Udo. Solamente un niño.

Para los padres de Udo.
Para Udo, para ti, para mi…

El mundo de pronto se oscureció y dio miedo.
Fue el mismo día en el que hablaron con ellos.
No le notáis nada?
Vuestro hijo es diferente.
Diferente.
Y ese diferente sonó aterrador.
Diferente.
Cuántos niños diferentes conoces? Tda tdah tea tgd y un millón de siglas entre las que perderse
Asperger, autismo, hiperactividad, déficit de atención, trastornos del desarrollo, trastornos de la sociabilidad, trastornos psicomotrices…
Un mundo nuevo, oscuro, asfixiante, lleno de letras y nombres.
Apenas había comenzado en la escuela

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El TDAH no existe…

TDAH (Trastorno por déficit de atención con hiperactividad)

El TDAH no existe…

Está de moda, un niño activo, movido, es de inmediato etiquetado como hiperactivo.
Cualquiera está capacitado para diagnosticar. Revoltoso? Seguro que es hiperactivo!
Es fácil y tan actual! Profesores que interpelan a los progenitores para buscar soluciones medicas, y es que es tan cómodo!
Si te toca un niño movido en clase es más fácil medicarle para que no se salga de la media, educarles para que se comporten como engranajes de una fábrica, todos iguales, acompasados, perfectos, es menos cansado!

Hemos llenado webs y consultas de niños hiperactivos y con déficit de atención.
Niños traviesos, con mucha energía, niños con problemas de comportamiento…

Todos sabemos que es un niño con TDAH(Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad)
Verdad? Ese que no para, el que está en todos los líos, el contestón, el travieso, el gamberro, el pegón, el de las etiquetas…
Y nos quedamos tan panchos.

Y es que en Francia no existe el trastorno! Allí los niños son mejores que los nuestros, más listos y hasta más guapos!
No, no se diagnostican TDAH en Francia, directamente se les cataloga de esquizofrénicos, menos de moda, pero cuyo diagnostico puede ser una losa de por vida en un niño.
Yo no soy experta, y creo honestamente que muchísimos de los niños diagnosticados, lo han hecho al tun-tun, para comodidad de padres y cuidadores, y me parece una vergüenza y algo que habría que mirar con lupa.

Hoy os traigo la historia de un niño con TDAH, pero de verdad, no es la historia de uno en particular y es la historia de todos, me ha ayudado a recabar información Milagros Martin-Lunas una maravillosa periodista y sobretodo madre, que desde su blog nos trae de actualidad la convivencia en una familia con este diagnóstico entre sus miembros.

Desde su blog: Mi vida con un TDAH nos trae desde el corazón sus vivencias y pensamientos…

…Martín tiene 8 años , es un niño muy movido y despistado.
En la guardería se reían de lo bichito que era.
En infantil, era un terremoto sin más, pero su madre comparaba con el resto y fue dándose cuenta de que si bien en algunos aspectos era como la mayoría en otros le costaba progresar.
Era el eterno patosete.

Ante su preocupación todo el mundo le decía que era una exagerada.
No sabe coger el lápiz, le dijo a una educadora. Claro! Es pequeño, ya aprenderá.
Todos son conscientes de que es un niño muy activo y es más fácil pensar que su inmadurez en algunos aspectos motrices es a causa de la falta de atención.
Qué quieres? Esta todo el día jugando, no atiende, está en la luna! Dale tiempo!

Con 4 años toda su clase escribía al menos el nombre, pero el se perdía en las vocales, y sin embargo hablaba mucho, nunca tuvo esa lengua de trapo propia de su edad, pero plasmar en un papel es otro mundo, indescriptiblemente difícil para el.
Además no era un niño sociable al uso. No al menos con otros niños.
Los otros niños no le entienden, no comparten su energía, les cansa.
A el le gustan los adultos.

Con los niños de su edad ha empezado a ser el pegón, si todo se hace de forma que le vaya bien no hay problema, pero cuando surge algo que le desconcierta explota.
Y sus explosiones son bíblicas.
Vuelan los objetos, los gritos rasgan el aire, su fuerza abruma, y su dolor de combatiente que no teme perder…

Con 5 años comenzó la pesadilla, la de que el resto del mundo le diese la razón, Martín tenía un problema.
Sus violentas explosiones rompiendo material o pegando incluso a los adultos son difíciles de llevar.
Es hiperactivo decían, pero a modo de etiqueta.
Tiene un problema de comportamiento, y entre líneas se leía “No sabes criar. No sabes educar.”
A sus 6 años ya conocía todos los tipos de castigo que se imponen en su colegio.

Culpabilizar a la familia, es lo fácil, es mal comportamiento, es un niño mimado e intransigente, necesita meterse en vereda.
Mal educado. Un tortazo a tiempo…
Un tiempo perdido en buscar culpables para explicar sus actos.
Un tiempo perdido en acusar a la familia y no buscar soluciones.

Los castigos y la falta de comprensión le fueron erosionando y le crearon una gran falta de autoestima.
Llegó a primaria con una mochila cargada de miedos, no se sentía parte de la clase, y se avergonzaba de sus limitaciones, cada vez más evidentes, y es que con 3 años un niño patoso es gracioso, con 6 la falta de psicomotricidad gruesa le convierten en un niño retrasado con respecto al resto.
Un momento en el que los avances son de gigante para los demás niños, para Martin son a paso de hormiguita.
No sabe leer, y se niega en clase siquiera a intentarlo, ante la vergüenza que le supone exponerse ante los demás.
Se convierte en un niño huraño y triste en clase.
Inadaptado

Su primera bicicleta es una batalla, tiene miedo a todo lo nuevo, tiene miedo a errar, a no poder, a ser distinto.
Un gran peso sobre la cabeza de un niño.
Y el amor de su madre no basta, no cura, atrás quedaron los besos mágicos de la primera infancia, aquellos que sanaban con un beso de rana…

No hay lugar para los besos cuando estallan las tormentas, cuando se cae de la bici y en lugar de levantarse la pisa, y se revuelve con violencia para romper y golpear aquello que le hace sentir inferior.
No hay lugar para los besos cuando el endriago  le posee y le convierte.
Cuando deja de ser ese maravilloso niño para ser ese otro, maravilloso también, pero incomprensible.

No hay besos, no caben entre el dolor.
Y pese al dolor hay unos ojos que le observan permanentemente, que lloran en silencio acompañando sus tormentas, que le levantan y le gritan :
Si puedes! Yo creo en ti.
Puedes levantarte e intentarlo! Puedes!
Y le dan su mano una y otra vez, y ceden su vida, su espacio, su mente, buscando ser pilar, bastón, compensando los golpes de la vida con una entrega total.

Una guerrera en mil batallas, diarias, pequeñas pero atroces.
Batalla cuando no come y en el colegio le castigan, batalla cuando no llega y debe empujar con una sonrisa sus lágrimas.
Batalla cuando debe esconder la ira que le atormenta cuando le educa y le pone los límites y las consecuencias, los que para otros niños son fáciles, para Martín son una tortura diaria…
La batalla de verle repetir, y de acompañarle sin que se hunda…
De poner buenas caras y esconder la tristeza de la derrota.
La derrota como madre que no entiende el porqué.
Su valquiria personal. La campeadora que se enfrenta al mundo.
Su madre.

Las reuniones con el tutor no añaden más que una constante acusación, no sabes educarle…
La familia, acusando indirectamente, te falta dureza, te falta fuerza, no sabes, no puedes…

El diagnostico llegó por casualidad, una visita rutinaria, un pediatra documentado y entregado que deriva al neurólogo.
Diagnostico TDAH
El diagnóstico fue un mazazo y a la vez un respiro.
Ese trastorno no existe clamaba, pero por dentro la rabia y el dolor fluyeron, dando paso a la comprensión, no es culpa tuya, no es culpa suya, no es culpa de nadie.
Y como un mantra fue rumiándolo y cicatrizando las heridas…

No es culpa suya, no es culpa tuya, no es culpa de nadie…

No es malo, ni está mal educado. Hay un porqué, algo real, tangible. Un respiro…
Pese a todo buscaron otra opinión, y otra, y otra más.
Todos coincidieron, era un caso de libro, uno de los especialistas fue mas allá:
Sólo he conocido a lo largo de mi carrera tres niños que precisen ser medicados- dijo, uno de ellos es Martín.

Cuesta, es duro, pero la medicación ha servido para darle estabilidad y centrarle, aunque no son la panacea y necesita además terapias y psicólogo. Más adelante podrán plantearse quitarle la medicación, cuando su madurez le de herramientas para auto gestionar su ira.
Estabilidad y aceptación, pero su trastorno está ahí, sigue siendo un niño con problemas, aunque ahora al menos saben el por qué.

En este país cualquier trastorno que signifique necesidad de apoyo psicopedagógico es caro. Muy caro.
El Tdah es un trastorno de niños ricos, apoyo en el colegio con una PT (Especialista en pedagogía terapéutica) que aunque paga el estado no cubre sus necesidades significativamente, apoyo fuera desde una consulta psicológica y apoyo psicomotriz.
Las pastillas que aún pagando la seguridad social una parte ascienden un pico.
Por no hablar de las familias, que continúan como pueden, porque son también parte afectada y necesitarían un apoyo profesional…

Salía la presidenta de una asociación que organizó una carrera para apoyar la enfermedad hace unos días, diciendo que son niños caros…

Se confunden muchos con los mal diagnosticados, esos a los que simplemente medican, creyendo que teniendo niños tranquilos se acaba el problema, pero es un esfuerzo diario, una construcción desde los cimientos, los cimientos del adulto que será el día de mañana.
Ese adulto que crecerá a fuerza de trabajo y esfuerzo, de caer mil veces y aprender a levantarse aún sabiendo que tal vez el esfuerzo no conlleve llegar a la meta, a la meta esperada, la de los niños “normales”

Y es que Martín no es un niño normal, Martín es el boceto de un adulto excepcional, un dibujo que día a día se mejora, a veces borrando líneas y rehaciéndolas, es sobre todo el boceto de un adulto, dibujado por su madre y su familia, por un entorno que le adora y le acompaña, Martín es una obra de arte, aunque aún no lo sepa.

Aunque nuestro sistema educativo no esté preparado para dar cabida a estos pequeños.
Aunque sea mas fácil recortarlos a todos y escindirlos para que quepan en los moldes de nuestra educación.
Queda mucho camino por hacer…

 

 

Dr. Mariano Trillo (Psiquiatra) La Vanguardia 13 de marzo de 2015.

Los argumentos en contra de la existencia del TDAH son tendenciosos, no probados científicamente y sensacionalistas. Las acusaciones de que el diagnóstico y los tratamientos médicos son un montaje de laboratorios con fines comerciales no son sólo de extremada gravedad, sino difícilmente creíbles en un mundo donde la medicación es la industria más controlada de todas. Cada día veo en mis pacientes las consecuencias acumulativas de no tratar el TDAH, como son baja autoestima, ansiedad, adicciones, desajuste social y laboral o depresión. Consecuencia del propio TDAH, no de la medicación. Se han identificado los genes que predisponen al TDAH, y su diagnóstico hace unos años que está reconocido internacionalmente por la OMS. Hay guías de práctica clínica para el tratamiento. Deberíamos empezar a preguntarnos si son los profesionales del TDAH y los laboratorios quienes sacrifican la salud de los pacientes por intereses comerciales o si lo hacen algunas ideologías que sistemáticamente ignoran una realidad rotunda y científica para reafirmar sus teorías.

Dra. Anna Sans (Neuropediatra) La Vanguardia 15 de marzo de 2015.

Del trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) se dice de todo: que no existe, que alguien reconoció habérselo inventado, que es un fraude de la industria farmacéutica, que damos pastillas a los niños para que no molesten, etcétera. ¿Somos los médicos, psiquiatras y neuropediatras profesionales corruptos y remunerados por la industria farmacéutica para tratar un trastorno que no existe? ¡Ya está bien! ¿Por qué no se exigen estudios serios a quien niega el trastorno? ¿Por qué no se muestran los resultados sobre la evolución de pacientes diagnosticados y tratados de formas alternativas y se presentan en foros científicos? ¿Y la prensa? La información ha de ser plural, aducen. De acuerdo, pero también seria. Una cosa es informar sobre tratamientos alternativos y otra subirse al carro de la desinformación.

¿Es que creer o no creer en el TDAH es una cuestión de fe? La evidencia científica es apabullante con relación a las diferencias que existen en el desarrollo del cerebro de los niños con TDAH, a alteraciones genéticas asociadas al consumo de alcohol durante la gestación o a los efectos de la prematuridad. Por no hablar de estudios como el reciente publicado en The Lancet que, tras analizar la evolución de 30.000 personas con TDAH, muestra una mayor mortalidad por accidentes y drogadicción. La relación del TDAH con el fracaso escolar y el buen resultado de la detección precoz están más que demostrados. El manejo adecuado debe ser no sólo farmacológico, sino multimodal, lo que incluye la intervención psicoeducativa a padres y maestros, la reeducación y el tratamiento psicológico

Aquí podéis encontrar un video muy didáctico sobre la autoestima

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