio, intimidad, interiorizar…

Para Natalia la maternidad le ha despertado su ente más tierno, frágil y delicado. Le ha hecho ser una mujer feliz dentro de una burbuja de jabón, desde la que cualquier situación crece y se convierte en una montaña de dimensiones desconocidas.
Una pompa jabonosa desde la que el sol brilla mas, pero desde la que la oscuridad es también mas oscura.

Y desde esa fragilidad ciertos comentarios, ciertas críticas queman como agravios y ofenden y duelen.
Pero duele más que solo tu leas entre líneas esas ofensas, y quienes te quieren intenten hacerte ver que no son tan graves, o tan duras las críticas. El sentirse sola, y abandonada con tu bebe en brazos.
Nadando entre lo que creemos incomprensión.

Malas jugadas de las hormonas.
Tristezas infinitas que se acompasan con alegrías increíbles.
Toboganes de sentimientos.

Y no, no ayuda vivir inmersos en la nueva era de la información, donde mediante cualquier dispositivo se encuentra una tribu o una amiga, pero cuando cae la luz y se desconecta se ve más amplia y sola la casa.
Donde cualquier grito de auxilio es acompañado por decenas de manos dispuestas a ayudar en las redes, pero que en la soledad de la tarde, con las ventanas oscuras no hay manos para secar las lágrimas, están lejos.
Una soledad en macro-compañía.

Y en esa soledad oscura y hormonada todas las noches ataca el pensamiento de la vuelta al trabajo, ese sentir doloroso y trasnochador que nos acompaña a todas, el día D, la hora H en la que deberemos dejar nuestro corazón durante unas horas.
Y no importa que existan abuelas, tías, o una buena niñera o nana a la que dejar en confianza a nuestros pequeños, el sentimiento será igual de autodestructivo. De abandono.
Esa soledad oscura, desde la que somos capaces de ver y sufrir momentos no acaecidos, donde nos afligimos de los posibles padecimientos de nuestros niños, que con la luz del día apenas duelen.

Ese puerperio, con o sin fecha de caducidad, con o sin tristeza, con o sin alegría, nos toca a todas.
Y durante meses el mundo será una montaña rusa, donde a veces estaremos arriba disfrutando y creciendo, y otras abajo haciéndonos pequeñitas.

Yo te digo: Rompe tu pompa Natalia! Durante unos meses tal vez un año o dos, te sentirás así, pero no estás sola, cambiamos, mejoramos, crecemos y aprendemos a vivir y compartir nuestras nuevas vidas, nuestros nuevos momentos.
Aprendemos a nadar entre hormonas y nos redescubrimos frente al espejo.
Tu en tu pompa, hermosa, frágil, etérea pero poderosa, amante y fiera.
Yo en mi locura feliz, pero también tenue y sutil, a veces quebradiza, a veces afligida.

Ambas reinas, creadoras, fuertes…
Ambas madres.

Busca en ti, y mira lo que yo veo.
Busco en mi, y miro lo que tu ves.

Y lloraremos con días de diferencia nuestra despedida del remanso maternal, y volveremos entre lágrimas al trabajo, y volveremos, y volveremos y volveremos…
Con sonrisas y alegrías a reencontrarnos con el otro yo, el yo mujer y lo compaginaremos y nos reiremos en los ratos de asueto de aquellos días hormonados y tristes.
Y aprenderemos y creceremos, y simplemente seguiremos andando por el camino…


Esencia de madre, una magnifica obra de Andrea Arco Blanco

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2 comentarios

  1. Me gusta mucho como escribes. Pones voz a sentimientos que no sabía como expresar y ayuda.. mucho! A soltar y desahogar.. gracias. Que época el puerperio. Nunca había vivido una mezcla de alegria, extrañeza, tristeza, euforia y descubrimiento de una parte de mi misma..

    1. Y te veo ahora, año y medio después. Gracias!!!
      Y sí, cuántos sentimientos, subidas y bajadas, pura vida! Magia. Re-conocerse como mujeres.
      Un abrazo