Insultas a tus hijos?

Insultas a tus hijos?
Lo se, la mayoría contestáis que no (Espero), pero a diario escucho insultar a niños en boca de sus madres
Es un vago. Guarro. Ruidoso.
Gritón. Llorón. Cabezón.
Malo. Hiperactivo. Bruto.
Miedica. Revoltoso. Desobediente.
Mal comedor. Tonto. Burro.
Mentiroso. Tragón. Miedica…

La lista es interminable.

Esos comentarios se hacen por igual estando ellos cerca, escuchando. Como si fuese un ejercicio de madurez tener que escuchar a su madre contándoles, a veces a completos desconocidos, lo vago que es el niño.
O guarro, o irresponsable, o pegón…
Que se hacen como comentario jocoso a los compañeros de trabajo, a las madres del cole, a la señora del médico.
Como si contar los defectos(Que en muchos casos no lo son) de tus hijos fuese algo estupendo, como hablar del tiempo, un recurso social.

La frase simpática de los desconocidos es decirle a los niños:
Tu tienes cara de trasto, seguro que eres una buena pieza…
Me revienta!!! No nos conoces de nada y sin embargo te das el lujo de etiquetar a mis hijos.
A veces me quedo con ganas de soltar un:
-Y tu un imbécil! Me lo dice tu cara…
Aunque suelo ser diplomática y contesto con un ferviente:
-Nooooo son buenísimos mis niños.-Lo cual además es cierto. Dejando al de turno descolocado.

Madres que pregonan lo malos comedores que son sus hijos y el castigo, absurdo y desmedido que emplean para meterle en vereda.
Necesitarán una medalla por haber conseguido tras unos cuantos gritos y un castigo que se comiese los guisantes?
Madres que les gritan y humillan delante de otros niños. En el cole, en el parque.
No, no invento, lo he visto, lo veo a diario, lo vemos todos.
Comentarios hirientes que entre adultos romperían una relación indefinidamente…
Padres que interceden en conflictos con otros niños, y toman partido por el otro sin más…
Robándole la confianza, y la autoestima al propio.
Madres que para quedar bien con el resto les obligan a pedir perdón, o dejar juguetes, o claudicar injustamente.
O a ceder su turno. O a compartir su premio, o su merienda.
Qué es mas importante? Lo que piense el grupo de madres de tu parque o tu hijo?
O esas madres que subrayan las virtudes de los otros delante de sus hijos, menospreciándoles con su discurso.
Imaginas a tu marido diciendo lo guapa y lista y bien educada que es menganita? Escocería?
Y lo bien que come, y las buenas notas que trae, tan ordenada ella…
Pararos a pensarlo, es tan habitual!
Y tan cruel e innecesario!
Creo que como madres debemos de ser conscientes de los defectos y virtudes de nuestros hijos, no ser ciegas, como también lo somos de las virtudes y defectos de las personas que nos rodean, pero no por ello les humillamos pregonándolas continuamente.
Y no, no me vale aquello de será para limarles ahora que son niños. Limar que? Enseñarles a sentirse minusvalorados?

Y tú, insultas a tus hijos? Como madre soy consciente de los defectos de mis hijos, o mas bien de los pequeños detalles que deberán ir acotando y madurando, y me parece importante ser coherente conociendo los punto débiles de mis hijos.
Pero no considero necesario pregonarlos por el mundo, humillándoles por ellos.
Los niños creen ciegamente lo que decimos e imitan lo que hacemos.
No permitas que lo crean. Que aprendan que esos descalificativos son parte suya.

No somos perfectos, lo se, erramos a diario, y también esto forma parte de la vida y de su aprendizaje, pero estos insultos, aunque puedan parecer sin importancia minan y duelen. Crean adultos doloridos y frágiles.
Porque seguro que todos tenemos defectos que no nos gusta que subrayen delante de otros.
Yo quiero que mis hijos crezcan, confiando, sabiéndose queridos y admirados.
Hay algo mas fácil que ver y maravillarse de las virtudes de nuestros hijos? De sus logros? De sus avances?
Crecer sabiéndose amado y respetado, crecer sabiendo que nuestros pasos y nuestro camino es motivo de orgullo.
Caminar sabiendo que si caemos nos ayudaran, crecer con confianza.
Es tan fácil llenarnos la boca de los logros de nuestro equipo de fútbol, por qué no de los logros de nuestros hijos? Por pequeños que sean!

Lo permitirías a la inversa? Siempre ponemos como ejemplo si esa actitud la tendrías con otros adultos, hoy hago esta otra pregunta:
Consentirías que tu hijo te dijese que eres vago? Malo? Imbécil? Tonto?
Los sientes como insultos, verdad?
Y si te dijese feo, sucio, guarro?
O pregonase lo mal que te salen las lentejas, o lo mal que friegas los platos, lo desordenado con tu armario que eres? Imaginas?
No. Rotundamente no.
Porque estaríamos hablando de niños maleducados, sin embargo mucha gente se permite la licencia de degradarlos sin mas.

Mi hijo mayor tiene apenas cinco años, y en este tiempo sólo puedo decir a ciencia cierta una cosa, ocurra lo que ocurra, lo único valioso al acabar el día es haberle dicho que le quiero.
Con todas mis fuerzas.
Y es que ese amor recíproco cura, perdona, alegra…
Es vida.
No se insulta lo que se ama.

Insulta a tus hijos hoy y mañana convivirás con extraños. -    

Edvard Munch
Edvard Munch
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Los besos robados

Los besos robados.
Los besos de Oscar
Besos, eso que dicen es con lo que crecen los niños.
Hoy leía algo del vínculo, y que los niños en orfanatos de no se que país muestran un déficit de inteligencia. También de crecimiento.
Está íntimamente relacionado, los niños criados con amor son mas listos y mas grandes…
El no recuerda que le diesen besos. Golpes si, besos no.
No se crió en un orfanato, pero tal vez uno hubiese sido mejor.
Mide metro ochenta, y es un tipo listo. De esos en los que los demás confían.
Debe ser la excepción que confirma la regla. Ni la falta de vínculo, ni la falta de calor, ni la falta de amor le empequeñecieron.
O tal vez de haber sido un niño amado sería un gigante bonachón. No lo sabe.
Fue abandonado por su madre con apenas meses en brazos de una pareja, en un pueblo del sur, donde las tardes huelen a sol y solo se escuchan los grillos.
Se crió en una casa en la que sabiéndole extraño y perdido desde el principio, nunca se atrevieron a amarle.
No supieron darle el amor que merecía, que todos los niños merecen. No les culpa, no culpa a la mujer que le crió, las circunstancias, la miseria y la tristeza de varios abortos tampoco permitían amar al hijo de otro.
Pasó su primera infancia corriendo entre corrales, con la cara sucia y el corazón hambriento. Entre el miedo y la soledad. Sabiéndose distinto.
Creciendo sin crecer, sin poder entender. Desamparado.
Le ha marcado a fuego, hace años creía que le había congelado el corazón, pero no es así.
Unos años después la mujer que fue su madre volvió a buscarle. Casada.
No hubo desarraigo por llevarle lejos, al norte frío. A un norte de ciudad llena de ruidos y nieblas.
No se puede desarraigar lo que no tiene raíz. Cómo echar de menos el no sentir? El no existir?
Y subió a un tren lleno de esperanza, con sus ojos redondos de niño, esperando encontrar la felicidad en su parada.
El tren llegó, la felicidad nunca.
Años después se daría cuenta de que fue a buscarle porque no pudo tener mas hijos. Curiosas decisiones de la vida. Como quien recoge a un perro.
Y le crió a golpes, con insultos, humillaciones…
Oscar cree que simplemente no supo hacerlo de otro modo.
Le robó la infancia, y la adolescencia. Y cuando su hijo fue más grande que ella y ya no podía pegarle, por razones obvias de tamaño, siguió destrozándole el alma.
Los trozos de alma que le quedaban. Pero su fuerza heredada de no se sabe donde siguió luchando.
Y un día con 19 años, ya sin golpes, pero habiéndose creído que no valía nada, que no era nadie, que era tonto, y feo y gordo, sin infancia ni adolescencia decidió que debía vivir su edad adulta y se marchó.
No volvió a verlos. A verla.
No miró atrás, borró su pasado.
Decidió simplemente no recordar, para no sentir dolor, y durante años temió perpetuar su naturaleza en unos hijos que tal vez no supiese amar, o convertirse en alguien como su madre.
Pero salió adelante, dejándose los cuernos, esforzándose, aprendiendo…

Hoy tiene hijos, y una vida, y un pasado que a veces cuando preguntan demasiado inventa.
Vive a kilómetros y kilómetros de distancia, al otro lado del mundo, donde nada ni nadie pueda recordarle quien fue.
Y ya no llora, porque es un superviviente. Aunque a veces rememora y necesita de alguna forma gritarle al mundo que aquel niño, aquel adolescente merecía algo mejor.

Y se escojona de risa en silencio cuando alguien le dice que hay que ver que suerte tienes, con la vida resuelta, que ellos no han tenido tanta fortuna…

Oscar, el niño que no debió nacer. El que nadie amó, ni deseó, murió al poco de nacer, murió cuando comenzó a ser consciente de su entorno y fue un muerto viviente hasta que se marchó. Prefiere creer que en realidad no nació hasta que escapó.

Oscar es tímido y frágil, miedoso.
Oscar es fuerte y con una personalidad arrolladora, valiente y decidido, en realidad es un actor maravilloso, que de hacer su papel, terminó creyéndolo y descubrió hace mucho que odia dar lástima, prefiere que nadie sepa su historia. Prefiere mantenerla en el olvido.

Su padre murió hace años y pese a su violenta imperfección le quería. A su manera. Zafia, violenta.
Pero le reconoce su generosidad regalándole un apellido y un pasado.
Su madre sigue viva en algún lugar del mundo.
Y el dia que muera no bailará sobre su tumba pero respirará profundo y se preguntará si algún dia se encontran en alguna parte, para preguntarle por qué le odiaba? Cómo podía odiarle?

Y fueron muchos los golpes. Pero decidío sobrevivir, y lo ha hecho.
Y a veces tiene que contenerse para no sacar el monstruo que esos golpes alimentaron. Porque si algún día infringiese ese dolor en sus hijos no podría seguir adelante.
Aunque sabe que las palabras, o la falta de ellas duelen mas que los golpes.

No puede ser ella, ni el. No quiere. Hoy como adulto le dan pena, y dolor, mucho dolor.
Tanto que a veces necesita rememorar su historia, para no olvidarla, por miedo a repetirla. Y esas noches en silencio amparado por la oscuridad se permite derramar el torrente de lágrimas que le ahogan. Se permite abrazar al niño que fue, y decirle que era hermoso, y fuerte y listo y bueno.
Y se permite mirarle desde su altura de gigante y sonreírle, y le dice que crecerá y tendrá la llave de todos los besos.
Se permite susurrarle que sea fuerte, que es un superviviente, y que el estará esperándole al final de su adolescencia para darle la mano y entregarle el mundo.

Y sus hijos conocen a Óscar, ese que todos los días les dice que les quiere, y que son listos, y guapos, y buenos, y que se siente orgulloso de ellos, y que le hacen feliz.
Y los llena de besos y abrazos. Porque sabe la importancia de todo ello.
Y se ríe cuando se zafan de sus brazos de gigante y le recuerdan que casi son hombres y no quieren sus abrazos. Se ríe porque sabe que no es cierto, y que crecerán sabiéndolos cercanos.
Y ha pasado la vida soñando con que sean grandes y listos. Y sabe que lo está consiguiendo. Felices.

Aunque a veces se asusta cando se mira al espejo del enfado y ve al monstruo agazapado que habita dentro. Pero sabe que le ganará todas las batallas…

Y ha aprendido a no culparles, a sus padres, a sus vecinos, a sus maestros, a todos aquellos que hicieron la vista gorda, que miraron a otro lado, porque gracias a su mierda de historia es quien es, y no quiere pensar si hubiese sido de otra forma?
Porque probablemente enloquecería, se conforma y agradece quien es todos los días, agradece su historia, y hasta las lágrimas.

Y todos los días da las gracias, gracias al mundo.
Gracias por hacerle llorar. Porque las lágrimas sanan. Y son necesarias para seguir adelante.

 

NIño desnudo
José María Fenollera Ibáñez (Valencia 1851- Santiago de Compostela 1918),
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No me pegó nunca…

La violencia de género es una lacra contra la que aún queda mucho por hacer.
El maltrato psicológico es la mas silenciosa de las violencias.
La mas desconocida.

La historia de A…

No me pegó nunca.
Nunca le hizo falta.
Y sin embargo temía sus manos, temía sus ojos, temía su rabia.
Pero no me pegó nunca.

Cuando huí la primera vez, fue lo que me preguntaron:
-Te pega?
-No. Nunca lo hizo.- Pero lo temía, viví esperando ese golpe, esa bofetada, eso… Que hubiese sido el motivo para escaparme.
Pero nunca me pegó.
Y sin embargo nunca nadie pudo hacerme mas daño.
Ni siquiera llegó a insultarme nunca, o a levantarme la voz.
Nunca lo hizo.
Violencia, violencia, violencia.
Esa invisible, la que nadie ve, la que avergüenza contar, la que la familia cree que imaginas, porque el siempre fue un caballero, de los que abren puertas, de los que hablan siempre bajito…
El día que se lo conté a mi madre no me creyó, si ni siquiera le gusta el fútbol, me dijo, cómo puedes hablar así de el? Tienes otro?

Cada día a su lado moría un poco, me empequeñecía y me sumía en la oscuridad, en el miedo.
No me pegó nunca, pero sus NO golpes me rompieron por dentro, me rajaron los cimientos.
Sus palabras susurradas a dos centímetros de mi cara cuando se enfadaba:
-No vales nada, no eres nada…
Se clavaron como estacas en mi pecho y enraizaron.
Ahí siguen.
Consiguió clavarme los puñales de la inseguridad con su menosprecio.
Me robaba valor y yo le creía. Y me sentía culpable por ser como soy, sentía que no le merecía, y el no dudaba en recordármelo a cada minuto.
No eres nada, no eres nadie.
Nadie te querrá nunca

Constantemente criticaba mi aspecto, por no arreglarme, por arreglarme demasiado, por sonreír a otros, por no sonreír a nadie…
Nunca conseguía hacer algo bien, y ese esfuerzo permanente, esa necesidad imperiosa de su agrado, de su satisfacción, me quitaba el sueño.
No sabes cocinar, no sabes limpiar, no sabes planchar…
No sabes nada, eres lerda, inculta…
No opines, no sabes, no molestes…
No eres nada, no eres nadie.
Pensé muchas veces en abandonarle al principio, y muchas veces le amenacé.
Me suplicaba que no lo hiciese, y durante unos días vivíamos en calma, falsa calma…
El tiempo me robó la fuerza ni para pensarlo.
Le creí.
No era nada, no era nadie…
Quién me iba a querer sino el?

Decidimos tener un hijo, lo decidió, y durante meses lo intentamos, cada mes un drama al volver mi menstruación:
-Ni para eso vales, hasta la naturaleza sabe que no debes perpetuarte.
Nos separamos poco a poco de la familia y los amigos, aunque siempre eran escusas mías, cuántas veces escuché decirle a mi madre por teléfono, otra vez esta rara y no quiere ir a veros…
La soledad se convirtió en mi más íntima amiga.
El embarazo llegó, meses de calma, de consuelo, habría cambiado?
Y mi hijo nació, y entre reproches inicié mi maternidad…

No sabes, no te esfuerzas, lo haces mal.
El pecho fue un camino de espinas…
Por qué no te esfuerzas? Por qué te quejas? Te duele porque no quieres alimentar a tu hijo, mala madre, tu cuerpo te castiga…
Criticaba cuando le vestía, porque lo hacía mal, si le tenía en pijama, si le bañaba por la mañana o por la noche.
Si lloraba…
Llegaba y obsesivamente le cambiaba el pañal. La primera vez que se escoció: Está sucio, no le quieres, no le cuidas.
Mala madre… Esa noche me planteé el suicidio.
Y algo revivió en mi.

Huí.
Sin mirar atrás.
Con mi bebé en brazos.
Aún huyo.
Nunca dejaré de hacerlo.
Aunque sepa que ya no me puede dañar.
Aunque sepa que nunca mas volverá a acercarse a mi.
Pero mientras viva, le temeré, temeré que le mire, que le enseñe a odiarse, que le enseñe a morir hacia dentro…

 

Temeré cada vez que se lo lleva, cuando altivo me mira desde la ventanilla del coche, porque sabe que aún es dueño de mis pesadillas…
Esas que no llegan cuando está junto a el, porque me roba el sueño.
El sueño y la cordura, saber que la ley no nos ampara, que el sigue siendo su padre, aunque yo sepa de lo que es capaz…

 

El número de víctimas de violencia de género con orden de protección o medidas cautelares inscritas en el Registro del instituto nacional de estadísticas del año 2013 fue de 27.122 mujeres. 57 mujeres asesinadas.
En el año 2014 59 mujeres perdieron la vida víctimas de la violencia de género.
Fueron 64 en el 2015

Se desconoce el numero de mujeres que no denunciaron, o que no fueron inscritas.
Se desconoce el numero de mujeres víctimas de violencia psicológica.

violencia

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