Los terribles dos años. Pura magia.

Los terribles dos.

Llegan un poco antes a veces, o tal vez un poco después, depende de los niños.
Seguro que has leído sobre ellos.
Hoy me toca a mi, y es la tercera vez que los pasamos, y cada vez son nuevos.
Los dos, los terribles, los malhumorados, las rabietas, los gritos, los NO!
Esos dos, que se esperan con miedo, de los que habrás leído cual película de terror.
A qué temer? A esas rabietas que te sonrojarán por el mundo? Por qué? Párate. De verdad te importa lo que puedan pensar los demás?
De verdad no puedes pararte y ver cómo crece hoy, en este momento, ahora?
Lo se, no es fácil, cuando no entiendes su frustración, su dolor, su enfado. Se hace imposible manejarlo, se pierden los nervios…
Sólo va a tener estos dos aquí y ahora. Nunca más sentirá con tanta fuerza, con tanta emoción, tan extremadamente…
No los temas, no te enfades, acompáñale, y descubre el maravilloso niño en el que se convertirá mañana.

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El lento, el rápido y la psicomotricidad

El niño lento, el rápido y la psicomotricidad

centric

 

 

Había un niño lento y otro demasiado movido.
Nada más llegar ya le habían dado el “parte” ,las odiosas etiquetas que tanto temía, vaya comienzo!
Esto no era lo que había soñado de la enseñanza, él que se jactaba de que se iba a dedicar a lo que más amaba…
Su primera clase, 25 niños de 6 años, su primer reto.
En cada clase suele haber varios… Esos niños incomprendidos y agotadores, algunos por exceso de energía otros por la falta de ella…
Uno era el lento, Arnau, un niño tímido, sin prisas, que con ojos hambrientos masticaba la vida despacio, despacio.
Siempre fue normal pero de escuchar y ver como le marcaban con su sempiterna lentitud fue perdiendo seguridad y autoestima, y sí, se hizo lento, porque cada paso era terrorífico, el miedo a la crítica, al error…
No perdió capacidad alguna, ni de aprendizaje.
Simplemente perdió la predisposición a intentarlo por miedo a hacerlo mal. Y a más miedo, menos prisa…
6 años. Y una mochila cargada de inseguridades y fantasmas…

También tenía un rápido, o hiperactivo como les gustaba llamarle, Julio.
Tenía problemas para relajarse y estar tranquilo y atento.
No conocía modo alguno de concentrarse, así que se aburría fácilmente, perdía el hilo y no aprendía.
No controlaba su cuerpo, y saltaba, corría, gritaba… de modo caótico.
El mundo se le quedaba pequeño…

 

Cuando decidió dedicarse a la enseñanza, no sabía que tendría que luchar no sólo con los tropiezos y barreras que la vida pone delante de algunos niños, sino también con los que les ponemos los adultos. Su rama era la educación física y cuando ya había ,casi, finalizado la carrera se enamoró de la psicomotricidad, y es una historia de amor duradera…
La sala de psicomotricidad para muchos niños es una segunda oportunidad de poder sentir aquel placer inconsciente y arcaico que sentían (en la medida de cada niño) cuando eran recién nacidos.
Descubrimiento, tacto, espacio. Algunos niños estos primeros años de vida dependiendo de muchos factores, han podido ser momentos de poco placer, poca seguridad y poco sentimiento de estima.
La sala para muchos es una segunda oportunidad para sentir. O para aquellos que lo sintieron poder ofrecerles otra vez este espacio de crecimiento y mejorar su relación con el entorno.
Aprender de nuevo a relacionarse con el mundo mediante el movimiento y las sensaciones.

 

Decidió que no se rendiría el primer día, decidió que su niño lento y su niño rápido tendrían nombre… Y nunca serían apellidados por etiqueta alguna.
Trabajó con Arnau el juego individual, y en grupo le daba herramientas para su autoestima, protagonismo y espacio para poder expresarse sin miedo al fracaso o a la crítica, espacio para su aprendizaje, a su paso.
Aprendiendo a liderar su vida y a relacionarse con el entorno con seguridad.
También trabajó mano a mano con los padres proporcionándoles herramientas para apreciar, valorar y acompañar a su hijo.

Julio, era distinto y necesitaba un lugar donde todas las emociones que tenía en si mismo, pudiesen salir y airearse.
Limpiarse por dentro, soltarse…
Pudo destruir, saltar, caer, jugar, destrozar… Para después poder empezar a construirse tanto interior como exteriormente.
También le enseñó a relajarse y a utilizar el ejercicio para quemar todas las energías que llevaba dentro.
Su inquietud constante se redujo bastante. Comenzó a concentrarse y donde antes había una falta total de atención, ahora había un niño que se divertía escuchando y aprendiendo.
Disfrutando de manera inconsciente y natural de su autocontrol…

Su especialidad, la psicomotricidad relacional sirve para que consigan crecer e ir perdiendo esa posible inseguridad.
Todo mediante el juego, la expresión y la compañía de un adulto donde puedan sentirse como un apoyo para generar sinergias positivas
Un espacio donde soltar lastre y crecer en amor propio…

 

He tenido el enorme placer de conocer a Augusto Barceló, un maravilloso educador de vocación.
Y he tenido la suerte de entender qué es eso que hace mi hijo en el colegio, y que yo consideraba que era la educación física de antaño.
¿Qué es la Psicomotricidad? La Psicomotricidad es mucho más que un juego.

Un espacio de Psicomotricidad Relacional se centra en la parte más psicológica (Psique) y motriz (Motricidad, movimiento) de la persona.
Se estimulan las emociones, la autoestima, la seguridad personal, la relación, la imaginación, el razonamiento, los límites, la confianza, el diálogo, las habilidades cognitivas… Dentro de la parte más psíquica de la infancia.
También se estimulan todas las habilidades corporales, el equilibrio, el movimiento tanto libre como espontáneo y sobre todo el placer del cuerpo.
El cuerpo es pura expresión y la Psicomotricidad estudia, acompaña y dialoga con ese cuerpo.
Se realiza entre los 18 meses hasta los 12años, mas o menos, dependiendo de cada individuo y momento de la vida de cada uno.

Las herramientas de la Psicomotricidad? El placer de jugar en movimiento. Con el propio cuerpo.
Un niño que juega feliz tiene todas las cartas para que su crecimiento sea siempre positivo.
Hay que darle un espacio de expresión para que todo aquello que quiera crear, descubrir o hacer lo pueda realizar dentro de un marco seguro, donde es escuchado y donde haya un beneficio para su crecimiento y desarrollo.
En un espacio Psicomotriz todos estos conceptos se juntan para dotar a la infancia de experiencias positivas que les reafirman, ayudan a ser libres y felices.

Se pueden utilizar en un sentido de estimulación sensorial para todos los niños como también un espacio de terapia para poder equilibrar aquellos conceptos que puedan crear alguna dificultad en la persona tanto de relación como de expresión.
Y eso hacen en el centro de Augusto, emprendedores totales, además en los tiempos que corren y con el firme propósito de seguir trabajando por una infancia feliz.

A mi me han conquistado!

Y en su centro os ofrecen una sesión gratuita para que lo probéis. Barcelonesas, es una oportunidad!

El espacio de Augusto Barceló se llama Cèntric y podréis encontrar además un espacio respetuoso donde encontrareis soporte pedagógico, psicológico, y terapias. Refuerzos para estudiantes y hasta talleres para embarazadas, masaje infantil y un largo etcétera todo ello enmarcado en el respeto, amor y comprensión a la infancia. En el centro de Barcelona.
Os invito a conocerlo. Y a sorprenderos!

Carrer Balmes, 13, principal.  08007 Barcelona Tel. 665 60 14 95 info@centricbcn.es www.centricbcn.es

Carrer Balmes, 13, principal.
08007 Barcelona

Tel. 665 60 14 95

info@centricbcn.es
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Yo sí pongo pendientes a mis hijas…

Yo sí pongo pendientes a mis hijas.
Yo sí he puesto pendientes.
Y estoy harta, hartita.
De qué? De gente que defiende el no ponerlos llenando su discurso de crueldad infantil, comparando poner pendientes con la ablación, con cortar miembros, con mutilaciones…
No estamos siendo extremistas? Respeto profundamente a quien no quiera hacérselos, me parece fabulosos, respeto y comparto muchas de las opiniones, pero no hay que ser bárbaro, y acusarnos de todo eso a quienes los hacemos. Sobretodo porque ese discurso viene dado por motivos respetuosos, muy lícito, por cierto, pero las madres que tomamos esa decisión también merecemos un respeto.
Por favor! Lo mas curioso es que pese a tantas y tantas opiniones en contra, mas de la mitad de las niñas que conozco los llevan.

Coherencia, no quieres pendientes para tus hijas? De fábula, no se los pongas! Pero no criminalices ponérselos a la mía por favor.
No es necesario llenar muros de comentarios llenos de mala idea, para despreciar a quienes toman esa decisión, se puede defender la postura tranquilamente, como ha hecho mi amiga Zulema, por ejemplo en este post:
“Pendientes a las niñas al nacer: Sí o no”
Os recomiendo su lectura.
Con educación dando una opinión sin ofender a nadie…

Yo se los hice a mi pequeña con tres meses, me costó decidirme, la verdad, porque me pesaba mucho la decisión, no estaba nada convencida y honestamente hoy no se si se los haría, conociendo a mi hija creo que a día de hoy me hubiese gustado mas ir con ella conscientemente a hacérselos, tal vez dentro de un par de años.
Porque le encantan.
Es la realidad, como la realidad es que tengo dos varones y el mayor en un par de ocasiones ha soltado lo de: Yo también quiero pendientes.
Y sí, si dentro de unos añitos decide ponérselos le apoyaré, aunque tenga diez u once años.
Porque considero que los pendientes no son algo irreversible, porque su padre aunque ahora no los lleve los ha llevado durante años también.

Uno de los motivos que sopesé al ponérselos fue que alguien de mi entorno, se los puso en esa época a su hija, con seis años, porque ella se los solicitó, fueron a una farmacia y solo se hizo el primero, pasó un mal rato, aunque seguía queriendo llevarlos.
Así que pensé que sería mas fácil hacérselos pronto, y si después decidía no usarlos, no habíamos perdido nada.

Y diréis, es meramente una tradición en el caso de las niñas, sí. No os digo que no, pero para mi es algo estético.
Y si vivieses en un país con tradición de tatuar por ejemplo? Pues no lo se, y mi respuesta no sería objetiva máxime cuando las comparaciones difieren tanto, porque no es lo mismo un tatuaje que un pendiente.
Llevo ambos y no me parecen comparables
Absurdo, comparar un agujero en una oreja, que el día que decides de usar se cierra, con tatuajes, cortes, marcas , ablaciones, mutilaciones, etc…
Barbaridades varias para culpabilizar y denigrar a quienes tomamos la decisión.
Porque ese es el fin, como no me gusta lo ridiculizo y convierto en algo brutal y poco menos que avergonzante.
Lo de los pendientes en Europa no es tan usual, es mas de países latinos, otro motivo añadido, como he leído hace unos días por nuestra falta de educación y formación, toma ya! Vamos que los que ponemos pendientes somos unos garrulos ineptos. Bufff
Que para qué? Pues por tradición no, a mi me encanta llevar pendientes, y que conste que suelo llevar unas tuerquitas diminutas, alguna vez algún arete y poco mas, porque aunque me encantan los pendientes, tengo alergia a la bisutería así que los que me llaman la atención sólo los puedo usar un ratín o gastarme una pasta en metales nobles, y no estoy yo para derroches.
Lo dicho, me encantan, y mi niña esta preciosa con ellos.
Sí espectacular, que estaría igual de guapa sin ellos? Pues claro, no digo que no, pero también con chándal y sin embargo también le compro faldas. Para mi es meramente estético, no es algo para marcarla como mujer ni nada parecido.
Ni tiene que ver con patriarcados y demás, al menos mi decisión.

Cómo se los hice? Pues como me costó bastante decidirme, tuve tiempo de buscar información y por lo que encontré y fui leyendo consideré que la mejor opción seria hacérselos con un profesional, un especialista en piercings de mi ciudad.
La sala estaba extremadamente limpia porque es un estudio de tatuajes y piercings, buscó primero la aguja idónea que casara con los pendientes que le llevé, con un marcador señaló los dos puntos buscando que estuvieran centrados y simétricos.
Utilizó crema anestésica, esperamos unos minutos y efectuó el primer agujero, era un hombre super educado y amable.
Me pregunto si le daba pecho y se los hizo mientras mamaba, con el primero protestó, apenas un “ay” y siguió mamando, con el segundo no se inmutó, no se, si porque la crema había hecho efecto, o porque se estaba quedando dormidita.
Si esperabais una escena de gritos y llantos, no, no los hubo.
No fue ni un mal rato ni nada para recordar la verdad.
Lo mas doloroso fue el precio, la verdad poco económico, pero satisfactorio. Porque en la farmacia me pedían diez euros por ambas orejas y me cobraron 15 por cada una mas los pendientes, que compré en una joyería cercana, diminutas bolitas de oro.

Lo dicho, yo sí pongo pendientes a mis hijas, pero no las marco como ganado, ni las sacrifico, ni las mutilo, ni actúo con crueldad haciéndoles pasar por una dañina experiencia, y puede que no te gusten nuestros pendientes, y hasta que comparta tu opinión de que no le di voz y voto para tomar la decisión, pero es mi determinación, la de mi familia, y merezco el mismo respeto que tu al decidir no ponerlos.
Así que por favor, si vuelves a dar tu opinión, hazlo desde la educación y el respeto, no llenes los muros de insultos y barbaridades, porque detrás de cada niña con pendientes hay una madre como tu. Y como yo.

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