El tiempo pasa, vuela, se escapa…

El tiempo pasa.

Ha pasado el tiempo sin darnos cuenta.

Y ayer la cama volvió a ser nuestra, de los dos.

Ha pasado rápido, muy rápido y ya no hay pañales por casa, ni cochecitos, ni tronas…

Ha pasado el tiempo, y dormimos toda la noche sin desvelos. 

Ya nadie llora de madrugada, nadie reclama el pecho ni un abrazo en el silencio de la noche. Vuelve a reinar el silencio en nuestra nocturnidad.

Ahora que me doy cuenta de cómo habéis crecido echo de menos los abrazos que no os he dado.

Los besos que nos habremos perdido, las tardes de juego, las sonrisas y las risas… 

No, no es que hayan sido pocos los momentos juntos, es que veros crecer me hace sentir que no nos bastan. 

Que necesito más, que no puedo soltaros al mundo aún.

Ya nadie me reclama constantemente, ya no soy una deidad, otros faros alumbran vuestra existencia además del mío.

Vuestros centímetros me han hecho más pequeña, menos necesaria.

Os vestís solos, os bañáis solos, coméis solos, pedís espacio, intimidad, libertad…

Lo sé, es una alegría saber que sois capaces, independientes, es un orgullo conocer vuestra autosuficiencia, es un halago vuestra madurez, pero aún cierro los ojos y puedo sentir vuestro primer abrazo cálido en mis brazos al nacer.

Queda algo de de aquel cuerpo diminuto en tus 40 k?

Queda algo de aquel olor a vida en tus 26 k?

Dónde se perdió aquella mirada hambrienta en tus 14 kilillos?

La maternidad es tan grande que nada te prepara para estos pequeños adioses.

Ni siquiera los holas diarios que me emocionan.

Y es que cada paso os aleja inevitablemente de mi, y añoro cuando os dormíais sobre mi pecho.

Y es que cada paso os acerca inevitablemente a los extraordinarios adultos que seréis y tal y como añoro a los bebés que fuisteis, añoraré siempre a los pequeños, portentosos, perfectos y maravillosos niños que sois.

Y es que el tiempo pasa sin darnos cuenta…

Y como un tic tac eterno crecéis y adelantáis mi paso para alejaros por el mundo.

Noe del Barrio 

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