No crezcas. Déjame ser.

Déjame ser.

Mi niño grande ha comenzado primaria, y parece ayer, cuando llegó en brazos al colegio.
Hoy ya no viaja en brazos y a sus seis años, por primera vez tampoco quiere darme la mano.
Crece, a pasos agigantados.
Crece y reclama espacio, independencia. Ese pequeño gesto lo confirma.
ya no precisa sentirse agarrado, camina sólo.
Y hoy ya no quiere darme la mano en el cole.
Y medirá los besos allí, los guardará todos para la intimidad. Porque ya es grande…

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Crecerás

Mi pequeño ya tiene 15 meses.
15 meses de ser casi uno. Y hoy le miro mientras duerme y me embeleso.
Le siento crecer. Cada paso que da, mi bebé. Que pronto dejará de serlo.

Crecerás, como tus hermanos, y seguirás necesitándome, pero de otra forma.
Sin ese hambre primal que me hace ahora tuya, imprescindible, necesaria.
Dejaré de ser tu Dios para ser solo mamá, tal vez la pesada, tal vez la que te perseguirá para que te vistas, la que te dará besos cuando caigas, la que te mirará con tristeza si enfermas, la que te reñirá de vez en cuando, la que te ayudará a hacer los deberes y a atarte los zapatos.
No perderemos nuestro vínculo, pero si será menos privado, más amplio, dejaré de pertenecerte como ahora, dejarás de idolatrarme y aprenderás a reconocer mis defectos y a verme sin divinidad.
Me querrás igual pero distinto.
Te querré mas.

Crecerás y te alejarás. Es ley de vida.
Me alegra saber el significado de tus pasos, que lo habremos hecho bien.
Respetaré tu necesidad de alejarte y estaré siempre esperando, alerta por si me necesitas, porque no hay distancia suficiente entre tu y yo para que no lleguen mis abrazos para consolarte.
No es lo suficientemente grande el mundo para que si me necesitas no corra a tu lado.

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