Ya no quiero ser pequeñito…..

Siempre pensé que conforme fueses creciendo sería más fácil…
Más fácil separarnos un rato cada día, para cumplir con nuestros horarios, rutinas y obligaciones, que pasado el año, los dos, sería más fácil. Pensaba que como ya hablas te puedo explicar y tu comprender, no es así.
Es peor, porque entiendes y te haces entender, y preguntas, y sientes.
Qué te pasa? Nada… Pero lloras, y reclamas, y muerdes, y vives enfadado con un mundo que no te comprende, y una angustia te corroe y no alcanzo a sofocártela.
Te enciendes y buceas en mi paciencia, para dejarme noqueada como al más inútil de los púgiles.

Qué te pasa? Por qué colérico e insaciable, reclamas más amor, más juego, más teta, más mimo, para acto seguido volverte inasequible y lejano, y en la distancia mirarme mientras me deshago en dudas
Qué te pasa? Un cambio en nuestras rutinas desde hace meses…
Mamá no está. Mamá se marcha a trabajar y vuelve cansada y con poco mas de media cabeza, vuelve y juega pero no con el ímpetu de hace unas semanas. Vuelve y mima, pero con la mirada perdida en otros mundos…
Pero vuelve. Te prometo que volveré siempre.

“Mama, ya no quiero ser tu niño pequeñito quiero ser grande para irme a trabajar contigo”
Cuánta fuerza en tus palabras, cuánto dolor!
Nuestro dolor, incomprensible e irrisorio para muchos, pero nuestro.
Nuestra distancia diaria, mi pequeño adiós.
Porque me marcho cada día, y cada día dejo un trozo de mí a tu lado, el que te acompañará siempre, y a fragmentos marcho, y voy dejando una senda de pedacitos de mí cual Pulgarcito, para volver a tu lado nuevamente.
Y aún sin senda marcada volvería a tí, porque algo superior e invisible nos une, y perdida en el universo y con los ojos cerrados sería capaz de encontrarte.
Porque eres mi faro en la distancia, y sin ti ni todo un mar me aplacaría la sed de amor, porque sois vosotros el motor de mi existencia, vosotros por los que me levanto cada mañana para alejarme, y vosotros los que con la soga de la vida me mantenéis atada y tiráis de ella para reubicarme a vuestro lado.

No quieras crecer, no crezcas!
No tan rápido!
Que no te alcanzo y el correr me ahoga.

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Los agricultores de nuestros hijos…

Hoy reciclo una entrada antigua tras una conversación con una amiga…

Hace unos años ya, cuando mi corazón de melón apenas tenia un par o tres de meses y la princesa de fresa no era ni proyecto, tuve una conversación con una amiga, surgió de pronto la pregunta sobre su futuro.

Tu qué crees que será de mayor?
Y yo sin pensar le contesté, será feliz! Porque realmente ese es mi anhelo, su felicidad…

Como padres solo tenemos un deber, una obligación, esa es nuestra misión en la vida, que sean felices, o lo que es más difícil aún, educarlos y enseñarlos a vivir con felicidad.
Enseñándoles el valor de las cosas importantes, de las sonrisas, de la amistad, de la familia, de la cultura, de la música, porque no importará si vistieron mejor o peor, si llevaron zapatos de marca, si comieron patatas o ternera, si viajaron, si aprendieron a escribir, a cantar o a correr antes o después, si los visitó aquel famoso pediatra o el desconocido, si viajaban en una súper silla o en la de oferta del supermercado, si tuvieron miles de juguetes o sólo uno
Porque lo mas probable es que no recuerden esas cosas.
Recordarán los domingos y el olor a ropa limpia, recordaran el calor de los abrazos de mamá, sonreirán cuando vean aquella foto en la que salís sonrientes en familia, relataran a sus hijos aquel paseo todos juntos en el que rieron y jugaron.

Nuestro mayor reto es enseñarles a valorar, y valorar no es saber el precio.
Valorar es amar a las cosas, las personas, los lugares por lo que nos ofrecen, por lo que son, por lo que nos hacen sentir.
Porque ese juguete puede ser maravilloso si le damos las llaves de la imaginación, no precisara ningún otro. Sobrarán los otros miles.

Enseñarles a amar, a todo y a todos.
A disfrutar de los grandes y pequeños lujos que nos ofrece la vida a diario.
Las puestas de sol, el olor del mar, el sabor de la fruta madura, el viento en la cara, el sol en el pelo…
Darles herramientas para apreciar todas esas riquezas.
Educarles para que estimen por encima de todas las cosas los valores, que aprendan que respeto, la confianza, la empatía, el amor, la amistad son riquezas de valor incalculable.
Darles instrumentos para vivir!
Porque vivir no es pasar por el mundo respirando, es sentir, disfrutar, percibir…
El sinónimo de sentir es hallar, vivir debería ser hallarse a uno mismo, encontrarse, y aceptarse, tal cual ser feliz!!

Nuestra única obligación es hacerlos felices, que crezcan siéndolo, que el día de mañana sean hombres y mujeres felices, porque sólo eso los hará grandes, completos, y portadores de futuro, porque ellos son futuro.
Respeto, empatía, amor… Las llaves de la felicidad.

Felicidad, solo eso, y en tiempos de crisis, es gratis!

-puerros

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Y una vez mas……

Una nueva despedida, diaria, en la que cada mañana debo reincorporarme al mundo laboral.
A horas de noche mientras los observo dormir me siento al borde del abismo, una vez mas tengo vértigo…
No es una despedida, son cien, mil, diez mil, diaria, pero nunca me acostumbraré, nunca volveré como un soldado a la guerra con dignidad y compostura, mas bien siento esta vuelta ruin, vil, infame, indecente…
Lo siento como una perdida, un adiós diario y sin embargo llegando el final del día, cuando al fin logro sentarme y me reclamais a gritos, y rezongando y protestando voy a vuestro lado, y durante un minuto pienso que me agotais y reclamo mi respiro…
Y agradezco mi espacio, y mis obligaciones ajenas a nuestro hogar.
Y a veces os echo de más a vuestro lado y siempre de menos cuando me alejo…
Y entre protestas, mientras revindicais mi calor y mi simple compañía, se me escapa el enojo cual mariposas.
Entonces sonrío, y disfruto manteniendo mi mejilla pegada a la vuestra.
Y abrazo vuestros menudos cuerpos.
Y aspiro vuestro olor.
Y pienso, este, justamente este es el mejor instante de mi existencia.
El que no disfrutaría si no lo perdiese todos los días un poco.

Sois mi esperanza y mi credo, y sin embargo, algunos días, en algún momento cansada y compungida, levanto mi voz como si no os quisiera.
Para arrepentirme inmediatamente de no saber amaros como merecéis.
Y es que sois mi motor y mi vela si bien extenuada en cierto momento se me nubla el cerebro y me hace pensar que sois mi lastre.
Y es que os amo sobre todas las cosas, nada mas preciso a vuestro lado, y sin embargo alguna vez necesito de todas las cosas sin valor para alejarme un rato y poder echaros de menos
Y es que sin vosotros apenas sale el sol.

El final del día, una tarde cualquiera, tirados en el suelo jugando sin importar nada, disfrutando a medio metro de altura de vuestra visión del mundo, pensando y soñando con parar el tiempo para siempre y quedarnos así, como un bonito cuadro impresionista, “Familia jugando en alfombra” un mundo paralelo, donde no exista el tiempo, ni los relojes, ni las obligaciones que nos alejen, ni progreso que nos obligue a separarnos, donde no haga falta conciliar nada porque criar a los propios hijos sea la norma, y no la excepción.

Berthe Morisot_

En un parque. Berthe Morisot.

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