Te quiero. La herencia de mis hijos

Te quiero

Hoy os escribo por si algún día no puedo hacerlo.
Hoy os escribo por si algún día no puedo deciros  te quiero…

A mis hijos.
A ti Princeso, por ser el primero, el que me enseñó todo. Nobleza e inocencia.
A ti Princesa, por crecerme y ponerme a prueba día a día. Inteligencia y dulzura.
A ti Princesito, por darme la última oportunidad de ser mejor persona. Fragilidad y perfección.

Te quiero, a ti, y a ti, y a ti…
Todos los días, a todas las horas.

Te quiero cuando embelesada te miro y me enamoro de tu risa, y de tu inteligencia, y de tu inocencia, y de tu mirada, y de tu dulzura…

Te quiero cuando observo tu belleza de niño, y tu pelo y tu cara, y ese rostro que conocería entre mil rostros.
Y esos ojos que no perdería ni entre mil ojos.
Te quiero cuando cierro los ojos y aspiro tu olor.

Te quiero cuando me río de tus gracias, y de ese vocabulario de niño lleno de magia.
Te quiero cuando siento en tus palabras como creces y como luchas.
Te quiero cuando me asusto de como corres en la vida.
Te quiero mientras creces y mientras temo que te alejes algún día de mi.

Te quiero cuando te pones guapo de foto, con esa sonrisa angelical.
Te quiero cuando te portas bien, cuando eres ese niño perfecto y educado, cuando me llenas de satisfacción y me sorprendes.
Te quiero cuando me enorgulleces.
Te quiero cuando le grito al mundo: Ese! Ese es mi hijo!

 

Te quiero cuando gritas enfadado y te portas mal, y te quiero cuando  no te entiendo, ni entiendo tu rabia, ni ese monstruo que te turba y mastica a mi niño bueno.
Y sin embargo también te quiero, tal vez más que nunca.
Porque necesito amarte con todas mis fuerzas para borrar tu dolor.
Para que sepas que necesito quererte como respirar.
Y que será incondicional en tu existencia ese amor.

Te quiero hasta cuando por un instante dejo de quererte, cuando cansada y agobiada desconecto y deseo por un momento estar lejos.
No, no dejo de quererte, imposible dejar de quererte, aún cuando no quiera hacerlo. No puedo.

Te quiero cuando te miro y veo tus logros y tu esfuerzo y te sigo queriendo henchida de orgullo.
Y venero tus pasos por cortos que sean, e idolatro tu camino ciegamente.

Y te quiero cuando no llegas, y te quiero  cuando te rindes y te quiero cuando no crees en ti, te quiero más que nunca porque quiero que entiendas que siempre creeré en ti, que siempre te querré, hasta cuando tu dejes de hacerlo.

Y te querré cuando te hundas y cuando tropieces, y te querré cuando nadie mas pueda quererte.

Te quiero.

Te quiero cuando llenas de luz y alegría mi vida, cuando todo es hermoso y dichoso, te quiero cuando le pones la guinda a mi existencia.

Y cuando me enfado también te quiero, y cuando me canso del mundo oscuro y en tinieblas te quiero.
Y cuando no veo salida y me desmorono te sigo queriendo porque eres lo único básico y necesario de mi vida.

Te quiero cuando me canso de ti, y de tu energía inagotable, y cuando no puedo mas también te quiero entonces.

Y esa será la única constancia de nuestra vida, el amor perpetuo e inamovible por ti.
Cuando crezcas y conozcas mis defectos, seguiré queriéndote.
Y podré decir en mi defensa que ni un sólo día de mi vida, pude dejar de decirte:
Te quiero.
Ni un sólo día de mi vida, pude dejar de quereros…

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Habas mágicas

Habas mágicas.
Pallú encontró un haba en un cajón.
Como un tesoro la sintió. Decidió que debía ser mágica, y aunque todos le dijeron que sólo era el haba de un roscón de navidad, el decidido, la plantó en una maceta del balcón.
-Pallú, no crecerá, le decían.- Y el pensaba pobres, no tienen esperanza ni fé. Cuando crezca yo también la perderé?
Días después, cuando ya nadie recordaba el haba de Pallú, el seguía regando la maceta. Y esta aunque seca, se impregnó de magia y amor y decidió florecer…

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