Hoy no quiero ser tu madre

A veces la maternidad es desoladora, algunos ratos, algunos momentos, en los que parece vivirse desde un cuadrilátero de boxeo.

Una amiga hace muy poco me dijo: Hay días en los que no quiero ser su madre, ratos, de los que después me arrepiento, pero esos ratos existen.
Momentos en los que lo cambiaría todo, por un respiro.
Cuando mi hijo adolescente tiene exámenes, con sus nervios y el volteo que hace de nuestra vida familiar. Cuando nos superan sus problemas, su rencor adolescente al mundo, sus desplantes, su necesidad de respirar que me roba el aire, cuando mi paciencia se desborda y ni el freno consigue que no nos precipitemos todos al vacío.

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Adiós mi amor, adiós. Perder un hijo.

Adiós mi amor, adiós.
Hace un año alguien desconocido me dio las gracias por escribir sobre el dolor.
El más inimaginable, ver morir un hijo.
Y me escribió algo :
El cuerpo llora por lo que ha perdido, el alma sonríe por lo que ha encontrado.
El resto de mis días serán para agradecer a mi hijo todo lo que me enseñó.
Detrás de la muerte de un hijo, hay un regalo, si logras superar el dolor.
Es muy duro pero real.
C.V.

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Dime…

Dime…

40 días. Postparto.
Un mail.
Desesperación, casi locura, depresión, cansancio, dolor…

No se por qué te escribo. Tal vez un desahogo, pero te leo, y necesito que me digas que pasará pronto.
Vivo en un agotamiento permanente, superada, triste.
No puedo más.
No me conozco, no conozco a esa mujer que piensa: por qué no te callas cuando comienza a llorar por séptima vez en las últimas dos horas.
Que desea que se duerma y liberar los brazos para ocuparlos en nada.
Que piensa en alejarle cuando se engancha a mi pecho dolorido. Que aprieta los dientes y le odia un poco cuando culebrea sobre la cicatriz de mi reciente cesárea. 40 días y aún duele…
Dime que volveré a ser la de antes. Que volveré a sonreír. Que pasará esta lucha cuerpo a cuerpo…
Dime…

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