Parto en casa

 Parto en casa.

No es que hayan muerto muchas mujeres pariendo en casa, es que cuando ocurre la noticia se viraliza.
Hace poco ha ocurrido, y una ginecóloga ha escrito una carta,

Respetarás tu parto

Con minima empatía y mucho ego, criticando el parto en casa.
Me gustaría contestar, a ella y a todos los que alguna vez habéis criticado el parto en casa sin poneros en la piel de esas mujeres, madres, que toman su decisión.

Yo no he parido en casa.
En mi tercer embarazo estaba decidida. Mi marido me apoyó y aunque era pronto ya sabíamos que nuestro tercer hijo nacería en casa. Ya habíamos elegido matronas, dos, una de ellas formadora de Doulas.
Era mi decisión, nuestra.
Mi ilusión. Mi forma de ver la maternidad.
Vivo a cinco minutos de un hospital. Las cosas no salieron como queríamos. Tuve un aborto y en mi siguiente embarazo temí.
Alguna vez lo he dicho:
La pérdida duele más después, cuando te reencuentras cara a cara con el miedo.
Mi bebé arcoíris nació en un hospital, no me había planteado otra cosa.
Nació con urgencia, en una inducción para salvarle la vida a las 35 semanas.

No, yo no he parido en casa, y digo muchas veces que he tenido suerte. Mucha suerte.
La violencia obstétrica ha pasado por mi lado apenas sin rozarme.
Tal vez por eso no quería apelar más a la suerte y decidí parir en casa…
En la seguridad del respeto, de la empatía, de las buenas formas.

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Después de la violencia obstétrica…

Y después de la violencia obstétrica? Qué queda? Miedo. Queda el miedo.
Esta es la historia de Ana, y de lo que ocurre después, es esperanza y luz, en primera persona…

Mi primer hijo nació y murió en agosto de 2009. Fue un claro caso de mala praxis. Estaba de 34 semanas cuando me puse de parto, bien contadas porque mi marido estaba trabajando a miles de kilómetros de casa, y nos vimos solo en vacaciones. Trabajaba en una plataforma petrolífera en el golfo de México. Yo vivía en España y me había mudado en la semana 28 a Pensacola en Florida, para esperarle y que naciese allí nuestro hijo.
Cuando llegué al hospital con contracciones me dijeron que no habíamos calculado bien la fecha. Que no era un parto prematuro. Que según su ecografía(porque las anteriores no contaban) estaba de más de 36.
Vas a saber tú más que el ecógrafo me dijeron, dándome a entender además que venía de un sistema sanitario tercermundista.
Me rompieron la bolsa sin consultar y me dejaron en una sala de sofás blancos, impoluta con unas correas puestas, sin dejar que me acompañara nadie, aunque era la única en la sala. Había pasado un embarazo sola, viviéndolo con mi marido por teléfono y debía seguir sola, porque no dejaron entrar a mi amiga, la única amiga que tenía allí, trabajaba en las oficinas en tierra de la plataforma, nos ayudó a encontrar apartamento y se portaba conmigo como una madre.
No es familiar así que no entra, dijeron. En la sala de partos si quieres.
Más de 3 horas, allí. Sentada en un sillón incomodo con las correas puestas, inmóvil.
Cuando el dolor se hizo insoportable y tras hacerme un tacto, allí mismo, semi erguida, me riñeron por quejarme tanto, y me dijeron que aun no podían ponerme la epidural, porque faltaba mucho.
Aguanté el dolor, de nuevo sola, cuando no pude más, y avergonzada porque sabía que me volverían a reñir avisé.
Tardaron más de 50 minutos en atenderme. Ya no podía dejar de gritar del dolor, entonces vinieron riéndose, diciéndome que no hacía falta que hiciera escándalo que ya venían a llevarme y me pondrían la epidural.
La epidural nunca llegó. En la sala de partos se dieron cuenta de que mi bebe estaba atascado en el canal. Llevaba de parto más de una hora.
Ventosa y después fórceps. Una episiotomía brutal y un niño azul, silencioso al que vi de lejos.
Se lo llevaron porque había sufrido falta de oxígeno. No le volví a ver vivo.
Y le lloré sola, como sola recibí la noticia. No dejaron entrar a mi amiga hasta pasadas varias horas.
Mi marido llego al día siguiente y encontró una mujer destrozada y un cadáver que al intentar repatriar a España ni siquiera tenía derecho a formar parte de nuestro libro de familia. Le incineramos y trajimos sus cenizas. No consta en ningún sitio.
Se llamaba David.

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Violencia obstétrica.


Violencia obstétrica.

Una historia real, desgraciadamente…

Todo fue bien.
Nos casamos y fuimos a buscar el niño. Vino enseguida. Sería niña.
Fecha probable de parto 24 de diciembre, vaya regalo de navidad!
Vivimos en un pueblo a media hora del hospital público mas cercano.
Pero decidimos ir a uno privado y la capital nos queda a una hora.
Mala fecha para el parto. Te parece que lo adelantemos unos días?
Me pareció bien, tenía el concepto de que en esas fechas el personal estaría ocupado, adelantarlo era una garantía de atención.
Y total eran unos días, confiaba plenamente en ellos.

Ingresé el día 18. Para inducción.
Las risas. Para el 24 eh? Vaya fecha, menos mal que podemos arreglar los errores de la naturaleza.
Me rompieron la bolsa.
Epidural.
Unas horas de tranquilidad esperando tumbada en la cama.
No me molestó la inmovilidad. Jamás me plantee que pudiese suponer problema alguno para el parto.
Todo fue bien. Eso me dijeron.
Ya estas completa! Empuja cuando yo te diga.
Ahora!
Nada, no quiere salir y vuelve hacia atrás.
Estas empujando mal. O te esfuerzas o te tendremos que hacer cesárea.
Una amenaza que me llenó de miedo.
Empuja! Así no lo haces bien.
No se, empujar, no siento nada.
Te ayudaremos un poquito.
Una enfermera casi se me subió encima para oprimirme el vientre. Un poco molesto, pero nada traumático. La primera vez…
Empuja! Ahora!
Aumentó la presión, casi no podía respirar. Sentí su codo con todo el peso de su cuerpo apretando…
Otra vez! Y otra.
Me duele, no puedo respirar.
No te quejes mujer, podría ser peor!

Enhorabuena! Ya esta aquí. Lo ves? No era para tanto!
Nació llorando. Mi preciosa hija.
Me la enseñaron al vuelo.
Puedo cogerla? No, primero hay que coserte, tranquila, la cuidarán bien.
Y se la llevaron sin permitirme olerla.
Te lo he dejado precioso, 8 puntitos de nada, un cortecito, para ayudarte a sacarla…

Me subieron a mi bebe a la habitación 2 horas más tarde. Para que pudiese descansar después del parto.
Aunque yo no quería descansar, era obediente. Hacían lo mejor para mi.
Todo estaba perfecto, el mundo era redondo.
Nació llorando y solo dejaba de llorar para mamar. Se enganchó en cuanto me la dieron.
Dejaba de mamar y volvía a llorar.
Al día siguiente, lloraba hasta mamando.
Se durmió en la cuna.
Lloraba cada vez que intentaba tocarla.
Le pasa algo. Llora mucho!
No tiene nada. Os ha tocado una cantante de ópera, se reían las enfermeras
Nos fuimos a casa entre llantos. Y así continuamos una semana.
En la revisión el pediatra confirmó que no había ningún problema.
Era una bebé llorona.
Incluso dormida hipaba.
Cogerla para mamar era una auténtica tortura.
A la semana podía sentir el rechazo.
Tocar a mi bebe, era matarla. Sentirme cerca era ponerse alerta.
Me hundí totalmente. Mi bebé no quería mis abrazos, ni mi contacto, ni mi calor.

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Llora por hambre. Por eso mama rápido, porque no tienes leche.
Tu pecho no le alimenta. No ves que sufre por hambre?
Decidimos probar con un biberón. Estaba mas calmada si no la tocábamos.
El biberón nos permitía alimentara a distancia.
Ningún contacto.

Dos semanas después el pediatra nos decía que éramos exagerados.
No quiere que la cojamos. Mira que bien, así no se acostumbra.
Yo ya tenía una depresión importante. Me hundía poco a poco en la amargura.
No podía tocarla, olerla, rozarla.
La llevábamos en un cuco, en casa, en la calle, en el coche.
Nadie podía cogerla en brazos.
Empecé a leer buscando extraños síndromes, autismos, mil cosas. Estas obsesionada me decían.
Pero yo no podía dormir por las noches. Sabía que no podía ser normal.
Como madre me sentía un fraude.
Eso no era maternidad.
Yo necesitaba abrazarla, besarla, mimarla.

En la revisión del mes la matrona me invitó al grupo de madres. Porque se preocupó por mi estado.
Es blues postparto. Tienes que cuidarte.
Pero yo no quería cuidarme, quería cuidar a mi bebé.

Está llorando. No coges a tu bebe? No. No quiere.
La matrona intentó cogerla, el escándalo fue el de siempre.
Inmediato.
Qué carácter! Es siempre así?

Al terminar la reunión me pidió que me quedase.
Te voy a hacer un informe, quiero que vayas al hospital. No es normal ese llanto.
El pediatra dice que si. Y en el hospital, y mi suegra…
Yo no soy pediatra. Soy madre. Vete al hospital…

En el hospital nos estaban esperando.
Primero una ecografía para descartar algo en el sistema digestivo o en el estomago.
Después una radiografía.
Sorpresa.
Rotura de clavícula.
Tuviste un parto difícil? No. Fue rápido, todo fue bien.
Hice todo lo que me pidieron.
Las roturas de clavícula en bebés curan solas.
Algunas de estas lesiones se descubren meses después.
La clavícula de mi pequeña estrella estaba rota por dos lados. Una parte estaba desplazada hacia abajo.
No tenía un hombro más bajo, ni nada aparente que se notase.
El pediatra dijo que simplemente tenía dolor.
Era un bebé de un mes, y había vivido un infierno.
Aquella misma noche operaron de urgencia.
Sólo podrían aliviar el dolor. No sabían si se podría salvar la clavícula, o su movilidad.
Nunca habían visto nada igual.
Antes de los 6 meses habría que operarla otras dos veces.
Aún nos queda un largo camino.
Tiene los tendones dañados.
Aunque tiene movilidad nunca tendrá fuerza. Sigue en fisioterapia y rehabilitación cinco largos años después.

El post-operatorio, por primera vez en un mes trajo a una niña en silencio.
No podréis cogerla en brazos, hay que moverla con cuidado. Nada nuevo.
La vuelta a casa. Tranquila. Sin apenas llantos.
Comenzar a cogerla, despacio, con miedo. Sin llantos.
Hoy tiene 5 años. Es una niña que guarda las distancias.
Nunca hemos tenido un gran vínculo.
La amo con todas mis fuerzas, pero hay un abismo invisible entre nosotras.
Yo aún voy a terapia psicológica, para superarlo.
Ella aún rehúye el contacto físico.

Hace unas semanas tuve mi segundo positivo.
Y empecé a buscar información.
Y me estremeció lo encontrado.
Lloré lo que nunca creí posible.
Me vi reflejada en decenas de historias. Vi la luz.

Aunque no lo sabía soy un claro caso de violencia obstétrica.
Me indujeron un parto para que no molestase en navidad, me lleve el pack completo de lo que nunca se debe hacer.
Me humillaron y trataron como si fuese una niña. Me amenazaron.
Me hicieron una maniobra de Kristeller, que provocó la rotura del hombro de mi hija.
Aún hoy arrastramos las consecuencias.
Me hicieron episiotomía.
Me ningunearon y silenciaron mis dudas y omitieron el dolor de mi bebé.
Yo no lo sabía. Hasta hace unas semanas cuando veía informaciones sobre violencia obstétrica creía que estas cosas solo se daban en el tercer mundo. Que las mujeres aquí simplemente cada vez confían menos en los profesionales.
Hasta hace unas semanas agradecía profundamente la ayuda recibida, parí gracias a ellos. Yo me sentía incapacitada por mi misma para parir.

Hoy ya no pienso así, y medito cada uno de los pasos de mi parto, cómo no hubo información, la epidural, simplemente era una parte mas del parto, como los pujos o el suero. Sin explicaciones. Un protocolo sin más.
Inducir para encontrar la fecha apropiada que no estropeara planes.
Los tactos, todos los que hicieran falta, sin consultar.
El parto dirigido, ahora empuja, ahora, cuando yo te diga que vosotras no sabéis.
Te vamos a ayudar, tu sola no puedes.
Me duelen las costillas, no puedo moverme. Ya sabemos a quien se parece la niña llorona.
No para de llorar! Es un bebé. Qué creías?
Pediatras que se reían de mi preocupación, que insinuaban que si lloraba es porque no lo hacía bien.
Llora porque tiene hambre. Llora porque tu pecho no alimenta. -    

Violencia obstétrica.
Y el peor dolor de todos. El imperdonable.
-    
El que jamás olvidaré.
El de saber que sus malas praxis han marcado a mi hija de por vida.
Hoy comienzo la lucha, para que no se repita. y dentro de 5 meses, abrazaré con fuerza a mi bebé…

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