Dame un minuto por favor

Hoy he sentido envidia de una familia con un hijo con Síndrome de Down.
Suena ridículo, verdad? Y sin embargo es la cruda realidad.

Cuando tienes que justificar a diario a tu hijo.
Explicar sus diferencias, sus trastornos, sus capacidades diferentes, su medicación. Todo eso que pese a estar, no es evidente, no se ve a simple vista.

Un día más, un conflicto, un comportamiento disruptivo y alguien que juzga, que da por hecho que hay mala educación, mal comportamiento, y unos padres detrás que no educan, que no ponen límites, que no vigilan, que se despreocupan…
Juzgan, y tienes que justificar un día más porqué, donde estas, quien eres, quien es tu hijo, su dolor, sus problemas, los que os acompañan como familia.

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Esto no lo vas a leer en las noticias.

Esto no lo vas a leer en la noticias.
Pero es importante que se sepa.

Es rara la semana en la que no sale una noticia sobre algún niño con alguna necesidad especial o con capacidades diferentes que no haya sido objeto de bullying, o bien maltratado por los cuidadores, o bien dado de lado por un sistema al que le cuesta horrores la inclusión.

Porque seamos objetivos, vivimos en una sociedad a la que aún le queda mucho por aprender con respecto a esto.

Da miedo como familias de niños especiales ser parte de esas noticias.
Vivimos con ese miedo, sabiendo los escalofriantes porcentajes además. 
-Casi la mitad de los alumnos con TEA sufre acoso escolar
-El acoso al alumnado con TEA es cuatro veces mayor que a la población general. 

Y podemos seguir hablando largo y tendido sobre colegios que no integran, que invitan a marcharse a los niños con necesidades especiales.
Sobre profesionales, docentes y cuidadores que maltratan, que no entienden, que no respetan.
Sobre compañeros que abusan.
Sobre familias que envenenan.
Sobre un sistema que abandona tras un diagnostico, que además no contempla ayudas ni terapias mas alla de los 6 años.

Podría, pero hoy no quiero. Hoy no.

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El día mundial del autismo

El día mundial del autismo.
Se llenarán las redes de azules radiantes compartidos, de puzzles azules, de carteles de buena voluntad.

Yo también comparto. Comparto el azul porque es mío, lo comparto con el corazón y con las tripas.
Lo comparto todos los días, a veces Azul brillante y otras desgarrado. A veces nuestro azul es negro y otras apenas se vislumbra.
Pero siempre azules, un color que nos ha dado explicaciones y una nueva forma de vida y de comprensión.
Yo soy azul todos los días.
Porque mi hijo es autista.

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