Las manos retorcidas

Las manos retorcidas.

Porque una imagen vale más que mil palabras.

Esas son las manos de mi hijo durante su función de navidad.

Tienen traducción.

Esas manos retorcidas, crispadas, son la imagen de su esfuerzo por mantenerse quieto, centrado y en orden durante las dos horas que duró el evento.
Dos horas en las que aguantó quieto como iban pasando y cantando otras clases, en las que subió e hizo su parte.
En las que aguantó el ruido, los estímulos y todo lo que conlleva mover a 200 niños de su entorno y ponerles a cantar delante de 200 padres.
seguramente como el tuyo…

Pero esas manos retorcidas dicen mas, que a lo mejor, y por fortuna el tuyo no sufre, son la imagen de su ansiedad, de el insomnio que nos persiguió durante semanas y que le hacían dormir pocas horas, de su imparable motor que le hace no estar quieto nunca, de su medicación…

Es la imagen de su esfuerzo titánico por ser “normal”, por actuar como el resto, porque estemos orgullosos de el.
Es un niño con una misión astronómica, porque debe controlar lo imposible, su cerebro, sus trastornos, sus capacidades diferentes.
La responsabilidad de no ser diferente, de actuar tal y como se espera de el aunque su cuerpo le diga otra cosa, una responsabilidad que no debiera tener ningún niño de 8 años.
Ser quien no es, ser como los otros.
Esa es la imagen de la contención emocional de un niño con tea y tdah…
Un niño con capacidades diferentes, con necesidades específicas, con autismo e hiperactividad, además de otros trastornos relacionados.

Y tal vez digas que a ti qué me importa, ni suma ni resta valor al tuyo, es cierto.

Pero la próxima vez que pienses que tal vez tu hijo estuviese mejor en un colegio en el que no hay integración acuérdate del mío.
De su esfuerzo, de su entrega, del valor de cada uno de sus pequeños logros, que no restan valor al tuyo.
Le suman, porque aprende de su ejemplo.

La próxima vez que consideres que los niños especiales atrasan la clase de tu hijo acuérdate del mío y valóralo.
No atrasan nada ni a nadie, la integración sirve para que todos aprendan que cada uno lleva su ritmo, que cada uno tiene sus necesidades, que todos cabemos y somos válidos.
Valora a los profesionales que consiguen que funcione el equipo, que todos consigan sus metas y crezcan, también emocionalmente.
Valora el conjunto de las maravillosas, tolerantes y buenas personas en las que se convertirán gracias a la convivencia.

La próxima vez que creas que mi hijo o cualquier otro niño con necesidades especiales, es un niño maleducado, o gamberro o que no sabe estarse quieto, recuérdalo.
La lucha titánica diaria que llevan a cabo para ajustarse al resto, a una sociedad que impone como han de ser, y el dolor que les supone muchas veces no ser capaces a causa de su impulsividad y comportamiento.

La próxima vez que creas que los niños con capacidades diferentes están mejor mirados o que tienen ventajas, piénsalo dos veces.
Y hazte consciente de que nos enfrentamos todos los días a un mundo hecho a la medida de otros, son niños que deben limarse, romperse y rehacerse para encajar.
Las terapias no son un regalo, los terapeutas, los refuerzos, las adaptaciones no son ninguna recompensa, son una compensación para que puedan jugar en el mismo equipo…
Son unas gafas para el niño que no ve bien, o un audífono para el que no escucha bien, no son un extra.
Y pagaríamos con nuestra alma por no necesitarlo…

La próxima vez que creas que es injusto que pueda llevar un acompañante a una excursión ponte en su lugar.
Que no es un capricho, es otra necesidad, y que ni a el ni a mi nos gusta.
Entiende que también tu hijo se beneficia, que hay más ojos para protegerles a ambos, más manos para cuidarles, más tranquilidad para poderles atender a todos.
Que tu hijo estará mejor si el mío está contenido…

Ponte en su lugar, ponte en su lugar, ponte en su lugar.
Y en el de su familia…

Y valora sus grandes pasos, aunque a ti te parezcan pequeños.
Reconoce su esfuerzo aunque con el no llegue a los resultados del tuyo.
Comprende su dificultad y asúmela.
Cabemos todos, y si tu lo crees, tus hijos crecerán afirmándolo.

Estamos cambiando el mundo, aunque no lo creas, tu y yo…

Estamos mejorando el mundo, el de mi hijo y el del tuyo…

Noe del Barrio

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