Los terribles dos años. Pura magia.

Los terribles dos.

Llegan un poco antes a veces, o tal vez un poco después, depende de los niños.
Seguro que has leído sobre ellos.
Hoy me toca a mi, y es la tercera vez que los pasamos, y cada vez son nuevos.
Los dos, los terribles, los malhumorados, las rabietas, los gritos, los NO!
Esos dos, que se esperan con miedo, de los que habrás leído cual película de terror.
A qué temer? A esas rabietas que te sonrojarán por el mundo? Por qué? Párate. De verdad te importa lo que puedan pensar los demás?
De verdad no puedes pararte y ver cómo crece hoy, en este momento, ahora?
Lo se, no es fácil, cuando no entiendes su frustración, su dolor, su enfado. Se hace imposible manejarlo, se pierden los nervios…
Sólo va a tener estos dos aquí y ahora. Nunca más sentirá con tanta fuerza, con tanta emoción, tan extremadamente…
No los temas, no te enfades, acompáñale, y descubre el maravilloso niño en el que se convertirá mañana.

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Papá y el fútbol

No me gusta el fútbol.
No le encuentro su aquel, me aburre la verdad, pero eso es porque nunca lo había visto con mis hijos y su santo padre, santo por la paciencia.
Porque he descubierto que el fútbol es realmente divertido…
Si actúas de oyente en mi salón.

Comienza el fútbol.
Pipas, Coca-Cola y padre e hijo en el sofá
-Nosotros vamos con los rojos.
-Por qué papá?
-Porque es nuestro equipo.
-Pues a mi me gustan más los blancos.
-Ya, pero vamos con los rojos.
-Pues yo no quiero ir con los rojos, a mi me gustan los blancos.
-Pero no son los nuestros, no es el color de la camiseta, es el equipo.
-Pues no me gusta. A mi los que me gustan son los blancos.
-Es que no podemos elegir el color.
-Ah. Y no puedo ir con los blancos?
-Pues claro tu puedes ir con el que quieras!
-Pues voy con los blancos.
-Vale
-Pero después a lo mejor voy con los rojos.
-Vale.
-Pero solo un rato.
-Vale
-Es que me gustan mas los blancos.
-Shhh

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El niño de Marte.

El niño de Marte.

No es de este planeta. Creo que es de marte.
Es como el principito pero de verdad.
Es extraterrestre.

Tiene orejas y oídos, pero sólo escucha las palabras bonitas, las risas y las ganas de jugar.
No escucha tristezas, ni dolores, ni pesares. Y aunque habla nuestro idioma, a veces se acuerda del suyo y canta en un galimatías que nadie entiende y se ríe cuando todos creen que se inventa palabras…

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