Se parece a ti, será como tu.

Se parece a ti, será como tu.
Es a ti, mujer del futuro, mi hija, mi amor a quien escribo.
No se qué recordarás ese día de tu infancia y de mi. Qué parte de mi llevarás el día en el que  te conviertas en la mujer valiente y maravillosa que se vislumbra entre tu sonrisa?

Mañana.
Mañana ya no serás mi bebé.
Mañana ya no tendrás cinco años, sino 6, 9, 12, 18…
Ya no serás mi princesa de cuento, habrás crecido y convertido en una mujer.
Ya no necesitarás de mis manos para trenzar tu pelo, no precisarás mi ayuda para buscar tu ropa, ni el brillo de mis ojos para iluminar tu sonrisa.
Independiente de mi querrás descubrir tu vida.

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Qué es una madre?

Qué es una madre?-Preguntó el Principito.
No sabes que es una madre?

Una madre es una persona que abraza y cuida a diario a sus hijos.
No importa si nacieron de ella o llegaron de otro lugar.
Que los ama por encima de todas las cosas, los acompaña, sueña con ellos.

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Y ya no te leo.

Yo ya no te leo, me dijo.
Y sonrió. Porque todo lo que cuentas lo viví yo antes. Y a veces duele recordarlo.
Y eso que le veo, a sus veinte años, y me lleno de orgullo.
Cómo ha pasado el tiempo! Parece ayer cuando era un bebé, y cuando aprendió a gatear, y cuando comenzó a hablar.
Y como ha cambiado la vida, y mi vida.
Y sigue siendo mi vida, veinte años después. Aunque ya sus alas le lleven lejos, y haya aprendido a ver con una sonrisa como abraza a otra.
Cuesta.
Y es que ya lo sabes, no conoces el amor verdadero hasta que tienes un hijo.
Y no envejeces, creces a su lado. Y el mundo pasa como exhalación desde que te conviertes en madre, los años no pasan, vuelan y se escurren entre los dedos.
El cansancio de los primeros años, las noches sin dormir, en vela al principio cuando lloraba, los primeros dientes, las primeras fiebres.
El dolor de espalda de andar encorvada dándole la mano mientras aprendía a caminar, llevarle en brazos durante años.
Acompañar cada paso, tu que creías que no había mas mundo que el tuyo, y un día te paras y ya tiene 5, 10, 15, 20…
Y sigues con la misma inseguridad del primer día.
Miedo a hacerlo mal. Buscando perfección. Porque el no merece menos.
Miedo a no ser lo suficientemente merecedora de su amor. Conquistando cada día, a su lado.
Veinte años después, decías, sí, veinte.

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