Maricón de mierda…

Publicado inicialmente en Zoozobra Magazine, el 30 de enero de 2016.

Maricón de mierda le dijeron.
Fue la primera vez, de muchas.
Tenía 11 años. Hoy se ríe, pero aquella vez lloró.
Apenas hacía unas semanas que se había descubierto embelesado mirando a un chico de su clase. El casi no se había dado cuenta y el mundo ya lo sabía.
No lloró por el insulto.
Ni por la vergüenza.
Ni siquiera por la humillación de el jaleo en el autobús de vuelta a casa.
Lloró cuando en la cocina con su bocadillo de chorizo de la merienda su madre, al contárselo le contestó:
– No les hagas caso, tu y yo sabemos que es mentira. Lo dicen para molestarte.
No volvió a hablar jamás con ella del tema.
Ni siquiera cuando 20 años después se atrevió a ir a casa y presentar a su novio.
Sabe que ella jamás lo asumió, que aún sueña con que conozca a una chica que le vuelva normal…

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Tetas, biberones, Facebook y otros mundos. Odio en la red.

Tetas, biberones, Facebook y otros mundos. Odio en la red.

Últimamente leo cada cosa que me da que pensar.
Reconozco que también yo he pasado por esa época en la que preguntas todo, y Facebook, las redes en general ayudan mucho en esos momentos. La sensación de cercanía, de inmediatez. Ideal para madres primerizas con un millón de dudas.
Y seguro que hay redes para todo, porque la sensación es la misma cuando me meto en foros de cocineros, seguro que también hay de calceta, coches, libros… Pero dudo mucho que sean igual de crueles.
Si, hablo de crueldad, tal cual

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Parto en casa

 Parto en casa.

No es que hayan muerto muchas mujeres pariendo en casa, es que cuando ocurre la noticia se viraliza.
Hace poco ha ocurrido, y una ginecóloga ha escrito una carta,

Respetarás tu parto

Con minima empatía y mucho ego, criticando el parto en casa.
Me gustaría contestar, a ella y a todos los que alguna vez habéis criticado el parto en casa sin poneros en la piel de esas mujeres, madres, que toman su decisión.

Yo no he parido en casa.
En mi tercer embarazo estaba decidida. Mi marido me apoyó y aunque era pronto ya sabíamos que nuestro tercer hijo nacería en casa. Ya habíamos elegido matronas, dos, una de ellas formadora de Doulas.
Era mi decisión, nuestra.
Mi ilusión. Mi forma de ver la maternidad.
Vivo a cinco minutos de un hospital. Las cosas no salieron como queríamos. Tuve un aborto y en mi siguiente embarazo temí.
Alguna vez lo he dicho:
La pérdida duele más después, cuando te reencuentras cara a cara con el miedo.
Mi bebé arcoíris nació en un hospital, no me había planteado otra cosa.
Nació con urgencia, en una inducción para salvarle la vida a las 35 semanas.

No, yo no he parido en casa, y digo muchas veces que he tenido suerte. Mucha suerte.
La violencia obstétrica ha pasado por mi lado apenas sin rozarme.
Tal vez por eso no quería apelar más a la suerte y decidí parir en casa…
En la seguridad del respeto, de la empatía, de las buenas formas.

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