Tengo dos corazones…

Tengo dos corazones, que laten cada uno a su ritmo, pero juntos, uno es fuerte, grande y conocido, lleva toda la vida conmigo.
El otro es pequeño, tiene 14 meses, y late con fuerza cuando se acompasan. Y se entristece y ralentiza si se alejan.
Es capaz de sentirme en la distancia, forma parte de mi, vive arraigado a mi, su existencia es un abrazo permanente, su seguridad soy yo, su alegría y su porqué.
Apenas sabe como se llama y sin embargo venera mi nombre, me ama con locura, soy su universo y su Dios, y cuando me alejo, pierde la fe y se derrumba su mundo. Se apaga su sol

Me necesita, me respira, se alimenta de mi.
Grita si me pierde de vista tras la esquina del pasillo, y aunque ya sabe llegar solo con sus pasos renqueantes hasta el baño, no encuentra paz hasta que no me encuentra allí.
Si me levanto a por un vaso durante la comida, se nubla y una tormenta se cierne en el salón, durante los 7 segundos exactos en los que atravieso la puerta y deja de verme. Su universo se vuelve oscuro y tenebroso, y vuelve el sol con todo su esplendor cuando regreso, y con una sonrisa le pregunto: Qué te pasa? Y sus lágrimas se escabullen entre los pliegues de su sonrisa, y como un mantra repite ma ma ma ma…

Me siento necesitada, soy oxigeno, alimento, agua. Soy luz.
Y es que nunca nadie me había hecho sentir tan importante.
Tengo tres hijos, y con los tres me he sentido así, los tres me han dado el poder de la maternidad. La fuerza.
Las alas.

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Adiós teta, adiós.

Se nos ha acabado, nuestra historia de lactancia, nuestra historia de amor y lactancia.

Sensaciones tontas tal vez, pero sensaciones que duelen y dañan, la de rechazarte y esquivarte, la de sentirte rechazada y sola.
Y a días me ha quitado el sueño pensar que te había perdido para siempre, que apenas teníamos escaramuzas donde tu atacabas y yo defendía la retaguardia con engaños y promesas.
Cómo explicarte que no dejaba de quererte, que me dolía y me sentía perdida sin ti.
Cómo hacerte entender mis capeos y desvíos ante tu presencia, te temía.
Vuelves a ser mi princesa de fresa, pero durante semanas un muro nos ha separado, nos ha dividido el ente que formábamos tu y yo, con nuestra unión dulce y cálida, nuestra teta.
Durante semanas tu eras tu y yo era yo, y esa separación era horrible, ese espacio entre las dos, repentino e impensable se me ha hecho mundo.

Estoy sensible y este embarazo no parece compatible con la lactancia, me escondo de ti, me dueles, me duele; Me molestas, me molesta; Y huyo de tus reclamos, porque los besos no te bastan, los abrazos no te llenan, y pasan los días y te siento distante, y me siento distante, y reclamas a papá, -las niñas son de los papis-, mi niña no.
Apenas dos años y siente que me pierde y siento que la pierdo.
Han sido semanas duras, incongruentes de evadirme de tu amor y tu calor, de hacerme la dormida, de acortar tomas, ahora soy consciente de que era el fin, no ha habido lágrimas, apenas algún comienzo de berrinche taponado con el esfuerzo de amamantarte, porque lo que hasta ahora era puro amor, apego, cariño, un momento de paz en la vorágine de los días se ha convertido en un mal momento, en un esfuerzo, estoy sensible, molesta, agitada…

Y ha ocurrido, apenas dos meses después del comienzo de estas sensaciones estas prácticamente destetada, nada que ver con tu hermano, año y medio mas tarde con naturalidad y sin prisas.
Ha sido natural si, para ti, para mí no.
Te hecho en falta aunque también disfruto de nuestro nuevo idilio, de besos, risas y juegos, mucho más de todo que antes, me has crecido de golpe y a golpe he crecido, y me ha dolido.
Natural si, pero brusco para mi. Inesperado.
Esto es agitación, y es mas que agitación del amamantamiento, me revuelve y me envenena sentir que no te quiero cerca, no así.
Sentir que necesito ese espacio de mi, nuestro.

Tu ya lo has superado, a días alternos te acuerdas y esgrimes tu frase: “Ota teta mamá”, y te conformas con las migajas rápidas de quien no quiere dártela, de quien teme tu anhelo.
Tu ya lo has superado y vuelves a ser mi Princesa de fresa, mi niña lista y hermosa, mi pequeño tesoro, y quieres mis brazos, y reclamas mi atención, y te deshaces en mimos y abrazos, y yo pienso en que vueltas extrañas da la vida, y las pruebas que nos pone, y se que es natural, cíclico, pero no lo esperaba así, hubiese preferido un final pactado entre las dos, el final de tu necesidad, un final pausado y comedido.
Tu ya lo has superado, yo aún ando en ello.

Ha sido así, nuestra historia no la escribimos nosotras la escribe el momento y la vida.
Te quiero princesa, más que nunca.
Y sigo aquí, y seguiré siempre.
Adiós a nuestra teta.
Adiós bebé, hola niña.

Agitación del amamantamiento.

Una teta con final feliz.
fotos juan 032

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