Qué te pierdes de tu maternidad?

Qué te pierdes de tu maternidad?

Ser madre trabajadora.
Días en los que no hay tiempo, se suma el trabajo, las obligaciones, faltan horas.
Que te pierdes del día a día de tus hijos? Esa pregunta que te haces, o ese comentario ajeno, que todos escuchamos alguna vez.
Quiero verlos crecer, no perderme nada… Por eso decidí quedarme con ellos.
Y como un hachazo recibes sin haberlo solicitado y marchas a tus obligaciones con el corazón encogido.
Quedarte observando como crecen, como quien vigila la carrera de un caracol, para no perder ni la sombra de un movimiento…
Decisiones vitales que se juzgan sin más. Como si la vida no estuviese llena de opciones y caminos.

Qué te pierdes de tu maternidad?
Qué me pierdo de mi maternidad?
Qué te pierdes en tu día a día, todas esas horas en las que no estás, en las que no eres partícipe de su tiempo y de su espacio.
Días de trabajo, compromisos, deberes…
Y si lo tuvieses todo? Y si no te perdieses nada?
Vivir con la sensación de perderse algo, de no darlo todo, de no estar permanentemente, no importa si trabajas o si no, creo que el sentimiento es el mismo, el de siempre, el de no terminar de hacerlo bien. Como si la vida fuese un curso llena de evaluaciones y examen con puntuación final.

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Qué es una madre?

Qué es una madre?-Preguntó el Principito.
No sabes que es una madre?

Una madre es una persona que abraza y cuida a diario a sus hijos.
No importa si nacieron de ella o llegaron de otro lugar.
Que los ama por encima de todas las cosas, los acompaña, sueña con ellos.

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Y ya no te leo.

Yo ya no te leo, me dijo.
Y sonrió. Porque todo lo que cuentas lo viví yo antes. Y a veces duele recordarlo.
Y eso que le veo, a sus veinte años, y me lleno de orgullo.
Cómo ha pasado el tiempo! Parece ayer cuando era un bebé, y cuando aprendió a gatear, y cuando comenzó a hablar.
Y como ha cambiado la vida, y mi vida.
Y sigue siendo mi vida, veinte años después. Aunque ya sus alas le lleven lejos, y haya aprendido a ver con una sonrisa como abraza a otra.
Cuesta.
Y es que ya lo sabes, no conoces el amor verdadero hasta que tienes un hijo.
Y no envejeces, creces a su lado. Y el mundo pasa como exhalación desde que te conviertes en madre, los años no pasan, vuelan y se escurren entre los dedos.
El cansancio de los primeros años, las noches sin dormir, en vela al principio cuando lloraba, los primeros dientes, las primeras fiebres.
El dolor de espalda de andar encorvada dándole la mano mientras aprendía a caminar, llevarle en brazos durante años.
Acompañar cada paso, tu que creías que no había mas mundo que el tuyo, y un día te paras y ya tiene 5, 10, 15, 20…
Y sigues con la misma inseguridad del primer día.
Miedo a hacerlo mal. Buscando perfección. Porque el no merece menos.
Miedo a no ser lo suficientemente merecedora de su amor. Conquistando cada día, a su lado.
Veinte años después, decías, sí, veinte.

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